CELOS
En sus ojos se puede ver el remordimiento del que está siendo victima y la secretaria niega enseguida.
—Eso es lo que ella quiere, Freya. Ya sabes que siempre intento manipularte hasta que logro que estuvieras con el.
La rubia no la escucha, solo se lleva las manos hacia su rostro e intenta respirar con tranquilidad.
No sabe que hacer, que pensar y la culpa eclipsa su capacidad de pensar.
Se lleva el cabello hacia atrás, con la mirada perdida.
Gonzalo va a ver como la mujer se encuentra y la ve en ese estado, agarra su celular y llama enseguida a Miguel antes de alejarse un poco, en busca de privacidad.
El empresario atiende la llamada mientras está manejando.
—Hola Gonzalo, decime como va todo.
—Ocurrió un gran problema... Sofia vino hasta la empresa y discutió con Freya. Las chicas están con ella acompañándola.
La sangre de Miguel empieza a hervir al escuchar eso y golpea el volante.
—Esa mujer no tiene límites. —Furioso. —Ya voy para allá.
Corta la llamada y deja el celular en el asiento del copiloto, pisa el acelerador y conduce rápidamente hasta el edificio. Se apresura para acercarse a la oficina de su amada y la encuentra con Carla, la muchacha se da cuenta de la presencia del jefe y Freya no se da la vuelta, sigue sentada, dándole la espalda a Miguel y cierra los ojos sintiéndose tan cansada por toda la situación.
—¿Nos podrías dejar a solas? —Le habla a la secretaria, cerrando despacio la puerta.
La joven asiente lentamente y deja a la contadora, una vez que se quedan solos, Miguel se sienta cerca de ella y toma sus manos.
—Gonzalo me conto lo que paso. —Preocupado. —¿Te hizo algo?
—No. —Abre los ojos y se encuentra con sus ojos oscuros. —Intento darme una cachetada pero no se lo permití... discutimos, no paraba de ofenderme y tiene razón. —Suspira.
—No digas eso, esa mujer no tiene razón en nada. —La toma del mentón y besa sus labios. —Solo te manipulo, te uso para separarte de mi porque ya sabia mis sentimientos por vos. —Toma su rostro, acunándola entre sus manos. —Y lo sigue haciendo, sabe la culpa que te da todo lo que paso y no voy a dejar que te siga haciendo daño.
Las lagrimas de la rubia salen de sus ojos a borbotones y se pone de pie, sobresaltada por todo lo que está pasando. Se abraza asi misma y enseguida es tomada por detrás por Miguel, quien la envuelve con sus brazos.
—No quiero que Jonathan sufra por mi culpa.
—Y no lo hará... hable con él, me dijo que quiere recibir ayuda por algo que paso. —Acaricia su mejilla y le da la vuelta suavemente, abrazándola de nuevo. —Ayer fui a la casa de Sofia para ver cómo estaba mi hijo y como estaba durmiendo, discutí con Sofia porque está enterada de todo. —Serio. —Intento seducirme.
Los ojos de la rubia se abrieron, su expresión es irreconocible.
—¿Qué? —Se aleja un poco de él al escuchar eso. —¿Qué hizo?
—No te pongas así, la rechace. —Viendo como se esta poniendo celosa.
—Decime que hizo. —Seria.
—Quiso sacarse la camisa. Le dije que no lo hiciera porque no me interesa, no la amo.
Ella cierra los ojos con fuerza para controlar los celos y niega enseguida.
—No se si podre con todo esto.
—Freya... no paso nada. —Tomándola suavemente del brazo. —Te juro que no paso nada.
—Ya se. No me tienes que decir nada, te creo. —Suspira. —Solo que me enerva todo lo que está haciendo tu ex. —Tira de su brazo para liberarse de su agarre. —Mejor déjame sola, quiero pensar en otra cosa.
—Se que estás enojada conmigo.
—Estoy celosa. —Le confiesa.
Miguel no puede evitar sonreír al escuchar lo que le pasa, se acerca para besarla y ella le corresponde mordiendo ligeramente sus labios, como si estuviera marchando su territorio y el beso se vuelve posesivo. Encendiendo a la pareja, Miguel se siente tan excitado que la alza y la lleva a la mesa.
Su respiración es gruesa y errática cuando le abra.
—Entonces ya sabes lo que se siente. —Tomándola de su cabello. —Los celos que sentía cuando te veía con mi hijo... me estaba volviendo loco porque el te podía tocar, te podía besar...
Sus manos acarician su cuerpo, deleitándose con sentir sus curvas de mujer y el pecho de Freya baja y sube lentamente a medida que la respiración le empieza a fallar.
La mirada del empresario es intensa, observándola de pies a cabeza y con ansias de reclamarla como suya, toma los limites de su falda, levantándola con suavidad y deleitándose con sus muslos pálidos, proporcionándole descargas eléctricas cuando sus palmas la acarician con interés.
Ella echa la cabeza hacia atrás y Miguel aprovecha para mordisquear su cuello con cuidado para no dejar marcas, pasando la lengua cálida por su piel exquisita. Freya deja escapar un jadeo ronco, dejándose llevar por las oleadas que inundan su cuerpo con tan solo sentir sus caricias.
Lo toma del cabello, tironeando de su cabello oscuro cuando este corre sus bragas e introduce dos dedos en su vagina y con el pulgar, estimula su clítoris.
Ella se muerde los labios, reprimiendo los gemidos que amenazan con salir de su boca, sintiendo como esos dedos entran y salen sin darle tiempo.
Miguel apoya su frente con la de ella, observando esa expresión inmersa en el placer, mirando como su iris color azul se va dilatando a medida que la lujuria se expande en sus cuerpos.
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