ASCENSOR

Más tarde, la mujer regresa a la casa de su madre y Martha la espera con un fuere abrazo.

—Te felicito, mi amor. Yo sabia que ibas a encontrar un trabajo.

Su madre acaricia su cabello y Freya sonríe feliz.

—Estoy tan contenta, fue todo tan rápido que todavía no lo puedo creer.

—La vida es impredecible pero lo bueno es que ya vas a tener tu dinero y vas a volver a tener tu independencia económica.

—Lo sé. Ahora voy a poder buscar un abogado para poder divorciarme de Ricardo.

—Cuando se entere ese estúpido que ya tienes trabajo.

—Dara el grito en el cielo... quería que yo dependiera de el para poder tenerme pero eso se acabó. Ya no soy esa mujer que buscaba complacerlo todo el tiempo.

—Me gusta esta nueva Freya, esa mujer con los ovarios bien puestos.

Su hija sonríe y se vuelven a abrazar.

Minutos después, Miguel y Gonzalo ingresan a la empresa para ir respectivamente a sus oficinas, Anabella se acerca a su jefe para decirle las últimas novedades.

—Señor San Martin, quería contarle que su hijo ya contrato a la nueva contadora.

El empresario arquea una ceja en dirección a su secretaria.

—¿Tan rápido?

—Así es, para mi también fue una sorpresa pero el joven Jonathan me dijo que el curriculum de la mujer es muy bueno.

—¿Cómo se llama?

—Freya O'Higgins. Su curriculum está en su escritorio.

Miguel asiente en silencio y abre la puerta de su oficina.

—Gracias Anabella, después te llamo si necesito algo.

—Como usted diga señor.

Cierra la puerta una vez que se queda solo y agarra la carpeta antes de tomar asiento, la abre enseguida y lee el curriculum de Freya.

Revisa su edad, 41 años, donde vive y sus ojos están focalizados en su experiencia. Si bien los lugares en los que estuvo le dan mucha confianza, se da cuenta que tuvo una interrupción abrupta que duro casi una década.

Deja la carpeta sobre en escritorio y va en búsqueda de su hijo para que le diga porque la contrato. Abre la puerta de la oficina de Jonathan y lo encuentra trabajando.

—Hola papá, ¿Cómo te fue?

—Bien pero para eso no venía. Solo quiero saber porque contrataste a la contadora sin haberme preguntado.

—Solo confié en mi intuición. —Tranquilo. —¿Acaso no confías en mi?

—Claro que confió en vos, solo que me parece un poco raro por su curriculum.

—Se está divorciando y por eso necesita el trabajo. Fuera de eso, me causo una buena impresión y por eso la contrate, si quieres dale un tiempo de prueba y después decide si se queda o no.

—Esta bien, voy a confiar en tu intuición y en la buena impresión que te dejo.

El joven sonríe y asiente.

—Ya veras que tengo razón. —Tranquilo. —Le dije que empieza a trabajar mañana asiqué ya la vas a conocer.

Miguel asiente y se retira de la oficina de su hijo. Jonathan se queda solo y mueve el pie para que la silla empiece a girar y la sonrisa no se borra en su rostro, manteniendo la idea en su cabeza de tener en su cama a aquella mujer madura.

Ahora que la va a tener en la empresa, puede pasar tiempo con ella para empezar a enamorarla poco a poco para tenerla solo para él.

Cierra los ojos para fantasear con ella una vez más.

Al otro día, Miguel está desayunando en silencio y al mismo tiempo sostiene su celular para revisar las noticias de la mañana. Toma tranquilamente su café negro cuando su mirada se pierde en el momento en que sostuvo a la mujer para que no se cayera. Como esa calidez lo cubrió por completo y como se sentía sentir su cabeza descansando en su pecho.

Todavía no puede olvidarla, está tan metida en sus pensamientos que no puede sacarla de su mente. Respira sintiéndose impotente y deja sus cosas en la pileta de la cocina para lavar su taza. Agarra sus cosas antes de ir a su auto para manejar hasta su trabajo.

Más tarde, entra a la empresa muy temprano y cuando ingresa al ascensor, aprieta el botón del tercer piso y al momento en que las puertas se van cerrando de a poco, una persona alza la mano para que las puertas no se cerraran y sus ojos se abren ante la sorpresa de ver a aquella mujer en su empresa.

Los ojos oscuros se encuentran con esos hermosos ojos azules de los que no pudo olvidar en estos tres días y ahora la tiene frente a frente. La mujer no emitió sonido, solo quiere entender que hace en la empresa.

Sus mejillas están ruborizadas por la vergüenza y traga saliva.

—Buenos días.

Miguel es el primero que habla al ver el nerviosismo de la mujer.

—Buenos días... —Susurra.

—¿Qué te trae hasta está empresa?

—El señor San Martin, digo el joven Jonathan me contrato para ser la nueva contadora.

La mirada del hombre se dispara al darse cuenta que es Freya O'Higgins. Al fin sabe su nombre y sonríe al darse cuenta que el destino los volvió a juntar.

Freya se queda en silencio observando la mirada cálida y electrizante del hombre que le salvo la vida.

—Me presento, me llamo Miguel San Martin.


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