Capítulo N° 16

Dedicado a Etternel


A pesar de sus heridas, Erica había querido entrenar de todas formas. Se concentró en lanzar patadas a la bolsa que tenía delante, giraba en el lugar rápidamente para efectuar otra patada y hacer combinaciones de esta. La gente allí presente la miraba con curiosidad porque tenía puesto su férula para inmovilizar su hombro y brazo, tenía su rostro magullado y morado, aunque su hinchazón ya había bajado. Su mirada era un fuego de furia que alejaba a todo aquel que se acercaba. La única persona que no se sintió intimidada por esa mirada caminó con tranquilidad y sostuvo la bolsa para ella.

—Te vas a lastimar.

Erica sintió su sangre arder incluso más al ver a Chris ahí, la miraba fijo con sus ojos café y sostenía la bolsa con una mirada extraña.

—¡Como si eso te importara! —le gritó con furia.

Le dio la espalda para irse, sintiendo un cúmulo de emociones y sus ojos cristalizarse por lágrimas, pero también mucha más furia que antes.

—¡Erica!

No giró para verlo, apresuró el paso para salir del gimnasio, y esperaba que él no la siguiera.

Él no la siguió.

Cada uno de sus pasos era pesado, estaba hecha una bola de fuego y a cualquiera que osara decirle algo pensaba arrancarle la cara. Luego su paso se normalizó un poco y comenzó a respirar mejor. Seguía enojada, pero al menos su cuerpo ya no estaba tan tenso.

Escuchó su nombre ser nombrado por los parlantes del lugar, Gretchen la estaba buscando, lo que significaba que Fosa probablemente había aceptado que fuera a trabajar con él. Suspiró sintiéndose aliviada y caminó con tranquilidad hacia los ascensores para poder ir a la nueva oficina de Gretchen.

Ya había estado pensando qué decirle a Fosa, porque estaba segura que no le gustaría nada verla herida y probablemente inútil. Pudo armar una defensa que con suerte la salvaría de su ira, pero que a su vez podría hacer que él la matara.

Había llegado el momento de la apuesta.

Gretchen la miró fijo con sus ojos casi escondidos tras sus manos entrelazadas, tenía una sonrisa llena de maldad que no se molestó en ocultar.

—Esa es la dirección —dijo Gretchen al señalar un papel en el escritorio—. Él te va a matar cuando te vea, princesa.

Erica no respondió nada, tomó la dirección con su mano sana y apenas si asintió con respeto para despedirse de Gretchen. Y debido a que no podía manejar la moto, debió dejar que un asesino la llevara en auto hasta la ubicación, y Erica estaba segura de que eso era incluso más beneficioso para Gretchen.

La dejaron en lo que parecía ser una mansión, una casa inmensa con las rejas abiertas que daban a un camino de rocas. Erica caminó por allí con su tarjeta negra de invitación en la mano, solo por precaución. Los barrenderos ya la conocían, pero siempre llevaba esa tarjeta en caso de que alguno no la reconociera.

Tocó la enorme puerta frente a ella y tardaron un rato en atenderle, una muchacha con mascarilla negra le permitió entrar al ver la tarjeta.

—¡No me jodas! —chilló Rata al verla entrar—. ¡¿Qué le hicieron a mi esposa?! ¡¿Quién fue?!

—¿Dónde está él? —preguntó Erica mirando hacia todos lados.

—Valoro tu valentía de venir así a encararlo aún sabiendo de que va a matarte —dijo Rata con una risotada—, está atrás, Bombita. No lo hagas enojar.

Erica siguió a Rata hacia la parte de atrás donde se encontraba Fosa en un jardín de invierno junto a otros barrenderos, daba órdenes sobre cómo proceder ante los cadáveres desparramados allí y en el piso superior.

—Fosa, vino la Bombita —dijo Rata para llamar su atención y la cubrió momentáneamente con su cuerpo—. Deberías poner un poco de Chopin...

—¿Dónde está y por qué debería poner Chopin? —dijo Fosa con dureza.

—Deberías poner Chopin... —insistió Rata.

La musculatura y altura de Rata no era muy distinta a la del Loco, y por ello cubrirla no era tan complicado. Sin embargo Fosa se acercó a gran velocidad con sus músculos trabados a la vez que Erica se hizo a un costado para verlo fijo, con seriedad.

Por un instante Fosa se quedó inmóvil al verla tan herida y con la férula puesta, pero fue solo durante unos segundos, porque más rápido de lo que ella y Rata esperaron la había tomado con fuerza del cuello y la estaba asfixiando con una sola mano. La levantó del suelo como si no pesara nada mientras aplicaba más fuerza.

—¡¿Con qué cara te atrevés a venir así a trabajar?! —le gritó y apretó con más fuerza.

—¡Fosa, soltala! —le gritó Rata al apoyar la mano en su hombro, de manera amenazante.

—¡Podría partirte el cuello de un solo movimiento! —le gritó Fosa y continuó apretando con fuerza.

—¿Ahora... no es... una excusa? —dijo Erica con poco aire.

—¡No me hagas decir tu nombre! —amenazó Rata entre dientes—, soltala, Fosa.

—Yo no soy tu amigo —dijo Fosa al acercar su rostro enmascarado al de Erica, con asco—, me importa una mierda si estás herida, pero si venís así a hacerme perder el tiempo, ni siquiera Wolff va a poder salvarte.

Fosa aflojó el agarre y Erica no dudó en lanzarle una patada que casi lo hizo caer.

—¡Siempre decís que pongo excusas y hoy que vengo sin excusa alguna te molesta, bipolar de mierda! —le gritó con una voz ronca por la estrangulación, luego tosió—. ¡Ya sé que Gretchen, vos o el Loco podrían trabajar sin una pierna y sin un brazo con los ojos vendados!

Rata le lanzó una bofetada a Erica al rostro, para que se callara.

—Vas a ser mi esposa así que controlá tu boca, pendeja maleducada —la tomó luego del mentón con rudeza—. No lo hagas enojar más.

Fosa tomó su teléfono muy rápido y comenzó a teclear allí, y de esa forma comenzó a sonar una bonita música de piano en el lugar. Luego tomó el paquete de cigarrillos de su bolsillo, prendió uno luego de levantar su máscara y comenzó a caminar de un lado a otro.

—Salgan todos, ya —dijo en una orden.

Los barrenderos salieron casi huyendo de él, excepto Rata que fue el último en salir. Erica lo siguió con la mirada cuando se fue, pero no se acercó a Fosa. Su cuello le dolía y también le costaba respirar un poco, pero no le iba a dar el gusto de verla doblegarse ante él.

Fosa entonces se acercó y tomó el arma de su cintura, no dudó en apoyar su cañón en la frente de ella, estaba un poco tibia, lo que significaba que no hacía mucho había disparado.

—Podría matarte ahora mismo y a nadie le importaría tu sucia y miserable existencia —dijo con asco.

—Pero no lo vas a hacer —dijo ella con su mirada fija en la máscara de él, donde deberían estar sus ojos—, porque al matarme desperdiciarías todo el tiempo que invertiste en mí.

—Que sea la última vez que te lastiman así y que, para colmo, seas tan estúpida de venir a verme —Bajó la pistola y la guardó en su cadera—, porque la próxima vez te voy a matar y voy a dejar que Rata aproveche tu cuerpo tibio.

Diciendo eso le dio la espalda para caminar hacia los cadáveres que estaban por allí. Fumó tranquilo su cigarrillo y se dejó caer en un tupido sillón floreado frente a esos cuerpos. Con un movimiento de mano la invitó a sentarse en el sillón de en frente.

Erica se refregó el cuello al acercarse y se ubicó allí tosiendo, porque su garganta le molestaba bastante. Al regresar a Naemniki se miraría al espejo, estaba segura de que le quedarían marcas.

Fosa era muy fuerte físicamente.

—Sacate esa porquería y empezá a envolver los cuerpos —dijo con dureza y apagó su cigarrillo en un cenicero del costado, pero no bajó su máscara, al instante encendió otro—. Ahora.

—Tengo el hombro dislocado y una pequeña fisura —dijo ella.

—¿Y eso me importa porque...?

Con un chasquido de lengua Erica comenzó a quitarse la férula, su hombro le dolía de sobremanera pero intentó controlar sus expresiones faciales ante el dolor. Luego se acercó a los cuerpos allí frente a Fosa y los miró con atención.

—No pusieron el plástico en el suelo —dijo, con sorpresa.

—Ponete guantes.

Le arrojó un par de guantes descartables que Erica se puso con cuidado, le costaba mover su brazo derecho y cuando lo hacía le dolía demasiado.

El tono de voz de Fosa era furioso y duro, pero Erica también notó que estaba intentando tranquilizarse al fumar y oír esa bonita música de piano que, supuso, sería Chopin.

Con mucho cuidado de no afectar aún más su hombro trató de envolver el cuerpo que le pareció más liviano, era de una chica, parecía una adolescente. Cuando oyó el ruido del metal ser apoyado en vidrio dirigió su mirada hacia Fosa. Acababa de apoyar su pistola en la mesa redonda de vidrio a un costado, junto a su cenicero. No lo había hecho porque sí, era claramente una amenaza.

—Decime por qué debería darte una oportunidad en vez de dispararte por ser tan lenta al trabajar —dijo él y se cruzó de piernas, tamborileó sus dedos enguantados en la pistola.

—¿No vas a preguntar si la misión salió bien?

—No. Sé que salió bien —dijo Fosa —. Mis vocecitas me dijeron que fuiste rápida y eficaz, y que trajiste por un instante el recuerdo de otro asesino a la memoria de Gretchen.

—Su mejor amigo supuestamente...

Fosa hizo un sonido cargado de ironía y se puso de pie para acercarse a ella con un paso lento que resultó muy amenazante. Se puso en cuclillas a su lado y la tomó con rudeza del rostro, el cual apretó con fuerza hasta hacerle doler.

—Le hiciste recordar a Nahuel, para luego insultar su recuerdo al quedar así de malherida —dijo con asco—, y debería matarte por eso.

—Amenazás mucho con matarme y no lo hacés, ¿a qué le tenés miedo? —inquirió Erica.

Fosa apretó su rostro con más fuerza.

—Yo no le temo a nada, ni a nadie —escupió—, pero le debo algo a alguien y es el único motivo por el que hoy no te mataré, pero la próxima vez no vas a tener tanta suerte.

—¿Y no te importa por qué quedé así?

—No necesito saberlo, sos claramente una debilucha a la que le gusta provocar la ira de los más fuertes —dijo con lentitud y con su dedo índice le apretó el moretón en su pómulo, eso la hizo quejarse por el dolor—. Ow, ¿vas a llorar? ¿Te dolió, Bombita?

—¿Más fuertes? —repitió Erica y le corrió la mano con asco, para luego reírse—. Si me atacás debilitada no sos más fuerte, sos un cobarde que no pudo contra mí en buena forma.

Fosa se puso de pie y acomodó su máscara, luego tomó la pistola de la mesa y con un movimiento de mano le pidió que lo siguiera, Erica entonces tomó su férula en la mano y lo siguió. Él abrió las elegantes puertas de ese jardín de invierno para permitirle pasar a los barrenderos.

—Limpien eso, ahora —les dijo.

Comenzó a subir las escaleras y Erica lo siguió por detrás, le dolía su hombro por haber hecho fuerza al envolver el cadáver de esa chica, intentaba resistir el impulso de refregarse, porque el dolor era realmente molesto.

En el primer piso se encontraba Rata trabajando, daba órdenes a los barrenderos allí que ya estaban por terminar.

—Bien, Rata —dijo Fosa al ver que no había mucho por hacer allí—. Cárguenlos en la camioneta, la Bombita y yo vamos a terminar el trabajo.

—¿Vas a poder con el brazo así? —le preguntó Rata a Erica al verle el hombro magullado y morado—. ¿Qué te pasó? A él no le importa pero a mí sí.

—Rata, no vino a hacer amigos —se quejó Fosa.

—Que yo acepte que sos mejor que yo y que te haya cedido mi puesto —comenzó a decir Rata, con su ceño fruncido—, no quiere decir que puedas decirme qué hacer todo el tiempo.

—No querés tenerme como enemigo, Rata —insistió Fosa y se acercó a él—, porque no me olvido que allá abajo me amenazaste.

—Nadie lo quiere, y no me dejaste otra opción —dijo Rata con una risotada—, pero dejame hablar con la Bombita y oír su historia. Si a vos no te importa no es mi problema.

Rata miró a Erica, los barrenderos estaban quitando los cuerpos ya envueltos, ella los siguió con la mirada y luego clavó sus ojos grises en los oscuros de ese inmenso hombre allí.

—Un tipo intentó violarme —dijo ella con dureza—, no pudo.

Fosa comenzó a reírse, era la primera vez que Erica lo escuchaba tentado de risa al punto de casi no poder respirar.

—¿Y quedaste así solo por un intento de violación?

—No, quedé así porque estuve entrenando dos horas sin parar y fui a ducharme, estaba desnuda, mojada y el suelo resbaloso con jabón —se quejó ella con fastidio—, e incluso así no pudo violarme y lo dejé bastante herido, y con mi brazo dislocado seguí peleando.

—¿Lo mataste? —preguntó Rata.

—No, lo mató el Loco. —Erica siguió con la mirada a Fosa que caminaba por ahí observando la limpieza del lugar—. Le arrancó literalmente la cara.

—¿No te llamó para esa limpieza? —preguntó Fosa, parecía no darles importancia pero estaba muy atento a la conversación.

—No, no me llamó. Debe haberse encargado Héctor —respondió Rata, luego tomó del rostro a Erica para inspeccionarla—. Bien, Bombita, ruda como me gustan.

—Encargate de la limpieza de abajo, nosotros vamos a terminar con la primera tanda —dijo Fosa y tomó con rudeza del brazo a Erica para salir de ahí.

—Si le hacés algo me voy a enterar, Fosa —le dijo Rata—. Y no te olvides que yo sé.

Fosa giró para ver a Rata y se quedó en silencio un instante.

—Hoy te levantaste con los huevos bien puestos como para amenazarme dos veces.

—Siempre los tengo bien puestos —dijo con una sonrisa de lado—. No pierdas aliados por impulsivo, Fosa.

Fosa no respondió nada, tironeó del brazo a Erica para hacerla salir de allí, luego la soltó. Ella caminó tras él y aprovechó a colocarse la férula otra vez, porque supuso que ya no tendría que usar su brazo.

La instó a subirse a una camioneta en el asiento del acompañante mientras que él se ubicó a su lado, en el del conductor. No hablaron durante todo el viaje, Erica estaba seria pero algo relajada, porque estaba segura de que Fosa no la mataría, si no lo hizo antes ante su ataque de ira no lo haría estando ya tranquilo.

Llegaron hasta un lugar que a Erica le pareció una morgue, ingresaron con la camioneta por un estacionamiento hasta el fondo del lugar, y allí Fosa esperó un poco antes de girar a ver a Erica.

—Como sos una inútil que no me sirve para nada en este momento —comenzó a decir—, vas a aprender dónde traer los cuerpos. Tenés que pagar en el momento y con dólares.

Le extendió lentes de sol y una mascarilla descartable negra, y la instó a quitarse nuevamente la férula.

—Ellos trabajan para cualquiera que pague, no son leales a nadie y no van a dudar en traicionarte, por eso no deben ver nunca tu cara. ¿Entendiste?

Bajaron de la camioneta justo cuando un hombre de traje negro se acercó, parecía ser un anciano, de mirada fría y desinteresada, con un bastón en la mano. Fosa caminó hacia el con una elegancia que a Erica le sorprendió, se saludaron con un apretón de manos.

—¿Quién es ella? —preguntó el anciano y clavó su mirada en Erica.

—Mi aprendiz. Ignórela, solo le estoy enseñando a negociar —dijo Fosa y asintió con respeto.

Siguieron al anciano hacia el interior y caminaron hacia una pequeña oficina muy bonita con plantas por todos lados. Fosa se acercó disimuladamente a Erica y le dijo en un susurro:

—Nunca vengas desarmada.

El anciano se sentó en un mullido asiento y con un movimiento de mano instó a Fosa a sentarse, quien se cruzó de piernas con elegancia y colocó sus manos entrelazadas al frente.

—¿Cuántos son? —preguntó el anciano.

—Ocho ahora, doce luego. ¿Lo mismo de siempre? —preguntó al tomar de su ropa un sobre de papel que enseñó enseguida.

—Lo mismo de siempre.

Fosa entonces le extendió el sobre, pero no lo soltó, forcejeó un instante con el anciano.

—Quiero que sea ahora y que mi aprendiz lo vea.

—¿Tiene nombre esta aprendiz?

—«Bombita» —dijo Erica y el anciano la miró con seriedad, para luego sonreír.

—Le enseñaste bien, Fosa —La miró fijo por un rato y luego dirigió su mirada hacia ese enmascarado sentado allí—. Podrá ver, pero sin tocar.

—Me parece bien.

El anciano le pasó el sobre a un hombre que ingresó en la oficina, quien contó el dinero para luego devolverle el sobre a su jefe y asentir.
Luego de guardar el sobre dentro de su saco volvió a mirar a Erica y se concentró en observar los enormes moretones en su hombro y brazo derecho.

—¿Es de Mörder? —preguntó el anciano sin dejar de mirarla—. Oí que Mörder se diluyó, Assassin pide recompensa por los de Mörder...

Fosa se puso de pie y apoyó ambas manos en el escritorio, de forma ruda.

—Es mi aprendiz, es todo lo que necesitás saber.

—¿No estarás amenazándome en mi propio territorio, verdad? No sos tan estúpido como para hacer eso, Fosa.

—Y creo que usted tampoco es tan estúpido para amenazar a mi aprendiz en mi propia cara, ¿verdad? —dijo Fosa con dureza.

El anciano lo miró serio por un instante y luego comenzó a reírse, se puso de pie ayudándose de su bastón y con un movimiento de mano los invitó a salir de la oficina. Su gente ya se estaba encargando de transportar los cadáveres hacia la sala de cremación.

—Siempre es un placer hacer negocios con vos —dijo el anciano al caminar.

Erica pudo ver una gran cantidad de hornos de cremación allí, donde fueron colocando los cuerpos para deshacerse de ellos sin dejar pruebas. Fosa se encontraba a su lado cruzado de brazos, se dedicó a explicarle el proceso al igual que el anciano.

—¿Y qué sucede con las bolsas con miembros? —preguntó Erica mirando a Fosa—. Cuando los hay, digo.

—Se creman de la misma manera.

Fosa saludó con un apretón de manos al anciano y Erica solo asintió con respeto, salieron de allí escoltados por dos hombres de apariencia ruda, pero solo hasta la puerta. De allí caminaron hacia la camioneta sin intromisiones, y es por ello que Fosa le susurró:

—No voltees a ver, es una falta de respeto —dijo, antes de que ella quisiera intentarlo.

—¿Por qué? —preguntó al subirse al asiento del acompañante.

—Significa que desconfiás de ellos.

—¿Y no debería desconfiar de ellos?

—Claramente debés desconfiar, pero si ellos notan la desconfianza... —se quedó en silencio un instante y arrancó la camioneta—, en la siguiente negociación no vas a salir con vida.

—¿Son asesinos también? —preguntó Erica con curiosidad.

—Estás tratando con mafias, Bombita —explicó y sacó el auto de allí para poder regresar en busca de los otros cuerpos—. Y en lo posible nunca aparezcas herida, eso te hace ver débil y podrían considerarte indigna de hacer tratos.

—¿Hay una recompensa por los de Mörder...?

—Lo hay, sí. Bastante alta —Fosa apenas si giró para verla—, a los barrenderos no nos importan los asuntos de D.E.A.T.H., mientras nos paguen.

Erica lo miró en silencio, quería hacerle una pregunta pero no estaba segura de cómo reaccionaría él, era algo impredecible. Luego de un rato respiró hondo y se animó a hablar.

—¿Vos pertenecías a Mörder, Naemniki o Assassin? —preguntó.

Estaban ante un semáforo, Fosa golpeteó con sus dedos el volante de forma nerviosa y apenas si movió su cabeza para verla.

—Te advierto que no terminan bien las personas que indagan en mi pasado —dijo él con seriedad—, algunas terminaron en ácido, otros desmembrados y otros acabaron cremados.

—Creo que Rata era de Mörder —dijo, sin darle mucha importancia a la advertencia—, me recuerda un poco al Loco...

—Rata era de Assassin —dijo Fosa con un suspiro—, pero es bueno limpiando y prefiere esto, igual que yo. Y es el barrendero personal de Wolff.

Erica dirigió su mirada hacia él, bastante confundida justo cuando el semáforo cambió y Fosa debió concentrarse en el viaje.

—¿Cómo es eso de barrendero personal?

—Cuando un asesino tiene misiones muy seguidas suele contactar a un barrendero en especial para que vaya luego de cada trabajo —explicó Fosa—. Si te volvés buena como barrendera, tal vez algún asesino te elija. Wolff eligió a Rata.

—¿Vos tenés asesinos que te elijan solo a vos? —preguntó con curiosidad.

—Sí —dijo con seriedad—, tengo contrato personalizado con La Inmoral.

—¿La Babushka? —dijo Erica con sorpresa.

Habían llegado nuevamente a esa mansión, por lo que Fosa ingresó en el jardín y acomodó la camioneta de tal forma que fuese más sencillo acomodar los cuerpos dentro.

—¿Creés que sería tan buena como para tener un contrato personalizado? —le preguntó antes de que bajara.

—Si no creyera que podés ser lo suficiente buena, nunca te habría llamado a trabajar conmigo.

Bajaron de la camioneta e ingresaron en la inmensa casa, Fosa se entretuvo conversando con uno de los barrenderos sobre trabajo, y por eso Erica caminó con tranquilidad por dentro. Vio los cuerpos ya envueltos y apilados que poco a poco transportaban hacia la camioneta. Rata estaba por allí fumando un cigarrillo, tenía sangre en el rostro y en sus manos, y no parecía importarle o incomodarle a la hora de fumar.

Erica se acercó a él, quien apenas la miró de reojo y sopló el humo de su cigarrillo.

—Alguien te tiene vigilada, Bombita —dijo Rata y fumó otra pitada—. Encontramos un pobre imbécil husmeando, serán trece cuerpos ahora en vez de doce.

—Seguramente Gretchen... —susurró Erica.

—Tendremos que hablar con Gretchen entonces, o voy a seguir matando a sus espías —dijo con un chasquido de lengua—. ¡Fosa!

Él apenas si giró ante el llamado, Rata lo llamaba con un movimiento de mano.

—Por lo que más quieras, Rata, lavate porque me pone nervioso verte así —se quejó Fosa y comenzó a rascarse el cuello—. Limpiate de una vez, por favor.

Rata comenzó a limpiarse con un pañuelo mientras se reía a carcajadas de verlo tan nervioso rascándose.

—Encontré un espía —explicó Rata con seriedad—, creo que Gretchen la está vigilando a la Bombita. Deberías ir a hablar con ella o seguiré matando a sus espías.

—¿Qué le hiciste a Gretchen? —Fosa giró enseguida a ver a Erica, hablaba de forma dura e incluso enfadada.

—Nada, creo —se defendió Erica—. No le caigo bien, nada más...

—Algo tuviste que haber hecho, Gretchen es impulsiva pero no desperdicia recursos en vano. ¿Qué le hiciste?

Erica se quedó en silencio por un instante, la había humillado una vez en público, pero estaba segura de que eso ya había quedado en el pasado, porque luego de eso fue duramente castigada y días después fue azotada.

—¿Podemos hablar en privado? —dijo Erica de repente.

Fosa tronó al instante los dedos de su mano de un movimiento, Rata notó enseguida el peligro.

—Chopin —le dijo—, ponete Chopin.

—Si le hiciste algo a Gretchen quien te va a matar voy a ser yo, ¿oíste? —escupió Fosa con odio y comenzó a teclear en su teléfono para poder poner música.

Erica miró de reojo a Rata, no quería hablar frente a él, pero la mirada de ese barrendero demostraba que no pensaba alejarse, al menos no si Fosa estaba tan nervioso.

—Creo que ya sé por qué es —dijo Erica de repente, casi en un susurro—. Gretchen sigue enamorada del Loco...

—¿Todavía? —chilló Fosa—. Ya pasaron diez años, eso ya es obsesión.

—¿Y qué tenés que ver vos con eso? —dijo Rata con seriedad.

—Creo haber dicho que el Loco le arrancó literalmente la cara al tipo que intentó violarme —dijo Erica y miró a ambos—, le abrió el pecho como una ventana y dejó sus intestinos colgando, lo dejó colgado en el centro para que todos lo vieran.

—Oh —fue lo único que dijo Rata y miró a Fosa—. Estaba enojado.

Fosa se tomó la cabeza con un resoplido, terminó por levantar parte de su máscara para poder prender un cigarrillo. Erica pudo notar que le temblaban las manos por los nervios.

—Andá a hablar con ella —dijo Rata al verlo.

—No puedo, andá vos.

—Fosa... —insistió Rata con seriedad—, yo no tengo confianza con ella. Vos sos el líder, vos debés ir a hablar.

—Mi voz suena distinta por teléfono que en persona —se quejó Fosa con fastidio—, no puedo simplemente entrar en la mansión Moms a hablar con ella.

Rata lo tomó con fuerza del cuello con ambas manos.

—Eso se resuelve fácil —le dijo y apretó un poco más.

Erica los miró sin comprender nada de lo que estaba sucediendo, pensó que Fosa se defendería de esa estrangulación, sin embargo lo dejó hacer tranquilo.

Luego de unos instantes Rata lo soltó y Fosa comenzó a toser.

—Hijo de puta, te desquitaste —dijo Fosa con la voz más ronca y tosió.

—Vayan ahora, yo me encargo de terminar el trabajo —Rata le palmeó el rostro a Fosa y sonrió de costado—, y sí, me desquité. Por poco y no te suelto.

Fosa la instó a Erica a seguirlo con un movimiento de mano, salieron al exterior y caminaron hacia un auto negro, al cual le quitó la alarma y subió con tranquilidad en el asiento del conductor. Y mientras Erica se sentaba a un costado, Fosa golpeteaba el volante. El estéreo comenzó a sonar no bien encendió el auto, un violín sonaba allí.

—¿Estás bien? —le preguntó Erica al verlo con sus manos inquietas.

—No me hables —amenazó—, vas a tener que aprender a darte cuenta cuándo no debés ni respirar a mi lado.

Durante todo el trayecto Erica no dijo ni una palabra, solo lo miraba de reojo por la manera en que se rascaba el cuello o que golpeteaba con nervios el volante.

El violín que sonaba en el estéreo ponía nerviosa a Erica, le parecía muy dramático. Se preguntó quién sería, pero no pensaba hablarle a Fosa para preguntar.

—¿Por qué están con Naemniki? Mis vocecitas no me quisieron decir —dijo Fosa de repente.

—Alguien quiere deshacerse de Gretchen. Su otro hermano, creo.

Fosa se quedó en silencio por un instante, antes de susurrar:

—¿Ella está bien...?

—En Naemniki no se le puede respirar al lado sin que alguien te apunte, así que sí. Está bien —explicó Erica sin darle mucha importancia.

No volvieron a hablar durante todo el viaje, pero cuando ingresaron en el territorio de los Moms, Erica notó que Fosa estaba incluso más nervioso que antes. Erica llegó a creer que terminaría por lastimarse el cuello de tanto rascarse.

Ingresaron en la mansión y los recibió una música de piano que, por un instante, hizo que Fosa se quedara congelado en su lugar solo oyendo la música.

Erica le preguntó a un asesino que se cruzó dónde estaba Gretchen, y entonces caminó hacia el gran salón donde ella estaba tocando el piano. Tenía una copa de vino sobre este y cuando vio ingresar a Erica en compañía de ese barrendero, dejó de tocar para beber un trago.

—Esto no es usual —dijo Gretchen con seriedad al ver a Fosa—. Princesa, ¿por qué trajiste a un barrendero?

—Es un placer verte al fin en persona —dijo Fosa y asintió con un movimiento respetuoso de cabeza—. Soy Fosa, hablamos por teléfono.

Gretchen lo miró en silencio por un instante con sus ojos entrecerrados, parecía analizarlo.

—¿Qué le pasó a tu voz?

Fosa tosió.

—Un altercado con un compañero, a veces sucede.

Gretchen se acercó entonces con su copa en mano y extendió la otra para poder saludarlo.

—Gretchen Moms.

Los invitó a la oficina cercana allí para poder conversar, donde no tardó en sentarse en su mullido asiento e invitar a Fosa a sentarse delante. Sin embargo el barrendero no se sentó, se quedó de pie con sus manos apoyadas en el escritorio.

—No nos gustan los espías, Moms —dijo él con seriedad—. Es una falta de respeto a nuestro trabajo.

—No enviaría espías si no estuvieran tan sospechosamente interesados en una obligada —respondió ella con seriedad, luego miró a Erica y con dureza le dijo—: Princesa, andate, ahora.

—Bombita, te quedás —dijo Fosa con la misma dureza.

—Es una obligada y obedece mis órdenes —escupió Gretchen.

—Y es una barrendera y obedece las mías.

—¿Qué le hicieron a mi espía? —inquirió Gretchen con asco.

—Digamos que ya no existe —Acercó su rostro al de Gretchen—, la próxima no vamos a ser tan amables y te voy a enviar su cabeza. No nos gustan los espías.

Gretchen en menos de un segundo colocó su pistola bajo la barbilla de Fosa.

—Tenés huevos para venir a mi casa a amenazarme.

—Sí —dijo él con su pistola apuntando el pecho de ella—. Te los mostraría pero no soy un menor de edad virgen.

—¿Puedo irme? —preguntó Erica.

Sin embargo se entremezclaban las órdenes de uno y otro, una le pedía irse y el otro le ordenaba quedarse. Erica no estaba segura de a cual obedecer, porque ambos podían hacerle la vida imposible en caso de desobedecer una orden.

—Sin espías —dijo Fosa—, si querés saber algo me llamás a mí.

Estaba por agregar algo más cuando vio en una pared del costado un violín en un cristalero, tartamudeó un poco antes de decir:

—Ese violín...

—Era de Nahuel —dijo ella con frialdad—. Mi padre lo dejó como un recordatorio de que él ya no existe por mi culpa —Lo miró fijo, con odio—, una muestra de que ya no cometeré más errores, Fosa.

—Enviar un espía es claramente un error —dijo él con altanería—, pero lo dejaré pasar por esta vez.

Fosa miró nuevamente ese violín y quitó la pistola del pecho de Gretchen, y ella casi al mismo tiempo quitó el de su cuello.

—¿Conociste a Nahuel? —preguntó Gretchen con frialdad—. Raro, él no usaba barrenderos.

—Todos los barrenderos oímos hablar de ese pedante insoportable que limpiaba él mismo —dijo Fosa con asco—, se creía el mejor y al final terminó muerto. Solo fue un debilucho inútil más.

Gretchen se puso de pie al instante con su rostro transformado en ira, le lanzó un puñetazo con fuerza que le dio vuelta el rostro.

—No enviaré más espías —dijo ella con odio y lo apuntó con su pistola a la frente—, pero la próxima vez que te atrevas a insultar a Nahuel, no vas a salir con vida de acá.

—No te preocupes, Moms, no tengo pensado regresar —giró para ver a Erica a un costado, entre asustada y confundida—. Y dale un entrenamiento acorde a su nivel, es inaceptable que esta chica esté así de malherida.

—Vos ocupate de los barrenderos, yo me ocupo de los asesinos —dijo Gretchen con seriedad.

—Vamos, Bombita.

Erica dudó si salir o no de allí, pero Gretchen le demostró con una seña de mano que se fuera. La vio sentarse nuevamente mientras se sujetaba la cabeza.

Siguió a Fosa por la mansión y antes de salir giró para tomarla del cuello con fuerza, otra vez. La apretó incluso más que antes.

—Portate bien, Bombita, porque no tengo pensado regresar —dijo entre dientes—, no quiero volver a verte así de herida, no quiero tener que volver a pisar este lugar ni encarar a Gretchen, ¿me escuchaste?

Erica solo asintió, porque a diferencia de antes esta vez no podía hablar, con suerte lograba respirar.

Él la soltó de forma agresiva, la hizo caer al suelo sujetándose el cuello, no tardó en toser.

—Acordate de mis vocecitas, me voy a enterar si no obedecés.

Él se fue y cerró tras de sí la gran puerta de madera con un portazo fuerte, mientras que ella se quedó en el suelo sujetándose el cuello.

Luego de un instante en shock se puso de pie para poder ir al comedor, tenía hambre pero le dolía la garganta, esperaba que hubiese algo lo suficiente blando como para comer.

No podía dejar de pensar en lo que pasó en la oficina, en la furia de Fosa y Gretchen, en la competencia entre ambos. Trató de no darle importancia y tomó del comedor solo un plato de sopa y agua.

Se sentó alejada de todos para comer, no había intentado hablar hasta el momento, no necesitó hacerlo para saber que no tenía voz. La manera en que le dolía la garganta demostraba perfectamente la difonía que tendría.

Sintió una mano posarse en su cabeza y apenas si giró para ver a Chris ahí. Quiso gritarle que era un maldito, que la dejara sola, pero no le salía la voz.

—Tenés marcas en el cuello. Hoy no las tenías —dijo Chris con seriedad—. ¿Qué te pasó?

Erica se puso de pie con su bandeja para alejarse de ahí pero Chris la retuvo al sostenerla del brazo.

—Sigo cuidándote la espalda aunque me odies —dijo—, y soy probablemente la única persona en la que podés confiar.

Erica lo empujó, intentó gritarle pero apenas un silbido ahogado salía de su boca.

—¿Fue Sabatini? —preguntó con seriedad y ella negó—. ¿El Loco? —Erica hizo un gesto asqueado y negó—. ¿Alguien de Naemniki?

Erica dejó nuevamente la bandeja en la mesa y tomó de su bolsillo una tarjeta negra que le enseñó.

—¿Un barrendero? —preguntó y ella asintió—. Te dije que son peligrosos, siguen siendo Profesionales, son asesinos de élite.

Erica tomó su teléfono y comenzó a teclear allí para poder escribir algo. Le costaba un poco escribir con su mano izquierda, luego le enseñó la pantalla a Chris.

«Yo no te importo, lo que te importa es no estar solo, y te diste cuenta que sin mí estás solo. No te necesito y no me necesitás, dejame en paz».

Chris levantó la mirada para verla y apenas sonrió de soslayo.

—Sí me necesitás, pero sos demasiado orgullosa. Está bien, te dejo tranquila.

Él le dio la espalda para alejarse y Erica se quedó allí mirando su sopa, sintió sus ojos llenarse de lágrimas. Le dolía más perder a Chris que todas las heridas en su cuerpo, le dolía más tener que tratarlo así que no tener voz. Pero si había algo en lo que Fosa tenía razón, es que estaba acostumbrada a que Chris le ayudara en todo, y ella necesitaba hacerse fuerte sola.

Si Gretchen la iba a tener tan vigilada, si Fosa iba a enfadarse con ella, incluso si el Loco pensaba tomar alguna represalia con ella, Erica no podía ser amiga de Chris.

No podía permitir que él fuera un daño colateral de sus problemas.

Buenas, gente. La semana pasada no pude actualizar porque estuve muy enferma, y es más sencillo escribir enferma Muñequita (que es más cómica) que Mörder (mucho más seria).

Hoy ya estoy bien y pude traerles este capítulo. Este tiene un montón de información que será importante más adelante, sobre cosas muy diferentes.

Espero les haya gustado y espero sus opiniones de este capítulo <3

¿Qué opinan de Fosa?

¿Y de Rata?

¿Y qué tal de Chris?

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