Capítulo 8

La revelación

RÉGULUS ARCTURUS BLACK

El sonido de aquella áspera capa y el siseo de su voz me ponían los pelos de punta, pero intenté concentrarme en responder a la pregunta que me había sido hecha.

-Yo tengo a mi servicio un elfo doméstico, mi Señor. Sería un honor para la Casa de los Black prestarle a nuestro fiel siervo. -articulé, mi voz ahora fría como el acero.

Los sonidos cesaron y aquella figura pálida y escueta frenó su marcha en seco y se giró para concentrar sus bífidos ojos en mí. Pude sentir un escalofrío recorrer mi espalda, pero me mantuve lo más rígido posible.

-¿Es eso cierto? -una voz como un susurro simple pero mortífero envolvió el ambiente.
Asentí, y percibí como sus ojos escrutaban mi rostro en busca de algún indicio de mentira.
-Necesito que me des a la criatura cuanto antes... Y que ésta cumpla mis órdenes, porque de no ser así, tendré que deshacerme de ella. -ahora sonaba más amenazador y el aire comenzaba a presionar los pulmones.

-No traicionará a su amo, y mucho menos al mismísimo Señor Tenebroso, puede confiar en él -no me atreví a decir más nada-. ¡Kreacher!

Un sonido como un latigazo que sonaba ya muy familiar surgió junto a mi silla en el amplio salón en que nos encontrábamos. Era mi querido elfo, Kreacher, quien se veía confundido, por lo que hizo una reverencia a ambos.

-¿Necesita algo, Amo? -preguntó, luego de reverenciar profundamente a Voldemort-. Kreacher hará lo que sea necesario para complacer al Señor Régulus y al Poderoso Amo.

-Tus servicios son necesarios, criatura -Kreacher disimuló su disgusto cuando oyó esa palabra salir de la boca reptiliana de aquel ser que alguna vez tuvo apariencia humana-, es preciso que dejes al joven Black y me acompañes. Y si desobedeces, morirás.

Kreacher me miró de soslayo, pero solo lo ignoré.

-... Partiré mañana -se dirigió a mí-. Y me llevaré a esa... cosa conmigo.

En cuanto salió y pude perderlo de vista, vi como Kreacher se dirigía hacia mi
-Amo Regulus... ¿Usted me dejará con el señor tenebroso?

Cualquiera que no conociera a Kreacher, podría decir que solo estaba haciendo una simple pregunta, en mi caso, sabía que el simple hecho de haber hablado con él señor tenebroso no le hacía mucha gracia.

-No tengo otra opción... -por una milésima de segundo pude notar decepción en su rostro, hasta que se retiró con un chasquido de dedos.

Me senté en el sillón más cercano y me llevé las manos al rostro. Estaba frustrado por tener que seguir siempre sus órdenes, tengo una familia con la que no puedo verme ya que tengo contacto con el Señor Oscuro y no me voy a arriesgar a verlos para que les pueda pasar algo.

Lo daría todo por volver a ver el rostro de mi hermosa esposa y a mis preciosos hijos. Isaac ya sabe decir algunas palabras, nuestros queridos Dylan y Abril ya gatean... No puedo hacer más que verlos por medio de los Polvos Flu, y aquello es arriesgarse demasiado.

Mi yo de unos años atrás se habría llevado las manos a la cabeza si le hubiesen dicho que se casaría con una mestiza y tendría tres preciosos hijos. En aquel momento seguía creyendo en la estúpida supremacía de sangre. Adhara me demostró que aquello no era más que una insensatez y borró de mi vida aquellos prejuicios que mis padres me inculcaron desde que tengo memoria. Aún así, ellos siguieron creyendo que apoyaba los ideales de Voldemort.

Si fuera por mí, me habría sublevado contra él hace años, pero ahora que tengo una familia, la sola idea de lo que podría hacerles si se enterara de que existen perturba mi pensamiento. Lo hago todo por ellos, por su seguridad...

Salí de aquel lugar y me dirigí a mi nuevo "hogar", si es que se podía llamar así a un minúsculo departamento en mitad del Londres muggle. Cerré la puerta, a la vez que el frío invadía el ambiente, me acerqué a la chimenea, le apunté con la varita y los troncos ardieron, comenzando a consumirse bajo llamas descomunales. Tomé una pequeña bolsita que estaba a un lado de las leñas para meter en el fuego y la abrí, sostuve en mi mano una cantidad de polvo bastante generosa y la lancé hacia el fuego.
Las flamas rugieron y tomaron un color verde.

Murmuré la dirección entre dientes y metí la cabeza en el agujero de la chimenea. Entonces estaba en la cocina que tanto conocía, vieja y destartalada, pero elegante, al fin y al cabo.

-¡Papi! -un niño entró trabajosamente en la cocina caminando. Tenía solo dos dientes y le costaba mantenerse de pie. Sostenía un juguete y lo agitaba alegremente.

-¡Isaac! ¿Dónde estás? Espero que no te encuentre de nuevo sacando las ollas del armario... -mi querida Adhara, tan hermosa como la recordaba, entró a la cocina y descubrió al pequeño de dos años parado-. ¡Oh, ahí estás! -agarró a Isaac y lo alzó-. ¡Cariño! ¿Estás bien? -me miró, más bien mi cara en las brasas y bajó a Isaac, quien salió disparado hacia quién sabe dónde-. ¿Qué sucede? ¿Qué quería? ¿Crees que podrás volver?

-Adhara, cariño... Sabes que no es fácil. Daría toda mi cámara de Gringotts por estar allí en ahora mismo, pero temo por los niños y por ti -el dolor me apretaba el pecho, pero intenté mantener la integridad-. No sabes de lo que es capaz, no tiene escrúpulos.

-Lo sé, eso lo tengo claro. -dijo amargamente.

-Quiere a Kreacher. Dice que lo necesita. Debo dárselo, no tengo otra opción. Es más, si no irá a buscarlo y lo encontrará. Bella se lo dirá sin pensarlo dos veces, sabes como es... -suspiré, sin saber
qué hacer-. ¿Y si acaba con él? ¿Quién te ayudará? No puedes hacer todo tú sola.

-Dile que regrese, pase lo que pase. Y que te informe sobre qué hizo con él -me dijo, tras unos segundos de pensar-. Solo así sabremos cómo acabar con él. Yo cuidaré de los niños hasta que vuelva. Puedo hacerlo.

Me quedé observándola, con la mirada perdida, triste y contesté con un pequeño hilo de voz.

-Sé que podrás hacerlo, confío en tí- Una lágrima amenazaba con caer por mi rostro, pero me contuve las ganas, no podía desmoronarme delante de mi esposa, sabiendo que ella lo pasaba peor.

-Prométeme que volverás y que acabaremos con esto juntos. -su rostro mostraba tristeza y sus ojos se aguaban más con cada palabra que decía.

-Te lo prometo. -sin más que decir, salí del lugar, antes de que me arrepintiera.

Esa fue una de las peores noches de mi vida. Pensé que lo mejor sería dormir en la pequeña litera de mi apartamento, en el cual podía sentirse la desesperación y tristeza que pululaba por allí.
Aunque estaba agotado, pasé toda la noche dando vueltas para un lado y para otro de la cama sin poder conciliar el sueño.

Ya teníamos un plan y había que seguirlo al pie de la letra para que todo saliera perfecto, aunque muchas cosas podían salir mal. Kreacher podía morir o ser encerrado, lo cual dificultaría la vida de mi esposa drásticamente, quien tiene que cuidar de nuestros tres hijos.

Con esto, logré cerrar mis ojos y conciliar un ligero sueño, que no duraba más de media hora, para luego traerme de nuevo a la oscura habitación en la que me encontraba.

A la mañana siguiente, desperté por el sonido de un chasquido a mi lado. Kreacher me miraba con ojos tristes y compungidos, a pesar de ser una "criatura inferior" (como solía decir Lord Voldemort) sabía perfectamente lo que podía depararle aquel viaje, y sus facciones me revelaban que estaba herido de forma emocional, porque yo no había interferido en la propuesta del Señor Tenebroso sobre llevarlo a lo que sería una muerte segura.
-Amo... Kreacher debe irse -me dijo simplemente, haciendo una reverencia.

Me levanté de la cama y me arrodillé ante el pequeño hombrecillo, para luego darle un abrazo. Cuando me alejé de él, se secaba una gruesa lágrima con el borde de su túnica (si es que se la podía llamar así).

-Te daré dos consignas que debes seguir al pie de la letra -me puse en pie-. Pase lo que pase, debes regresar con vida -Kreacher abrió la boca para decir algo, pero luego la cerró-. Y tienes la obligación de relatarle a mi esposa lo que sucedió allí.

-¿No es mejor, amo, que se lo diga a usted?

-Haz lo que te digo y no te preocupes por mí en vano -dije, mirándolo severamente-, porque una despedida es más que unas palabras de adiós. Y una muerte más que un silencio.
La confusión azotó la cara de Kreacher, pero asintió solemnemente. Cerró los ojos, dispuesto a desaparecer de nuevo...

-¡Espera! -solté, entristecido-. Cuando vuelvas... Cuida de mis hijos. Necesitarán a alguien que los vea crecer.

Me miró con ojos suplicantes, como si una parte de él quisiera que nada de esto fuera real. Le devolví la mirada con cansancio, pidiéndole perdón de forma no verbal por algo sobre lo cual no tenía poder, pero me sentía responsable por ello.
Con un chasquido rápido desapareció sin dejar rastro, y me encontré a mi mismo perdido en pensamientos que amenazaban con llevarme a la locura.

En mis años de colegio no habría imaginado que algo de esto podría suceder. Estaba cegado, manipulado y guiado por los implacables deseos del poder, que nunca se consumaron.

Una frustración repentina se apoderó de mí. Tenía ganas de romper todo, de acabar con el reinado de terror de Voldemort... Pero olvidaba que el pequeño Harry Potter estaba por cumplir su primer año de vida, y que Pettigrew daría el lugar a la traición de los Potter, y, bueno, ya sabemos el resto de la historia...

Pero una nueva idea llenó mi mente, como una semilla cuidadosamente introducida en un cantero lleno de tierra fresca. Esa idea me impulsó a hacer cosas que no debería haber hecho, a tramar cosas que no debería haber llevado a cabo, y a concebir en mi mente un solo ideal: acabar con Tom Riddle.


Después de cinco mil años, aquí tienen el capítulo 8 jsjs
Espero les guste y lo disfruten
Se despiden uoihihi y Julia Black

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