Capítulo 28: Corre.

Todos nos desprendemos al nacer de nuestros creadores. De las entidades que nos han formado.
Y pasamos toda una vida aprendiendo a escapar de sus sombras.

Pero yo no era mi madre, solo un reflejo deformado suyo, por lo que creía en Exin cuando juraba no ser igual a su padre.

Hipocondríaco.

He dedicado gran parte de mi vida a no ser una molestia, a pasar desapercibido, porque sabía que mi presencia o una simple mirada causaría el espanto y rechazo de todos: Los muertos no deben rondar como fantasmas.

El problema es que yo estaba literalmente vivo. Y veía con lujo de detalle a mi alrededor, incapaz de ser ciego, o sordo, pero irremediablemente mudo.

—Déjalo así, luego lo acomodo. —Me pidió Exin, echado en el piso de su habitación, con las manos entre las rodillas y la cabeza cerca de su pecho, como un camarón.

No tenía camisa puesta, el calor era insoportable. Me asfixiaba estar ahí, sin una ventana abierta, pero no quise abrirla para tampoco perturbar su estado. Me senté sobre su cama y esperé. Si lo dejaba solo, quizás su padre volvería al cuarto, forzándole a ir a clases pese a sus golpes en el brazo que le impedían escribir.

—Te vas a perder otra clase a esta hora. Vete, animal. —Me corrió, pero no pude decir nada—. Si tanto te preocupa, le pediré a mi mamá que ordene mis cajones. Se queda luego un bueeeen rato nada más haciendo eso. Nadie la molesta cuando hace eso.

Vi a su madre subir las escaleras. Me saludó desde el pasillo, iba camino a su recámara. Exin rodó para estar frente a la puerta, y al confirmar que era ella, le habló.

—Pss, pss. Ma, ¿no quieres...? —Ella siguió su camino—. MA, Hipo está ocupado, ¿podrías...? OYE, MAMÁ, TE ESTOY. DIOS.

Golpeó el piso con su brazo, aunque este apenas podía responderle. Pero ella no volvió.

Aquellos instantes, recuerdos, donde solo miré, eran ceniza en mis pulmones. En la actualidad, sentía que poco o nada había cambiado, en especial cuando me informaron el estado de Exin. Yo no podía hacer nada, su madre siempre corría a otra parte, y él solo permanecía con sus manos entre las rodillas.

Solo.

—Dios, ¿qué te pasó, güerco?

Levanté la mano para saludar a James, también en petición de que no comentara nada sobre mi apariencia. Me había visto en el reflejo de la estación de policía cuando me acerqué; estaba allí, a un costado de mi imagen, afuera del edificio. Mi labio cocido se sentía como un hormiguero en mi boca. Tenía unas ganas terribles de rascarme, pero mi miedo a empeorarlo y causarme una infección era mayor.

—¿Todo bien? Los voy a dejar solos, estaré en el coche... —Estocolmo me dio unas palmadas antes de volver en sus pasos. Yo apenas le miré.

James me había marcado, y pidió con urgencia vernos afuera de la comisaría. Llevaba puesto su traje café con corbata roja, ese cabello claro peinado a un costado, y los ojos ansiosos que ponía cuando nos veía a todos entrar a su oficina cuando nos tocaba clase: odiaba darnos clase.

—¿Qué pasó? ¿Lo tienen aquí? —pregunté, sin poder controlar los movimientos de mis pies. La rodilla me temblaba.

—Siéntate —me señaló la orilla de las escaleras—, estás alterado, te cuento cuando te sientes.

—Profesor, no estamos ni siquiera bajo un techo, literalmente. —Sonrió al oír mi queja—. Hable, por favor. Me está poniendo ansioso.

—Ya, mira. Exin golpeó a su padre durante la madrugada —soltó de pronto, haciendo que mis heridas dolieran más—. Lo agarraron desorientado. Su mamá vino para...

—¿Para? ¿Para buscarlo?

James llevó ambas manos a su cabeza y se peinó hacia atrás.

—Lo ha denunciado por intento de homicidio. Mira, el señor está bastante grave, lo tienen internado cerca de aquí. Puede que no la libre, y espero que sí lo haga, porque la condena de Exin depende de eso.

—Entiendo, voy a entrar... —Alcanzó mi mano cuando pisé el primer escalón—. James. Suéltame. Suélteme.

—Marrano, no puedes verlo. Y tampoco quiere verte, ¿sabes? —Insistí en soltarme, pero me agarró con ambas manos. Giré con molestia a verlo, los vehículos detrás me cegaron por el reflejo del cielo—. Me marcó para pedir ayuda, pero exigió que no te marcara a ti.

—Pero me marcaste.

—Ya, yo no sigo órdenes de ningún cerdo —me arrastró hacia él—. Y no me tutees, ¿quieres?

No intercambiamos más palabras después de eso. Permanecí observando mi reflejo, él el estado del clima, hasta que me atreví a preguntar si le habían asignado a un funcionario público. Estaba por recibir una respuesta cuando de la estación salió otro sujeto con traje, y dos maletines.

—Perdimos el caso, fuga —dijo de lo más sonriente, a James—. Broma, no conseguiremos amparo, lo agarraron en flagrancia y no ha dejado de aceptar lo que hizo. Pero podemos apelar a su condición... Si tan solo se mostrara tranquilo y no como si ocultara algo en sus manos.

—Lae.

—El tipo mete sus dedos entre sus piernas, ¿sabes? Me pone los pelos de punta.

—Hey —James le dio un empujón—, él es Hipocondríaco, su compañero de piso.

Me señalaron, incluyéndome en ese pequeño espacio de la conversación. James presentó al extraño llamado Laerion, como el único abogado que podía costear para Exin. Debo decir que su primera impresión no me dio confianza, por su rostro tan parecido al de James; no era por tener algo en contra de mi profesor, pero bueno, tampoco es que le tuviera mucha fe en lo legal.

—Es para no lastimarse —hablé, provocándoles confusión en la mirada—. Exin aplasta sus piernas contra sus manos para evitar golpearse.

Permanecieron en silencio, con solo el fuerte viento levantándoles el cabello.

—¿Qué te pasó? —preguntó el abogado, claramente sobre mi rostro. James le arrojó un golpe al brazo.

—Perdónalo, somos medios hermanos.

Se nota.

—¿Qué procede ahora? —cuestioné ansioso, sin comprender cómo funcionaba aquel proceso—. ¿Lo retendrán aquí? ¿Es legal?

—Sí, el juez de control ratificó cómo legal la detención. Ahora está en manos del ministerio público. Como defensor solo me queda esperar su traslado —dejó unas palmadas sobre su hermano—. Es más, creo que volveré aden...

—TENGO QUE VERLO, DÉJENME HABLAR CON ÉL, FUK.

Dejé ir otro suspiro. A un costado mío estaba un oficial sacando a Des del edificio. El rubio corría en el aire, como si se fuese a librar para volver adentro, pero terminó siendo empujado contra el abogado, mientras yo enfocaba mis ojos sobre James.

—También le llamé. —Me explicó el profesor, antes de enfocarse en el rubio.

Si no fuera por Exin, ya me habría ido de aquí.

—Ya, cálmate, no conseguirás nada así, no pueden dejar que hable con nadie, solo su defensor —insistió James en agarrar a Des, forzándole a retroceder y hacerle frente—. Necesitamos que estén tranquilos. Laerion sabe lo que hace, puede conseguirle una buena sentencia.

—Es precisamente lo que NO QUIERO. —Des le quitó las manos de encima, y se aferró a la corbata de su propio uniforme—. ¿Por qué tienen que condenarlo por algo así? Su papá estaría mejor muerto, yo puedo declarar de todo el abuso que sufrió en su casa. Le jodió la cabeza todos estos años...

Des me miró sobre su hombro, silenciado por mi presencia. Tenía los ojos rojos como de costumbre, y ese cabello que pedía a gritos crecer para cubrir su nuca arañada por la ansiedad. Parecía asustado, y yo solo rogué a los dioses que no dijera lo que le picaba en la lengua.

—¿Qué te pasó en la cara? —Lo dijo.

—Tuve una pelea.

—¿Tú peleaste con Exin, no? —James soltó de pronto. Laerion le miró horrorizado.

—No, no fue él. Se callan. —El abogado nos señaló a todos mientras se dirigía de nuevo al interior.

Volvimos a sumirnos en silencio. Des tenía sus uñas cerca de sus dientes, James negaba con la cabeza. Me sentía somnoliento por las pastillas, y el hablar me lastimaba más, así que me negué a iniciar una conversación. Solo se escuchó el pequeño sollozo de Des.

—Siempre que los veo a ustedes tres, tú estás golpeado, este llorando y ese... —James señaló el edificio—, en serios problemas. De verdad que son un desastre juntos, marranitos. ¿Por qué tienen que meterse donde no deben?

—Es la ley de murphy.

—Yo creo que es peor que eso. —James sonrió cínicamente.

—Por eso —reafirmé.

—Marrano, mira...

—¿No pueden callarse? —Des nos miró frustrado, con los ojos llorosos. Asentí, dejándole llorar en paz.

—Deberían mejor irse —James le interrumpió—, yo les informo cualquier cosa. No hay nada más que puedan hacer por él.

Le agradecí al profesor por todo. No podía pensar en otra persona que hiciera algo así por mí mejor amigo, porque incluso si yo lo deseaba, no tenía los medios, ni siquiera veinte años para que mi opinión se considerada válida y no una influencia de mi condición. Yo no podía hacer nada por mí, menos por él.

Llevé los dedos a mis labios, mientras caminaba entre los vehículos estacionados en frente.

—¿Te lastimó Exin? —Des aceleró sus pasos para caminar a mi costado. Se había echado el cabello de la frente hacia atrás, como quien no había llorado y exhibía su rostro con confianza.

—No, no fue él. —Mentí. Su silencio me hizo cambiar el tema—. Fue un gusto vernos. ¿Te regresarás en taxi?

—No, neber, me da vergüenza que vean que lloré. —Se retorció por la idea.

—Mh.

—¿Por qué preguntas?

—Es que yo ya me voy... —respondí incómodo, señalando el vehículo blanco estacionado en el rincón. No vi a Estocolmo dentro, pero conociéndolo, había bajado su asiento lo suficiente para recostarse. Cuidar de mí siempre le quitaba horas de sueño.

—Ah, bueno —frenó de repente—, entonces también te dejo.

Des juntó sus manos y esperó ahí parado, como si fuese a despedirse. Levantó las palmas solo para palpar su nuca, a lo que intenté sonreír diplomáticamente, pero no lo conseguí. Aún me sentía fuera de lugar a su lado; las cosas no habían salido bien, y aunque fue internado por mi culpa, yo había tratado de entender que también terminé con el brazo roto por la suya.

—Dame un segundo —hablé, y toqué el cristal del vehículo.

Este bajó rápidamente. Estocolmo estaba echado en el asiento, sonriente, diciéndome que estaba abierto. Metí mi cabeza al interior y le pregunté en bajo tono si podíamos llevar a alguien.

—Obvio, sí, sí, ¿es tu profe...? —Elevó sus ojos sobre el tablero del vehículo, y volvió a tirar su cabeza con fuerza al hacer contacto visual con Des—. ¿Qué hace él acá? ¿Le llamaron?

—Estaba por ofrecerle el ride. —Su expresión me dijo más que cualquier palabra—. Perdón, no lo pensé demasiado.

—Hipo.

—Solo terminaré por despedirme.

Volví a Des. Él estaba por decir algo, yo también, pero fuimos interrumpidos por Estocolmo, quien se apresuró a abrir su puerta y levantar la voz:

—¿No quieres que te llevemos? —Sus ojos se entrecerraron al sonreír. Así me sonreía cuando estaba enojado—. Digo, si gustan pueden hablar un poco más en el camino. De lo que sea, que tengan que...

—Nooo, cómo creen, estoy bien. —Des se negó. Yo suspiré aliviado—. Si no les muevo mucho el plan, se los agradecería un montón.

—Ah. —Se me escapó el suspiro. No quería que viniera con nosotros—. Ah, sí, vamos.

El trayecto a su casa fue bastante lento. Estocolmo ponía música a menudo, pero en esa ocasión, no lo hizo, se vio rígido al manejar. No tuve consideración en cómo se sentía él respecto a alguien que hizo sus años escolares más dolorosos de conocimiento público, con bastante desinformación de por medio.

Sentí que se me acababa el aire.

—Me es difícil creer que su propia madre haya metido una denuncia. —El rubio inició la conversación, desde la parte trasera del vehículo—. Cuando jamás hizo nada para defenderlo de su padre. ¿Qué le pasaba? Si no ayuda, que no termine de cagar.

—Su mamá siempre se mostró aterrada por la condición de ambos, su hijo y esposo —murmuré, mirando las flores que vendían en la esquina de la calle—. Creo que la diferencia es que solo amaba a uno. Por algo escogió hacer su vida con él.

Est me miró por el reflejo de la ventana.

—Vieja pendeja —soltó Des.

Mi boca se abrió de repente. Miré hacia la calle, tratando de cerrarla, pero el dolor y la falta de fuerza me lo impidieron. Aún sentía adormecido el rostro, y una vergüenza irracional a que mi pareja o Des me vieran. No quería molestarles, ya lo hacía metiéndome en problemas, todo el tiempo.

—Despersonalización —oí la voz del trigueño tras mis orejas—, ¿puedo llamarte solo Des? Am, quería pedir que me alcances la botella de agua que está ahí atrás. ¿La ves?

—Ies, toma.

Vi de reojo la pálida mano cruzarse con la de Est. Él tocó mi brazo con la botella fría, mientras insistía en que la tomara, sin apartar sus ojos del frente.

—Metí tus analgésicos en la guantera —me informó—. Ya te toca beberlos. Bebe, bebe, rápido.

Me apresuré a obedecerle. Traté de beber el agua pese al dolor de tragar, y cuando pude pasarme la pastilla, la pregunta de Des me provocó una fuerte tos:

—Ustedes... ¿Están saliendo? —Me miró por el espejo retrovisor, pero seguí golpeando mi pecho en aquel instante sin respuesta.

—Sí, sí, no tiene mucho. —Est tomó la palabra.

—Ya veo —continuó tratando de verme, pero evité hacer contacto visual—. ¿Cómo es? Digo, después de tantos años de conocerse...

—Bueno, es difícil contenerse cuando has apreciado a alguien por tanto tiempo. Quieres recuperar ese tiempo perdido —se sinceró, con ese tono dulce que usaba para atender mis dudas—. Así que a veces cualquier cosa que se interponga en ello, resulta irritante. Pero ayuda bastante a mejorar la paciencia, jajaja.

—¿Tú crees? Eres bastante positivo.

—Soy consciente de que lo es y lo que no. Pero para mí ha sido una oportunidad, de volver a revivir emociones una y otra vez.

Nunca dejaba de sorprenderme lo abierto que era Estocolmo con sus sentimientos, las dudas y las certezas. Yo apenas podía mantener la mandíbula en su lugar.

Des permaneció en silencio después de eso, también dejó de intentar ver mi reflejo. De alguna forma le habían señalado que nos robó tiempo, pero estábamos acostumbrados a que nos arrebataran lo más valioso que existía en una relación, desde hace años. Creo que eso hizo más valioso el tiempo que permanecíamos juntos.

Aún si nos empujaban, rechazaban, o empapaban con agua, aprendí a no correr de ello; porque huir me habría alejado otra vez de Estocolmo. Yo estaba decidido a pagar cualquier precio por permanecer a su lado, aún si debía quedarme ciego o mudo. Le juré que era la última vez que lo haría dudar de ello.

Siempre y cuando sea él quien me quiera ahí.

Des bajó a unas calles antes de su casa pues dijo querer caminar. Le agradeció a Est por el viaje, y parado junto a mi ventana, se disculpó. No dijo porqué, cambió de tema con rapidez, enfocándose en Exin.

—Capaz mañana visite a su viejo, solo para confirmar que no se muera en las siguientes semanas —exhaló, abrazándose a sí mismo—. Me tiembla todo de solo pensarlo. Estoy ansioso.

—Haré lo posible para... —mi voz se cortó. Aún con los medicamentos, el frío del exterior me producía más dolor, provocándome un punzón en los oídos—. Nunca me doy por vencido con Exin.

—Lo sé. Te lo confío... —Giró en sus tenis y avanzó sobre la calle.

—Hipo —Est suspiró—. Sé que te encuentras afectado por la situación con Exin, pero preferiría que evites hablar. Tu mandíbula se debilita porque estás triste, y ya me está doliendo solo mirarte.

—Est, tengo que hablar con Insomnio.

—Shhh, Shh, precioso, precioso. Descansa, que mañana hablaremos con ese tipo.

• • •

JAMES SALVANDO EL DÍA COMO SIEMPRE.

Bueno, la mamá de Exin lo denunció. Qué. Mierda. ¿Comentarios?

DES INTERACTUÓ POR FIN CON EST E HIPO. Estaba como... viendo, atento, calladito. Ha sido un capítulo tranquilo después de los horribles que hemos tenido.

¿Cómo se encuentran? Ya quiero un giro de tono, y les advierto que se viene. No de forma negativa, se vienen cosas COQUETAS. Vamos a superar lo de Exin juntos, wuuu.

Ha sido una semana pesada laboralmente. En realidad, no debería haber actualizado, debería estar trabajando, pero no me resisto nunca cuando se trata de Línea Azul. Les amo mucho, y espero leernos pronto que esté más libre.

BESOS.

~MMIvens.

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