🌺Día 12🌺

[Lío en el armario]

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Fiesta en la casa de los Golden. Típico, ¿verdad? Pues como siempre, se encontraban los Animatrónicos y los Toys todos en el salón divirtiéndose ya sea bailando con la música a tope, charlando en pequeños grupos, o incluso bebiendo ciertas bebidas energéticas que el pelirrojo y el de cabello azabache se habían molestado en traer para "animar" la fiesta. Tanto el pelimorado como el peliturquesa estaban ambos divirtiéndose en una pequeña batalla de baile que se había creado en el centro de la sala, hasta que, sin querer, el más bajito había derramado la lata de su refresco sobre el de mirada dorada, causando que una gran furia se apoderara de él. Para no terminar siendo un conejo asado, decidió escapar de ahí, aunque antes de eso tomó la mano del moreno de piel para poder llevarlo consigo. Lo necesitaría en caso de usar un escudo humano. Llegaron a una habitación vacía, donde se escondieron, pero se metieron en el armario empotrado para evitar ser encontrados tan rápidamente. Mantuvieron el silencio, escucharon cómo la puerta era abierta de golpe. Unos pasos se oyeron antes de que se volvieran a ir, dispersándose en la oscuridad y silencio de la habitación.

— ¿Ya se fue?— preguntó aún con el corazón en la mano el pelimorado, sintiendo una respiración sobre su cabeza, debía ser la del menor.

— C-Creo que sí...— la grave voz del moreno se escuchó, poniendo los pelos de punta del de piel pálida.

— Menos mal...— se intentó mover, menos mal que el armario era ancho, sentándose en el suelo finalmente—. Mejor esperamos un poco hasta que se tranquilice...

— S-Sí...— sonrojado, se sentó igualmente, manteniendo la mirada bajada para no enfocar al mayor.

Sólo se oían sus respiraciones, a pesar de las rendijas que tenían las puertas del armario, tenían poca capacidad de respiración. Bonnie se abrazaba a sí mismo, sus pies tocaban los de su maestro, y estaban rodeados de una... extraña atmósfera, nunca se habían encontrado en una situación así. Estaba sonrojado, no sabía por qué. Levantó la mirada, miró a su maestro, pero se quedó embobado por un momento. Estaba empezando a hacer calor, lo sabía al ver al moreno abanicarse con una de sus manos.

— ¿No tienes calor, Bonnie?— le preguntó con los ojos entrecerrados, sentía que se estaba derritiendo.

— U-Un poco...— respondió aún ruborizado, mientras se acercaba con sigilo hacia el peliturquesa—. Bon...- llegó a tal distancia que hasta el moreno se dio cuenta de la poca distancia que compartían—. ¿Me dejas hacer... una cosa?

Se incorporó en su sitio, sentándose bien en el suelo. Sus ojos verdes abiertos como platos daban a entender que no sabía qué le estaba pasando a su compañero, pero no quería cuestionarse eso ahora. Siguiéndole la corriente, asintió ante la petición del contrario, el cual se sentó igualmente, solo que encima de las piernas del más alto. Acarició primero su mejilla izquierda, con lentitud, con cariño, como si estuviera analizando su textura con sus dedos finos y pálidos. Mantenía su mirada rojiza brillante pegada a la suya esmeralda expectante. Sin darse cuenta, los labios rosados del pelimorado habían hecho contacto con los suyos morenos, comenzando un torpe pero lindo baile entre sus bocas. Sólo era un toque, sin malas intenciones, pero que llevó al peliturquesa a lo más alto del cielo. Cerró sus ojos, dejándose llevar, colocando sus algo grandes manos en la cintura y espalda del más pequeño, quien giraba la cabeza para acomodarse entre aquel dulce y, aunque no lo creyeran, excitante toque.

Bonnie agradecía que no lo hubiera apartado, no sabía exactamente qué estaba haciendo. Algo dentro de él le pedía que se abalanzase sobre el chico, que lo besara, que lo abrazara, y que le prometiera no alejarse jamás de su lado. Desde el día que compartieron su primer beso, el de ambos, empezó a sentir una fuerte conexión con el contrario, sentía que sabía lo que pensaba el contrario, sentía que sabría encontrarlo en cualquier parte... Y sentía que no sería nada estando lejos de él. Lo quería cerca, lo quería a su lado. Comenzaba a pensar que aquello no era debido a la fuerte amistad que ya habían forjado. No, era algo mucho más que eso.

Al separarse ambos jadeaban en busca de aire, pero el menor en edad no esperó más para agarrar la nuca del contrario para plantarle otro beso, esta vez un poco más apasionado. Esto sorprendió al pelimorado, pero no se negó, sino que abrazó con aferro al más alto, dejándose llevar plenamente por los deliciosos labios de su maestro. Bon no sabía si estaba en otro de sus muchos sueños llenos de fantasías con el pelimorado, pero no iba a desperdiciar aquella oportunidad de oro que el universo le estaba brindando.

— A-Ah...— un pequeño jadeo salió de los labios del pelimorado, el calor ya era insoportable—. B-Boh~...— trató de pronunciar el nombre del contrario, pero aquella palabra pronunciada con voz sutil y aguda hizo al peliturquesa abrir los ojos lentamente.

— ¿Uh?— se quedó mirándolo, con una pequeña sonrisa— ¿Cómo me llamaste?— no evitó reír al ver cómo se tapaba la boca avergonzado.

— N-No dije nada...— desvió la mirada, rojo como un tomate, acariciando con su mano libre la nuca del contrario, de forma distraída.

— Pues yo te oí decir algo... conejito~— susurró en su oído, causándole un gran escalofrío al otro.

Volvió a mirarle, Bon observó sus ojos. Aquellos ojos tan lindos como la primera vez que los vio. Tan llenos de ternura e inocencia, pero también albergando una furia intensa que el de piel pálida dejaba salir al tocar la guitarra. No evitó acariciar su mejilla, haciendo que inclinara su cabeza para sentir mejor su cálido tacto. Lo volvió a besar, esta vez más lentamente, dándole a entender que no quería asustarle, sólo quería hacerle sentir... bien. Bonnie le seguía el ritmo, con sus ojos cerrados, subiendo su mano derecha desde su hombro, su mejilla, hasta su oreja, la cual acariciaba con lentitud y cariño. No eran cien por cien conscientes de lo que estaban haciendo, pero si era un sueño, ninguno esperaba despertarse de aquella fantasía en la que parecían adolescentes liándose en una película cliché.

Sin darse cuenta, Bon había desplazado una de sus manos dentro de su camisa de manga larga, estremeciéndole ante el tacto de su mano fría contra la piel de su espalda caliente. En eso se separaron, escuchando ambos el característico sonido de sus labios mojados al separarse, volviendo a respirar con algo de dificultad. El peliturquesa se dio cuenta de lo que hizo, apartado su mano y bajando la camisa del contrario con rapidez.

— L-Lo siento— se disculpó con los pómulos rojos de vergüenza—. N-No quise... incomodarte...

— No, está bien— la sonrisa del contrario le desconcertó, mirándolo cómo se apartaba un mechón del rostro para ponerlo tras su oreja—. Tus manos están fresquitas, como las mías— tomó sus manos para que comprobase la temperatura.

El peliturquesa notó que las suyas estaban aún más frías, por lo que se las puso en sus mejillas. Bonnie notó el calor acumulado en la cara del menor, por lo que, al mirar a su alrededor, se dio cuenta de dónde estaban, por lo que despertó ligeramente.

— D-Deberíamos bajar ya...— puso sus manos en el pecho del más alto, apretando su camisa con nervios—. D-Deben estar algo preocupado...

— Ah, s-sí, cierto...— carraspeó su garganta, tratando de levantarse—. ¿Vamos?

Bonnie miró su mano, y la tomó con cuidado para levantarse. Se quedaron a la misma altura, a pesar de que el moreno fuera unos pocos centímetros más alto que el de piel clara, abriendo las puertas del armario, saliendo primero el pelimorado.

Se pasaron el resto de la fiesta sentados en el sofá con sus manos entrelazadas.

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Día 12: Liándose ✅

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