INTRODUCCIÓN
Y otras...
Que llegan sintiéndose como si siempre hubieran pertenecido a ella.
Víctor nunca imaginó que una simple colaboración pudiera cambiar tantas cosas.
Conocía a Lizzy desde hacía años.
Como media España.
La youtuber italiana que conquistaba millones de personas con su risa contagiosa, su inteligencia, sus videojuegos de terror, su inmenso amor por los animales y esa forma tan especial de hacer sentir importante a cualquiera que se cruzara en su camino.
La veía desde lejos.
A veces en secreto.
Entre una edición y otra.
Entre grabaciones interminables.
Mientras sonreía viendo cómo se asustaba de un monstruo para, segundos después, terminar riéndose de sí misma.
Jamás pensó que algún día ella sabría siquiera quién era él.
Y, sin embargo...
Lo conocía.
Lo apoyó cuando más lo necesitó.
Sin pedir nada.
Sin esperar nada.
Solo porque ese era el tipo de persona que era.
Con el tiempo, la fama dejó de importar.
Los números dejaron de importar.
Los kilómetros entre Roma y España dejaron de importar.
Porque había algo mucho más grande que cualquier distancia.
Había encontrado un hogar.
Y lo curioso era que ese hogar no tenía paredes.
No estaba en un país.
Ni siquiera tenía una dirección.
Tenía una sonrisa que aparecía en cada videollamada.
Unas manos que siempre encontraban las suyas.
Una risa capaz de convertir cualquier mal día en una anécdota.
Y unos ojos que le recordaban que todavía existían personas buenas en el mundo.
Lizzy solía bromear diciendo que el destino había sido muy creativo con ellos.
—Yo nací el 26 de diciembre... un día después de Navidad.
—Y yo el 14 de febrero.
—¿Ves? Nunca vamos a olvidar nuestros cumpleaños.
—Ni nuestras fechas favoritas.
—Ni los regalos.
Él siempre terminaba riéndose.
Porque era imposible discutir con ella.
Como también era imposible no enamorarse de alguien que veía magia en las cosas más pequeñas.
Ella decía que amaba dejar las luces de Navidad encendidas un poco más, porque hacían que la casa se sintiera más cálida.
Él nunca se lo dijo...
Pero entendió que las luces nunca habían sido el verdadero motivo.
La luz era ella.
Y, desde que apareció en su vida, cada lugar donde Lizzy estaba dejaba de ser simplemente un lugar.
Se convertía en hogar.
Porque, al final, eso era el amor.
No encontrar una casa.
Si no encontrar a la persona con la que querías quedarte cuando todas las luces del mundo se apagaran. ✨
LOVER
Podemos dejar las luces de Navidad colgadas hasta enero
Este es nuestro hogar, nosotros hacemos las reglas
Y hay un halo deslumbrante, algo misterioso en ti, querido
¿Te he conocido por veinte segundos o por veinte años?
¿Puedo ir a dónde vas?
¿Podemos estar siempre así de cerca? Por y para siempre
Y ah, llévame a salir y llévame a casa
Eres mi, mi, mi, mi
Amado
Podemos dejar que nuestros amigos duerman en la sala de estar
Este es nuestro hogar, nosotros lo decidimos
Y estoy muy segura de que todos los que te ven te quieren
Te he amado por tres veranos, querido, pero los quiero todos
¿Puedo ir a dónde vas?
¿Podemos estar siempre así de cerca? Por y para siempre
Y ah, llévame a salir y llévame a casa
Eres mi, mi, mi, mi
Amado
Damas y caballeros, por favor, pónganse de pie
Con cada cicatriz de las cuerdas de mi guitarra en la mano
Acepto esta fuerza magnética en forma de hombre como mi amado
Mi corazón ha sido prestado y el tuyo ha estado triste
Todo salió bien para terminar contigo
Prometo serle muy dramática y honesta a mi amado
Y guardarás todos tus chistes más sucios para mí
Y en cada mesa te guardaré un asiento, amado
¿Puedo ir a dónde vas?
¿Podemos estar siempre así de cerca? Por y para siempre
Y ah, llévame a salir y llévame a casa (por y para siempre)
Eres mi, mi, mi, mi
Oh, eres mi, mi, mi, mi
Querido, eres mi, mi, mi, mi
Amado
"Can I go where you go?"
"We could leave the Christmas lights up 'til January..."
"This is our place, we make the rules."
Dicen que existen personas que llegan a tu vida como una tormenta.
Que revolucionan todo.
Que aparecen de repente y desaparecen con la misma rapidez.
Pero también existen aquellas que llegan despacito.
Sin hacer ruido.
Sin pedir permiso.
Como si siempre hubieran estado destinadas a ocupar un lugar en tu historia.
Esta es una de esas historias.
No nació de un flechazo correspondido.
Ni de promesas imposibles.
Ni de cuentos de hadas.
Nació de la amistad.
De la admiración.
De la confianza.
De quedarse cuando hubiera sido mucho más fácil marcharse.
Porque, a veces, el amor más bonito no empieza con un "te amo".
Empieza con un...
"Estoy acá. ¿Cómo puedo ayudarte?"
Víctor jamás imaginó que terminaría enamorándose de aquella chica italiana de sonrisa luminosa que llevaba años iluminando YouTube.
Todos conocían a Lizzy.
Millones de personas crecían con sus vídeos.
Con sus aventuras.
Con sus directos interminables.
Con sus chistes malos.
Con sus partidas de terror.
Con su forma de convertir cualquier derrota en una carcajada.
Era imposible no reconocerla.
Lo que nadie sabía...
Era que, detrás de otra pantalla, había alguien que también esperaba con ilusión cada nuevo vídeo.
Alguien que sonreía cuando aparecía la notificación de un directo.
Alguien que decía que solo iba a verla "cinco minutos"...
Y terminaba quedándose hasta el final.
Ese alguien era Víctor.
Nunca lo contó.
Jamás quiso parecer un fan.
Pero lo era.
Admiraba su autenticidad.
La manera en que trataba a las personas.
Su enorme amor por los animales.
Su inteligencia.
Su humildad, incluso siendo una de las creadoras más importantes del mundo.
Y, sin darse cuenta...
Un día dejó de admirarla.
Y empezó a enamorarse de ella.
No fue un amor repentino.
Fue mucho peor.
Cada conversación hacía que quisiera hablarle otra vez.
Cada colaboración terminaba con ganas de grabar una más.
Cada risa de Lizzy se quedaba resonando en su cabeza durante horas.
Cada despedida le parecía demasiado corta.
Y llegó un momento en que entendió una verdad que lo asustó más que cualquier videojuego de terror.
Había caído completamente a sus pies.
Perdidamente.
Irremediablemente.
Y estaba convencido de que jamás tendría una oportunidad.
¿Por qué la tendría?
Ella era brillante.
Talentosa.
Divertida.
Dulce.
Una mujer capaz de hablar tres idiomas con la misma facilidad con la que hacía reír a millones de personas.
La youtuber con la que todos soñaban colaborar.
La chica que cualquier persona habría querido conocer.
Él, en cambio, solo era Víctor.
El chico de los juegos de terror.
El de la coleta.
El que se comparaba a sí mismo con un vikingo torpe o un ogro enorme.
El que creía que alguien como Lizzy jamás podría fijarse en alguien como él.
Lo que nunca entendió...
Fue que Lizzy jamás había mirado el mundo de esa manera.
Ella nunca contó sus amistades por números.
Ni por reproducciones.
Ni por fama.
Contaba por sonrisas.
Por abrazos sinceros.
Por personas buenas.
Y Víctor siempre había sido una de ellas.
Cuando llegaron los momentos difíciles...
Cuando parecía que reconstruir un sueño era imposible...
Cuando comenzar de nuevo significaba empezar desde cero...
Ella no preguntó cuánto iba a ganar.
Ni cuántas visitas tendría el primer vídeo.
Ni cuánto podía ofrecerle él a cambio.
Simplemente apareció.
—¿Cuándo grabamos?
Así comenzó una nueva etapa.
Una colaboración se convirtió en dos.
Después en diez.
Luego en cientos de horas compartidas entre risas, sustos, cafés, videojuegos, viajes entre Roma y España, abrazos improvisados, fotografías con Negro y Jötun, bromas sobre ogros, princesas, vikingos y árboles de Navidad que, según Lizzy, jamás debían quitarse demasiado pronto.
Porque ella había nacido un 26 de diciembre.
Y estaba convencida de que la magia de la Navidad podía durar un poquito más.
Víctor fingía protestar.
Pero siempre terminaba ayudándola a dejar las luces encendidas.
Solo un día más.
Y luego otro.
Y otro.
Hasta que dejó de importar el calendario.
Porque comprendió que nunca habían sido las luces las que hacían especial aquella casa.
Era ella.
Como tampoco fueron las visitas las que hicieron especial Uve'os.
Fue la ilusión con la que ambos decidieron construir algo nuevo.
Juntos.
Dicen que el amor verdadero aparece cuando menos lo esperas.
Ellos demostraron que también puede aparecer cuando una amistad se convierte, sin darse cuenta, en el lugar donde siempre quieres volver.
Porque un hogar no siempre tiene paredes.
A veces tiene una risa que calma tus miedos.
Un mensaje que llega cuando más lo necesitas.
Una mano que nunca te suelta.
Y unos ojos capaces de recordarte que todavía existen los finales felices.
Quizá por eso, cuando alguien le preguntó una vez qué era lo que más le gustaba de Lizzy, Víctor sonrió en silencio.
Podría haber hablado de su belleza.
De su inteligencia.
De su éxito.
De su voz.
De sus ocurrencias.
Pero ninguna de esas cosas explicaba lo que realmente sentía.
La verdad era mucho más simple.
Lizzy no solo había entrado en su vida.
La había convertido en un hogar.
Y, desde entonces, solo hubo una certeza que jamás volvió a poner en duda.
"Can I go where you go?"
La respuesta siempre sería la misma.
Sí.
Porque, sin importar el lugar, mientras estuvieran juntos...
Ese siempre sería su lugar. 💚
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