Extra #1.

"entre el amor y la mentira"

Volterra, Italia.
Castillo Vulturi.

Edward Cullen siempre supo la verdad.

El vampiro de más de 100 años siempre supo que Kaia era su compañera, su otra mitad y su persona especial. Kaia era dulce, amable y siempre sabía que decir en los peores momentos que Edward podía pasar. La castaña tenía ese gran poder en él, en su voz tan tranquila y llena de amor. Kaia era un ángel salvador para la infernal vida de Edward.

Pensó en que estarían años, incluso luego de la transformación de la castaña en vampiro, juntos. Se casarían y recorrerian todo el mundo, como era el sueño de la humana. Edward la llenaría de regalos, amor y compañía. Ese era el plan en un comienzo, hasta que otra castaña apareció en la vida del vampiro.

Edward, cegado por el deseo de sangre por Bella, se alejó de Kaia, dejándola rota y hecha pedazos. Los primeros momentos fue algo incomodo, tanto para él como para Bella, pero con el tiempo comenzaron a ignorar la incomodidad entre ellos y Kaia.

Cuanto se arrepiente de haber dejado a su compañera. Quizás, ahora mismo, no estaría en ese lugar, tan escalofriante y frío, con la esperanza de perder su larga vida, para dejar en el olvido a la humana que tanto quería.

-Me parece algo totalmente descabellado, querido Edward. -Dijo Aro, uno de los líderes del Clan Vulturi.-Matarte sería algo atroz. Tanto talento, desperdiciado. Nosotros podemos ayudarte, únete a nuestras filas y no te faltará nada.

El vampiro cobrizo, arrodillado en las escaleras frente a las tres sillas de los líderes, suspiró angustiado.

-Ya no quiero esta vida.-Dijo Edward. -He vivido lo suficiente para saber que no podré recuperar lo que he perdido.

Aro, curioso e intrigado por la remota decisión del vampiro, se levantó de su trono y caminó a paso cauteloso hacia el vampiro arrodillado.

-¿Qué es lo que has perdido, querido Edward?. -Preguntó Aro, extendiendo su mano hacia el vampiro, con una sonrisa ladina.

Edward se levantó de las escaleras, y sin ninguna otra opción, le dio su mano al vampiro, dejándole ver su gran pérdida. Aro vio, a través de su don, a una castaña de brillantes ojos heterocromaticos, con una sonrisa encantadora y mejillas rosadas, le sonreía al vampiro que ahora pedía ser asesinado. Aro soltó su mano, algo intrigado por aquella chica, y miró al vampiro con curiosidad.

-¿Por ella, hoy estás aquí?. -Preguntó Aro, al vampiro.

-Sí. -Respondió Edward, entre dientes.

-Oh, querido Edward, sin dudas tu pérdida es angustiante para mí. -Dijo Aro, con un tono de voz expectante. -Pero me temo que la decisión ya ha sido tomada. Te damos esa oportunidad, únete a nosotros.

Edward soltó una risa amargada y bufó.

-No es ha lo que he venido.-Recalcó Edward.

-Lo lamentamos, pero la decisión ya fue tomada.-Se unió Marcus, otro de los líderes, quien permanecía sentado en su trono.

Edward gruñó por la bajo y salió del lugar sin despedirse, haciéndole sonreir a Aro. El Cullen caminó por los pasillos del castillo Vulturi, pensando en las diferentes formas de quitarse la vida el mismo, sin la ayuda de esos vampiros. Una idea cruzó por su mente, si revelaba el secreto, a los Vulturis no les quedaría otra más que matarlo. Miró un reloj que había en la pared, en veinte minutos el sol estaría justo donde lo necesitaba. Sin más, caminó rápidamente por los demás pasillos hasta llegar a la puerta de entrada, donde una multitud con capas rojas festejaban el día de San Marcos, el día que los Vampiros habían sido dados por exterminados. Era el momento indicado, para su plan.

Abrió las puertas, dejándose iluminar por el brillante sol que hacia que su piel se iluminará como un granante diamante. Comenzó a desabotonar su camisa negra, dejando que los rayos de sol chocarán en su piel.

"Lo siento, Kaia."

Pensó, cuando sintió que un cuerpo chocó con el suyo, cubriéndolo cuando la campana del reloj sonó. Una melena castaña llegó a su vista, pero el aroma a cereza que tanto amaba no era el que sentía en ese momento. Fue arrastrado hasta la puerta del castillo, adentrandolo al edificio. Se soltó de aquella chica, viendo unos ojos marrónes.

-Edward... -Susurró Bella, con la respiración agitada.

-Bella...-Dijo el vampiro, decepcionado.-¿Qué haces aquí?.

Antes de que Bella pudiera responder, dos vampiros de la guardia de Aro hicieron aparición. Félix y Dimitri los miraron curiosos, pero Félix fue el primero en hablar.

-Aro quiere verte.-Dijo el vampiro de capa gris.

-Ya no necesito de sus servicios.-Dijo Edward, haciendo que Bella retroceda.

-Aro ha dicho que quiere verte.-Repitió Dimitri.

-Bien. Bella, ¿Por qué no vas a dar un paseo por el festival?. -Dijo Edward, mirando de reojo a la humana.

-La chica viene con nosotros. -Dijo Félix.

-Púdrete.-Dijo Edward al vampiro.

La puerta fue abierta de golpe, dejando ver a Alice cubierta de varias telas, estas le impedían a los rayos solares tocar su piel.

-Vamos, chicos.-Dijo Alice, cuando estuvo dentro del castillo, bajándose la tela que cubría su cabeza.-Es una fiesta, ¿quieren que todos lo vean?.

-Claro que no.-Dijo Dimitri, mirando a la vampiro.

-Suficiente.-Dijo otra voz, una femenina y aniñada, que rosonó en todo el pasillo.

-Jane...-Murmuró Edward, con algo de dolor en su voz.

-Aro los está esperando.-Dijo Jane, quien era una joven con apariencia de niña, rubia y de ojos escarlata brillantes.-Vámonos.

Sin más remedio, todos los vampiros siguieron a la joven. Bella iba entre Edward y Alice, quienes miraban con desconfianza a los tres Vulturis que iban delante de ellos. Caminaron un gran tramo hasta llegar finalmente al gran salón donde los tres reyes vampiros les esperaban.

-Hermanita.-Dijo un chico, de la misma apariencia de la rubia.-Te han enviado por uno, y has vuelto con dos... y medio. Buena chica.

-¡Edward!. -Exclamó Aro, sorprendido al ver al vampiro acompañado. -Veo que has cambiado de decisión, aunque ella no es la misma castaña por la que has venido.-Acusó, viendo de reojo a Bella.-Pero puedo notar desde aquí que su sangre es muy atrayente.... ¿Has cometido ese tipo de error?.

-La compañera abandonada por un error.-Dijo Caius, el tercer líder de los Vulturis.

Aro, en un rápido movimiento, quedó frente a Edward y tomó su mano sin previo aviso. hurgó en sus pensamientos, sabiendo que el comentario de Caius era una afirmación. Bella, confundida, miró a Edward.

-Aro puede leer los pensamientos por medio del tacto.-Le explicó Edward a la humana.-Y ahora sabe lo que he hecho. Así que sólo hazlo.-Le dijo al Vulturi, cuando este soltó su mano.

-Y tú eres un increíble lector de almas, querido Edward. -Dijo Aro, con una pequeña sonrisa.-Pero veo que no puedes leer la suya.-Señaló a Bella.-¿Será...?. -Dejó la pregunta en el aire.-¿Será posible que también sea inmune a nuestros dones?. ¿Te parece, pequeña Jane?. -Miró a la pequeña rubia, quien asintió con lentitud.

-¡Jane, no!.-Exclamó Edward, interponiendose entre la vista de la rubia y Bella.

Pronto, Edward, comenzó a retorcerse mientras caía de rodillas al suelo, era como si miles de agujas se clavaran en su cuerpo. Bella, desesperada, comenzó a jalarse el cabello y a gritar al ver al vampiro tan adolorido. Alice la sostenía del brazo.

-¡Basta!. -Gritó Bella.-¡Por favor!.

Aro le miró curioso y le hizo una seña a Jane, quien dejó de provocarle el dolor a Edward, dejándolo exhausto en el suelo. Aro sonrió y miró a Jane.

-Jane...-Le llamó, la rubia asintió. -Adelante, pequeña.

Bella conectó su mirada con la niña y sintió un revuelco en su estómago al ver los ojos escarlata.

-Esto puede dolerte un poco.-Advirtió Jane.

Nada. Bella no sintió nada, para la molestia y ego de la niña rubia, quien casi avanza hacia la humana para provocar el dolor físico que no podía hacerle mentalmente, pero fue retenida por su amo.

-Bueno, queridos amigos.-Dijo Aro.-Como no has aceptado, podemos encontrar un lugar mejor para ti.

-¿Y qué hay de la humana?. -Preguntó Caius.-Sabe demasiado.

-Matarla. Acabemos pronto, recibiremos nuestra cena en unos minutos. -Dijo Marcus, en tono aburrido.

Félix hizo ademán de lanzarse sobre Bella, pero Edward fue más rápido y lo lanzó al otro lado del salón. Alice comenzó a luchar ágilmente contra Dimitri, mientras Bella permanecía quieta en su lugar, viendo las manchas rápidas que se suponía que era Edward luchando contra el otro vampiro. La pelea duró unos cuantos minutos, hasta que finalmente Edward quedó de rodillas frente a Aro, siendo retenido por Félix. Lo iban a matar, mientras Alice fue agarrada del cuello por Dimitri.

-¡No, no, por favor!. -Gritó Bella, con sus ojos cristalinos. -¡No lo maten a él!... Matenme a mí, no a él.

Aro levantó un dedo hacia Félix, haciendo que este le soltara al vampiro. Caminó hasta Bella y la miró a los ojos, notando las muchas diferencias que había entre ella y la muchacha por la que Edward había ido.

-¿Darías la vida por uno... de nosotros?. -Preguntó Aro, sorprendido.-¿Aún cuando no eres la verdadera razón por la que vino?.

Bella asintió lentamente. Aro se acercó un poco mas hacia ella, con la intención de matarla el mismo, pero Alice, aún retenida, intervino.

-Bella será una de nosotros. -Dijo Alice, llamando la atención de Aro.-Lo he visto.

Aro se alejó de Bella y miró a Dimitri, quien soltó a la vampiro. El Vulturi le hizo una señal a Alice para que se acercara, esta lo hizo con cautela mientras se quitaba el guante. Finalmente, Alice le tendió su mano a Aro y este supo de la Visión de Bella siendo una Cullen por completo, pero luego la visión cambio y dejó ver a Aro, aún conmovido, a la muchacha de ojos únicos caminando por el bosque con un pequeño vientre abultado.

-Interesante. -Dijo Aro, ni bien se alejó de la vampiro.-Pude ver lo que tú has visto, mucho antes de que pasara.

Edward se levantó del suelo y caminó rápidamente hacia Bella, tomándole la mano. Alice se alejó de Aro y se quedó junto a su hermano, esperando a que el hombre dijera algo más.

-Pueden ir a casa.-Dijo Aro.-Pronto tendremos noticias de ustedes... Ahora, deben irse.

-Sean conscientes que deben cumplir con lo prometido. Los Vulturis no damos segundas oportunidades. -Recalcó Caius, desde su trono.

-Oh, y Edward..-Dijo Aro, antes de que el trío se fueran del salón. -Confundir a una Tua Cantante con tu compañera, deja mucho que decir de ti... Adiós, mis jóvenes amigos.

🦋

El regreso a Seattle en el avión fue en silencio, hasta incomodo. Bella le había regañado al vampiro por su locura, dejándole en claro lo tonto que había sido por dejar a su familia. Luego de varias horas, bajaron del avión y en el aeropuerto fueron recibidos por los demás integrantes de la familia Cullen. Alice corrió a Jasper y lo abrazó, mientras Esme se acercaba apresurada a Edward, a quien abrazó y regañó al mismo tiempo.

Después de una leve reunión, donde quedaron de acuerdo los vampiros en ir a su casa en Forks, Emmett y Rosalie llevaron a Edward y Bella a casa de la humana.

-¿Han sabido algo de Kaia?. -Preguntó Emmett, mirando por el retrovisor a Bella.

-Alice dijo que se la encontró en casa de Bella, pero no me ha dicho nada si han hablado.-Dijo Rosalie, angustiada. -Sólo espero que esté bien. No veo la hora de verla, la he extrañado.

Bella les oía, pero estaba tan cansada que no respondió a las preguntas de los vampiros. Edward la arrullaba mientras iba pensando en cómo estaría la joven de ojos únicos. Emmett y Rosalie lograron calmar a Charlie para que Edward llevará a Bella a su habitación. El vampiro la dejó allí, prometiéndole que en una hora volvería a estar con ella.

Edward se fue con sus hermanos a su antigua casa, pero al llegar, vieron al resto de la familia leyendo una carta en la cocina. Esme tenía lágrimas en sus ojos, aunque estas nunca caerían por sus mejillas. Jasper golpeaba todo lo que encontrara, mientras Alice miraba al suelo y Carlisle sostenía la carta con el rostro contraído.

-¿Qué pasa?. -Preguntó Emmett, caminando detrás de la rubia.

-Es de Kaia.-Dijo Carlisle, mirando la carta.

Rosalie, con rapidez, le arrebató la carta al hombre y la leyó. Si su corazón aún latiera,estoy segura de que se habría detenido en ese momento. Emmett, a su lado, le abrazó al oírla sollozar. Edward, con tanta intriga en su ser, le quitó la carta a la rubia y la leyó, sintiendo su alma romperse en miles de pedazos.

Kaia los había dejado.

Kaia ya no los consideraba familia.

Kaia se había ido.

Edward tiró la nota y corrió a su habitación, sintiendo el aroma viejo de la castaña. Recorrió el lugar con lentitud, esperando encontrar algo para él, pero lo único que encontró fue un anillo, ese anillo. Junto a él había una pequeña nota. Tomó el anillo y la nota.

"Edward,

¿Recuerdas que hace unos meses me prometiste algo?.
Prometiste jamás dejarme, sin importar qué.

Rompiste tu promesa. Lo has estado haciendo varias veces. Y me cansé de esperar a que eso cambie.

Me he ido, y esta vez, para siempre.

He encontrado algo en el lugar donde estoy.
Encontré a personas que me cuidan, me quieren y que harán olvidarlos. Así cómo querías.

Te dejo el anillo, porque al igual que , romperé mi promesa. Espero que tu madre no se moleste, al menos ella así lo habría querido.

Espero que se lo des a alguien a quien realmente ames.

Kaia.".

Los recuerdos cayeron sobre los ojos dorados del inmortal, sintiendo sus rodillas temblar y caer al suelo con el anillo en su mano y la nota en la otra.

FLASHBACK.

-Kaia, has hecho trampa.-Acusó el vampiro.

-No es cierto.-Negó la castaña, cruzándose de brazos.-Te gané limpiamente. Maté a tu rey.

-¿Sabes que puedo leer tu mente y saber si mientes, verdad?. -Recordó el vampiro, con una sonrisa arrogante.

-, pero que no romperas la promesa de no entrar a mi cabeza.-Aseguró Kaia, levantando sus cejas con arrogancia.

El vampiro rió y la tomó por los brazos, haciendo que la chica, que anteriormente estaba sentada en el sofá, quedara sentada en su regazo. Acarició con lentitud el cabello de la chica y dejó un casto beso en la mejilla de la joven.

-Jamás rompo mis promesas.-Dijo Edward, mirándola a los ojos.

-Yo tampoco.-Dijo Kaia, con una sonrisa ladina y sus mejillas rosadas.

-Espero que jamás rompas esta.-Dijo Edward, tomando su mano izquierda, dejando ver el reluciente anillo que había en su dedo anular.-Es nuestra promesa.

Nos amaremos hasta que nuestra alma decida irse del mundo. Y aún así, nos seguiremos amando. En esta vida, o en la otra.». -Recitó Kaia, mirando el anillo.-Hasta nuestro último aliento. Siempre te amaré, Edward.

-Y yo a ti, Kaia.-Dijo el vampiro, llevando sus manos al rostro de la chica, acercándola. -Hasta mi último aliento. Lo prometo.

FIN DEL FLASHBACK.

Edward fue el primero en romper la promesa, pero Kaia fue quien culminó con ella al dejar ese anillo allí. El vampiro se odiaba a si mismo por haberla dejado, pero por un simple error, una confusión, había perdido lo más valioso que había tenido en todos sus años de vida.

A ella.

A Kaia.




























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BUENO.

HOLA (SALUDEN MALEDUCADOS)

Aca pueden ver algo de Edward y como se sintió.
Lo detestamos, pero lo queremos.

¿Qué opinan de este Extra?.

¿Les gustaría que hayan más extras?.

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