Capítulo 6.
Esos gemidos débiles y dolorosos fueron suficientes para decirle a Nick que estaba en problemas. Antes de que fuera muy tarde, saltó de la cama preguntándole a la coneja mal herida en donde estaba. Rápidamente, bajó las escaleras, salió del gran edificio y corrió con todas sus fuerzas hasta la cueva en la que se encontraba su amada. Hacia esa cueva, resbalándose por un camino de tierra que daba directo a la entrada. El frio era intenso y no tenía camisa pero eso no le importaba, ¿Dónde estaba ella?
A cada respiración agitada salía un humo de frio. "¿Dónde está? ¿Dónde estás, Judy?" Vió dentro de la cueva y encontró los pequeños rastros de sangre que habían dejado las heridas. Pero no se dirigían a ningún lugar. ¿A dónde habrá ido? Y entonces, un quejido suave llamó su atención fuera de la cueva. Salió de esta para dirigirse a los arbustos de donde provenía el quejido. Los separó con fuerza y ahí estaba ella.
No podía describir lo que sintió al verla ahí. Una gran mancha roja intensa estaba en un costado de su camisa y la cabeza tenía varios manchones de sangre también. No pensó que fuera ella pero un pequeño giro de la cabeza de la coneja lo confirmó.
―... Nick... ―soltó en susurró.
Inmediatamente la sacó de los arbustos y la puso en sus brazos, al igual que un bebé. Su pelaje estaba frio al igual que su piel y los parpados no se abrían.
― ¡Judy! ―exclamó asustado―. ¿Estás conmigo? ―la acariciaba suavemente, tratando de mantenerla despierta.
―... Nic... Nick... ―decía dolorosamente.
―Sshh... Quédate aun. Te tengo. ―la abrazó con fuerza y se levantó del lugar.
El miedo lo corroía, lo corroía como lava destrozando todo a su paso ¿Que había sucedido? ¿Por qué estaba así?
***
"Siento lo que siento..."
"Estoy enamorado de ti..."
"Mi corazón... No lo quiero de vuelta..."
"Es tuyo..."
Escuchó un "Wilde" que lo llamaba a lo lejos. No hacía caso. Estos y más recuerdos le llegaban como flashes a la mente. Todo lo que habían pasado, lo que habían sentido, no podía terminar así.
― ¡Nicholas Wilde! ―gritó una potente voz a su lado.
Nick solo alzó su cabeza indiferentemente para ver al serio búfalo que lo miraba con la misma expresión.
―... Jefe... ―dijo Nick. Bogo se agachó a la altura del zorro cubierto por una manta para quitarle el frio.
―Ellos me dijeron que has estado aquí por un buen tiempo. ―le dijo Bogo preocupado―. Créeme, encontraremos a los culpables de esto. ―declaró con seguridad.
―Zorros. ―soltó Nick sin mirarlo―. Ellos eran zorros.
― ¡Anímate de nuevo, Wilde! ―lo golpeó suavemente en el brazo, Nick no se inmuto―. Hopps es una guerrera. Quedándote aquí, como en un agujero en la pared, no hará que las cosas pasen más rápido.... Además... deberías bañarte. Te ves como un desastre.
El búfalo se levantó para poder dejarlo ir. Pero las cosas estaban aún mal como para que fuera una luz al final del túnel. No parecía haber esperanza, aun.
―Busca a Garraza. ―le dijo con una pezuña en el hombro―. Él te dará rompa limpia. Y no te preocupes por Hopps, ella estará bien.
Y el zorro se fue. Bogo lo vió caminar lentamente, arrastrando la manta por el suelo, con cara preocupada y compasiva. "Debe estarlo" fue lo último que musitó al verlo irse del pasillo en el que se encontraban.
Después de haber encontrado a Garraza y que este le diera un pantalón nuevo y una camisa negra que combinase con este, entró a un baño para machos del hospital. Al ser un lavabo grande, tuvo que empujar una de las sillas de adentro para poder verse al espejo y controlar los grifos. Cerró la puerta tras él y se subió a la silla. Se quitó la manta y vió lo que no pensaría ver jamás en él.
Manchones de sangre de su amada coneja en su pelaje, aunque sin ser culpable, se sentía así. Con miedo y rapidez, abrió uno de los grifos y mojo la manta con el agua que se escurría en lavabo. Se pasó la manta varias veces por su pelaje, tratando de quitar las manchas, era difícil, era casi imposible pero no para él. Tenía que sacarse la sangre a como dé lugar, no podían verlo así, creerían que él era el culpable del crimen.
Lanzó la manta contra el espejo y se deslizo rápidamente hasta caer sobre el lavabo. Golpeó con fuerza el filo del lavamanos y respiró. Respiró y respiró hasta que no pudo más y lo dejó salir. Dejó salir todas las lágrimas, el dolor y la culpabilidad que sentía en ese momento. "¿Cómo fui tan estúpido?" se reprochó en la mente. Aún quedaban unas cuantas manchas descoloridas de sangre pero se camuflaban muy bien con su pelaje rojizo y anaranjado. La tristeza aun lo atacaba, y siguió llorando hasta que no pudo más.
***
Una hora más tarde, ya se encontraba el ambiente más "tranquilo" de lo que estaba antes. Aunque los lloriqueos de Garraza eran casi consolados por sus compañeros Rhinowitz y Peales, Nick ya estaba tranquilo, indiferente pero tranquilo. No tenía más ganas de llorar. A lo lejos vió a la familia de Judy entrar como una manada de lobos unida y con ganas de proteger a su integrante. "Es normal. Es su familia, tienen derecho." Pero una escena se armó justamente después de que los conejos entraran. Jill se encontraba con Stu, su padre, consolándolo. Los dos estaban con los ojos rojos y llorosos por el accidente que había sucedido. Jill miró en reproché por unos momentos a Nick desde lejos.
Eso le partió el corazón al zorro. "¿Cómo pude causar tanto daño?"
Una pata gris se acercó a él, extendiéndole un vaso de plástico con café. Era Max, quien estaba igual de preocupado que Nick, aunque por ahora no podían hacer nada por ella más que esperar a que su familia termine de hablar.
― ¡Café! ―exclamó tranquilo―. Como todo lo que tienen. Pensé que necesitarías algo. ―Nick lo vió confundido. "¿No es ese el conejo amigo de Judy?" Max alzó la pata izquierda con una sonrisa nerviosa―. Y-y vengo en paz.
Le extendió más el vaso, a la espera de que lo aceptara, cosa que hizo con amabilidad. Y con la otra pata libre, estrechó con la del conejo gris oscuro.
―Wilde, Nick Wilde. ―se presentó.
―Siento conocerte bajo estas circunstancias. ―se disculpó Max. ― ¿Te importa si...? ―señaló el lugar vacío en la banca.
―Como sea. ―dijo indiferente el zorro.
Max se sentó a su lado y quedaron en un pequeño silencio que el conejo gris quitó para dar paso a una nueva conversación.
―Debía tener una especie de perfil bajo. ―explicó Max―. ¿Alguna noticia sobre ella?
―Ellos dicen que ella está bien... ―explicó el zorro―. Los tratamientos fueron muy rápidos. Ella tiene una contusión grave en la cabeza pero... err... Pudo haber sido peor.
―Gracias a Dios... ―dijo Max en un suspiro―. Esto apesta. Pensar eso y... Para Judy.
―Mmm. ―gruñó Nick en respuesta.
― ¿No hay posibilidad de que podamos verla en algún momento pronto?
―No, ni si quiera dejaron pasar a la mitad de la familia Hopps para verla esta noche.
―Sí, es mucho al parecer.
―Max Midnight. ―soltó de repente el zorro―. Suena como un nombre de teatro. ¿Eres stripper o algo parecido?
―Algo así. ―respondió el hibrido con una sonrisa, y se rieron juntos por aquella broma.
Un carraspeo llamó la atención de los dos mamíferos. Era Bonnie, la madre de Judy, que aún tenía una mirada preocupada en su rostro aunque supiera que su hija ya no estaba en peligro. Miró a los dos, al conejo y al zorro, seria y fijamente.
― ¡Señora H.! ―exclamó Max.
― ¡Señora Hopps! ―exclamó Nick.
Los dos miraban fijamente a la coneja como ella a ellos.
―Nicholas... Maxton. ―saludó―. Judy me preguntó si podía llevarte a su cuarto. ―dijo a Nick.
Sorprendido, Nick agradeció aquella noticia por parte de la vieja coneja. Pero miró a Max, él también necesitaba ver a Judy. Max también lo miraba pero con una sonrisa que le decía "Ve tú, a ti te quiere ver."
― ¡Oh, no! ―se disculpó Max―. Necesitas ir solo. La veré después.
― ¿Qué te parece a las doce en punto? ―acordó Nick.
―Está bien. ―aceptó.
Nick miró a la madre de Judy. "Bien, entonces, solo iré..." Ella empezó a retirarse cuando dijo de espaldas a Nick: "Gracias por salvar a mi hija." Nick se sintió muy raro por ello. Era una mezcla de sensaciones. Alegría pero tristeza, agradecimiento pero culpabilidad. Se sentía que no merecía aquel sincero agradecimiento de Bonnie. Pero la mirada que ella le regaló al zorro fue suficiente para conversarlo de ello. Una sonrisa débil pero amable y sincera.
―Yo... eh... Señora Hopps... Yo... ―balbuceó Nick mirando a la madre con una sonrisa.
―... No tienes que decir nada ―comentó ella tranquila―. Solo ve con ella.
Se despidió de ella y se preparó para ir a donde su amada pero al parecer el mundo no quería que se viera con su coneja de ojos violeta. Otra coneja, la hermana de Judy, Jill, estaba en el camino. Ella se veía seria e indiferente pero se sentía claramente sus sentimientos de odio e ira contra el zorro.
―Tal vez ella ahora tenga una visión diferente de los zorros. ―le dijo la coneja indiferentemente. Nick solo la miró.
― ¡Jill Hopps! ―regañó la madre―. ¿Dónde están tus modales? ―los dos animales se pasaron de largo, sin dirigirse palabra alguna. Nick, hacia la habitación de Judy y Jill, hacia su madre.
Bonnie le colocó una pata en el hombro a forma de consolación.
― ¿Por qué no compras un vaso de café? ―le sugirió Bonnie a Jill tranquila―. Luego, podrías ayudarme a poner tus iniciales en el tractor. ―una buena forma de llamar la atención de Jill pero no lo logró, solo se quedó viendo con algo de enojo al zorro mientras se alejaba.
Hizo lo que le dijo la madre. Fue hasta la máquina de cafés para poder tomar uno y relajar sus nervios de esta noche. Realmente estaba muy cansada por todo lo que había sucedido. Pero alguien la había seguido por detrás. Justo cuando estaba a punto de tomar uno de los vasos, unas patas fuertes la agarraron de los brazos y la jalaron hacia atrás. Luego, una voz varonil. La misma voz que había escuchado antes en la fiesta.
―Es bastante obvio lo que estas tratando de hacer, Jill. ―le susurró con enojo Max, en la oreja.
― ¡Déjame, Max! ―exigió la coneja tratando de zafarse pero solo logró quitarse una de las patas.
―Trata de volver a entrar en tu loca cabeza... ―le dijo Max con una fría mirada―. ¡Esto no es como dos años atrás! No trates de poner la misma mierda contra Nick y Judy. ―ahora la miraba con tristeza y preocupación―. Ella es tu hermana, Jill... Perdona si me veo rudo pero... ¿Por qué no puedes dejar a aquellos que están en amor, estar en amor? ―eso hubiera podido ser un buen momento para arrepentirse por todo lo que ella había dicho pero prefirió dañar aún más las cosas.
Pegó un fuerte gritó que alarmó a todos los animales cercanos, incluyendo a una oficial tigre que se encontraba por el pasillo. "¡Ayuda por favor! ¡Oficial!" gritó con más fuerza. Max la miró confundido. ¿Enserio había hecho eso? Ahora ella se había callado y estaba esperando a que alguien acudiese a su "ayuda". Cosa que sucedió segundos después.
―Preguntaste por ello... ―le susurró Jill recostada contra el filo de la máquina de cafés.
― ¿Está este caballemamifero molestándola, señorita? ―dijo una tigre oficial de potente voz poniendo sus patas sobre Max de manera amenazante pero sin llevárselo todavía.
― ¡Sí, sí! ―actuó Jill asustada―. ¡Este Hibrido está molestándome! Es más, creo que le está acosando. ― "¿Por qué hace eso?" se preguntaba Max.
―... Jill... ―susurró Max indignado.
―Vaya, vaya. ―exclamó la tigre con una sonrisa―. Creo que podemos resolver esto de una manera civilizada. ¿No es así?
―De hecho, ―comenzó Jill―. Él estaba en la fiesta de mi familia, anoche. Y lo vi hablando con unos raros zorros... ―esto ya estaba saliendo de control. Jill estaba acusando a Max de ser el que ordenó el ataque a Judy. Max la miró más asustado y confundido―. ¿Tal vez él fue el que mandó a esos idiotas a atacar a mi hermana? ―dijo aún más enojada―. ¿Quieres que se vea tan bonita como tú? ―dijo refiriéndose a la cicatriz en medio de su ojo.
―Señorita. ―dijo la tigre―. Eso es una seria acusación. ―ahora había agarrado a Max con fuerza para llevárselo―. Tal vez usted pueda...
― ¡Jódete Jill! ―exclamó Max furioso. Lo había acusado de atacar a Judy y se lo llevarían como sospechosos de algo que no había hecho. Jill se "asustó" más, como si la hubieran raptado y violado.
― ¿No dijimos de "manera civilizada"? ―exclamó la tigre con severidad, empujando a Max para llevárselo―. ¡Dios, ven conmigo Loquito! ―dijo finalmente, y se lo llevó.
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