Six

El cielo tenía pinta de estar despejado esa mañana, por lo que el sol podía repartir sus cálidos y brillantes rayos por las calles de la ciudad. Dichos rayos diurnos se colaban por las entreabiertas cortinas lilas de la habitación de cierto pelimorado somnoliento, cumpliendo su misión de despertarlo antes de que su alarma lo hiciera, sonando unos segundos después de que este gruñera y tratara de taparse más con sus mantas.

— Mmmnn...— hizo el intento de despegarse de las sábanas con toda su fuerza de voluntad, pero apenas pudo estirarse para poder apagar la alarma de su móvil—. Ñaaaammm...— bostezó con pereza usando sus brazos para poder levantarse un poquito, fijando su vista en su gran pancita, acariciándola con gran calma—. Bueno... He de suponer que tendrás hambre, ¿no, pequeñín?

Sonrió posando finalmente sus descalzos pies sobre el suelo de madera, estirando su espalda con pereza y dirigiéndose al baño para tomar una rápida ducha con el objetivo de despertarse completamente. Veinte minutos tardó en vestirse, peinarse y bajar a desayunar. Su madre lo recibió con un suave y cariñoso beso en su frente, sirviéndole el desayuno hecho con todo su amor maternal.

— ¿Cómo te sientes, corazón?— preguntó con una sonrisa sentándose al lado de su marido para empezar a probar de su plato—. ¿Estás muy cansado? Anoche te acostaste algo tarde, ¿te quedaste hasta tarde hablando con Bon?— aquella pregunta tomó se sorpresa a ambos varones presentes, al más joven logró sonrojar.

— N-No sé de qué me hablas, mamá— desvió la mirada sintiendo sus mejillas arder, pues había acertado, no supo a qué hora acabó su conversación con el peliturquesa que tan emocionado estaba de volver a verlo, aun si habían pasado todo el día anterior juntos—. P-Por cierto, ya que lo mencionas, hoy me vendrá a buscar para ir juntos al instituto...

— Aww, qué lindo es, me alegra mucho que seáis tan unidos, sin duda crearéis un ambiente muy sano para mi nietecito~— volvía a emocionarse la mujer dándose cuenta de que faltaba poco para que su hijo tuviera al fin su preciado bebé.

— ¿Y qué relación tenéis ahora, Bonnie?— su padre, sin embargo, aún desconfiaba del muchacho que decía "salir" con su hijo.

— Amm... Hemos decidido intentar salir ambos como más que amigos, pero aún no somos novios...— el pelimorado jugaba con su comida con una boba e involuntaria sonrisita en el rostro—, aunque creo que estoy dispuesto a darle una oportunidad, se ve que en verdad... me quiere.

Su tono de voz sonó más dulce al momento de pronunciar esas últimas palabras, se sentía bien poder decir que alguien le quería de forma incondicional, que no solo va a estar a su lado forzosamente por aquel milagro que crecía en su vientre. Confiaba en que los sentimientos de Bon por él eran puros y verdaderos, porque él comenzaba a desarrollar los mismos por el moreno, y aunque no le gustara admitirlo -al menos no en voz alta en frente de sus padres y amigos-, debía reconocer que se sentía muy bien.

— Al menos ten cuidado en tu decisión, hijo mío— miró a su progenitor al escuchar sus palabras, parecía que por fin le estaba dando el visto bueno, a su manera—. No todos son quien dicen que son.

— Sí, papá~.

— Aww, Bonnie, qué grande está ya— la joven rubia de su grupo de amigos acariciaba encantada la pancita de su amigo—. ¿Cuánto falta para que nazca?

— Si todo va bien, en un mes estará ya en mis brazos— la alegría que desbordaba el pelimorado era notoria desde varios kilómetros, ya ni le daba importancia a aquellos comentarios que seguían circulando sobre él.

— Estoy orgulloso de ti, Bonnie— el pelirrojo le dio unas cuantas palmaditas en su espalda, con una gran sonrisa—. Ese bebé va a tener el mejor padre del mundo, eso es seguro. 

— ¿No sería madre?— el castaño se ponía a pensar, recibiendo una mala mirada del embarazado—. Lo siento, pero si Bon también es el padre, pero es Bonnie quien va a dar a luz, ¿entonces... cómo funciona eso?

— Los dos somos padres, déjalo así— suspiró abrazando su vientre, dándose cuenta de cierto chico alto y moreno que se dirigía a donde estaban ellos—. Vaya, hablando del Rey de Roma~.

— Y parece que viene con su séquito— reía su amigo pelirrojo al ver que hablaba con sus dos amigas, una dulce y bajita rubia con ojos color zafiro y una aparente molesta peliblanca con un flequillo. decorado con un mechón rosa, lo suficientemente largo como para tapar su ojo izquierdo.

— Ah, cierto, le había prometido de ir a almorzar con ellos en el recreo, podríais venir todos también, no creo que les importe— les sonrió a sus amigos, quienes asintieron ante su idea, comenzando a caminar hacia el trío de amigos que también iban hacia ellos, y sonrió inconscientemente levantando su mano para llamar la atención del peliturquesa, sonrojándose al momento de ver que la sonrisa del de mirada jade se ensanchaba una vez que conectaron sus miradas..

Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, el moreno rodeó a su amado en un dulce abrazo, con cuidado de no hacerle daño, dándole un suave beso en su mejilla. Bonnie no se quejó, se aferraba más al calor que le brindaba el mayor, escuchando los alegres latidos de su corazón, deleitándose con su aroma fuerte a menta, al cual sentía que ya se estaba volviendo adicto. Se había olvidado que estaba con sus amigos en cuanto sintió el cuerpo del contrario cerca de él, volviéndose sumiso ante los cariñitos del alfa.

— Conejito, qué alegría me da verte— besaba todo el rostro del menor sintiéndose bendecido al observar el ligero sonrojo que le había producido—. Estás cada vez más lindo, me vas a matar con tu hermosura algún día— frotaba sus mejillas de forma melosa y muy pegajosa, haciendo que el contrario riera algo avergonzado.

— Ya basta, Boh~, ya te dije que te controlaras con tus muestras de afecto— tomó las mejillas del moreno para darle un besito en su nariz, acariciando estas con sus pulgares rozando ahora ambas narices, separándose al momento de escuchar el carraspeo de garganta de sus amigos—. Aah, cierto, me preguntaba si podríamos ir con todos a almorzar al patio, si no te importa— se asomó por el hombro del contrario para saludar a ambas féminas que los observaban aún con una sonrisa divertida.

— Ooh, claro, me parece una buena idea— le dio un último beso en la mejilla para poder girarse a sus amigas e indicarles que se acercaran—. Chicas, vamos a almorzar con loa amigos de Bonnie, ¿vale?— señaló entonces al grupo de jóvenes que los observaban por igual, quienes asintieron ante la idea del pelimorado—. Listo, vámonos, quiero aprovechar el máximo tiempo contigo, conejito— aún no lo dejaba escapar de sus brazos, por lo que el contrario solo suspiró rendido ante lo empalagoso que estaba ese día.

— Está bien, señor amoroso~— le dio un besito en su mejilla, tratando de caminar aún estando abrazado por el moreno—. Espero que mi hijo no salga tan dependiente y empalagoso como su padre..

— Yo no lo descartaría...— susurró el pelirrojo a la rubia que caminaba a su lado, logrando que se riera ligeramente, pero sin percatarse de que el peliturquesa lo había escuchado.

Sin embargo, le hacía mucha ilusión pensar que su hijo podría salir a él.

Finalmente se dirigieron todos al patio, bajo la sombra del árbol más frondoso que había, disfrutando del ambiente fresquito que se creaba gracias a ella. Se sentaron en el césped cortado, formando un círculo entre todos. En cuanto Bon se sentó en su sitio, tomó las manitas de Bonnie para ayudarlo a sentarse en sus piernas, pues quería que estuviera lo más cerca posible de él. El pelimorado no se negó, pero se le dificultó la acción por el tamaño y peso de su pancita. Fox y Freddy tuvieron que ayudarlo a sentarse.

— Vaya, Bon, nunca te había visto tan apegado a alguien— reía la peliblanca observando cómo su amigo apachuchaba al pelimorado por la espalda, recostando su cabeza en el hueco del hombro y cuello del más bajito, disfrutando de aquella posición.

— Yo ya me he acostumbrado— suspiraba Bonnie acariciando las manos morenas del mayor sobre su vientre, con una sonrisa y un sonrojo plantados en su rostro—. Pero no me quejo, se siente bien y me da calorcito~— se acurrucaba más en el regazo del contrario, escuchando su risita.

— Le gusta, ahora sí que no lo voy a dejar escapar— comentó victorioso el peliturquesa acariciando la gran pancita de su amado, notando ligeras pataditas del bebé dentro de él—. Y a mi niño también le gusta.

— Chicos, basta, me vais a dar diabetes como sigáis así— se quejaba sonriente la rubia de ojos magentas, apoyándose intencionadamente sobre el hombro del pelirrojo, quien desvió la mirada sonrojado—. ¿Ya habéis decidido qué haréis cuando nazca el bebé? Me refiero, ¿cómo lo cuidaréis si vivís en distintas casas?

Ante aquella pregunta, ambos jóvenes se miraron entre sí, como si intentaran comunicarse a través de sus miradas. Era cierto, no habían pensado en ese ligero detallito de nada.

— Oh, amm... Pensaba cuidarlo yo en mi casa junto con mis padres, Bon podrá venir siempre que quiera para poder verlo también— sonrió nervioso el pelimorado, tomando las manos del moreno aún encima de su pancita.

— Sí, eso suena bien— murmuró ahora preocupado el peliturquesa—. Aún tengo que decirle a mi padre que será abuelo...

— ¿No se lo has dicho aún?— se giró a verlo el omega entre sus brazos, con una expresión seria—. Bon, has tenido ocho meses para decirle, ¿por qué te tardas tanto?

— En realidad solo he tenido cinco...— desvió la mirada recordando que el de piel pálida quería privarle de saber su deber parental—, p-pero eso no importa, mi padre tampoco sabe que salgo contigo...

— Aah, mira que eres un tonto— le pegó en el pecho un tanto frustrado—. En cuanto llegues a casa se lo dices inmediatamente, ¿me lo prometes?— le puso ojitos grandes y brillantes, suplicantes, algo a lo cual era totalmente sumiso.

— E-Está bien, está bien, no me pongas esa carita— le dio un fugaz piquito en los labios sin pensar mucho, sin darse cuenta de que le había prometido a Bonnie no volver a besarlo sin su consentimiento.

Tarde se dio cuenta al ver todo el rostro rojo del pequeño, quien hizo un puchero de lo más adorable mientras se escondía en su pecho, murmurando insultos tiernos todo el rato. Todos los demás morían de ternura al presenciar esa escenita de los conejitos.

Mas aquel perfecto ambiente fue interrumpido por el sonido del móvil del mayor.

— Oh, vaya, creo que has invocado a mi padre— miró algo curioso la pantalla de su móvil viendo el número de su padre en él—. Ahora vengo, voy a contestar.

— Okay, no tardes, aún no he terminado de maldecirte— infló sus mejillas mirando tiernamente al peliturquesa, quien le besó la frente antes de levantarse y alejarse para responder, dejándolo igualmente rojo—. ¡Aah! Cómo odio que haga eso...

— Madre mía, Bonnie, creo que no podrías ser más tsundere— se reían sus mejores amigos de su actitud—. Sabes que en verdad amas que te dé tantos cariñitos.

— Ñooo, no es verdad— se cruzó de brazos desviando la mirada, con las mejillas como manzanitas rojas—, no me gusta que me abrace por la espalda sin avisar, no me gusta que me huela el cuello siempre que lo hace— comenzó a irse por las ramas—, no me gusta que me tome la mano suavemente cuando me acompaña hasta casa, no me gusta que me bese las mejillas ni que me diga apodos lindos, ¡y sobre todo no me gusta que se le ponga a hablar a mi bebé tan tiernamente que haga que quiera abrazarlo fuerte y no soltarlo nunca!— sentenció formando un puchero en su rostro rojito, escuchando las claras risas de sus amigos.

Ahora que se daba cuenta de sus palabras, tal vez fuera cierto que le gustaba ser el centro de atención del moreno, pero no quería admitirlo con sus propias palabras. Observó entonces al moreno un tanto alejados de ellos, no parecía muy feliz, y aquello le preocupaba un poco. Iba a levantarse para acercársele, pero apenas podía moverse por lo mucho que le pesaba el vientre.

— Agh, no me creo que vaya a tener solo un bebé— se quejaba abrazando su pancita.

— Bueno, será uno muy grande— rió Freddy ayudándolo a levantarse con ayuda de Joy.

— No te burles de él, debe ser duro cargar con un niño siendo aún un adolescente— la rubia tomaba su mano con dulzura y le sonreía al castaño—. Aún así le admiro mucho, yo espero poder también formar una familia más adelante.

— ¿E-En serio?— aquellas palabras enrojecieron el rostro del muchacho de ojos zafiro—. P-Pero te refieres a cuando seas adulta, ¿no? N-No cuando acabemos el instituto...

— Claro que sí, bobo— la risa de la rubia contagió a todos los demás—. Yo aún tengo muchas cosas planeadas antes de ser madre.

— Freddy, ve más despacio, que la asustas— se burló el pelirrojo dándole unos coditos al abochornado castaño, quien no sabía dónde meter la cabeza.

Mientras, el moreno terminaba su conversación por el móvil, no parecía muy entusiasmado.

— ¿Tengo que ir ahora mismo? ¿No puede ser cuando termine las clases?— pedía con un hilo de voz quebradizo—. Entiendo... Está bien, ya voy para allá... Sí, hasta ahora— colgó la llamada finalmente, suspirando fuertemente, tenía el sentimiento de que aquello no iba a salir muy bien.

Suspiró guardando su móvil de vuelta, volviendo con su grupo de amigos. Dejaron de reír entre ellos al ver su expresión.

— Bon, ¿estás bien?— el pelimorado fue el primero en acercarse, pasando su mano por una de las mejillas del más alto—. ¿Qué ha pasado?

— ¿Eh?— estaba tan metido en sus pensamientos que no había notado al menor delante de él, ni su manita acariciar tan suavemente su cara—. Ah, no, no, estoy bien, tranquilo— sonrió nervioso tomando la mano del contrario para alejarla de su rostro—. Es solo... que tengo que irme.

— ¿Ahora?— la vocecita triste del de mirada rubí le partía el alma—. ¿Por qué?— no quería que se fuera.

— No te preocupes, te mandaré un mensaje cuando termine lo que tengo que hacer— le besó una mejilla con rapidez, alejándose lentamente—. Pero en serio, debo irme ya, luego nos vemos...

Y sin dejarle más tiempo para procesar, salió corriendo hacia el instituto para avisar a la secretaría de que tenía que irse a casa, diciendo que era una emergencia. Aunque realmente parecía que lo fuera.

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To be continued...

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