Capítulo 1.

Era el comienzo de una nueva mañana en la ciudad mamífera de Zootopia. Lo que significaba el despertar de cada uno de los animales de la gran metrópoli, o al menos, los que aún estaban dormidos a las seis de la mañana. Cada uno de ellos, yendo a sus respectivos trabajos. Todos, grandes y pequeños, cachorros y adultos. Todos con un deber importante que hacer y un lugar a donde ir.

Excepto para un animal en particular.

Aunque la mañana había sido un buen inicio para todos los animales de Zootopia, una pequeña coneja de las Madrigueras que ahora vivía en el centro de la ciudad, seguía dormitando en sus placenteros sueños que la hacían recuperarse de una noche de fiesta que había pasado con su mejor amigo zorro. Al ser el cumpleaños del vulpino, este le demostró que sí sabía cómo divertirse, dejándola completamente agotada por la noche, y con una resaca que le haría destrozar la cabeza.

Un incesante y repentino golpeteo en la puerta de su apartamento hizo que la coneja de ojos morados despertara lentamente de su sueño reparador que ni si quiera le había hecho recuperar la mitad de las fuerzas. Con pasos pesados y llenos de enojo, se acercó hasta la puerta de su apartamento y la abrió de golpe encontrándose con el zorro de ojos verde esmeralda que tenía un vaso de café en su pata derecha.

― ¡Zanahorias! ―exclamó el vulpino feliz.

― ¡Qué! ¡Qué! ¡Qué! ―estos y unos cuantos más "Qué" gritó la coneja, con enojo frente al zorro que la había levantado.

Este enfado de la pequeña no había molestado en absoluto al zorro, por lo que con una sonrisa de oreja a oreja y pasando de los gritos de Judy, Nick alzó su muñeca izquierda enseñando el regalo que la coneja le había dado la noche anterior. Una pulsera de la amistad.

― ¡Boom! ―exclamó mostrándole en la cara su muñeca―. Gracias por este hermoso regalo de cumpleaños ―dijo―, me temo que tuviste demasiada diversión anoche y has dormido mucho hoy.

La coneja se mostró enternecida por la apreciación que estaba teniendo el zorro con su regalo de cumpleaños. Con el mismo enternecimiento, le dijo a Nick tomándole de la muñeca:

― ¡Oh Nick! ―exclamó agachando las orejas―. Se suponía que te vería en la estación de trenes...

El zorro le acercó el vaso de café que tenía, con la misma sonrisa amable de antes diciéndole "Aquí tienes, Zanahorias" y ella lo aceptó. Ya con más calma, Judy permitió que el zorro pudiera pasar al departamento, a esperar de algún modo que la coneja se preparara para salir al lugar mencionado por ella.

―Estaré lista rápidamente. ―le avisó Judy al zorro.

― ¿Cuál es la prisa? ―le había preguntado Nick con su sonrisa pícara que lo caracterizaba y, con toda la intención descarada del vulpino, miró a la esponjonada cola de la coneja con una sonrisa aún más picara.

― ¿Mmm...? ―murmuró en pregunta Judy, pensando que el zorro había dicho algo.

―Nada. ―contestó él finalmente.

Nick ahora se encontraba observando, o más bien, examinando cuidadosamente el departamento de su pequeña compañera. Realmente era un pequeño lugar en persona, muy diferente a lo que Judy le contaba cuando ambos se encontraban de servicio en la comisaria. Según ella, el Pangominio era un excelente lugar para quedarse pero la primera impresión que había tenido el zorro el día que conoció por primera vez el lugar había sido una de desagrado.

Pero un pensamiento pasó por la mente del zorro, y era que la coneja tenía su departamento mejor decorado que la última. Fotos, peluches, entre otras cosas que al parecer hubo de añadir en su tiempo libre.

―No puedo esperar para estar en el Baile Anual de los Hopps. ―dijo el zorro, observando un portarretrato del escritorio de Judy. Pero pronto, una expresión de sorpresa se posó en su rostro, repitiendo una vez más la oración en su mente.

Treinta minutos después, ambos ya se encontraban de camino a las Madrigueras, en el tren que los llevaba directamente al lugar más tranquilo de Zootopia. Con sus campos verdes, sus montañas esplendorosas y las casas de gran altura que eran más conocidas como las famosas Madrigueras. Dentro de la diversidad de la zona campesina, mayormente habitaban conejos, liebres, cerdos entre otras especies más que se dedicaban a la agricultura ya que las Madrigueras son mayor mente del comercio y el trabajo en el campo.

Mientras tanto, ambos oficiales seguían conversando sobre la frase que Nick había dicho en el departamento de Judy.

― ¿El Baile Anual de los Hopps? Tengo algunas raras imágenes mentales, Zanahorias. ―le comentó el zorro incómodo.

― ¡Te va a encantar! ―le replicó Judy contenta―. Les dije a mis amigos que tu me ayudarías a mi y a mis hermanos a prepararlo. ¡Sorpresa! Otro regalo de mí para ti. ―ambos, o al menos Judy, se encontraba viendo hacia afuera del tren, en la gran ventana del frente del tren, cuando ella volvió a hablar―. Le pregunté a mi hermana Jill si te podía encontrar un sombrero.

―See... ¿Uh? ―Nick no se encontraba viendo el paisaje fuera del tren al igual que Judy. Pero tampoco estaba tan distraído. Él se encontraba viendo su teléfono, revisando algunas fotos de su galería, cuando encontró algo que le hizo dar gracia.

Primero comenzó a reírse suavemente para no llamar la atención de la coneja pero fue inevitable que ella lo mirara.

― ¿Qué es tan gracioso? ―preguntó ella viendo que su amigo se tapaba el rostro con fuerza, con una sola pata.

Nick, recuperándose un poco, giró el teléfono hacia la coneja mostrándole una foto. Una foto en la que ella estaba encima de Nick lamiéndole el rostro y él se encontraba muy sorprendido. En el frente de la imagen, de manera editada, tenía las palabras "Feliz C-años". Judy inmediatamente tomó el teléfono, avergonzada y sorprendida, despojando un alarido en bajo. Sentía que sus mejillas se calentaban mientras el zorro seguía había terminado por estallar. En un movimiento rápido, Nick le arrebató el teléfono celular alejándolo de ella, cosa que la coneja trató de replicar mas no pudo hacerlo.

― ¡Dámelo! ―gritó ella tratando de alcanzar el teléfono―. ¡Elimina esa foto! ¡Nick!

― ¡De ninguna manera! ―dijo él alejando el teléfono y aun con una sonrisa burlona―. ¡Recuerdos, Judy! ¡Nunca la eliminaré! ―y se rió de manera malvada.

Sin embargo y de manera sorpresiva, el tren, que iba a una gran velocidad, pasó por encima de una roca que se encontraba sobre uno de los rieles, haciendo que el vagón y todos los que estaban dentro, saltaran bruscamente hacia todas direcciones. Esto hizo que ambos se atraparan mutuamente, Judy se agarró de Nick y él la atrapó para evitar que callera.

Sin embargo, ambos, Nick y Judy se habían quedado estáticos. No supieron si realmente fue la emoción del momento o algo más, pero se quedaron así durante unos segundos. Se veían igual a una pareja inter-especie, solamente que el momento terminó tan pronto como comenzó.

Judy giró su rostro, notando que la mayoría de animales que se encontraban cercanos a ellos en el vagón los veían de una manera no muy amistosa. Un par de tigres, dos jirafas, hasta un cheetha joven y un antílope que leía un periódico. Ella se separó rápidamente de Nick, soltándole la camisa de repente y riendo nerviosa e incómodamente.

―Ajaja... ―rió estrepitosamente―. ¡Míranos! ¡Un zorro y una coneja! ¿Qué pensarán los otros animales? ―Judy no había pensado correctamente sus palabras, pero cuando ella ya se había dado cuenta, Nick solo le había lanzado una mirada fría e incrédula mientras se daba vuelta para mirar verdaderamente al paisaje fuera del transporte, sin decirle nada en respuesta a la coneja.

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Minutos más tarde, el tren arribó a la estación de las Madrigueras con su letrero en el cual se iba anotando rápidamente la población de los conejos como si fueran decimas de segundos. Pero Judy, aunque había estado demasiado animada por llegar a su lugar de origen, al ver que su amigo aún se encontraba serio e indiferente con ella, se entristeció nuevamente. ¿Qué era lo había dicho? Para ella no parecían palabras insultantes pero al parecer a Nick, le habían molestado en lo más profundo.

Las puertas del tren se abrieron de par en par dejando pasar los respectivos animales de los diferentes tamaños y en el de tamaño mediano estaba el dúo policiaco. La coneja, que no quería sacar un problema más del que ya había provocado, se tambaleaba de pata en pata a lado de su amigo y cuando bajaron, ella le dijo:

―Realmente espero que te guste este lugar, Nick. ―mantenía una sonrisa amable pero él solo veía al frente, evitándola pero aquello no duró mucho en algunos momentos después de bajar.

Su semblante cambió de serio a sorprendido cuando avistó a la gran cantidad de conejos que se amontonaban en la plataforma de espera. Algunos saltaban casi un metro, otros gritaban de alegría y otros sonreían en tranquilidad mientras aplaudían con sus patas, pero los que habían comenzado el alboroto gritaron un "¡JUDY!" muy fuerte al verla bajar, mientras Nick miraba sorprendido a todo el cúmulo de conejos.

― ¡Wow! ―exclamó él―. ¿Toda la Madriguera ha decidido venir? ―le preguntó a Judy sin mirar.

―No. ―respondió ella, creyéndose experta―. Solo un puñado de mis hermanos y hermanas. ―Nick ahora tenía una expresión aún más sorprendida.

Una coneja de ojos miel y parecido casi idéntico a la oficial de policía, llamó a nuestra protagonista. Ella, quién se llamaba Jill, era diferenciable por el notorio cambio de ropa que tenía en contraste con el de Judy. Tenía una pañoleta atada al cuello con una camisa amarillo claro y unos tirantes rojos que sostenían su short azul jean.

― ¡Jill! ―exclamó Judy, con felicidad.

Las dos corrieron al encuentro de la otra y se abrazaron. Nick presenciaba todo esto enternecido pero su atención recayó en el gran grupo de conejitos con teléfonos que rodeaban a Nick, que ahora se sentía incómodo al estar completamente rodeado de pequeñas bolas esponjosas. Después de haberle tomado varias fotos, ellos se acercaron al zorro, tan animados e igual de alegres que como recibieron a Judy.

―Y él es Nicholas Piberius Wilde. ―explicó Judy a todos―. Mi compañero y, claro, también mi mejor amigo. ―aunque el zorro estaba siendo acaparado por todos los conejitos, ambas hermanas mayores los retiraron para que él se pudiera presentar correctamente. Nick estiró su pata derecha para saludar a Jill y en medio de esto, Judy se colgó en el antebrazo del zorro alegremente.

"Parece que no lo ha entendido" pensó Nick con molestia, mirando de reojo a la coneja.

―Mis... mis... ¡Vaya! ―dijo Jill sin poder haber articulado bien sus palabras de saludo―. No eres un dolor para los ojos, Nicholas. Bienvenido a nuestra humilde madriguera.

―Encantado de conocerte, Jill. ―respondió Nick amablemente.

― ¡Vamos todos! ―exclamó ella, llamando al resto de la camada―. Vamos a comenzar este baile. ―y se fue, dejando solos a la pareja policía.

Una vez que todos se fueron, Nick regresó a su expresión seria y Judy, quien seguía agarrada del brazo de Nick, escuchó un "Detente ya..." de su mejor amigo, sorprendiéndola.

―No creas que no sé lo que estas tratando se hacer... ―le dijo sin verla.

Judy quiso mantenerse imperturbable, cosa que no duró mucho, puesto que se soltó al momento de modo irritado mientras exclamaba un "Bien" en un tono aún más enojado.

―Quiero decir... ―comenzó el zorro con su expresión incrédula―. Estando tan cerca, sosteniendo mi brazo tan fuerte... "¿Qué pensarán los demás animales?" ―el zorro dio en el clavo con la frase, haciéndola entender finalmente a la coneja, o al menos, eso creyó ella.

―Oh Nick... ―dijo triste―. Ya lo entiendo...

― ¡Ja! ―rió él sarcástico―. Créeme... ―la miró―. En realidad, no...

Ambos se miraron de frente con expresiones de cachorros regañados, al percatarse del verdadero peso de la situación que se había provocado desde el momento incómodo en el tren. Aquello se estaba saliendo de control. Su amistad peligraba y solo por una estúpida frase que Judy había dicho. Le rompía el corazón ver a su mejor amigo así y más aún notar que eso iba a durar por mucho tiempo. Sin prestarle más atención a su compañera de trabajo, Nick se fue suspirando indiferentemente. La coneja se quedó mirando cómo él se iba, mientras en su mente repasaba los sucesos hasta que, finalmente, pudo conectar las pistas correctas y darse cuenta de la verdadera situación.

― ¡Espera!... ―exclamó al zorro ya lejos―. N-Nick... ¿Estás diciendo que...?

―Tendrás que hablar más alto, Zanahorias. ―le espetó Nick a una buena distancia, en voz alta―. ¡No te puedo oír...!

Y ahí, en medio de otros animales, Judy se encontró con "el rabo entre las patas" mientras continuó viendo cómo su amigo se alejaba aún más de ella, sin que él mirara atrás o reparara en su presencia.

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