Equipo Drarma

Se podría decir que esta noche había sido una de las peores de mi vida. Y no por mí. Yo estaba muy feliz hasta que Ezra había abierto la bocaza.

El problema era Brooke.

Cuando llegué a su casa, estaba sola. Como ya había dicho, sus padres no solía parar por casa. Ella fingía que no le importaba, pero tanto Ezra como yo sabíamos lo mucho que la dolía.

Estaba en pijama, como yo, descalza y llorando.

Brooke no solía llorar de esa forma que incluía mocos y la cara roja. Era más bien un llanto silencioso, con los labios apretados, mil veces más doloroso de ver.

Estuvimos hablando durante horas y acabamos llegando a la conclusión de que no estaba triste. Simplemente estaba dolida porque no se esperaba que Ezra le hiciera algo así. No es como si estuvieran juntos, pero sentía que había jugado con sus sentimientos durante todo el verano.

Yo ya sabía que habían quedado mientras yo estaba de vacaciones. No era nada raro. Pero al parecer, durante mi ausencia, había surgido entre ellos algo más que una amistad.

Pero, como a la mitad de los adolescentes, los sentimientos podían resultar intimidantes.

—Es que sigo sin entender por qué lo ha hecho. ¿Estaba jugando conmigo? —preguntó, sorbiéndose los mocos de forma segura.

—No está jugando contigo. Es imbécil, a secas —respondí, intentando medio salvar el culo de mi mejor amigo.

Al fin y al cabo, sabía cómo era Ezra. Estaba asustado y había actuado sin pensar.

—Pues que sea imbécil con otra. Y que madure, ya de paso —soltó un suspiro antes de secarse las últimas lágrimas —. Yo ya me he cansado.

No era la primera vez que dormía con Brooke, pero sí la primera en la que ella se dormía entre mis brazos. Y no de forma romántica.

Cuando sonó el despertador, un par de horas después de acostarnos, lo apagamos y seguimos durmiendo.

Solo me desperté cuando el timbre sonó y no dejó de hacerlo durante dos minutos seguidos. Una y otra vez.

Al ver que Brooke seguía dormida como un tronco y no se levantaba, me vi obligado a salir de la cama. Aunque solo para gritarle a quién estuviera llamando que se fuera a molestar a otros.

Pero, al ver que se trataba de Karma, decidí cambiar de opinión.

Pongámonos en situación: una chica guapa (que, para ser exactos, llevaba unos vaqueros que la sentaban genial), llama a tu puerta o a la de tu mejor amiga, llevando el pelo recogido en una coleta alta y dos cafés en sus manos. Por otro lado estás tú, con un pantalón algo grande, una camiseta con publicidad de Coca Cola y unas ojeras bien grandes. Por no hablar de tu pelo. O las legañas. Mejor no hablemos de las legañas. 

Cuando vio mi cara de desconcierto, sonrió, provocando que sus ojos verdes brillaran con intensidad.

—Buenos días princesa —dijo con voz cantarina, apartándome para entrar a la casa.

—¿Qué haces tú aquí? —pregunté, intentando arreglarme mientras ella no miraba.

Fue dirección a la cocina y yo me dediqué a seguirla.

¿Cómo sabía por donde ir? ¿Había estado aquí antes?

Cuando llegó a la cocina, dejó los cafés sobre la mesa y se sentó en la encimera. En parte resultaba gracioso, porque solo así estaba a mi altura. Supuse que ella también se había dado cuenta de aquello, porque una sonrisa la traicionó mientras me escaneaba de arriba a abajo.

—Recibí un mensaje de Brooke, pidiendo ayuda femenina.

Mentiría si dijera que eso no me había dolido un poco.

—¿Sois amigas? 

—¿Amigas? —pareció reírse —. No. Todavía no. Aunque espero que eso cambie, pronto —volvió a sonreír, sin apartar ni in segundo la mirada de mí —. No te lo tomes a mal, pero a veces es más fácil contarle tús problemas a un desconocido. O a una chica. Y por el momento soy las dos cosas para vosotros.

—Esperemos que una de ellas cambie pronto —la imité.

—¿Hablas de un cambio de sexo? ¿Crees que la ropa de chico me quedará bien?

La imagen de Karma con ropa de chico, con la mía para ser exactos, pasó fugazmente​ por mi cabeza. Asentí riendo, porque sí, en mi imaginación la quedaba bien.

—Aunque para eso no hace falta cambiarte de sexo —comenté —. La ropa no tiene género, ya sabes.

—Tienes razón, no debería haber bromeado con ese tema.

Quise decirla que no me importaba, pero no me dio tiempo.

—Bueno, ¿y dónde está la chica del día?

—Durmiendo como una marmota. O así estaba la última vez que la he visto.

—Pues ya va siendo hora de que se despierte. Os habéis perdido todas las clases.

¿Qué?

¿Cuánto tiempo llevábamos durmiendo?

Y, lo más importante, ¿mis padres me matarían?

—¿Todas?

—Sí, todas —respondió.

—Genial.

A Karma pareció hacerle gracia mi situación. Hasta que su gesto se ensombreció.

—Ezra estaba solo en la cafetería, así que he comido con él —susurró —. Me ha contado que la ha cagado. Le he dado la razón.

Bajó de la encimera y, poco a poco, se acercó a mí. 

—Deberías hablar con él. Yo me quedo con Brooke.

Parecía tan segura que al instante me convenció.

—Me parece un buen plan.

—Formamos un buen equipo —dijo, guiñándome un ojo.

—Un muy buen equipo.

Estaba cogiendo mi chaqueta y mis zapatos, dispuesto a irme, cuando escuché a Karma gritar desde la planta de arriba.

—¡Yo que tú me llevaría un café!

 —¡Vale! ¡Gracias!

Agarré uno de los vasos de plástico, aun calientes.

—¡Ah, y tu hermano dice que te va a matar!

Mierda. Lo había olvidado.

Mierda. Mi hermano.

Mierda. Mis padres.

Mierda, mierda, mierda.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top