Llegando...


Desperté muy agitado; Dios mi pecho dolía a mas no poder entonces mire a mi alrededor y vi que seguía en el avión. Soy estúpido al pensar que estar en otro lugar. Pase mi mano por mi frente y estaba empapada, al parecer había sudado frio mientras "dormía" entonces sentí que algo se movió en mi regazo, al parecer mi "compañera" estaba teniendo pesadillas mientras dormía sobre mí.

Sonreí de medio lado, y comencé a peinar su cabello con mi mano; entonces recordé el sueño que acababa de tener; pero mi mano seguía moviéndose sobre el cabello de esta niña.

Ya era de noche cuando la azafata anuncio que debíamos colocarnos los cinturones; mi compañera se asustó y cuando me vio simplemente hizo una reverencia a modo de disculpa; pobre si supiera que se ingles a la perfección seguramente golpearía mi cara hasta dejarme deforme... opte por imitar su gesto mientras le devolvía su ejemplar de Verne. Entonces ella hizo lo que ninguna de mis novias, admiradoras y amigas han hecho en toda su vida; de dio una sonrisa tan tierna y linda que hizo literalmente que mi corazón dejara de latir un segundo para comenzar una marcha forzada que creo que va a salirse de mi cuerpo. Entonces ella tapa su boca y pregunta si puede ir al servicio, pero se lo niegan. Al parecer sigue mala por las alturas jajaja... entonces regreso y se sentó en mi viejo asiento reclinando levemente y cerrando los ojos. Dios muero de risa, no pensé que odiara tanto las alturas; a parecer cuando lee todo a su alrededor desaparece, jeje.

Cuando llegamos al aeropuerto de Narita, volteó a verla y estaba blanca como la nieve. Al informarnos que podíamos quitarnos los cinturones ella, de tan mal que se ha de sentir no puede quitárselo. Le ayudo y luego cuelgo uno de sus brazos en mi cuello y la tomo por la cintura. Cuando llegamos dentro de la terminal le preguntan si se siente mal y ella solamente asiente con la cabeza y la dejo en manos de las empleadas.

Después me retire a hacer todos los trámites para recoger mis maletas y buscar a mi abuelo; pues según mi madre, él es quien va a recogerme.

Pasaron cuarenta y cinco minutos y solo ha salido mi mochila. En serio, solo a mí se me ocurre dejar la computadora en la valija, espero no haberla perdido. Cuando voy a hablar con alguien de personal siento un impacto contra mí y voy a parar al piso junto con quien me choco.

Al ver quien es, me quedo mudo de la impresión es la misma chica, entonces cuando ve como la miro, se levanta de donde esta y hace una pequeña reverencia. Al parecer es la única forma de pedir perdón que sabe ahora mismo. Entonces llega una chica y se ponen a conversar, cuando terminan su breve charla la muchacha se disculpa y yo les digo que no hay problema. A lo cual mi compañera de vuela suelta un suspiro de alivio. Entonces parece reaccionar por algo y le susurra algo a la muchacha, y esta me pregunta si no he visto una bolsa de tipo militar desgastada. Me pongo a pensar y creo que sí; si mi memoria no me falla esa bolsa ya paso al menos tres veces y cuando me fijo en la banda transportadora hay sigue y la recojo para ella y la tiendo para que la tome. Entonces la deja en el suelo y salta y cuando me iba a voltear para preguntarle a su interprete que le pasaba ella termina plantando un beso en la comisura de mis labios.

Nos quedamos pasmados un momento, es la primera vez que un beso o casi despierta algo más en mi interior. Ella fue la primera en reaccionar e inmediatamente hizo una reverencia. A pesar de su largo cabello pude notar que estaba roja a mas no poder. Entonces se enderezo y tomo mi mano y se presentó:

- Hola soy Kazumi, de verdad lo lamento. – dicho esto tomo su maleta y se retiró junto a la otra chica.

No recuerdo cuando fue la última vez que alguna chica llamara mi interés a parte de para salir y ver algún concierto o ir a algún lado simplemente; pero Kazumi era otra historia a pesar de no haber hablado y solo escuchar unas cuantas palabras de su boca me incitaba a querer saber qué hace, que le gusta, y muchas otras cosas más. Pero para el momento que reaccione ya no le veía por ningún lado.

Resignado seguí esperando mi equipaje, y por obra de Dios o alguien por fin apareció, revise la etiqueta para evitar problemas, y si era mi equipaje.

Entonces un mensaje llego a mi teléfono, era un mensaje de mamá de parte del abuelo, al parecer envió a su chofer porque le surgió algo en el trabajo. Suspire. El abuelo cambia más rápido de personal que un auto F1 de velocidades. De las tres semanas que pasaba aquí con papá en sus vacaciones el personal fácilmente cambio una 60 veces; jamás vi a la misma doncella, o al mismo mayordomo más de cuarenta minutos. Siempre tenía que vestir con ropas formales y sobretodo tenía que evitar hacerles algún desperfecto o rasgadura. Nada de salir a conocer la calle (es peligrosa esta zona) , nada de entrar en los cuartos que tuvieran la puerta cerrada (en otras palabras solo podía entrar a la biblioteca, mi cuarto y a la sala). Nada de hablar con los de servicio (quedarse callado hasta que aparecieran el o papá), nada de salir al jardín (podía romper alguna rama o caer al estanque). En pocas palabras el infierno en la tierra para un niño inquieto que en casa se la vivía jugando a fuera, conociendo gente, rompiendo camisas, pantalones, zapatos, etc. Que solo leía las asignaciones de las clases y nada más a menos que fueran las historietas de snoopy de la sección de entretenimiento del diario de papá.

Cuando me dirigía a el estacionamiento para buscar al chofer, una mano se posa sobre mi hombro y de pronto siento que todo el calor del avión se esfuma como la niebla por el viento. Al voltear y observar veo a un hombre; posiblemente de la edad que debería tener mi padre ahora, pero lleva la mitad del pelo recogido en una especie de chongo y la otra mitad suelta. Esta vestido con un kimono negro y un obi de color vino. En las mangas se puede apreciar el escudo de la casa del abuelo. Al igual que otros cuatro hombres que lo acompañan.

El hombre que toco mi hombro hizo una reverencia demasiado formal para un aeropuerto, junto con los hombres que estaban escoltándolo. Cuando hablo, su voz sonaba cavernosa y hueca.

- Sea usted bienvenido joven amo Ren. – Dijo sin despegar la mirada del suelo.

Yo solamente me dedique a mirarlo, sin duda era el tipo de personas que el abuelo le gustaba contratar para evitar que las personas lo molestaran. Este hombre es por lo menos casi tan alto como yo, dos metros y diez centímetros no son muy comunes con sangre japonesa como la mía, sin mencionar que tanto mi padre como mi madre; que es alemana, no rebasan el metro sesenta. Y los acompañantes son un poco más altos que yo.

Cuando se percataron, y que estaba decidido a tomar un taxi y pedirle la dirección a mi padre por mensaje uno de los hombres se materializo frente a mí y me tomo del hombro.

- Disculpe pero no podemos dejarlo ir joven amo. – Dijo el hombre que antes me había saludado, yo me limite a poner una mueca de enfado y rodar los ojos.

- Lo lamento, pero yo nunca he dicho que mi nombre sea Ren, o que estuviera esperando a un grupo de gorilas metidos en kimono. – Dije soltándome del agarre del hombre y tratando de proseguir mi camino.

No di ni tres pasos cuando esta vez los cuatro hombres me rodearon. Cuando tenía la intención de llamar más la atención para atraer a la policía; me di cuenta que todos parecían ajenos a nuestra discusión a pesar de haber alzado un poco la voz con mi comentario.

- Lamento el mal entendido joven amo, soy Itachi Haruka, el secretario del señor Akura.

Solo deje salir el aire, mientras "Haruka"; si ese era su nombre, tronaba los dedos y uno de los hombres le pasaba una carpeta negra, dentro había información y mi foto del anuario. Nada más vuelvo a casa y quemo esa porquería que papá me obligo a comprar. Entonces deje de pelear y los segui.

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