JONATHAN
Freya está sentada en la mesa de la cocina y permanece en silencio mientras toma unos sorbos de su té con limón, su mirada está perdida sin percatarse de la mirada preocupada de su madre al verla en ese estado.
—¿Qué pasa, mi vida?
—Nada... estaba pensando en tus palabras de ánimo. —La mira. —Fueron preciosas tus palabras pero tengo que caer en la realidad al saber de las amenazas de Ricardo. El tiene mucho poder y ahora que lo conozco de verdad, va a cumplir su amenaza.
—No te preocupes por eso. —Acaricia su cabello. —No pienses en lo que ese tipo puede hacerte porque le estás dando poder... solo hay que tener fe de que todo saldrá bien.
—¿En serio piensas así?
—Se que una madre siempre va a decir cualquier cosa a su hijo para que este se sienta mejor pero sabes que no lo digo por decir. —Toma su mano. —Se la clase de hija que tengo y por lo que lucho siempre para poder salir adelante.
Freya empieza a llorar y extiende sus brazos para abrazarla con fuerza.
—Gracias mamá... —Solloza.
—No tienes nada que agradecer mi vida.
La mujer cierra los ojos y se relaja por completo.
Después del desayuno, Martha dejo sola a su hija para que está pueda hacer su curriculum vitae para repartir en las empresas que necesiten el puesto de contador.
Se paso varias horas corrigiendo lo que tenia escrito e imprimió varias copias, solo le faltan unas carpetas para guardar cada curriculum y mañana empezara a repartirlas temprano.
Se muerde los labios al sentir un poco de nerviosismo y solo ruega para poder encontrar algo pronto.
Apaga la computadora de su madre y al ponerse de pie, saca su celular de su bolso y al encenderlo, se encuentra con las llamadas y mensajes de su mejor amiga, provocando que se sintiera culpable al no haberle dicho nada.
Empieza a escribirle y le manda un mensaje.
"Hola Luciana... estoy en la casa de mi mamá. Me voy a separar de Ricardo".
Luciana lo ve enseguida y solo bastaron unos segundos para que la rubia reciba su llamado.
—Hola Lu...
—¿Cómo que te vas a separar? ¿Qué paso?
—Encontré a Ricardo con otra mujer... cuando hoy aparecí en su casa para agarrar mis cosas, me amenazo con que no iba a conseguir un trabajo. —Suspira. —Es un hijo de puta. —Dice su amiga. —¿Cómo te sientes?
—Mañana voy a tu casa... —Habla en voz baja. —No sabes lo que me paso ayer y quiero que lo hablemos en privado.
—¿Ahora que hiciste?
—Mañana te cuento.
Freya recuerda a aquel hombre que la rescato de haberse desmayado en la calle y respira hondo.
—Está bien pero me vas a contar todo.
La rubia corta la llamada y lleva su cabello hacia atrás, su mente todavía sigue recordando a ese hombre que no conoce y que le agradece tanto por haberla ayudado en su estado de borrachera absoluta.
Al mismo tiempo, siente una profunda vergüenza porque nunca perdió los estribos de esa manera, siempre fue una mujer racional pero al saber que su orgullo se vio por los suelos, la desespero tanto que la llevo a tomar esa decisión de emborracharse.
¿Qué habrá pensando ese hombre de ella?
Ni quiere imaginárselo. Echa la cabeza hacia atrás y niega suavemente.
—No me tendría porque importar. —Mueve los hombros. —Si ni siquiera lo conozco.
Pone los ojos en blanco y se pone de pie para ayudar a su madre con las tareas de la casa.
Al otro día, la mujer termina de prepararse y toma sus curriculum para repartirlos a unas empresas que tiene en mente. Se despide de su madre y sale de la casa, se echa a andar en camino hacia el transporte público y baja las escaleras cuando llega a la boca del subterráneo. Pasa los barrotes y se dispone a esperar que el subte llegue a su estación correspondiente.
Después de unos minutos, el subte llega y entra cuando este abre sus puertas, se apresura para sentarse en uno de los asientos libres y el transporte hace su recorrido de todos los días.
Más tarde, la mujer empieza su recorrido por las empresas del microcentro, dejando su curriculum en las recepciones y tarda un tiempo largo en tomarse ese trabajo.
Freya llega a la empresa de los San Martin y la secretaria de Miguel la atiende.
—Todavía el señor San Martin no llego pero si está su hijo.
La mujer asiente y espera a que este la llame. En ese momento, Jonathan sale de su oficina para dejarle unos papeles a Anabella y se topa con Freya, el joven se detiene en la mujer madura al verla tan hermosa y sus ojos verdes no dejan de mirarla.
—Buenos días, señor San Martín.
Freya se pone de pie y este se queda flechado, eso provoca de que se tome unos minutos en reaccionar.
—Le dejo mi curriculum por el puesto de contador.
—Claro. —Reacciona y traga saliva. —¿Su nombre?
—Freya O'Higgins.
La mujer extiende el brazo y el joven toma su mano, la estrecha enseguida y vacila por unos segundos.
—Mi nombre es Jonathan, el hijo del dueño. Mucho gusto. —Sonríe. —¿Por qué no pasa? Quisiera hacerle unas preguntas.
Freya asiente de inmediato y lo sigue hasta el ascensor. Al llegar hasta el tercer piso, la hace pasar y le pide que se ponga cómoda
—Mi padre no está en la empresa pero yo le hare la entrevista si no le molesta.
—Para nada. —Sonríe.
Jonathan queda hipnotizado al ver la sonrisa contagiosa de la contadora y toma asiento. Se toma un tiempo en mirar su curriculum.
Lee su nombre, la edad de la mujer y le pregunta por su estado civil.
—Me voy a divorciar.
—Lo siento mucho.
Freya niega enseguida y le responde.
—No se preocupe.
La mirada del joven empresario es cálida y siente una sensación en su interior que lo deja contra las cuerdas.
—Estoy viendo es que detuvo su carrera.
—Si... fue cuando me case y ahora que me estoy divorciando, necesito el trabajo.
Jonathan asiente y a pesar que no sabe si es buena o no, siente una necesidad de mantenerla en este trabajo ya que quedo flechado por su belleza.
—¿Puedes empezar mañana? —Sonríe.
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