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La sombra de los edificios se proyectaba sobre las calles y se tragaba a las almas solitarias que acudían allí. Ruidos escalofriantes le hacían sentirse insegura. ¿En qué momento había decidido ir a aquel lugar? Tendría que haberse quedado en casa, tapándose con una almohada para no escuchar los gritos tras la puerta de su habitación, como había hecho siempre. Paró en seco, decidiendo si volver por las siniestras calles o seguir adelante hacia su destino. Ninguna de las dos opciones la convencía. Tenía miedo. Gente extraña pasaba a su alrededor, desde chicas con poca ropa hasta hombres cubiertos con capuchas, que le silbaban desde una esquina. Lo único que podía hacer era acelerar el paso cada vez que sentía a alguien acercándose. Pero tampoco quería volver. Miró hacia atrás y distinguió unos edificios casi derruidos a lo lejos. Su casa, donde había pasado años tan horribles que, al recordarlos, le temblaban las manos. Había tomado una decisión, y esta cambiaría para siempre su vida. Respiró profundamente y se abrazó a sí misma, repitiéndose que no se arrepentiría. Volvió a caminar, con una satisfactoria sonrisa en los labios, mientras las sombras confundían su pelo con la noche más escura. Ella había desaparecido, para siempre.
Dos años más tarde
Jane miraba las manchas del techo de su habitación mientras recordaba la noche en la que llegó a X. Había pasado mucho tiempo, pero nunca se arrepintió de aquella decisión de una adolescente rebelde que escapó de casa. Tras esa noche, su vida dio un giro de ciento ochenta grados. Nadie la había buscado, así que fue más fácil. Empezó de cero, se hizo su sitio en aquel grupo y consiguió ser feliz.
Había conocido a decenas de personas alucinantes, y entre ellas estaba él, Demon Lee. Cuando vio a Jane, sonrío pensando que sería la presa fácil de aquella semana. Aún lo recordaba cuando fingía ser el malo del grupo, siendo un completo imbécil. Sabía cómo eran los de su especie: chicos que te hacían soñar durante unas horas para luego machacarte el corazón. Era su manera de divertirse, buscar niñas buenas que pensaban que conseguirían ablandarles el corazón del que carecían. Ingenuas. Pero Jane no se lo puso fácil. Demon se lo tomó como un reto y al final ambos acabaron perdidos el uno por el otro.
Jane rozó con sus labios la mandíbula de su chico, que dormía junto a ella en un viejo colchón usado. Parecía tan vulnerable cuando dormía, nada que ver cuando estaba despierto. Seguía siendo cruel con todos los miembros de X. Todos le temían y adoraban a la vez, incluso ella, aunque no quisiera admitirlo. Susurró su nombre y se colocó a horcajadas sobre él.
-Arriba, dormilón. Hay que despertarse.
-Anda, -dijo con voz ronca- vamos a dormir un poco más.
-De eso nada. -comenzó a dibujarle círculos bajo su camiseta- Esto te pasa por dormir tan poco.
-Tú también tienes parte de culpa -sonrió aún con los ojos cerrados-
- Cállate, Dee.
Jane intentó levantarse, pero Damon fue más rápido y la atrapó entre sus brazos.
-Buenos días, señora Lee.
Jane lo besó en los labios y sonrío.
-Buenos días, señor Lee.
{N/a: Vale, sé que dije que publicaría una historia por semana, pero no he podido resistirme. Bell no ha tenido mucho "éxito", parece que no os ha gustado demasiado, por eso traigo el principio de Jane, esperando que os guste más. Como habéis podido ver, cuenta su historia desde el principio, mucho antes que aparezca en Fugitiva. Ella me cae bastante mal, pero intentaré que no sufra mucho en esta historia (mentira, va a sufrir y de verdad). En fin, decidme que os está pareciendo, cómo pensáis que seguirá.
Un beso
-R.}
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