21.

SENTIRSE VIVA


—Te prometo que te lo compensaré. Lo haré. Pídeme lo que sea —murmuró Shepherd mientras se encaminaba nuevamente a los casilleros. A su lado, Daisy lo escuchó con una paciencia infinita, torció una débil sonrisa y suspiró—. Colton también lo hará. Verás que sí.

Shepherd buscó a su mejor amigo a través del pasillo. No había rastros de él.

—¿Colton?

—Sí. Estaba justo aquí hace cinco minutos.

Daisy revisó el reloj de su móvil.

—Estuvimos hablando más de veinte minutos, Shep.

—Oh. Se fue sin mí. Desgraciado —masculló herido. Una exagerada grieta nació en su corazón. Habían pactado que durante esa tarde se pondrían manos a la obra en el trabajo práctico que el entrenador Kampbell les había ordenado. Sin embargo, Colton se marchó antes de tiempo dejándolo con la incertidumbre. Y, como si fuera poco, haciéndolo quedar en ridículo con Daisy.

—Em, si a esto le llamas responsabilidad y compromiso...

—No. Te juro que Colton es el estudiante más responsable que conocerás en toda tu vida —aseguró convencido—. Algo habrá pasado.

—Becca. Eso pasó —Daisy deslizó una sonrisa. Los dos se habían marchado al mismo tiempo. Era una posibilidad que estuvieran juntos—. Creo que te están robando a tu mejor amigo —bromeó. Shep le dirigió una mirada que gritaba traición. Le había dado justo donde más le dolía.

—Podríamos hacer lo mismo —sugirió.

—¿De qué hablas?

—Ir a algún sitio juntos. Mis padres no están en casa hasta la noche.

Daisy arrugó la nariz, negó con la cabeza y le proporcionó un golpe ligero en el brazo.

—Deja de soñar. No iré contigo a ninguna parte. Jamás.

—Nunca digas nunca —dijo regodeándose en el humor—. ¿Ni siquiera a dar un paseo al parque?

—No. Nada —respondió severamente—. Llámame cuando realmente estén dispuestos a trabajar. De lo contrario, no me hagas perder mi valioso tiempo.


🤍🏀🤍


—Así que... ¿haces esto seguido? —preguntó Becca curiosa. Desde que se había montado en el vehículo no había dejado de interesarse por todo lo que aparecía a su alrededor. Incluido Colton, que conducía a su lado—. Conducir sin destino —agregó.

Minutos atrás, él le había explicado que no tenía un plan fijo. Podían ir adonde quisieran. «¿A dónde quieres ir, Beck?» indagó. Ella se asombró, emocionada porque finalmente alguien pedía su opinión para algo. Aunque no supo qué responder. Apenas conocía la ciudad, no sabía mucho de lugares o sitios a donde ir a pasar el rato. Así que dijo «tengo predilección por los lugares tranquilos, la naturaleza». De inmediato, Colton tomó una carretera que los alejaba de la ciudad y se dirigió a la zona campestre.

—No. Me gustaría hacerlo más seguido pero no puedo.

—¿Por qué no puedes?

—Tengo entrenamiento obligatorio todos los días. No tengo mucho tiempo libre, en realidad.

—Y... ¿hoy? No estás entrenando.

—Estoy suspendido durante unos días —comentó—. El entrenador se molestó conmigo, Shep y Julian. Y nos castigó.

—¿Los castigó? —preguntó un tanto asustada. Esa palabra arrastraba un significado espeluznante en su mundo. Siempre había sido sinónimo de violencia emocional y física.

—Sí, pero no está tan mal —respondió en un tono tranquilizador—. Solo tenemos que presentar un trabajo práctico y organizar el partido anual de caridad. Eso es todo. De hecho, si no me hubieran castigado, no podría estar aquí, contigo.

Becca respiró aliviada tras oír que el entrenador no le infligió ningún tipo de daño. Paseó la mirada a través del muchacho y sonrió tímida.

—Me gusta estar aquí contigo, Cole.

Le gustaba muchísimo estar ahí.

—A mí también me gusta estar contigo, Beck.

Era la primera vez que Colton Bradford no acudía a un entrenamiento de baloncesto. Por supuesto, no era por voluntad propia pero, de todas maneras, había elegido saltarse el resto de su rutina diaria. Dejó de lado la sesión de práctica extra y los ejercicios de fuerza que realizaba en el gimnasio que tenía en casa. En ocasiones, había una sensación de vacío que lo abrumaba. No estaba seguro a qué se debía esa gran incertidumbre hacia la existencia. Tampoco podía explicar a qué se debía el resentimiento que experimentaba cuando veía al resto de sus compañeros disfrutar de la vida como si estuvieran libres de preocupaciones. En las madrugadas, desvelado, se preguntaba: ¿cómo lo hacían? Él siempre estaba repleto de tensión; algo que aprendió a disimular frente a sus padres. Frente al mundo. No podía deshacerse de toda esa presión que él mismo se imponía. La exigencia de llegar lejos. Impresionar. No decepcionar. Sin embargo, esa tarde, decidió que podía hacer una excepción.

Becca.

Ella era la excepción. La persona que corrompió su rutina aunque ni siquiera lo sabía. Tras verla sonreír como lo hizo en el momento que él realizó la invitación, supo que había tomado la decisión correcta.

Era la primera vez, después de mucho tiempo, que había una sonrisa genuina en el rostro de Becca Larsen. La alegría fluyó a través de sus poros, encendió su mirada y apaciguó los pensamientos intrusivos que la atacaban a diario. Había algo relajante en compañía de Colton; las cosas que decía, las formas en las que se movía, todo era un combo que le proporcionaba una inexplicable sensación de calma. Como si estuviera a salvo todo el tiempo. Lo observó de reojo mientras él estiraba la mano para encender el estéreo, presionó un botón y seleccionó una canción que comenzó a tararear en voz baja. Becca trató de esforzarse para apartar la mirada, pero no tuvo mucho éxito. ¿Acaso era malo desear quedarse eternamente contemplando a Colton? Tragó saliva, no podía comprender por qué de pronto el interior de su pecho estaba llenándose de nuevas sensaciones. Buscó otra cosa que mirar. Otros puntos. Algo en lo que distraerse.

—¿Y eso para qué es? —curioseó sobre una marca que había en el techo del vehículo.

—Es una abertura en el techo —explicó—. Si toco este botón se abre.

Ella lo miró asombrada.

—¿De verdad?

—Sí. Mira —Colton presionó y, de inmediato, parte del techo se deslizó y quedó un hueco cuadrado—. Puedes ponerte de pie y asomarte —indicó con entusiasmo.

—¿No es peligroso? Tendría que sacarme el cinturón de seguridad... No... No estoy segura de si debería hacerlo.

—La carretera está despejada. Y soy un buen conductor —sonrió ligeramente—. Inténtalo. Confía en mí. Te gustará.

Dudosa, Becca observó la correa de seguridad que cruzaba sobre su cuerpo. Luego, llevó la vista hacia la porción de cielo que se veía a través del hueco. Confiaba en Colton. Por supuesto que lo hacía. La propuesta se veía demasiado tentadora... Nunca había roto las reglas. Ni una sola. Nunca había hecho ninguna clase de locuras. Siempre había estado presionada por su entorno para convertirse en una mujer educada, servicial y dispuesta a sacrificarlo todo en el nombre de Dios. «Ya no soy esa chica», pensó. Allí no había nada que le impidiera hacer realidad lo que anhelaba hacer. Incluso si se trataba de sus deseos más pequeños e insignificantes.

—¿Lo harás?

—Está bien —aceptó sin más vueltas. Entonces, se quitó la correa de seguridad.

—¿Ves eso? Puedes poner los pies ahí —explicó señalando un espacio entre ambos asientos—. Todo saldrá bien, Becca. No tengas miedo.

Tras inhalar una bocanada de aire —y valentía— Becca se puso de pie. Cauta, se asomó poco a poco a través de la ranura hasta que se dio cuenta de que nada malo sucedería. Aún tenía los ojos cerrados cuando la mitad de su torso estaba fuera. Apoyó las manos en las orillas de la abertura, se aferró y volvió a respirar profundo. El viento desarmó su cabello. Abrió los ojos y, por primera vez, lo vio todo. La carretera lucía infinita. A su alrededor, cientos de campos verdes repletos de flores silvestres de todos los colores y sobre ella, el cielo más azul que había visto en mucho tiempo. El sol también brilló sobre su cara.

La libertad estaba frente a ella.

Colton, capaz de notar la felicidad que de pronto se había despertado en ella, le dio un ligero apretón en el tobillo que desprendió una extensa corriente eléctrica. Sensación que acabó por hacerla sentir viva. Sonrió. Sonrió de un modo despampanante. Ambos compartieron la alegría y se sintió en el aire, aunque no podían verse el uno al otro.

Entendió que había otra vida más allá de Sion Creek. Y estaba comenzando a descubrir que valía la pena vivirla.


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