🌺Día 1🌺
[A pudin regalado mejor tómale la mano]
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Eran en cierto modo agradables los rayos de sol que se colaban en los grandes ventanales de aquel instituto. El sonido de la tiza rozando incesante por la polvorienta pizarra y la aburrida voz del profesor mantenían medio dormido a cierto joven pelimorado, que poseía la habilidad de poder descansar sin ser descubierto, gracias a sus grandes y opacos lentes, donde escondía su mirada cansada, pero esta vez era incapaz de conciliar el sueño. Sus ojos rojos no eran capaces de cerrarse por un simple pero potente pensamiento, la sola idea de imaginarse caminando con cierto chico muy juntos, uno al lado del otro, con sus manos tomadas y entrelazadas, compartiendo tímidas miradas y tiernas risas entre ambos. No evitaba suspirar al notar de nuevo como si miles de mariposas revolotearan alegres en su pancita, además de creer que de tanto que le latía el corazón este se iba a escapar de su pecho. ¡Era como si hubiera corrido una horrible maratón interminable! No entendía por qué se sentía así, no entendía ese sentimiento tan confuso que lo tenía gran parte del día, y noche, hundido en sus pensamientos, los cuales estaban enfocados única y exclusivamente a ese chico de cortos y desordenados cabellos turquesas y brillante mirada esmeralda.
— Bon...— suspiró su nombre con un tenue tono rosado en sus pálidas mejillas, además de que como estaba adormilado, su voz sonaba más suave y dulce al momento de hablar.
De haber estado presente el nombrado seguramente habría muerto de ternura en ese preciso momento.
Consiguió salir de su trance al escuchar la campana sonar dando la señal del recreo. Se estiró sobre su pupitre, bostezando mientras frotaba sus ojos para intentar mantenerlos el mayor tiempo posible abiertos. En eso sintió unas siluetas que se acercaban a él.
— Bonnie, ¿vamos a la cafetería?— la chillona pero alegre voz de su amiga le hizo por fin pisar tierra y, con un leve movimiento de cabeza, ya se encontraba caminando junto a sus amigos en dirección al lugar indicado.
Sinceramente tenía hambre, y seguro que un buen sándwich con un pudin de postre le dejaría como nuevo, además de un jugo de piña para acompañar. Necesitaba despejarse de tanto sentimiento confuso, y estar junto a sus amigos le ayudaría a mantener su mente en otro tema que no tuviera que ver con su maestro.
— Bueno, ¿y qué tal con tu noviecito~?— el pelirrojo rodeó el cuello de su amigo de forma amistosa, casi llegando a ahogarle en el proceso.
— F-Fox... N-No puedo... Respirar...— intentaba zafarse de su agarre.
— ¡Fox! No molestes al pobre Bonnie— la rubia le dio un leve golpe en la cabeza al más alto, tras ponerse de puntillas—. No le hagas caso, en cuanto tenga su pudin se le quitará la tontería.
— Hey, tengo sentimientos— se cruzó de brazos soltando un bufido.
— Pues...— jugó sutilmente con sus dedos, con una pequeña sonrisa—, la verdad es que no ha cambiado mucho... Seguimos hablando como siempre, aunque ahora lo noto más nervioso, o al menos más que antes— no evitó soltar una pequeña risa al recordar cómo el rostro de su "novio" se ponía roja cada vez que le hablaba o tan sólo con una mirada, pues le parecían realmente tiernos aquellos gestos.
— ¿Y no te molesta que... ya sabes, tengas que fingir ser su novio durante un mes?—preguntó su amigo castaño, el cual parecía curioso por saber qué pensaba el pelimorado.
— Hmm... ¿Por qué debería? Tan solo es una apuesta— le sonrió con total inocencia en sus palabras—, no creo que se tome muy en serio eso de ser novios, lo hará solo por cumplir su promesa, ¡y yo le ayudaré!— estaba dispuesto a ayudar a su maestro en lo que fuera, y lo demostraba en la forma tan firme de sus palabras, que ensordecían los apresurados latidos de su corazón.
Sus amigos se miraron entre sí, con una ceja temblando. No sabían si de verdad hablaba en serio, pero al ver su actitud infantil e inocente de su amigo comprendieron que sí era sincero en lo que decía, haciendo que se sintieran un poco mal por el peliturquesa, pues él seguramente se habría llevado una gran decepción al escuchar tales palabras de su amigo despistado.
Dejando por fin ese tema de lado fueron hacia la cafetería, pues tanto Fox como Bonnie tenían hartas ganas de pillar sus pudines antes de que se acabaran. Nada mas al llegar una enorme fila hizo que sus esperanzas se cayeran al suelo, causando que lloraran abrazados, obviamente de forma dramática.
— ¿Se puede saber qué hacéis vosotros dos en el suelo?— una reconocida voz hizo que ambos amigos dejaran su drama para mirar hacia quien les hablaba.
— No vamos a poder tener pudin— explicó de nuevo triste el pelirrojo, escuchando un bufido de la peliblanca, además de la risita de parte de la rubia que la acompañaba.
— Yo creo que deberían dejar de comer tanto pudin, sino se convertirán en dos bolitas y sólo podrán andar rodando— reía divertida Joy, contagiando a su amiga que había tomado del brazo del pelirrojo para levantarlo del suelo.
— Todo sea por el pudin~—levantó el puño como si hubiera perdido una batalla, pero no la guerra, mientras su hermanita lo llevaba a rastras junto a sus amigos, dejando sólo al pelimorado en el suelo, aún con su desgracia de no poder tomar su postre.
— Hey, ¿necesitas ayuda?— una suave y melódica voz hizo que inmediatamente elevara su mirada para chocar esta con unos hermosos ojos color jade brillante.
Su rostro se coloreó sin razón aparente al ver cómo el otro estaba ligeramente agachado mientras le mostraba una mano para que la pudiera tomar y así ayudarle a levantarse del suelo. Aceptó sin ninguna duda, sonriéndole de forma agradecida, viendo cómo las mejillas del contrario volvían a encenderse como un par de lucecitas de Navidad.
— Muchas gracias, maestro— enseñó sus dientes blancos en una mueca de alegría, estaba contento de verle—. ¿Tú también venías a por pudin?
— La verdad es que ya había terminado de almorzar, iba ahora con las chicas a la sala de música a preparar unas nuevas pistas para una nueva canción que estamos trabajando— respondió con una sonrisa, soltando lentamente la mano del contrario del nerviosismo al darse cuenta de que aún la sostenía.
— Ooh, espero que os vaya bien, me gustaría poder escucharla cuando la terminéis— miraba un poco triste cómo la fila se dispersaba al escuchar que ya no quedaba más postre a parte de piezas de fruta—. Hum... Y yo que quería pudin...
Bon no evitó sentir pena por su contrario sabiendo lo mucho que le gustaba aquel delicioso y dulce postre. En eso recordó.
— Ah, es verdad— sacó un envase de su bolsillo y se lo mostró—, me llené con el resto de mi almuerzo y no podía más, así que pensaba dártelo, si quieres...
Los ojos del más bajo brillaron al ver el inconfundible envase de "pudin de vainilla" que traía el moreno en su mano derecha. Lo tomó con algo de duda y al ver que efectivamente era para él no evitó abalanzarse sobre su maestro para así abrazarle por el cuello.
— ¡Muchísimas gracias, Bon!— gritó de alegría, no había nada que pudiera hacerle más feliz en ese momento— ¡Eres el mejor!
La risa del peliturquesa, junto a sus brazos alrededor de su cintura, hicieron que notara de nuevo a su corazón palpitar fuertemente. Se apegó más al contrario, escondiendo su rostro en su cuello y oliendo discretamente su aroma. Le relajaba tanto. Se separaron al sentir ya muchas miradas sobre ellos, poniéndolos nerviosos.
— B-Bueno, me alegra haber podido verte, Bonnie— se rascó sonrojado su nuca, pasando por un lado del pelimorado—. Espero que nos veamos a la salida.
Pero justo antes de poder irse más lejos, una manita pálida tomó la suya, parándole en el camino. Miró ambas manos sorprendido, además del rostro del que había producido aquel toque, adornado con un bonito rubor en las mejillas y el puente de su nariz, sin saber por qué había querido tomar su mano, pero lo había hecho.
— ¿P-Puedo acompañarte?— le miró apenado, apretando ligeramente su agarre—. A-Aún no acaba el descanso y... quiero pasar un poco más de tiempo contigo.
Aquellas tiernas palabras derritieron el corazón, y el rostro, del peliturquesa. No podía negarle nada a aquel adorable chico que tomaba su mano con nervios y algo de fuerza. Le sonrió sincero, asintiendo con su cabeza y tirando levemente de su brazo para ir juntos así a la sala de música. Bonnie seguía perplejo por lo que había hecho, pues no tenía pensado tomar de imprevisto la mano de su maestro, que ahora que lo notaba era más grande que la suya, y más calentita, pero no le molestaba para nada. De hecho se encontraba mirándolas de reojo, jugueteando ligeramente con sus dedos, que cosquilleaban al tocar la piel contraria. Esto no pasó desapercibido por el menor en edad que también se atrevió a mirarlas. Sonrió mientras se le ocurría un idea.
— Bonnie— llamó a su amigo—, separa los dedos un poco.
En cuanto el contrario hizo su petición volvió a tomar su mano, pero esta vez entrelazando sus dedos de forma suave, crispando hasta el último cabello del cuerpo del pelimorado. Sus sonrojos seguían impregnados en sus mejillas, causando más de una risita en ambos. El más bajito ralentizó el paso, pues quería aprovechar hasta el último segundo de esa forma con su maestro. Se sentía realmente bien que le acariciara los nudillos de la forma tan suave en que lo hacía.
— Así se cogen de la mano los novios— explicó Bon mirando al frente, pero sabiendo que había sorprendido al contrario.
Al final el peliturquesa llegó tarde a su ensayo, recibiendo un respectivo regaño de parte de la líder, y el pelimorado pudo comer feliz su pudin regalado escuchando los lamentos y quejas de Fox por no querer compartirle. Pero ambos estaban de acuerdo en algo, que querían repetir aquel momento en el que sus manos parecían selladas la una con la otra.
Novios. Empezarían a usar más a menudo aquella nueva palabra.
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Día 1: Cogerse de la mano ✅
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