Three

La semana había pasado realmente rápido. Era ya sábado en la mañana, el pelimorado se encontraba tumbado en su cama boca arriba nuevamente, solo que ahora estaba siendo acompañado por sus amigos que lo veían muy preocupados. Tenía su cabeza recostada en las piernas de su mejor amiga, la cual consideraba como una hermana mayor que siempre lo cuidaba y aconsejaba, dejándose llevar por las suaves caricias que le daba en la cabeza para tranquilizarlo.

— No sé qué hacer con mi vida, chicos— decía con la mirada perdida en el blanco techo de su cuarto.

— Así no vas a llegar a ningún lado, Bonnie— suspiraba el chico más alto mirando con recelo a su amigo, pues él también quería estar así de cerca con la rubia que lo consolaba—. Al menos dinos si has pensado en si vas a quedarte con el niño o no.

— Fox, no lo presiones, ha tenido una semana muy dura— le regañaba la omega con calma—. Pero es cierto, Bonnie, tú tienes muy preocupados con ese tema.

— Ya os lo he dicho, estoy muy indeciso, no sé qué haré— se tapó el rostro con sus manos soltando un suspiro de frustración—. Todavía no se lo he dicho a mis padres, pero creo que ya sospechan algo.

— Entonces diles la verdad, es mejor que se enteren ahora por ti que más tarde por rumores— el castaño del grupo aportaba su punto de vista—. Ellos te quieren mucho y solo quieren lo mejor para ti, le sentaría muy mal que les ocultases una cosa así.

— Freddy tiene razón— Ann acariciaba la frente del pelimorado—. Si quieres podemos estar contigo cuando se lo digas para que no te entre el pánico.

— Os lo agradezco, chicos, pero esto es entre mis padres y yo— el de mirada rojiza se levantó de su sitio—. Y creo que ahora es el mejor momento para hacerlo.

Tras despedirse de sus amigos en la puerta, se preparó mentalmente para decirles finalmente a sus padre el problema que tenía, por no decir problemón. Estaba muy nervioso, no sabía cómo iban a reaccionar, se temía lo peor, pero ya no había vuelta atrás, era ahora o nunca.

Llamó a ambos progenitores a la sala principal de la casa, quienes se miraron entre sí algo confusos mientras su único hijo estaba de pie en frente de ellos, con la cara roja y respirando algo nervioso.

— M-Mamá, papá, t-tengo algo que deciros— se llevó las manos al pecho como acto reflejo en un intento de controlar sus nervios que parecía que de un momento a otro lo traicionarían y saldría corriendo de aquella situación.

— Claro, Bonnie, puedes decirnos lo que sea— su madre le miraba con una pequeña sonrisa mientras tomaba la mano de su padre, quien asintió con la cabeza dándole permiso para seguir.

— Y-Yo...— sintió que se le atascaban las palabras, cerró los ojos, suspiró, y lo soltó—. E-Estoy embarazado...

Pasaron unos cuantos segundos en los que no abrió los ojos para nada, sintiendo que algunas lágrimas se acumulaban en estos. Al abrirlos enfrentó los rostros algo atónitos de sus padres, imaginándose la peor de sus reacciones. No se esperó que su madre se levantara de su sitio y se acercara a él lentamente, para luego ser abrazado por ella.

— Bebé, ya lo sabíamos— le acarició el cabello con ternura—. La verdad es que desde una semana.

— ¿E-En serio?— Bonnie seguía sintiendo aquel nudo en su garganta, pero correspondió aquel abrazo con algo de miedo—. ¿P-Pero cómo...?

— Te oíamos en las noches vomitar y se nota tu vientre hinchado, a pesar de lo poco que comes últimamente— su padre suspiró—. Además, tu madre no notó tu último celo, y eso es muy raro.

— Lo siento, cielo— le besó la frente—. No pensé que de verdad te pasara esto, pero... me lo temía.

— ¿N-No estáis molestos?— ya tenía lágrimas en sus ojitos.

— Mmm... Mejor será si nos cuentas cómo pasó...

Había pasado unos quince minutos contándoles cómo había llegado a la situación en la que estaba, sin poder evitar soltar algunas lágrimas mientras tanto. Sus padres se habían mantenido en silencio todo el rato, escuchando atentamente a su hijo. La mujer lo mantenía en sus brazos cariñosamente, transmitiéndole seguridad y calma a través de sus suaves feromonas, aunque el pelimorado realmente parecía alterado,

— A-Así que llevo así seis semanas...— terminó su historia suspirando cansado sin apartarse de su madre—. Fui a ver a la doctora y dijo que podría abortar antes de cumplir los tres meses... P-Pero no sé qué hacer...

— Ay, mi Bonnie— la rubia abrazó más fuerte a su hijo—. Cariño, sé que es una decisión difícil. Eres muy joven para tener un bebé...

— Además, piensa en tus estudios— su padre tenía el ceño fruncido—. Si te quedas con él tendrías una de dos, o dejarlos o estudiar en casa, porque no creo que te dejen seguir yendo al instituto estando en estado.

— Eso lo sé— miró hacia abajo con sus manos entrelazadas—. P-Pero simplemente no puedo... pensar en deshacerme de mi hijo— las llevó hacia su vientre ligeramente abultado—. Lo he pensado mucho, casi ni he podido dormir bien en estos últimos días... P-Pero creo que me lo quedaré.

— ¿Estás seguro, cielo?— su madre lucía preocupada—. Un bebé no es como tener una mascota, es mucha responsabilidad y deberás tomar decisiones muy duras.

— Lo sé, mamá, pero estoy decidido a afrontar cualquier cosa— murmuró decidido—. Después de todo, yo me metí en esto, y aunque soy joven sé que puedo salir de esta.

— Hijo, ¿seguro que te lo has pensado bien?— su padre le palmó el hombro—. ¿Si quiera saber si el padre se va a hacer cargo de él también?

— No lo necesito, papá— desvió la mirada molesto—. Fue más culpa suya que mía el hecho de estar así— señaló su pancita—, ni siquiera le he dicho que es su hijo el que llevo en mi vientre.

— Vaya, ya tienes estos cambios de humor y solo vas por el segundo mes— rió la mujer omega negando divertida con la cabeza, besando la mejilla de su hijo—. Está bien, corazón, si esa es tu decisión, ten por seguro que te vamos a apoyar en todo, ¿verdad, cariño?

— Mmm...— el pelimorado mayor se cruzó de brazos pensativo—. Aún pienso que eres algo impulsivo con todo esto— revolvió los cabellos de su hijo riendo cálidamente—, pero supongo que eso lo heredaste de mí, así que cuenta con nuestra ayuda en todo lo que necesites.

— Papá...— en ese momento, Bonnie sintió una gran calidez en su interior—. Mamá...— sin poder evitarlo se echó a llorar nuevamente, esta vez de felicidad, mientras abrazaba a ambos adultos—. ¡Sois los mejores! ¡Os quiero mucho!

Se rodearon los tres en un afectuoso y cariñoso abrazo, llenando de tranquilidad al pequeño omega. Sabían que iba a necesitar muchos cuidados y dinero para mantener al nuevo integrante de la familia, pero se veían capaces, después de todo, ambos progenitores tenían buenos trabajos. Iba a ser difícil, pero no imposible.

— Ahora, hijo, será mejor que te prepares para lo que se viene— tomó de los hombros a su hijo para alejarlo de su esposa.

— ¿Qué se vie...?— no pudo acabar su pregunta, ya que un agudo gritillo lo interrumpió.

— ¡KYAAAAAA! ¡Voy a ser abuela, por fin voy a tener nietos!— saltaba de alegría la mujer rubia mientras apretaba sus mejillas y seguía emocionada por la idea de poder llegar a ver al menos a su primer nieto—. Ay, Bonnie, querido, tengo tantas cosas que enseñarte, ¡déjame hacerle la ropita! Espero que sea una niña, seguro que será hermosa como su abuela.

Ambos varones se quedaron en silencio mirando a la fémina con asombro, mientras el mayor le susurraba a su hijo un disimulado "te lo dije".

— Y aquí se ve que ya tiene la forma de bebé— Bonnie mostraba sus ecografías a sus amigos muy entusiasmado, mientras acariciaba su vientre de ya tres meses y medio.

— Aww, qué cosita tan chiquita, Bonnie— Ann se mostraba enternecida mirando las fotos—. Me alegra que al final decidieras quedarte con tu bebé.

— ¿Ya sabes si es niña o niño?— preguntó el castaño con una de las fotos en sus manos.

— No, lo sabré el mes que viene— sonrió notando en eso que su pancita rugía—. Aah, tengo hambre...

— ¿Otra vez? Pero si ya te has comido media docena de pudines y tres paquetes de gomitas— se quejaba el pelirrojo ya cansado de cumplir con todos los antojos de su amigo—. Tu excusa de que es el bebé quien quiere todo eso ya no cuela.

— Oww, pero si apenas he comido algo— sonreía algo divertido, pues le gustaba molestar a su amigo—. Como alfa es tu deber cuidar de un omega embarazado.

— Sí, ya, claro, ¿y qué pasa con el alfa que debería hacer mi trabajo?— se cruzó de brazos—. ¿Aún no le dices?

— No, no tiene por qué saberlo, ni ahora, ni nunca— hizo un puchero enojado—. Este bebé es mío, no necesito de nadie más para cuidarlo. Después de todo, estoy haciendo todo el trabajo yo solo.

— Bonnie, cálmate, te estás poniendo bipolar— la chica del grupo rió ligeramente acariciando el cabello de su amigo—. ¿En serio, Fox? Ya hemos hablado de esto, no menciones al  presunto padre del hijo de nuestro amigo— miró de mala manera al pelirrojo, quien desvió la mirada levemente ruborizado.

— No, no quiero, ese tío es un cobarde si cree que puede dejar a nuestro amigo embarazado y no hacerse cargo.

— ¿Quién es un cobarde y quién está embarazado?— una voz gruesa e intimidante sonó a espaldas del pelirrojo, quien se dio la vuelta rápidamente, encarando a un molesto peliturquesa.

Los ojos del pelimorado se abrieron desmesuradamente, observando bien al mayor que seguía manteniendo su mirada esmeralda sobre él, como si lo estuviera analizando. Se levantó con cuidado de no golpearse la pancita con la mesa, acercándose al moreno.

— ¿Tú qué haces aquí?— preguntó con el ceño fruncido—. Creí haberte dejado en claro que no nos juntaríamos.

— Sí, lo recuerdo, y también recuerdo que no podías quedarte embarazado porque sería lo peor que te podría pasar, ¿me equivoco?

Bonnie se quedó callado, tomando su vientre entre sus brazos, manteniéndole la mirada al peliturquesa, quien ni se inmutaba por su afilada mirada. Se notaba una fuerte tensión entre ellos, tanto que todo el comedor se quedó en silencio, siendo ellos el centro de atención.

— Bueno, supongo que tienes algo que decirme, ¿verdad?

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To be continued...

Nota de la autora:

Si tenéis dudas sobre el omegaverse, recomiendo la guía de mi buena amiga izabella-sama UuU

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