Capítulo 22.
Narra Lenna
Mi hermano continuaba enfadado conmigo. Sin embargo, eso no le impedía pedir mil y una explicaciones sobre lo que haría con mis amigos. Tenía que agradecer que no me obligo a ir con él, creo que comenzaba a entender que yo también tenía la misma libertad que cualquier otro ser humano y que de una forma u otra siempre correría riesgos. Pero me costó convencerlo, al principio simplemente decía "no", luego le expliqué que estaríamos todos en el apartamento de Craig, que allí había seguridad día y noche, y que no dejaban entrar a gente desconocida. Al fin y al cabo, supongo que le agradaba la idea de que me quedara entre cuatro paredes y no saliera a exponerme por ahí. Así aceptó que cada uno fuera por un lado. Me gustaba eso de que Zac pudiera desprenderse de mí y dejar de sentir que todo el tiempo estoy estorbando porque quizás soy como una responsabilidad molesta para él. Es joven, tiene su vida y no es justo que tenga que hacerse cargo de mí. Odio saber que a veces lo pongo en ese lugar.
Conseguí la aceptación de mi hermano, pero Sam parecía estar muy lejos de mostrarse convencido con lo que haría. Después de darme a saber su forma de pensar, no volvió a dirigirme la palabra. Apenas oí su voz cuando alardeaban con mi hermano sobre las chicas que venían a buscarlo por "entradas". Por cierto, vendieron más de trecientas. Así que estaban todos muy felices y eso era lo importante.
Por mi parte, yo solo rogaba que Craig cumpliera con lo prometido de no sobrepasarse en ningún momento. Esperaba que hubiese entendido que lo nuestro es una amistad y que yo no quiero ir más allá con él. También esperaba que a Victor no se le diera por aparecer en la calle o seguirme. Lo que menos deseo es un ataque de pánico mientras estoy con mi grupo de amigos.
Finalmente la hora del recital comenzaba a acercarse. Zachary dejó primero el apartamento junto a otros de los chicos, en su auto. Llevaban todos los instrumentos y equipos para tocar. Se suponía que pasaría por mí antes de que Sam se fuera, pero terminó por avisarme que estaba retrasada y que llegaría como dos horas después de lo pactado. Tenía que quedarme un largo rato sola, en casa. Bueno, no me importaba. Desde el balcón observé como Sam tomaba las llaves de su motocicleta para irse. Se acercaba a la puerta de salida y entonces hablé.
—Sam— se giró hacía a mí. —Yo... bueno, no puedo entender porque estás tan enojado conmigo— me encogí de hombros. —Pero mucha suerte esta noche— mencioné con sinceridad. Lo que más quería era que tuvieran éxito en todo lo que hicieran.
—Gracias— respondió. Seguía siendo cortante. Él prefiero evitar el tema. Yo solo trataba de dar el primer paso para que las cosas estuvieran mejor, pero él no parecía anhelar lo mismo. La puerta se abrió y entonces, se fue. Suspiré, apoyándome sobre el muro del balcón y contemplado la ciudad. Por favor Melody, no tardes tanto.
De pronto presentí que alguien ingresó al departamento. Intuí los pasos acercándose poco y mi piel se estremeció. No opté por girar porque la incertidumbre de quién podía estar detrás de mí, me paralizaba.
—Lenna— sentí alivio al instante en que reconocí su voz.
—Sam...— suspiré calmada. — ¿Se te olvidó algo?— lo miré expectante. No entendía porque regresaba si suponía que debía estar yendo a dar su recital.
—Quería que vinieras a vernos— pronunció de repente. Yo seguía sin entender. Estuviera con ellos o no, sería lo mismo ¿cierto?
— ¿Qué?— aún no procesaba sus palabras.
—Eso. Quería que vinieras. Es... va a ser uno de los momentos más importantes para mí y quería que estuvieras ahí— me di cuenta que le costaba bastante hablar. Pero presentí que estaba siendo honesto y realmente valoraba eso, su esfuerzo por hablarme. Sin embargo, ¿para qué me quería ahí? Si luego del show apenas nos saludábamos y él hacía de las suyas con sus "chicas", y yo quedaría de sobra. Tal como fue la primera vez que los vi. Estaba llegando a pensar que quizás era una forma para mantenerme alejada de Craig.
—Yo...— bajé la mirada hacia el suelo. —Yo... yo ya me comprometí con mis amigos— dije. La verdad era que moría por ir a ver a la banda, pero a la vez me sentiría mal por dejar a mis amigos plantados. Justo en ese momento el timbre de casa sonó. Seguro era Melody que venía por mí. —Creo que es mi amiga. Ya debo... debo irme— él me observaba como si estuviera esperando otro tipo de respuesta y yo intenté marcharme torpemente. Sí, dije "intenté", porque Sam me tomó del brazo y me obligo a detenerme, haciendo que mí anatomía se plantara demasiado cerca de la suya.
—No vayas con ellos. Ven conmigo, por favor.
—Tengo que irme— traté por segunda vez de alejarme, pero imitando los movimientos anteriores hizo que otra vez quedará cerca de él. Nuestros ojos se chocaron bruscamente, el timbre seguía sonando y mi corazón latía tan rápido que por un momento creí que iba a salirse del pecho. Entonces por sorpresa, sus labios acariciaron los míos, dejándome perpleja. Cerré los ojos, buscando descifrar si aquello estaba sucediendo o solo se trataba de un simple sueño. Mis manos sobre sus hombros fueron las que por instinto de protección quisieron alejarlo, pero se echaron atrás cuando mi integridad se acopló a aquel beso, disfrutándolo. ¿Qué estábamos haciendo?
El timbre continuó sonando con insistencia y entonces me despegué.
Miré a Sam sonriendo tímida y confundida, pero sonriendo. Puede que suene exagerado, pero mi cuerpo entero realmente temblaba después de ese beso.
—Eh... iré... iréaverquiénes— hablé demasiado rápido, aún afectada por los nervios y corrí hacia a la puerta. La vi a Melody, quién se preocupó por mi estado. Aún sentía que seguía flotando en el cielo.
— ¿Vamos?— murmuró. Me costaba un millón de veces más que antes el tener que irme con ella. Después de lo que acababa de pasar, deseaba irme al recital. Hubo un extraño silencio, hasta que Sam se hizo presente entre nosotras con dos entradas en la mano.
—Chicas, ¿no quieren venir a vernos? Vamos, no pueden decir que no. Les regalo entradas— él me envió una mirada cómplice, la cual terminó por convencerme. Y para mi suerte, mi amiga se entusiasmó con la invitación.
—La vez que fuimos estuvo genial. ¿Por qué no ir de nuevo?— aceptó Melody, quién luego de esa noche me había confesado que llevaba tiempo sin pasarla tan bien. — ¿Qué dices, Lenna?
—Sí, si tú quieres ir entonces vamos— tomé las entradas que Sam ofrecía entre sus manos y le devolví la sonrisa. Ambos nos entendíamos con gestos y eso era genial.
—Las veo allí— pronunció dándome un beso en la mejilla y entonces se fue. La verdad aún no asimilaba lo que acababa de ocurrir entre Sam y yo. Me besó y luego se fue así, como si nada. Dejándome con miles preguntas en la cabeza, pero millones de sensaciones en mí estomago que me hacían cosquillas. Mi amiga no tardó en darse cuenta de que algo diferente ocurría conmigo, no dejó de mirarme extraño en el corto camino que hicimos hasta su auto. Cuando estuvimos ahí dentro y lo puso en marcha, empezó a cuestionarme. Melody era el tipo de amiga que notaba al instante cuando yo ocultaba algo, y no paraba hasta descubrirlo, e incluso pedía lujo de detalles. Intuí que sus preguntas iban a ponerme nerviosa y así fue. Esperen ¿más nerviosa de lo que estaba? ¿A caso era posible estar más nerviosa después de ser besada por Sam? Porque Sam es... bueno, es hora de admitir que es el chico más guapo que he visto en toda mi vida y no lo digo solo por su físico, su personalidad es aún más intensa que en lo anterior, creo que eso es lo que siempre me llamó la atención de él. Su modo de preocuparse por mí todo el tiempo, y nunca se olvida de demostrar que quiere verme bien. Pero regresemos a Melody junto a sus extrovertidas acotaciones y preguntas.
—Ese amigo de tu hermano está bien bueno— murmuró, haciendo que mi cara se transformara en una expresión de picardía. Soy tan mala para hablar de esos temas. Mi cara seguramente ya estaba roja.
—Emm... si, es lindo— me limité a decir. — ¿Le avisarás tú a los demás que no iremos?
—Lenna, te conozco. No te importa una mierda si le aviso o no a los demás Te mueres por ir a ver a ese chico. Si lo que quieres es ocultarlo, díselo a tu cara porque no está ayudando demasiado— se burló envuelta en simpatía y me arriesgue a soltarme frente a ella. Para eso están las amigas ¿no? Para hablar de chicos, de amor y sexo. Recuerdo que yo siempre me quedaba en esas charlas, porque era la única con poca —en realidad con nada— de experiencia en esos campos. ¿Chicos? Casi nunca se giraban a mirarme. ¿Amor? El único amor que conocía era el que mi madre me brindó cuando estaba vivía. Y bueno, Zac también me da amor a su manera. Por último, sexo. Palabra que apenas existía en mi vocabulario y eso sigue más o menos igual. Resulta que ahora entro en pánico cuando intentan tocarme. Así que, me veo lejos de aquella situación.
— ¡Ya!— exclamé, dándome por vencida. —Me parece muy lindo, eso es todo— agregué. —Por favor, ¿podemos hablar de otra cosa? ¿Qué tal estás tú?— para cambiar de tema en una conversación con Mel, había algo que casi siempre funcionaba y era preguntarle sobre su vida. Era probable que tuviera algo nuevo para contar y eso la hacía dejar de insistir. Hablaba una palabra tras otra, sin embargo yo no lograba concentrarme en ella. El beso con Sam. Sam besándome. Sus labios tocando los míos. El momento se reproducía en mi cabeza una y otra vez.
Narra Sam
Me sentí una mierda al ser consciente de que había besado a la hermana menor de mi mejor amigo. ¿Lo peor de todo? Entre amistades es como una regla de oro el no meterse con las hermanas. Yo nunca he tenido una, así que no comprendo del todo esa medida, pero en fin, es algo que tiene gran importancia y yo sin escrúpulos, rompí la regla. Pero no voy a mentirme a mí mismo, se sintió jodidamente bien besarla y no me arrepiento porque no fue un impulso, yo quería hacerlo y me dejé llevar por esa emoción. Puedo ser duro a veces, pero lo que siento dentro termina siendo lo que me guía a la hora de actuar. Y es simple, la tuve tan cerca que no pude contenerme. Trataba de darle a entender que era importante para mí que estuviera conmigo ese día —pero creo que soy muy malo hablando, por algo prefiero cantar— y sus labios terminaron por tentarme, diciéndome en código que besarla era la mejor forma de demostrarle cuanto me importa.
Cuando llegué al auditorio, mi felicidad creció. ¿Cuántas personas había ahí dentro? ¿Cuatrocientas, quinientas? Mis ojos no podían creer lo que veían. Salí al escenario con la adrenalina recargada al triple y el placer de ofrecer música fue mucho más intenso que otras veces. Desde allí arriba por las luces y todo eso, apenas conseguía distinguir al público pero puedo jurar que vi a Lenna.
No sé si se dio cuenta, pero no pude dejar de mirarla en toda la presentación.
Diablos, ¿Qué es lo que has hecho conmigo, Lenna?


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