[TWENTY FIVE]
Cómo podemos contar el paso del tiempo. Cómo podemos sostener las partes esenciales de nuestra alma cuando estas amenazan con soltarse del armazón que por años hemos construido.
Un castillo de mentiras de celofán que el destino se encargará de rasgar y repartir al viento del olvido. Mientras, lentamente nos acercamos al instante en que Park Jimin le pide a Min Yoon Gi que lo acompañe fuera del bullicio de los cuerpos que se mecen al son que ha elegido el DJ de turno.
Lejos del palpitar de una vida que debería interesarle cuando solo tiene veintitrés años.
—Corazón mío… te esperaba al final del día de mañana.
Decidió iniciar la conversación quien llevaba la responsabilidad de ser el tutor en aquella escena. La ligera mueca en los labios de Jimin pasaría inadvertida para aquel no acostumbrado a examinar sus expresiones, pero ese nunca sería el caso del doctor Min.
Quizás debería formular mejor la cuestión que paranoicamente le traía de los nervios. Yoongi lo volvió a intentar.
—Lo digo porque estoy muy feliz de que hayas llegado. No suelo ser del tipo controlador pero como no respondías a ninguno de mis mensajes y llamadas, yo…
—Kim Jong In…
Por un instante la plática que intentaba surgir de parte del doctor Min sufrió el desvanecimiento que amenaza con hacer desaparecer el equilibrio de la Tierra. Quizás por el hecho de que aquellas sílabas significaban precisamente eso… el inicio del fin.
—¿Quién es Kim Jong In, Min Gi? Y por favor… dame tu versión carente de maquillaje, quiero escuchar de tu boca lo que parece ser un arma como para que Shin Suran se crea que tiene control sobre los demás.
Así que era ella. Por lo visto Jimin estaba más cerca de conquistar su objetivo si Suran apostaba por usar una carta de ese tipo en su contra. Especialista en jugar a la víctima, Yoongi recorrió con la mirada el océano adornado con luces artificiales que rodeaba la terraza.
El hotel donde se hospedaba poseía una vista privilegiada de la playa Natsukashii. Otro tipo de sonrisa se dibujó en el rostro del joven doctor Min. El nombre de aquel sitio era la mayor ironía cuando los recuerdos que estaba a punto de desenvolver eran todo menos dulces.
El silencio en la terraza de la discoteca era tan gélido que Jimin tuvo la impresión de que jamás obtendría una respuesta. Por eso experimentó un ligero sobresalto cuando la voz de barítono de Yoongi hizo su aparición.
—Tienes razón, corazón mío. Debe de existir una sombra gigantesca sobre mí como para que Shin Suran se haya tomado la tarea tan a pecho.
—Entonces no prolongues más lo que tengas que decirme. Juro que he deseado enterrar hasta el fondo esas insinuaciones respecto a nosotros, pero sigo siendo humano y si no te quisiera como lo hago… quizás no debería…
—Escucha—las manos del mayor terminaron cubriendo el rostro ruborizado del residente. Jimin se mordió los labios—Debía haber empezado por aquí cuando me di cuenta de que una noche no me alcanzaría para saciarme de ti. Jiminnie… mi precioso y valioso Jiminnie, no quería que el pasado llegara para poner esa arruga en tu bello rostro. Sin embargo, parece que no importa cuánto corra, siempre terminará sobre mí.
—Por eso necesito la verdad ahora. Tu verdad, Min Gi, la verdad que debe quedar conmigo si vamos a seguir adelante…
Seguir adelante… esas dos palabras pesaban como plomo para un hombre acostumbrado a contenerse. Aún así, Min Yoongi esbozó otra sonrisa seca antes de pedirle a su pupilo que lo acompañara lejos del ambiente festivo que los recibía del otro lado de la terraza.
—Acaba de llegar y ya te lo llevas. Eres todo un personaje, Min. Kim Woosung, mejor amigo de este criminal, un placer conocerte.
La cálida presentación de un muchacho moreno con una ligera cojera tomó a Jimin fuera de lugar. Yoongi le dedicó un ligero asentimiento antes de que aceptara la mano que el otro le tendía.
—El placer es todo mío, soy Park Jimin y la verdad estoy un poco cansado. Si aun me queda ánimo, mañana exploraré el lugar. Y por cierto, gracias por el teléfono de prueba, aún no me creo que pueda usar uno así.
Un ligero sonrojo en las mejillas del castaño quedó camuflado por las luces estroboscópicas en la estancia. Woosung le dedicó una mirada divertida a su mejor amigo y a su acompañante antes de sugerir que si querían privacidad lo mejor era caminar por la cala aledaña al hotel.
Yoongi resopló unas cuantas palabras antes de que su otro mejor amigo abandonara su puesto en la consola del DJ y pasara a saludar e interrogar sutilmente a Jimin.
—Nunca podría imaginar que esos dos llegarían a tener tantas cosas en común contigo.
—No he sido el que ahora vez todo el tiempo. Después de esta noche, lo más probable es que no desees saber mucho más de esos lados que usualmente no comparto.
El tono casi desesperado con que el más pálido declaró aquello obligó a Jimin a enfundar sus manos en los bolsillos de su chaqueta. Woosung había tenido razón al sugerir un paseo por la cala.
La brisa marina y el rumor lejano de la fiesta en la discoteca del hotel conferían el ambiente perfecto para realizar lo que Jimin ya catalogaba de confesión.
—¿Te importa si fumo esta noche?
Cuestionó Yoongi y el de ojos castaños se encogió de hombros. Solo había visto a su mayor fumando la noche de la cena de compromiso de Min Hyunjin, casi dos meses atrás, cuando aún se reconocía completamente heterosexual.
Aunque pensándolo bien, no podía contar en su radar a otro hombre por el cual sentirse atraído que no fuera el que ahora prendía un Marlboro, arrancando destellos naranja a una noche de primavera en Okinawa.
—Tenía quince cuando lo probé por primera vez… me refiero al cigarro.
Comenzó Yoongi y Jimin estuvo tentado de interrumpirle cuando la espalda ancha del médico fue toda la visión que pudo tener contra el reflejo de las luces fluorescentes que servían de adorno al improvisado puertecillo sobre el que estaban.
Desde esa posición la voz de Yoongi llegaba amortiguada por los ecos del mar. Aún así, Jimin pudo escuchar la tristeza en su tono cuando el cigarro que sostenía fue arrojado al agua después de una última calada.
—Tenía quince cuando aprendí a fumar y dieciocho cuando decidí que estudiaría medicina. Puedes llamarme sentimental, pero mis amigos tuvieron mucho que ver. No soy de los que confía mucho. De alguna manera me quedo con lo mínimo indispensable para no salir lastimado y creo que la culpa siempre será un rasgo de mi personalidadd. Acabas de conocer a Woosung, pero estás tan impaciente por saber quién fue Jong In en mi vida que te valdrá poco si te digo que mi mejor amigo por poco no vuelve a caminar por culpa de mi irresponsabilidad. No siempre he sido el hombre que desea imponer disciplina todo el tiempo, Jimin. Espero que no me hayas idealizado a tal punto, porque de lo contrario le darás la razón a Suran, y de esta noche en lo adelante ya no me mirarás igual.
Aquellos ojos color océano parecían dos zafiros ahumados sobre el entorno de la noche. Jimin se obligó a dar un paso y luego otro. Todo lo que pudiera hacer para diluir aquella molesta sensación de inestabilidad en su pecho, sería bienvenido.
—Creo que si de veras pudiera dar vuelta atrás me hubiera dejado llevar por los rumores, y con un simple vistazo a internet ya tuviera la respuesta. Sin embargo, he aguantado todo el camino hacia ti para oír la verdad. Porque pese a todo lo que puedas tener en tu contra, sé que eres justo. Así que tienes razón… estoy impaciente… quiero saber quién es el tal Kai. ¿Por qué luces tan enfermo cuando menciono su nombre o por qué parece que Suran aún controla ese pasaje de tu vida? Lo que decida después, creo que no debe de importar…
Yoongi quería creer en la seguridad que veía en aquellos ojos color caramelo. Pero desgraciadamente era demasiado viejo en el juego de las mentiras como para esperar un milagro.
—Kim Jong In es el nombre de mi único ex. El hombre que me hizo cuestionar cada parte de mi mundo y por el cual casi pierdo la razón. El culpable de que todo lo que toque se haga cenizas entre mis manos porque como bien me dijo antes de intentar quitarse la vida… yo jamás podré amar, no de la forma en que lo merezca alguien que no sea yo mismo, y tú le deberías creer.
Por un instante el viento levantó una corriente más fresca de lo normal, o eso quiso creer Jimin cuando los vellos de la nuca se le pusieron de punta. El vacío en la mirada de Yoongi le aterraba más que lo que estaba por salir de su confesión.
—Ji… cariño mío… dudo que quieras seguir caminando al lado de un egoísta como yo…
—Ponme a prueba…
Refutó el más joven y sus manos atraparon el encendedor que caprichosamente el de tez nívea sostenía. Yoongi negó.
—No seas arrogante…
—Tú solo déjame escuchar… es lo único que pido por ahora.
Cómo puedes negarte aquella chispa en los ojos ajenos. Cómo puedes colocar bajo siete llaves la caja de Pandora cuando la esperanza se agita en la palma de tu mano. Min Yoon Gi debía tener algún ángel personal llamado Park Jimin.
—Entonces promete que te quedarás conmigo esta noche una vez que termine…
—Yoongi…
—Una promesa por otra Ji… si voy a revivir el pasado, has que merezca la pena.
La pelota estaba en el campo del castaño. Jimin tiró de la pálida muñeca de Yoongi hasta que estuvo de frente al rumor del mar. El hálito del más joven se mezcló con la brisa antes que el abrazo íntimo que los uniría se materializara.
—La noche que mi mundo se volvió a apagar tú estuviste ahí para sostenerme. Me cobijaste bajo la lluvia y dijiste que te harías cargo de mis cicatrices… Ahora me toca a mí hacer lo mismo… así que por favor, Min Gi, déjame escuchar y correr después… si es que mi terco corazón intenta despedirse… Te amo… deberías saber que eso es suficiente para aferrarme a ti.
Sí, debería ser suficiente, pero Yoongi no confiaba ni en sí mismo la mayoría de las veces. Con un suspiro cansado sus dedos se entrelazaron junto a los que estaban sobre su abdomen.
Las líneas del océano del pasado se agitaron en torno a la pareja que se sostenía mutuamente. De pronto el ruido lejano de la fiesta en la discoteca del hotel, la brisa marina o el propio latido de ambos corazones se difuminan hasta el cielo plomizo y el césped nevado del campus del Harvard Med.
Diciembre cuatro años atrás, víspera de Navidad, fiesta de fraternidades, presentaciones y llamadas desde casa para aquellos que no podrían viajar en esas fechas.
Una muchacha pelinegra de ojos verde aguamarina se ríe mientras dos jóvenes la acompañan. Min Yoongi odia cuando alguien más comparte lo que se ha adjudicado como suyo.
Y es que debemos entender que toda su vida ha sido entrenado para ser el número uno, lo cual incluye hasta los temas del corazón.
—¡Gigi! Qué bueno que apareces. Te presento a Kai y a Baek, son mis nuevos pupilos para el próximo semestre.
—Encantado…
—Lo propio.
La conversación sigue y Yoongi se limita asentir con la cabeza mientras el alcohol se camufla en los termos con café y chocolate que acostumbran a llenar la sala común de los estudiantes de primer año de la residencia.
—Ven conmigo…
El susurro de los labios color fresa de Shin Suran se confunde con el aroma de su perfume y las nubes de humo con tonos mentolados que exhalan sus acompañantes.
Otros ojos verdes han estado sobre Yoongi toda la noche. Salir con tu superior sigue siendo divertido cuando la frontera entre lo prohibido y lo permisible está clara.
Esa noche, Yoongi no esperaba que uno de los chicos a los que a penas les había dirigido la palabra entrara a la habitación que su tutora y él casi compartían. Tenía la pregunta dibujada en los labios cuando Suran se adelantó.
—Ah… olvidaba decirlo Gigi… hoy Kai nos estará acompañando.
Y eso solo significaba problemas. Yoongi no compartía con nadie. Por muy emocionante que fuera la idea de protagonizar un trío, la forma en la que el mayor de los Min se había criado hablaba más de mantener las cosas en privado.
—¿Estás segura? Dudo que este chico pueda complacerte…
La risa autosuficiente del joven Yoongi rebotó contra el silencio en aquella habitación. Silencio truncado por las ligeras notas de jazz que le gustaban a su dueña.
Suran negó con mayor diversión mientras se posiciona detrás de Kai. El joven hasta ahora solo se mantenía en silencio, como una obediente marioneta de ojos brillantes y curiosos.
—No, Gigi, has comprendido mal. Kai está aquí para complacerte… y yo voy a disfrutar mientras lo observo… ¿No crees que es divertido?
El cigarrillo de marca volvió a los dedos de ella. Yoongi estaba a punto de protestar alegando la misma oración que su padre le inculcaba en cuanto a que solo le iban las mujeres.
Yoongi culparía al alcohol y a su propia autoconciencia de ceder a semejante juego cuando horas después descubriera que no solo le había complacido el capricho de Suran, sino que en lo sucesivo buscaría a Kai para resolver ese tipo de necesidades.
—El gran Min Yoon Gi, en serio jodes como un maldito dios…
Recordaba aquellas palabras antes de rasgar la cremallera ajena y tomar lo que en el pasado le sabía tabú. Mientras el juego se mantuviera en el plano carnal, las escapadas a media noche y los compromisos para estudiar o comer juntos serían solo excusas.
Seis meses después, la propia Suran se quejaba de haber unido a sus dos mejores aprendices. Dos años después Yoongi no se creía capaz de desear otra cosa que no fueran las atenciones de Kai.
—Eres tan atento Yoonie… el día que te enamores de veras, la otra persona no sabrá el tesoro que cargará en sus manos.
—¿Por qué dices eso? ¿Acaso no te amo, bebé?
Los melancólicos ojos verdes de Kai se volvieron a empañar mientras el efecto de los narcóticos adormecía más su mente.
—No lo suficiente para salvarnos en el proceso…
Lo que callamos a veces es más fuerte que lo que decimos. Hay que temer a los que siempre sonríen o a los que te dedican el silencio, pues por lo general son los que están más rotos, y sus sonrisas se convierten en el cadáver de todos sus sueños.
—Mi hijo no es ningún desviado ¡Maldita sea, sal de mi vista!
La puerta del pasado de Min Yoon Gi se tambalea mientras sus demonios internos salen a pasear. Kim Jong In y su otro amante enviaron lo único que podía arrastrar a Yoongi al lado donde debía pagar el pecado de ser un arcoíris preso en el mundo de lo monocromático.
—Eres una vergüenza para esta familia, pero aún hay esperanza. El dinero todo lo puede, me encargaré por ti, querido hijo…
El momento de decir "no" se alargó con el tiempo, tal como el sonido de los tacones de Min Seol-Ha antes de trazar el plan cuyas detonaciones terminarían en un grito sobre el fracturado silencio. Un grito que al joven doctor Min le pondría el nombre de "culpable" en el juicio contra la razón y el corazón.
"El amor es como las flores de luna, un evento de una sola vez, un improbable infinito donde las galaxias siguen teniendo las dimensiones de una sola estrella."
—¿Me amas, Yoongi? ¿En serio lo haces? ¡Hipócrita! Si así fuera no habrías permitido que me lo arrebataran. Baek no lo merecía ¡Baek no merecía pagar por tu pecado! ¡Cobarde! ¡Nunca amarás de veras! ¡Al menos no como merecen que ames!
Nuevamente las manos de Yoongi se cerraron en puños cuando la ilusión del amor se la llevó la locura y la traición. Aún cuando Jong In estuvo entre dos aguas siempre, aún cuando lo blanco se corrompe con el negro de la desesperación, los planes de su familia retiraron todo lo que podía conectarlo al joven de ojos color esmeralda y triste semblante que había intentando arrojarse del octavo piso de la residencia del Med, cuando una de sus personas favoritas se había marchado.
Los meses de ignominia y autodesprecio siguieron a dos años de reconstrucción. Armar el escudo que hoy servía de fachada a un hombre que debía contenerse fue toda una proeza que no estaba dispuesto a compartir.
Sin embargo, el destino es cruel y Min Yoon Gi tenía que colisionar contra las estrellas en la mirada de Park Jimin. Esa misma mirada que ahora lo escrutaba en silencio. Un gélido silencio para el que no se creía lo suficientemente fuerte.
—¿Ahora lo comprendes, Ji? Después de esta noche deberías decidir a favor de tu futuro. El tiempo nunca vuelve atrás, por fortuna o por desgracia todo es pasajero en esta existencia, incluso el amor… se rompe eventualmente…
Eventualmente… Jimin sabía mejor que nadie de la relatividad de esa palabra. Incapaz de emitir un veredicto para una historia que no le pertenecía, el joven residente se conformó con el cielo nocturno de una noche que muchos preferían olvidar.
》————MOONFLOWER————《
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