🌺Día 23🌺
[Las peleas típicas de los... ¿no-novios?]
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Al parecer, tras aquella pelea de pintura del día anterior, el moreno se había levantado con bastantes marcas en la piel por la fuerza de los balines de pintura. Varios puntos rojos adornaban sobre todo su espalda, y se sentía realmente fatigado.
— Perdona por lo que pasó Bon— reía sin poder evitarlo la rubia de los Toys mientras veía cómo su amigo trataba de tocar su guitarra sin poner una cara de dolor al moverse.
— No pasa nada, mereció la pena. Bonnie ganó por los dos y salió ileso, eso es lo que me importa— sonreía aún con una cansada sonrisa.
— Aww, qué lindo, Bon— suspiraba la chica acercándose para abrazarlo, pero se separó en cuanto se quejó—. Ups, lo siento... Podrías ir a verle, Freddy me dijo que terminarían antes el ensayo de grupo.
Asintiendo feliz, el peliturquesa guardó su instrumento para luego salir de la sala de música, llegando al aula de su amado. Pero escuchó unas voces antes de entrar que le hicieron que se detuviera.
— Vaya, parece ser que el juguetito está que babea totalmente por ti, conejito— se burlaba el pelirrojo del equipo mientras se quitaba sus orejas de zorro.
— ¿Ah? ¿Hablas de Bon?— preguntaba quitándose sus orejitas de conejo junto con sus grandes gafas, mirando extrañado a su amigo—. No, ¿qué dices? Te lo parecerá porque aún estamos con eso de ser novios de mentira.
— Ya, claro... No creas que no me doy cuenta de cómo lo miras también— no dejaba de sonreír—. Es sólo mencionar su nombre y ya suspiras como chica enamorada. Es obvio que sientes algo por él.
El corazón del peliturquesa bombeaba con gran rapidez, sus mejillas estaban bastantes rojas y calientes y su estómago se revolvía nervioso. Tenía ganas de saber qué era lo que sentía el pelimorado por él. No sabía que sus expectativas le iban a caer como cubo de hielo en la cabeza.
— ¿Cuántas moras del bosque te has comido? Se nota que estás delirando— reía con exageración mientras desviaba la mirada—. Yo no siento nada por mi maestro más que admiración y una profunda amistad, es imposible que pueda haber algo así entre nosotros...
Las pupilas del peliturquesa se achicaron con tales palabras, y no evitó dar algunos pasos hacia atrás. No necesitaba escuchar más.
(...)
— Hey, maestro, perdón por tardar, ¿llevas esperando mucho?— había llegado el de mirada rojiza a la banca de siempre, descolgando su guitarra de su espalda.
— No— contestó seco sin mirarlo mientras seguía afinando las cuerdas de su instrumento.
— ¿Estás bien? ¿Te siguen soliendo los balines de ayer?— iba a tocar su hombro, pero el contrario le miró bastante serio, haciendo que se asustara.
— No me duelen tanto como tus palabras— susurró manteniendo su fija mirada en la atónita del contrario.
— ¿Qué demonios te pasa, Bon? Estás muy raro...— no evitó fruncir un poco el ceño al ver la actitud del contrario.
— Si sólo quieres ser mi amigo, ¿por qué diablos aceptaste ser mi novio de mentira?— dejó su guitarra de lado para encarar al más bajito.
— ¿Qué? No fue idea mía aquello, sólo lo hice porque era una apuesta, y las apuestas se cumplen.
— ¡Tampoco fue idea mía esa apuesta, yo no te involucré!
— ¡Y aún así acepté como buen no-jugador para no hacerte quedar mal! ¿Tan difícil es aceptar la derrota de un estúpido juego?
— ¡Pues ese estúpido juego fue el que nos metió en esto! ¡Igualmente yo no pedí ser tu novio de mentira!
— ¡¡Yo ni siquiera quiero ser tu novio!!— gritó finalmente el pelimorado, cerrando sus ojos con frustración.
Ambos se quedaron en silencio ante tal aclaración. El claro sonido de ambos corazonces rompiéndose dejaron el ambiente tenso. Uno roto por tal rechazo, y otro por tal declaración falsa.
— Y-Yo...— Bonnie estaba destrozado y muy arrepentido de sus palabras— B-Bon, yo no quise...
— No, no digas nada— el peliturquesa mantenía su mirada clavada en el suelo, apretando sus puños para no derramar ninguna lágrima—. Tienes razón. Todo esto ha sido... una muy mala idea.
Tomó el estuche de su guitarra rápidamente dándose la vuelta y evitando al contario.
— No, Bon, por favor— el pelimorado trataba de hacerle detenerse, pero ya era tarde.
— ¡Déjalo, Bonnie!— gritó harto de tantas excusas—. Esto... se tiene que acabar... No quiero sufrir más... Ni hacerte sufrir a ti... Olvidemos la apuesta, ¿sí?
— P-Pero...
— Adiós, Bonnie. Nos vemos en la escuela.
Y tras aquella pelea, desapareció en el paseo del parque, dejando a un roto conejito llorando en aquella banca blanca.
— Yo... Sí quería ser tu novio...
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Día 23: Peleándose ✅
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