7

Ana se desmayó nada más escuchar la noticia, ni siquiera alcanzó a verse la herida.

—Deberíamos dejarla dormir, esta situación es demasiado para ella —apuntó la nana madrina.

—¡¿Para ella?! Yo soy su madre, ¡¿cómo crees que me siento?!

La madre dio un puñetazo a una de las repisas de la pared del comedor; de tal magnitud fue el golpe que la madera cedió, los clavos se separaron y todas las vasijas de porcelana cayeron al piso alrededor de sus tacones y el contenido de su estómago que había vaciado con anterioridad. A ella ni siquiera le importó. Tomó las piezas que no se habían fracturado y las fue lanzando en todas direcciones. Arrojó tantos lamentos y maldiciones como había adornos por romper y, al quedarse sin ninguno más, se dejó caer de rodillas, llorando sobre su vómito.

¿Qué había hecho mal? Se enamoró perdidamente del hombre más poderoso de todo el pueblo, sí, puede que ese haya sido el problema. No hubo segundas intenciones en su amor, ni máscaras ni falsedades. Sí lo amaba, y él amó a sus hijas como si le pertenecieran y le confió a la suya propia. Tan encantadora niña le pareció al principio.

El error fue cuando se mudaron a la mansión. No lo supo enseguida, pero al cabo de un tiempo era imposible negar que Cenicienta tenía celos, que veía a sus hermanastras como una amenaza y que todas aquellas bromas a las que las sometía no eran tan inofensivas.

Ojalá él no hubiera muerto nunca, era lo único que controlaba a esa niña en cuerpo de mujer. Estaba endemoniada, lo sabía. Nunca había tenido nada en contra de la nana madrina, pero, ¿hasta dónde podrían llegar sus influencias? Era muy probable que alguno de los espíritus que invocaba se hubiese alojado en su hijastra, y ahora Ana tenía un dedo menos, Gris estaba más nerviosa de lo que jamás había exteriorizado y ella misma temía por la seguridad de las tres. Todo había dejado de ser una travesura a una pesadilla justo ante sus ojos y no era capaz de identificar en qué momento se había cruzado la línea.

—Mamá, me parece que deberías recostarte con...

—¡No me trates como si estuviera loca!

—¡Estás histérica, mírate! —Gris vio a los tres intrusos—. Llévensela de aquí antes de que se empiece a arrancar los pelos.

—¿A dónde la vamos a llevar si todo está cerrado? —Preguntó Gustavo.

A veces Gris deseaba confundirse y pegarle la cabeza contra el piso repetidas veces. Por accidente.

—Pónganla en el cuarto que comparto con Ana, tú sabes dónde es. Y aprovechen y se la llevan a ella también. Una en cada cama, ¿entendiste? ¿O también te tengo que dibujar un mapa?

Gus se acercó a la dueña de la mansión para darle una mano y guiarla hacia el cuarto, esta se resistía pero accedió luego de escuchar los regaños de su hija mayor. A su vez, el  carnicero cargó a Ana y siguió al rechoncho hasta el otro lado de la cortina al rechoncho muchacho que también llevaba la ya demasiado gastada vela.

—Señorita, usted me disculpará pero algo muy extraño está moviéndose por aquí, puedo sentirlo. Fuerzas oscuras que no logró identificar... Estaré rezando en mis aposentos.

Al escuchar eso, Gris sentía el doble de sensibilidad en su piel. No quería tener que escuchar a su nana madrina invocando entes extrañas y menos en esa situación en la que se encontraban. Además, empeoraba con la idea de quedarse en plena oscuridad con un desconocido y una loca acechando en los cientos de rincones de la mansión.

—Se puede ir, nana madrina. Pero deje el velón.

La expresión de la anciana no podría haberse tornado tan ofendida ni aunque su ahijada le hubiese insultado a su difunta madre. No era más que un servicio en esa familia, pero estaba acostumbrada a sentirse como parte de ella al punto en que solo la madre le daba órdenes y en la mayoría de los casos solo eran amistosas sugerencias. Sin embargo, no discutió, no tenía ni voz ni argumentos, solo añoraba encerrarse en su cuarto aunque fuese nada más con la claridad que escapaba de su ventana sellada.

Gris pareció leer la expresión de su rostro, porque explicó enseguida:

—Se lo pido para que el bicho este aquí —señaló al hijo del carnicero— y yo podamos buscar el dedo de mi hermana.

La anciana se fue sin decir nada más, cojeando como siempre, y dejó su luz en el centro de la desordenada mesa. Gris la vio atravesar la cortina y esperó a escuchar la puerta de su cuarto que no quedaba muy alejado, en el medio del pasillo que conectaba sala y comedor y justo al lado de su propia alcoba. Percibió el lamento de las bisagras como el llanto de una bruja, doloroso y perturbador, mas, si bien en algún momento se cerró la puerta, ella no pudo distinguirlo.

Solo entonces empezó a buscar el miembro apuntado de su melliza. El hijo del carnicero ni se movió.

La muchacha removió sillas, buscó debajo de la mesa, en las repisas que quedaban intactas, entre todos los vidrios rotos y en el marco de las ventanas. Decidió que ahí no iba a encontrar nada y decidió a cruzar el pasillo para irse a la sala.

Richard se levantó obstinado y le pidió la dirección del baño.

—¿Es en serio? Pensé que tendrías un mínimo de sentido común para sostenerme la vela al menos.

—¿Ah, sí? ¿Quieres que hablemos de sentido común? Hablemos.

Parece que la chica había conseguido alguien que igualara su temperamento obstinado y con el mismo filo de lengua.

—Sentido común, a ver... ¿Qué decías que estabas haciendo?

—Busco el dedo de...

—No, no buscas nada. Das vueltas y ya está. Aunque sí, buscas algo, algo en qué distraer la cabeza para no pensar; lo cual es, justamente, ¡lo que deberías estar haciendo!

La chica casi trotó hasta quedar de frente al otro, solo se detuvo a unos pasos de distancia porque sabía que si avanzaba más nada podría frenar su impulso de estamparle su puño contra el tabique nasal.

—¿Y en qué coño crees que debería estar pensando? ¿Cómo te atreves a hablar de mí si al menos me muevo? ¡Tú no haces nada por tu propia existencia! Solo andas de un lado a otro sabrando con un  PUTO CIGARRO EN LA MANO.

Ahí sí que estuvo a punto de quebrarle la cara, incluso alzó su brazo pero él se lo agarró, retorciéndolo hasta doblegarlo y conseguir que volviera a su lugar.

El muchacho ni se inmutó por los gritos de Gris, más bien se reía con cinismo.

—Que te mueves, ¡por favor! —Hizo un ademán despectivo con la mano—. Más me moví yo sin despegar mi trasero del mueble que tú en todas las vueltas que has dado, ¿y sabes por qué? Porque tú buscas un dedo que sabes bien, sí lo sabes —añadió al ver que la otra se cruzaba de brazos y rodaba los ojos— que ese puto dedo se lo llevó tu psicópata hermana en el momento que se lo arrancó.

—¡No es mi hermana!

—¿La odias? —Restó pasos a la distancia entre ambos—. ¿Sí? ¿Te hace molestar con todas sus travesuras? —Gris se alejaba poco a poco pero Richard no dejaba de avanzar hacia ella—. ¿Extrañas tu pelo y dudas de que su amigo haya actuado solo?

—No te acerques.

—Tal vez estabas molesta, muuy molesta.

—Si te sigues acercando...

—Sí, por supuesto que lo estabas. Descubriste que fue tu hermana la que le hizo eso a tu preciosa cabellera y fuiste a hablar con ella. —Ya estaban casi pegados a la pared—. Tal vez solo querías hablar con ella, sí, pero se te fue de las manos y casi la matas y por eso estás tan asus...

Gris le calló la boca con una mano que dejó grabada en fuego sobre la mitad del rostro del muchacho, hasta le había metido una uña en el rostro sin intención.

El hijo del carnicero se tocó la marca hinchada y miró a su agresora solo un segundo antes de devolverle el golpe.

Tal vez le había dado más fuerte de lo que pretendía porque la chica cayó de rodillas sobando su cara justo donde recibió el impacto.

—Eres temperamental, Gris —comenzó a decir Richard sin quitarse la mano del rostro—. Solo confirmas mi teoría, y estoy muy comprometido en descubrir a quién le queda la fulana zapatilla que tanto mencionó Cenicienta.

Gris se reía desde el piso, nunca estuvo tan cerca de quedarse sin aire con solo una carcajada. Lo miró, con la mirada tatuada con tinta de malicia, y él no supo qué debía sentir al respecto.

—¿Sabes qué me acabas de demostrar, bichito? Que tú también eres temperamental. Parece que jugamos en la misma liga.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top