Capítulo N° 47
En tan solo un par de días sería el cumpleaños de Erica, y junto con el Loco y Lucas habían planeado un viaje en familia. Había pasado un mes desde que habían oficializado su relación, y poco más de dos desde que habían comenzado a salir. No estaban seguros de cuál había sido la fecha, no lo recordaban, para el Loco ya eran tres meses, para Erica aún faltaba para ello.
Erica hacía las compras junto con Jack, quien iba en su carrito, no solo compraban la comida para la semana, sino también lo necesario para hacer ese viaje. Por si las dudas ella había hecho varias compras en ferreterías para que no les faltara ninguna herramienta ni nada que fuera útil.
De regreso a la casa, durante el trayecto, Erica se sintió observada, por lo que dio la vuelta para comprar en otras tiendas y hacer tiempo. Se colocó airpods y comenzó a llamar al Loco por teléfono.
—¿Pasa algo, mein engel?
—Alguien me está siguiendo, no sé quién, es bueno para esconderse —dijo y tomó unos cereales de la góndola en un supermercado—, no voy a volver a casa, estoy con Jack y solo tengo el cuchillo.
—Voy a buscarte, ¿dónde estás?
—Tengo una idea —dijo ella y miró de soslayo para ver si la estaban mirando—. Voy a ir a otra ciudad en el tren, te voy a ir avisando todo.
—Engel, decime dónde estás.
—Si te ven van a encontrar la casa al regresar, confiá en mí.
—¡Está Jack!
—Lo sé, y la única forma de mantenerlo seguro es que los pierda de vista. Confiá en mí, por favor.
Se oyó al Loco suspirar y chasquear la lengua, se mantuvo en silencio por un instante mientras que Erica pagaba las nuevas compras y colocaba las bolsas en el canasto del carrito.
—¿Estás ahí? —preguntó para asegurarse de que él no había cortado.
—Sí, estaba pensando... Confío en vos, sé que sos sigilosa, sos una buena espía y vas a poder quitártelo de encima. No cuelgues la llamada, desde casa voy a ir escuchándote mientras preparo todo para buscarte cuando sea necesario.
—Está bien.
Erica le quitó la cáscara a una banana para darle a Jack y que comiera algo mientras tanto. Él iba cantando una canción de su dibujito animado preferido, y Erica cantaba también con él mientras vigilaba los alrededores con sigilo. Subieron al andén de la estación gracias a que un guardia la dejó pasar con el carrito, sin necesidad de pagar.
Se recogió el cabello en una colita y se colocó un gorro de lana que acababa de comprarse. El tren llegó enseguida, pero ella no se subió, pues prefería fingir que estaba esperando el del otro recorrido. Rápidamente dio la vuelta y subió con Jack al tren antes de que las puertas cerraran.
Si alguien la estaba siguiendo, no podría alcanzar a ese tren y no sabría en qué estación bajaría. Erica se apoyó contra una baranda y le hizo una caricia a Jack en la cabeza, el tren iba casi vacío por ser de mañana e ir en recorrido a Moreno. Con atención pero siendo sigilosa vigiló a cada una de las personas que habían subido, muchos se veían sospechosos pero no más de lo habitual en un tren.
—¿Jack? —dijo por lo bajo.
—Acá estoy.
—Estoy en el tren, andá a Morón, voy a bajar en un par de minutos.
—Ahí salgo, hablame de otra cosa para no verte sospecha. ¿Sí?
Se oyó el ruido de una puerta ser azotada, por lo que Erica supuso que estaba entrando en el garage.
—Voy con el Rubio, no lo voy a dejar solo.
—Está bien, compré para hacer un postre. Te gusta el chocolate, ¿no?
—Me encanta todo lo que vos hacés, pero el chocolate mucho más.
Erica se concentró en atender a Jack para disimular, le cantó una canción, pero enseguida había llegado a la estación donde debía bajar y lo hizo rápido abriéndose paso entre la gente. Esa ciudad era muy concurrida y había movimiento por todos lados, incluso era complicado pasar con el carrito.
—Llegué a Morón, andá a la plaza.
—¿Cuál? Hay dos cerca de ahí.
—La que tiene una feria.
Erica caminó entre la gente y se detuvo en algunas tiendas para comprar cosas. Le compró zapatillas a Jack, un abrigo y un gorrito de lana que le puso no bien pagó. Trató de ir rápido hacia aquel parque para perderse entre la gente, sabía que era más rápido hacerlo sin Jack y sin el carrito, pero eso no era una opción en ese momento. No estaba segura de si la habían seguido hasta allí o cuánto podría tomarles alcanzarla.
El parque estaba lleno de personas que paseaban por las ferias, por todos los puestos. Jack se emocionó al ver globos y juguetes, por lo que ella le compró un globo y un copo de nieve mientras buscaba con la mirada el auto del Loco. Llegó a verlo llegar por un costado, por lo que Erica se apresuró a llegar hasta la esquina. Desabrochó los cinturones de Jack y lo alzó en sus brazos de forma protectora mientras miraba a los costados con disimulo, y el Loco bajó rápidamente para subir el carrito entero al baúl, sin dudar ni un segundo.
Se subieron al instante y salieron de allí a gran velocidad, con Erica sentada atrás junto a Jack mientras le colocaba los seguros de sus cinturones en la butaca.
—¿Estás bien, Eri? —preguntó Lucas al asomarse del asiento del acompañante.
—No sé quién es, alguien me seguía, no pude ver quién era. No sé si habrá logrado seguirme hasta acá, por las dudas no regresemos tan rápido a casa —dijo tan rápido que pisó varias veces sus palabras.
—Está bien, engel, si alguien nos está siguiendo me voy a dar cuenta —dijo al mirar por el espejo retrovisor.
Erica entretuvo a Jack ahí atrás, quien aplaudía y cantaba una canción junto a ella.
—Eri, ¿y si no era de Mörder? —preguntó Lucas.
—Tiene que serlo, es alguien lo suficiente bueno para esconderse fácilmente —dijo Erica y dirigió su mirada hacia el Loco—. El único que conozco capaz de seguirme sin dejar rastro es Serge, y él no tiene necesidad de hacer eso. ¿Quién conocés que pueda hacerlo?
—Varios —respondió con un chasquido de lengua—, a Misha lo descarto por estar en Rusia, pero aún así queda el chico Tanaka, Noelia e incluso la Siciliana, aunque hay otros de menor categoría.
—¿Y cuál sería el peor caso?
—El Tanaka —dijo y miró por el espejo retrovisor—. Vamos a salir de la vista, necesitamos estar cubiertos. Si es él, podría incluso estar a kilómetros de distancia con un rifle, es el puto mejor francotirador, es incluso mejor que Nahuel.
—¡¿Kilómetros?! —chilló Lucas.
—Con un buen rifle y mucha habilidad es posible, y él tiene ambas.
—No creo, Akihiko trabaja para Julio —murmuró Erica y tomó rápidamente su teléfono para escribirle a Serge.
—Engel, qué estás haciendo, no hagas nada estúpido —la regañó el Loco al mirarla por el espejo.
—Estoy averiguando si es Akihiko y vamos a morir todos hoy mismo, o si es otro y podemos relajarnos —respondió al enviar su mensaje.
Serge lo vio unos instantes luego, estaba escribiendo un mensaje pero tardó un poco en responder.
Mon Prince: No, princesse querida, Akihiko y Ruriko están con nosotros en París, te mandaré una foto ahora mismo :D
Una foto llegó al instante, era una selfie de Serge tomando café frente a Julio, quien se veía serio y tras él estaban Akihiko y Ruriko. Se veía la Torre Eiffel a lo lejos.
Erica: Qué hacés en París?!!!
Mon Prince: pensaba contarte al volver, pero nos casamos y es nuestra luna de miel, volvemos en unos días <3 <3 <3
—¡¿Y no me dijo nada el hijo de puta?! —chilló Erica.
—Engel, la boca al lado de Jack.
—Perdón —suspiró—. No es Akihiko, está en Francia con Julio.
—¿Segura? —inquirió y la miró por el espejo.
—Jack, confío en Serge.
—Está bien, entonces podemos relajarnos un poco —suspiró él—. Con Akihiko descartado, descarto también a la Siciliana, no va a dejar al pollito solo. Noelia es buena pero no lo suficiente, y el resto es basura.
Erica también suspiró y dejó caer su cabeza en el asiento, agotada. Le respondió a Serge felicitándolo por su casamiento, le alegraba que Julio al fin lo apreciara como lo merecía.
Se quedó observando el techo del auto y luego observó a Jack, jugaba con unos autitos y se reía con alegría, ajeno a toda preocupación y miedo. Con una sonrisa triste le acarició la cabecita.
—Esta no es vida para él —dijo con tristeza—, mientras vivamos va a estar siempre en peligro, y Lucas también. Estoy cansada ya, cansada de huir siempre y esconderme.
—Es la única opción que queda, mein Liebling, huir y esconderse —dijo el Loco con un suspiro—. Mientras Gretchen viva siempre vamos a huir, con Julio se puede negociar, con ella no.
—¿Qué pensás hacer? —preguntó Lucas mirándolo fijo.
—Vamos a tener que destruir D.E.A.T.H. o nunca tendremos paz, Jack jamás va a dejar de escapar —dijo el Loco con el rostro serio—. No quisiera tener que matar a Gretchen, pese a todo lo que pasé a su lado le guardo mucho cariño y respeto, pero no me va a quedar otra opción.
—Pero... no podemos contra D.E.A.T.H... —susurró Erica.
—Vamos a tener que poder —dijo el Loco con un suspiro—, la rusa y yo ya hablamos al respecto. Ambos llevamos desde nuestro nacimiento metidos en todo esto, ambos vamos a hacer todo lo posible por darles a ustedes la vida que merecen.
Erica no dijo nada más, trató de distraer y entretener a Jack. Había un par de libros de cuentos allí en el auto, por lo que le mostró los dibujos enseñándole algunos animales y sus sonidos.
Unos minutos después el Loco estacionó en un restaurante y giró para ver a Erica.
—Vamos a comer algo acá, si noto que no hay nadie tras nuestro entonces regresaremos a casa.
Erica asintió y desabrochó los cinturones de seguridad de Jack, para poder alzarlo en sus brazos, pero no bajó hasta que el Loco no la autorizó a hacerlo. Lucas entró primero al restaurante, Erica y Jack lo siguieron por detrás mientras que el Loco se mantuvo unos minutos allí afuera para asegurarse de que todo estaba bien.
Lucas tomó en sus brazos a Jack para sentarlo sobre su regazo, mientras que Erica leía la carta, pero atenta a los alrededores y al Loco que ingresaba al lugar para poder sentarse con ellos.
—Dejé el auto en un estacionamiento, no podrán verlo —explicó y tomó a Erica del rostro para besarla—. Me alegra que estés bien.
Pidieron algo para almorzar, un mozo les ofreció una silla de bebés pero Jack no quiso sentarse solo, prefería estar sobre Lucas. Y pese a los nervios que tenían, pudieron almorzar tranquilos, aunque el Loco vigilaba bastante la puerta y a las personas que allí ingresaban.
Luego de almorzar regresaron al auto y dieron un par de vueltas antes de regresar a la casa, no parecía haber nadie siguiéndolos, por lo que estuvieron más tranquilos. Solo por si las dudas el Loco tomó el camino más largo.
Una vez en la casa selló las aperturas, mientras que Lucas preparaba café para el Loco, apoyado contra la ventana para vigilar a través de las rendijas de la persiana, y Erica llevó a acostar a Jack ya dormido. Hund, al igual que siempre, se quedó junto a él.
—Jack, tomá —dijo Lucas al extenderle una taza de café—. ¿Viste algo raro?
—No, tampoco durante el camino —dijo el Loco y bebió un sorbo de café—, pero sabían que estamos en Ramos Mejía, vinieron adrede hasta acá. Tenemos que irnos hoy.
—¿Al viaje? ¿Hoy?
—Lo más pronto posible, van a estar buscando por toda la ciudad y las cercanías de donde vieron a Erica. Por suerte estaba en el centro y no acá en el barrio —suspiró—. Es mejor irnos unos días, o tendremos que estar encerrados otra vez.
—¿Y la casa? —preguntó Lucas con preocupación—. ¿No podrían... entrar y esperar a nuestro regreso?
—Le pediré al Gusano que se quede unos días, la idea de alejarse de Rata y Tahi le va a fascinar.
Sorbió otro poco de café y Lucas se alejó para poder ir a la cocina y preparar la pava para el mate. Se sentó en las banquetas altas de la isla y se despeinó a sí mismo. Se había cortado un poco el cabello, ya no le molestaba en la nuca por tenerlo rebajado, pero lo tenía lo suficiente largo en la parte superior para poder peinarse como quisiera.
Lucas estaba preocupado, porque aún no entendía del todo lo que pasaba, no pertenecía a ese mundo, aunque se esforzaba en no ser un estorbo. Por ello cuando Erica se acercó a él en la cocina, Lucas le pasó un mate y dijo:
—Vámonos hoy. No bien se despierte Jack.
—¿Hoy?
—Como dice el Rubio, nos vamos en unas horas. Prepará tus cosas, mein engel —dijo el Loco desde su ubicación—. Ambos preparen sus cosas. Nos vamos.

La cama donde se encontraba Aaron estaba vacía, solo quedaron los rastros de sangre en las sábanas que dejaron sus heridas. Las enfermeras lo buscaban desesperadamente, pese al tiempo que llevaba siendo atendido, Aaron era inquieto y siempre abría sus heridas con movimientos no autorizados.
Ginevra recorrió todo el lugar en busca de él, aunque sabía que era posible encontrarlo en el gimnasio. Y así es como ella lo encontró antes que cualquier otro.
—Per favore. No debe esforzarse, mio signore.
Se acercó a él, que estaba de rodillas en el suelo, jadeante. Su torso estaba cubierto por vendas y gasas, al igual que su rostro y brazos. El sudor lo recorría junto a algunas gotas de sangre de alguna herida que se abrió.
—No pienso dejarme estar, ¡no pienso quedarme recostado a esperar a que me maten! —gruñó con odio e intentó ponerse de nuevo de pie, pero cayó al suelo.
—Sus heridas no están curadas, fue mucho el daño que le hicieron. Entiendo que quiera estar fuerte, pero no lo conseguirá si se encuentra herido.
—Soy el mejor, Gin, y soy el mejor justamente porque hago milagros.
Ginevra suspiró algo agotada y se acercó más a él hasta colocarse en cuclillas a su lado. Hizo un paneo por el cuerpo de él, inspeccionando sus heridas. Muchas habían logrado sanar correctamente, pero otras aún estaban abiertas.
—Decime algo, Gin... —Aaron la miró fríamente, con el sudor que recorría su rostro—. ¿Por qué razón dejaste a Julio para venirte conmigo? Nunca lo comprendí del todo.
—Me hizo una buena propuesta imposible de rechazar —dijo ella con una sonrisa torcida—. Es una pena que otros no se hayan unido a su causa, mio signore.
Ginevra se mantuvo en silencio y se puso de pie, con las manos en los bolsillos de su pantalón militar verde. Suspiró mirando el techo, buscaba las palabras adecuadas para explicarle a ese muchacho que la miraba con curiosidad. Sabía que si utilizaba las palabras equivocadas podría conseguir que Aaron desconfiara de ella.
—¿Le gusta apostar, signore?
—En el boxeo, sí.
—Un buen apostador siempre sabe cuál es el objeto que más dinero le da —sonrió hacia un costado al verlo sentado en el suelo—. Amo los caballos y soy una gran apostadora. Toda la vida le había apostado a un caballo, el mejor, el campeón. Nunca me había fallado, nunca había perdido... Hasta que un día llegó un caballo nuevo, algo más joven. Uno muy subestimado, pero yo vi en ese caballo algo especial, entonces cambié mi apuesta. Dejé mi apuesta habitual para ir con el nuevo, y ese nuevo me inundó en fortunas y se convirtió en el nuevo campeón. Un verdadero apostador sabe cuándo cambiar y apostar al mejor.
—¿Me estás comparando con un caballo? —inquirió Aaron con una ceja levantada.
—Sí, lo estoy haciendo, signore. Con un campeón.
Aaron sonrió con cierta picardía, observando a la bella italiana, aunque sus palabras le agradaban, a la vez le producían cierta desconfianza porque ella iba con el viento, donde le ofrecieran más dinero.
—Y si no tuvieras las ganancias esperadas, me abandonarás como a ese caballo viejo —dijo con el rostro serio y ella curvó sus labios en una sonrisa.
—Dejé al amor de mi vida para venir con usted, mio signore, dejé mi vida, mi mundo por usted —dijo con una sonrisa—. Porque los Moms son obsoletos, porque creo que usted podrá lograr mejores futuros para nosotros.
—¿Un amante?
—Una persona con la que quería casarme y pasar el resto de mi vida, pero teníamos diferentes pensamientos y diferentes expectativas a futuro. Yo miraba hacia el futuro, mientras que esa persona estaba anclada en el pasado —Ginevra bajó la mirada con tristeza—. A veces el amor no lo puede todo, a veces con amor no basta.
—Comprendo —dijo Aaron y la miró fijo—. Vos eras la mejor loca de Assassin, quiero saber qué creés que sucedería en un encuentro entre el Loco y vos.
—El Loco es famoso entre los que usamos armas blancas, el mejor, sin dudas —dijo con el rostro serio, sin titubear—. Nunca podría ganarle aunque quisiera, pero sí podría dejarlo malherido, y en ese caso lo pagaría con mi muerte. Sería una batalla épica, y desearía poder tener el honor de morir contra Wolff.
—Bueno, quizá lo tengas. Porque pienso atacar al Loco y a los Moms...
Los labios de Aaron se curvaron en una sonrisa maliciosa, Ginevra lo observó fijamente. No quería contradecirlo, pero su deber era aconsejarlo en lo mejor posible.
—Disculpe, signore... —lo miró fijo—. Pero considero que es mejor tomar otros caminos para llegar al mismo objetivo.
—¿A qué te referís? ¡Quiero deshacerme de ambos! —gritó con molestia.
—Lo sé, pero... ¿para qué gastar asesinos? —lo miró en silencio, viendo la confusión en el rostro de Aaron—. ¿Por qué no dejar que los Moms lo hagan? Ya sea si ganan los Moms, o si gana Wolff, de ambas maneras nos deshacemos de un fuerte enemigo sin mover un solo dedo, los que nos permite atacar al sobreviviente mientras se encuentra débil. ¿No le parece mejor?
—Dejar que se maten solos... una genialidad, Gin, una genialidad.
—En ese momento me encargaré de Wolff, signore.
—No, no quiero que mates a Wolff, él es mío —sonrió con malicia—. Para vos, Gin, tengo otro objetivo... —al ver la confusión en el rostro de Ginevra, le sonrió—. ¿Conocés a «Kolzova»?
Gin se quedó helada por un instante, sus pulmones la habían abandonado, porque no conseguía respirar.
—Sí, «La Inmoral» es la mejor loca de Naemniki —dijo casi en un susurro y apretó los puños con fuerza—. ¿Cuál es su problema con ella?
—Es la mano derecha del Loco, arrebatársela es desestabilizarlo.
—Podría desestabilizarlo, o podría enfurecerlo más... —dijo Gin y apretó los labios.
—Mandaré a seguir a Gretchen, y cuando ella ataque al Loco, te quiero ahí presente, encargándote de la rusa esa, ¿de acuerdo?
Ginevra se quedó en silencio, mirándolo de forma fría. Siempre quiso luchar contra ambos, el Loco y Sveta, pero no así ni en tales circunstancias. Especialmente no así con su amada «fiorellina».
—¿Tenés algún problema con el objetivo que te dí? —Aaron la miró desafiante.
—Ninguno, mio signore. Kolzova morirá en mis manos, si es que usted lo desea así...
Lo llevó nuevamente hacia la cama donde debía descansar hasta estar recuperado, se encontraban lejos en un escondite estratégico con pocos guardias de confianza, y muchos médicos especializados.
Ginevra no estaba lista para ver a Sveta, y mucho menos para ser la encargada de su muerte.

Con todo cargado en la camioneta, Lucas, Jack y Hund se ubicaron en el asiento trasero, mientras que Erica y el Loco adelante. Pusieron música para hacer más entretenido el viaje, habiendo dejado la casa a cargo de Fosa, quien también se tomaría vacaciones de Rata y su hijo.
—Tenemos todo, y lo que no lo compraremos allá —dijo Erica y miró al Loco—. ¿A dónde vamos específicamente?
—A mi casa en Córdoba —respondió con una sonrisa—. Les va a encantar.
—Wow, esta vez será real que estoy en Córdoba —dijo Lucas con una risita—. ¿Puedo enviarle fotos a mi hermana, para que crea que estoy desde hace rato?
—Siempre y cuando no sea un lugar fácilmente identificable, sí.
Lucas había colocado dibujos animados en una tablet para que Jack pudiera entretenerse durante el viaje. Tuvieron que detenerse de vez en cuando por él y por Hund, y aunque él Loco tenía todo en regla, varias veces debió mostrar su licencia de conducir.
Cenaron en un lugar en el camino, una casa de comidas muy familiar, y luego regresaron nuevamente al viaje. Pese a que Erica y Lucas se habían ofrecido a manejar, el Loco prefirió ser él por si había que hacer movimientos de escapatoria o mostrar la licencia. Ninguno de los dos muchachos tenía licencia encima.
Ambos sonrieron al ver los hermosos paisajes, porque pese a estar oscuro se podían disfrutar, y horas después llegaron a las sierras, donde el Loco tenía una hermosa y grande cabaña desde donde se podía disfrutar del paisaje, rodeados de naturaleza que los cubría de miradas curiosas.
Jack estaba dormido, por lo que Lucas lo bajó con cuidado mientras que Hund inspeccionaba todo el lugar, y Erica junto al Loco bajaban del baúl todo lo que habían llevado.
—El lugar está limpio, mandé a alguien a limpiarlo antes de que llegáramos. Solo hay que instalarnos —dijo el Loco con una sonrisa al abrir la puerta.
Erica y Lucas se veían igual de emocionados, y luego de recostar a Jack en una cama con sábanas limpias recorrieron todo el lugar. Tenía grandes vitrales por donde se podía ver el bosque, la iluminación era cálida y acogedora. Todo el lugar se veía acogedor, y tenía una bonita chimenea en la sala de estar, que según el Loco no se usaba porque el lugar era de por sí calefaccionado.
Erica se sentó en un sillón, miraba a su alrededor con una sonrisa y especialmente por esas grandes ventanas que permitían ver el paisaje. Era un lugar de ensueños.
—¿Querés tomar algo, mi amor? —le dijo el Loco al besarle la coronilla de la cabeza.
—Tomemos café, hay que estar despiertos, ¿no?
—Sí, ¿te gusta el lugar? Tengo otra casa más en Tierra del Fuego, pero ese ya es un escondite de última opción —dijo él y le acarició el rostro con cariño.
—¡Es hermoso!
—Mañana podemos ir al río, te va a gustar, aunque hace bastante frío —dijo con una risita.
Preparó café para los tres y los sirvió en unas tazas, mientras que Lucas cortaba porciones de una tarta de arándanos que había hecho Erica y llevaron para el viaje. El Loco apoyó su mano en la cabeza de Lucas, con cariño, acompañado de una sonrisa.
—¿Y, Rubio?
—Este lugar está hermoso —dijo con una risita—, va a ser bueno para Eri pasar acá su cumpleaños. Estar allá, escondiéndose, no le habría hecho bien.
—Estamos rodeados de naturaleza, esto también es para vos, Rubio —dijo el Loco con una sonrisa.
Bebieron café juntos, sentados en los sillones con el paisaje de los árboles en las ventanas.
Debido a que ya era algo tarde Lucas se fue a acostar, había tomado una habitación con dos camas de una plaza, donde en una dormía Jack con Hund, bien tapado del frío.
Erica y el Loco se quedaron despiertos por un rato más, hasta que ya algo cansados decidieron ir a acostarse también. Compartían la cama size King de la habitación principal, con grandes vitrales que mostraban el paisaje y un baño en suite.
Ambos dejaron sus armas cerca de la cama, para luego abrazarse y disfrutar de ese momento juntos. Él lem hacía caricias en el rostro, mirándola fijo a los ojos.
—Te amo —susurró antes de besarla.
Erica aferró sus dedos a la espalda de él, la cual recorrió con sus manos para después acariciarle el pecho.
—¿Qué tenés con mi pecho? —preguntó con una sonrisa divertida.
—Me gusta, tremendas tetas tenés —dijo ella con una risita.
—Son pectorales —se rió él.
—Lo sé, me encantan —dijo y lo empujó para que se recostara y poder subirse sobre él—. Es bastante irresponsable excitarse en una situación como esta, escapando de espías.
—Lo es, muy irresponsable tener sexo en esta situación —dijo él aferrado a la cadera de Erica, mirándola con deseo—. Si sos un inútil debilucho, cosa que no somos, mein engel.
Diciendo eso se sentó para poder capturar los labios de Erica en un beso, aferrado a sus grandes glúteos que apretó con fuerza para aferrarla más a él y que ella pudiera sentir lo mucho que la deseaba. Comenzó a besarle el cuello mientras le quitaba el camisón de satén para poder liberar esos hermosos pechos, que no tardó en besar mientras bajaba con su mano por el vientre de Erica hasta llegar a su ropa interior.
—Las paredes son gruesas, están hechas para que no salga el sonido —dijo él contra el cuello de ella—, podés gritar y gemir todo lo que quieras, mi amor...
—No me parece correcto, no estando... Lucas y Jack... —dijo en un jadeo al sentir los dedos del Loco brindándole placer.
Erica también llevó su mano hacia el boxer de él y poder envolver su miembro para estimularlo, lo que hacía que el Loco suspirara de placer. Él la volteó rápidamente y se aferró a sus muslos para continuar estimulándola mientras lamía su máximo punto de placer, lo que obligaba a Erica a cubrirse la boca.
—Lo hacés... a propósito...
—Sí —admitió con una voz seductora y continuó con su trabajo, para luego ubicarse entre sus piernas—, me gusta escucharte...
Con cada movimiento Erica se retorcía de placer cubriendo su boca, luego cambió de posición para poder colocarse boca abajo, lo que hizo que él tuviera que resistir un gemido al apretar los labios, especialmente cuando Erica se sentó de espaldas a él y comenzó a moverse de esa manera que lo enloquecía. Debió morderse los labios ante cada onda y movimiento suave pero decidido de cadera, pero incluso así sus jadeos eran bastante notorios.
—Te amo —jadeó y la tomó del mentón para que girase el rostro y poder besarla.
Para que Erica disfrutara incluso más, llevó su mano para poder estimularla mientras ambos se movían armoniosamente, en una ola de satisfacción que los tenía en éxtasis.
Luego, ya satisfechos y sonrientes, se abrazaron allí, con la extrema necesidad de estar juntos sin despegarse.
—Podrían habernos matado —dijo Erica, aún jadeante.
—Los vidrios son aprueba de balas, la casa tiene alta seguridad. Ni Nahuel podría entrar —dijo y la besó en los labios—. ¿Querés bañarte conmigo?
Erica sonrió y asintió, muy relajada, porque con él nunca era un solo orgasmo, con él siempre era una explosión de sensaciones que nunca creyó poder sentir. Lo miró mientras que él llenaba la bañera de allí y colocaba unas sales en el agua.
Con las luces cálidas y tenues se sumergieron juntos en la bañera, aunque primero Erica se limpió un poco los rastros del sexo antes de sumergirse. Se apoyó de espaldas contra el pecho de él, quien le hacía caricias y le besaba la mejilla con cariño.
—¿Soy lo que creías que sería? —preguntó ella en un susurro.
—¿Como asesina, como persona o como mi amada?
—Las tres.
—Sos mejor de lo que creía, en todo —dijo con una sonrisa y le besó el cuello—. Te amo, y sos más de lo que había imaginado cuando te miraba de lejos.
Ella se acurrucó un poco más contra él y le dio un beso en el brazo, sintiéndose llena con él e inmensamente feliz.
—También te amo, Jack.
Él se quedó en silencio por un instante, sin saber muy bien qué decir.
—¿Lo decís porque podríamos morir, o porque aún estás en éxtasis? —preguntó en un susurro.
—Lo digo porque te amo, Jack.
La abrazó con fuerza y apretó los labios, tratando de acomodar sus sensaciones y emociones, porque se sentía tan feliz que tenía la necesidad de llorar, pero pensaba evitar esa vergonzante situación. Luego de respirar hondo le dio un beso en la mejilla y la tomó de la mano para entrelazar los dedos con ella.
—Gracias, mein engel.
Se quedaron allí en el agua calentita hasta que esta comenzó a enfriarse, y luego salieron envueltos en una toalla y se vistieron para poder dormir juntos.
Erica fue la primera en dormirse, sin embargo él la miraba con una sonrisa mientras le hacía caricias, pero luego su expresión se oscureció por preocupación, porque temía que algo malo pudiera sucederle a su amado engel.
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