Capítulo 19
-¡ARRIBA, SARAH!
Cuando abrí los ojos, me encontré con el rostro de Sam, que se me comenzaba a hacer extraño debido al largo tiempo que llevaba sin verle.
-¡¿Pero qué ocurre contigo?! -grité alarmada y me incorporé tapándome con la manta.
-Levántate, vamos. ¡Date prisa!
-¿Acaso se está quemando este lugar como para que me despiertes alarmado tras ignorarme durante semanas?
-No, pero con la tranquilidad con la que te levantas si fuese cierto ya estarías ardiendo.
-Gracias por tu amabilidad.- dije con evidento sorna, aunque él ignoró mi comentario deliberadamente y cambió su expresión radicalmente, mirándome con tristeza.
-Tengo que comunicarte algo, Sarah.
Después de aquel alarmante despertar, aún en pijama debido a su insistencia para que me diese prisa, salí tras él de mi habitación por un camino que nos llevaba hacia una robusta puesta de madera que reconocí como la entrada al despacho de " El Maestro ".
Tras llamar a la puerta, la voz del anciano nos permitió el paso y Sam cerró la puerta a nuestra espalda. No podía ni imaginarme qué tendrían que decirme, aunque tenía la vaga esperanza de que me dejaran libre de volver a mi antigua vida, lejos de estos locos que se habían equivocado de persona al captarme a mí para su extraña secta. Claro que no pensaba decir esto en alto, pues temía lo que podía ocurrir.
-Buenos días Azahara, lamento que no estés dispuesta a disfrutar tu estancia aquí, me han comunicado que te niegas a salir de tu habitación para aprender sobre nosotros.
Oh no, esa manía que tenían ellos de llamarme así, Azahara. Mi nombre no era tan difícil, era lo más aburrido y normal del mundo y para colmo, aquel hombre me daría una charla sobre que debía aprender. ¿Acaso iba a tomar el papel de director duro de instituto?
-Señor, ya le dije que lo intenté, pero para mi es imposible... esto me viene largo, Maestro.
-Joven Somnis, usted sabe que tengo muchas esperanzas depositadas en usted, es uno de los mejores, pero sé que ella es difícil, tenga paciencia.
¿Estaban hablando de mí?¿no se daban cuenta que estaba justo ante ellos? Resoplé mostrando mi incomodidad, si tanta molestia era para ellos, no me importaba lo más mínimo irme de allí, de hecho eso era lo que yo quería. En un punto desconecté y dejé de escuchar su conversación, pero al escuchar mi nombre en los labios de Sam volví a prestar atención.
-¿Qué?- dije evidentemente desorientada.
-Sarah, estaba diciendo que te traje aquí para comunicarte algo importante.
Lo miré con desconfianza y cuando le pregunté de qué se trataba él hizo un movimiento con la mano y una pantalla se desplazó a nuestra derecha, con unas diapositivas en ella.
-Ayer una patrulla de los nuestros interceptó a un grupo de Negrum demasiado cerca de nuestro territorioy uno de ellos nos transmitió una información bastante... interesante.-unas imágenes de un grupo de gente vestida de cuero rojo y otros vestidos de negro rodeándolos, apareció en esa extrala pantalla y después la imagen cambió, mostrando únicamente a un hombre de rojo que señalaba hacia una construcción que reconocí como mi hogar.- Dios, no sé cómo decir esto pero... nos confirmó que en tu familia hay ciertas extrañezas -miró mi expresión y se apresuró a rectificar sus palabras.- no quería decir eso, yo sospechaba que alguien de tu entorno era un Invocador de Pesadillas, en algunas ocasiones, cuando quise contactar contigo noté ciertas interferencias que sólo podían ser provocadas por un Negrum medianamente poderoso cercano a ti y...
Gruñí algo; en realidad bastante, molesta, no quería oir más,¿es que siempre tenía que encontrar alguna excusa para insultar a mi familia? Sé mejor que nadie que no somos en absoluto perfectos pero no era razón para buscarle hasta el mínimo fallo. Por ese mismo detalle, me levanté dispuesta a irme, dejandome arrastrar por la rabia que bullía en mi cuerpo y sin pensar en lo mal que quedaría o en lo maleducada que me vería.
Mi impulsiva estrategia salió mal, por supuesto. Sam se entrometió cogiendome del brazo y me impidió irme de allí.
-Sarah, por favor escúchcame. -como comprobé que ahora sí que no tenía escapatoria, no tuve más remedio que hacer lo que me decía- Tu padre y tu hermano son... Invocadores de Pesadillas. Sé que quieres irte de aquí lo más pronto posible y que no terminas de creerte del todo lo que somos, pero es peligroso que vuelvas a tu hogar, debemos protegerte ante ellos, sé lo que piensas y de verdad siento esto pero...
-¡Tú no sientes nada! ¡No sabes nada de mi vida, ni de mi familia ni de mi hermano, ni mucho menos, de mi! Lo que haga con mi vida es cosa mía, si quiero volver y arriesgarme lo hago y no te necesito a ti para nada. -le dije siseando, todo el odio que sentía lo arrojé en su cara en forma de palabras y él se quedó de piedra.
Aproveché el momento y liberé mi brazo, saliendo por la puerta como antes quise hacer. Antes de salir, escuché al anciano murmurando «Es demasiado terca, eso le debe de venir del padre.»
Gruñí ante su comentario, ¡no sabían ninguna maldita cosa para juzgar así a mi familia!
Caminé intentando calmar los ánimos, auque no funcionó al verme observada por cada persona que me cruzaba. Era la nueva, recordé, y en cierto modo eran normales todos esos susurros y comentarios que tanto me incomodaban.
Una luz pareció iluminar mi ánimo al ver un cartel que indicaba «gimnasio» al lado de una enorme puerta metálica. Decidí entrar si pensármelo, el ejercicio siempre me había relajado y eso era definitivamente lo único que necesitaba en ese momento.
La estancia era enorme, con cosas que no estaba acostumbrada a ver en un gimnasio normal. En la pared del fondo, justo frente a mí, reposaban colgadas múltiples tipos de armas, algunas fácilmente reconocibles: dagas y pistolas de distintos tamaños o enormes arcos de diversos materiales, pero la mayoría me eran desconocidas.
-¿Te gustan? -me sobresalté al instante al oir una voz a mis espaldas.- disculpa, no quería asustarte.
-No, tranquila-miré de nuevo la pared, recuperando el aliento- eh... sí, imponen bastante aunque hay algunas que son muy extrañas.
Me giré hacia mi interlocutora. Tenía el pelo rubio hasta los hombros y unos ojos azules estrechados a causa de la sonrisa que me dirigía. Me recordaba mucho a alguien, pero ahora mismo no estaba en condiciones de recordar a quién.
-Perdón por no presentarme, me llamo Alba, soy la entrenadora.
-Encantada, mi nombre es Sarah.
-Muchos hablan de ti, ¿acaso es cierto que no estás entrenándote?
Yo asentí levemente, me avergonzaba pedirle aquello a una mujer a la que acababa de conocer, aunque luego se convertiría en un gran apoyo y algo parecido a una amiga, pese a que una considerable diferencia de edad nos separaba. Llenaba de alguna forma la ausencia de Beth.
Habían pasado varios días desde nuestro primer encuentro y gracias a Alba había podido aceptar poco a poco mi nueva realidad. Ya me había resignado a no salir de aquí, pero tenía otros planes para hacerlo. No ahora, pero sí en un futuro próximo y esta vez, sin tener que depender de mi protector para conseguirlo. Alba decía que tenía un gran potencial y que con el entrenamiento correcto, podría defenderme perfectamente de los Negrum. Me había acostumbrado a llamarlos así, de la misma forma que me había acostumbrado al nombre que se empecinaban en darme aquí: Azahara. La entrenadora dijo que aquí todos tenían un nombre asociado a una nueva estrella y todos en latin o los derivados de esa lengua. Ella por ejemplo, se llamaba Album. Francamente, me resultaba extraño todo esto, esta cultura y creencias nuevas, pero me veía obligada a aceptarlo.
Por otra parte, me aplicaba en el entrenamiento que Alba me ofrecía, para poder convencer a todos que podía defenderme por mi misma, ya que ese era el principal obstáculo que me ponían Sam y el Maestro para volver con mi madre y a mi antigua vida. No había un día en el que no pensara en mamá, ¿qué estaría haciendo? Seguramente se habría vuelto loca al no encontrarme y me sentía muy culpable por ello, tenía que preguntar a alguien si podría hablar con ella, me inventaría cualquier escusa, con tal de intentar tranquilizarla.
-Buenos días Sarah.
Le sonreí con agradecimiento a Alba, pese a haberme explicado con tranquilidad que aquí era costumbre llamar a la gente por su nombre en latin, ella seguía llamándome igual, para que me sintiera más cómoda y me permitió llamarla de igual manera.
-¿Por qué están todos tan agitados? Esta mañana al caminar por los pasillos me crucé con varios chicos que iban corriendo hacia algún lugar importante.
-Mañana de madrugada habrá un eclipse de sol, se me olvidó mencionarlo pero es uno de los momentos en los que tenemos más poder. Todos nos reuniremos en los alrededores del Lectus Somnium[1] y haremos distintas competiciones, luego nos adentraremos en el bosque y haremos una acampada.
Miré discretamente por la ventana, pero el sol se veía como siempre, había visto un eclipse parcial a través de esas gafas especiales y fue una experiencia que me gustaría repetir, al fin y al cabo no es como si tuviese elección, Alba insinuaba que era obligatoria la asistencia y si quería ganarme el favor de los altos cargos para que me dejaran marchar, debía asistir a ese extraño evento.
A la mañana siguiente, unos golpes en la puerta me sobresaltaron justo cuando me estaba vistiendo con una de las prendas que me habían cedido al venir aqui, terminé de arreglarme y abrí la puerta de mi habitación, encontrandome con aquella chica francesa que conocí al dar vueltas por este lugar.
-Hola Estelle, ¿qué tal?
-Hola-dijo con su radiante sonrisa.-La entrenadora me dijo que te avisara, dentro de poco comenzará el eclipse y todos debemos bajar.
-Bien, estoy lista. Vamos.
-No te he visto por los pasillos y corren rumores de que no acudes a ninguna de las clases, ¿es cierto?
Ella intentó parecer indiferente, pero la curiosidad le asomaba por cada uno de los poros de su piel, lo sabía porque yo también era así.
-Sí, bueno... no suelo salir de mi habitación, es una cosa complicada.
-Te resistes a afrontar la verdad, ¿no? Tranquila, a mi me pasó lo mismo, aqui hay dos clases de Somnus: los que nacen en el cuartel y los que han nacido fuera. Los que nacemos fuera tenemos más dificultades para adaptarnos, tras haber vivido dieciséis años de nuestra vida ignorando todo esto, créeme, lo sé. Llevo tres años aquí y todavía hay cosas que me resultan demasiado extrañas y luego está la nostalgia, eso no se supera nunca.
Con la conversación no me percaté de que ya habíamos llegado a la parte inferior. Creo que nunca había estado aquí, todo era cristal y la luz natural entraba por todos lados, una calidez me envolvió al salir y ver tan cerca todo lo que había observado desde la lejana ventana de mi habitación. Había multitud de gente de diversas edades, todos vistiendo como yo lo hacía y por primera vez desde que estaba aquí, me dio la impresión de que era uno de ellos.
Sonreí sin poder evitarlo, pero en ese momento mis ojos se juntaron con la seria mirada de Sam y el fantasma de mi sonrisa desapareció. Miré a su lado, allí estaba ese simpático chico pelirrojo que se encontraba en su habitación cuando fui a visitarlo y al vernos, se acercó a nosotras.
-¡Eh, tú eres la protegida de Sam! Todos hablan de ti, creí que eras solo un mito, no te haces notar en las clases, amiga.
Su sonrisa era tan cálida como el tostado tono de su piel y sus ojos brillaban de alegría, tenía el aspecto de un niño que acaba de recibir un juguete nuevo. Parecía simpático y la manera en la que hablaba sin parar era simplemente adorable, casi tanto como sus pecas.
-La otra vez no pude presentarme gracias a este encanto que tengo como amigo-dijo él refiriendose a Sam, que estaba de pie a su lado evitando mi mirada.- Soy Damián o Dream, como estos locos me llaman normalmente. A su servicio, milady.
Damián hizo una graciosa reverencia tras la cual casi se cae, haciendonos reir a Estelle y a mi y tuve el presentimiento de que ambos nos llevaríamos bastante bien.
-Yo soy Sarah, o Azahara.-dije con dificultad debido a mi repentino ataque de risa.
De improviso, un agudo sonido interrumpió todas las conversaciones que estaban teniendo los hombres y mujeres a nuestro alrededor y todos miramos hacia una tarima en la que el Maestro estaba golpeando con su dedo índice un megáfono, alguien acudió a ayudarlo y le explicó cómo tenía que usarlo correctamente, tras esto, él comenzó a hablar.
-Lamento este incidente, pero como os imaginaréis no estoy muy acostumbrado a las nuevas tecnologías. Bien, los que llevais aquí un tiempo sabréis lo que se llevará a cabo, otros os lo imaginaréis, pero para los nuevos lo aclararé. Dentro de unos minutos habrá un eclipse y este a parte de ser un hermoso espectáculo, marca uno de los momentos en los que nuestro poder aumenta considerablemente. Para celebrarlo y aprovechando este aumento de energía, realizaremos varias competiciones físicas y mentales y los ganadores de cada una de las pruebas, lógicamente tendrán su reconocimiento y su correspondiente premio. Estas pruebas se llevarán a cabo hasta que el eclipse sea total, cuando haremos unos minutos de meditación en grupo, que es más interesante de lo que pensáis, y luego dormiremos en el bosque, con tiendas de campaña, por supuesto. Dicho esto, ¡que comience el defectio solis[2]!
Todos gritaron al unísono, rebosantes de la energía que les producía el inminente eclipse, pero yo no notaba nada y eso comenzaba a preocuparme, ¿y si de verdad se habían equivocado conmigo?
No veía nada con la multitud, pero Damián tomó mi brazo y comenzó a guiarnos hacia un lugar concreto que yo no lograba distinguir. -Vamos a los combates, ¡son lo mejor, Sarah! tienes que verlos.
Así que allí fuimos, un grueso círculo de gente se estaba formando alrededor de dos robustos hombres de unos viente o treinta años y nosotros nos colocamos en un lugar en el que pudiésemos verlos. Damián me explicó que aquí practicaban varios tipos de combates: lucha cuerpo a cuerpo, que es como estaban luchando esos dos incividuos, esgrima[3], muay thay [4] y el más peligroso e intenso, el Krav Magá[5]
La verdad es que nunca disfruté viendo violencia, pero me maravillé cuando una chica joven y un chico que parecía de su misma edad, comenzaron a hacer esgrima. Parecían bailar al son de una música que no existía, era precioso. Al final ganó la muchacha, pero ambos se abrazaron, mostrando una admirable deportividad.
Cuando nos ibamos a ir, vi entrar en el círculo a Alba, moría por verla luchar, así que supliqué que nos quedáramos. Todos estuvieron de acuerdo, convencidos de que la entrenadora daría un buen espectáculo, ¡y vaya si lo dio! Su contrincante,que estaba armado, fue a por ella quien lo esperaba con una postura defensiva y Alba lo desarmó rápidamente, pero el contrincante de quien no sabía el nombre, era bastante bueno, lucharon durante varios minutos dando golpes, inmovilizándose mutuamente y al final ella ganó y levantó el brazo, acompañada de un coro de aplausos y felicitaciones.
La felicidad se esfumó cuando comencé a oir voces en mi cabeza, mi primera reacción fue buscar a Sam pero este estaba muy ocupado hablando con la entrenadora y supuse que no sería él. Quizás habría interferencias, es decir, alguien a mi alrededor estaba hablando en la mente de otra persona y yo lo escuchaba por error.
-¿Te encuentras bien?-dijo Estelle, yo asentí, intentando no preocuparla.-Vamos, sígueme, ya es hora de presentarte a la sociedad, ¿no crees?
Fuimos hacia un grupo variado en el que todos, chicos y chicas, parecían conocer a mi compañera. Todos fueron simpáticos y se mostraron curiosos por saber más de mi. Estelle seguía mirándome preocupada, pero yo le sonreí brevemente y seguí respondiendo a los saludos y abrazos que me daban. Los nombres pasaban por mi cabeza creando un confuso remolino, hasta que una chica de poca estatura nos interrupió (lo que yo agradecí en cierta manera) para decir que nos reunieramos con los demás para la meditación.
Nunca había hecho eso, pero pareció que los demás se sentían seguros al cruzarse con las piernas cruzadas y cerrar los ojos, así que yo hice lo mismo. La profunda voz del Maestro resonó por todo el lugar, pero no supe distinguir si estaba en mi mente o hablando en la vida real. Nos guiaba diciendo lo que debíamos hacer y poco a poco comencé a relajarme, a encontrar paz.
Pero parece que tengo una maldición, pues ningún momento de paz dura demasiado en lo que me respecta, esa voz comenzó a oirse de nuevo en mi cabeza, rebotando y provocando un eco me hacía querer gritar, pero me controlé, ya tenía suficiente con ser esa misteriosa chica que llegó nueva y no se deja ver, para ahora ser también la que interrumpió la meditación con sus gritos desquiciados.
La voz seguía estando ahí y aumentaba de volumen cada vez más. Estaba claro, esa voz no era la de Sam, pero por extraño que parecía, reconocía esa voz.
Poco a poco fui perdiendo la conciencia, noté la hierba acariciando mi rostro cuando me desplomé y oía gritos en la lejanía pronunciando mi nombre, que fueron reemplazadas por completo por otra voz.
«-Zar...
El corazón me dio un vuelco al reconocer finalmente esa voz, solo podía ser él, mi Dom, mi hermano.
-Dom, ¿dónde estás?
-Estoy aqui, pequeña. He aprovechado esta ocasión, solo quería volver a oir tu voz... te quiero Sarah, puede que no pueda volver a decírtelo en persona, pero al menos te lo he podido decir una última vez.
-No, Thomas, ¿qué estas diciendo? No seas idiota, esto no tiene gracia. No me asustes Tom, ¿Tom?
Por fin pude ver su rostro y abrí los ojos sin poder creer lo que veía, la piel alrededor de sus ojos estaba hundida y el color azul de estos había perdido casi por completo su brillo. Se veía demacrado y más delgado que de costumbre, los huesos de los pómulos salían creando un escalofriante ángulo agudo y una poblada barba le ocultaba la mitad inferior de su rostro casi en su totalidad, parecía más mayor y muy agotado.
-¿Qué te han hecho?-dije acariciando su escuálida mejilla.-¿Quién ha sido?
-Confía en ellos, déjate ayudar por los Somnus. Y no vuelvas a casa, por lo menos no vuelvas sola, mamá está bien, no te preocupes Zar, sé que te preocupas mucho.
-¿Y tú? ¿Me vas a decir que tú estás bien? Maldición, Tom, pareces un cadáver.
-Por mi ya no puedes hacer nada. Adiós pequeña, debo descansar, estoy agotado...»
Su voz se esfumó tan rápido como había venido y yo seguía sin poder moverme, estaba cansada, yo también quería dormir.
***
Volví a ser consciente de mis pensamientos así que supuse que estaba despierta, intenté abrir los ojos, pero parecía que mis párpados estaban pegados, no podía abrirlos. Me asusté, me entró el pánico, pero la tensión se evaporó cuando escuché la voz de Sam. Mi subconsciente seguía sintiéndose tranquilo y seguro en su presencia.
-Esto se está volviendo peligroso, madre. Quiero protegerla, pero ella no se deja ayudar, no sé qué hacer, es demasiado terca y cada vez que intento hacer algo bien con ella, lo acabo fastidiando.-parecía sincero y preocupado, pero no me tragaba eso del chico que me ha mirado como un témpano de hielo a lo largo de estas dos últimas semanas.
-Tranquilo Sam, en el fondo es una chica encantadora y razonable, ten paciencia, solo está asustada y abrumada por este cambio en su vida.
Un momento, esa era Alba, su voz era inconfundible¿Sam acababa de llamar madre a Alba? No podía ser, seguramente eran imaginaciones de mi confusa mente, eso debía ser. Esto de prestar atención a una conversación en el estado en el que me encontraba era demasiado agotador, y casi al mismo tiempo en el que la puerta se cerró volví a caer en esta preciada inconsciencia.
***
[1]Lectus Somnium(latín):Lectus: cama/lecho Somnium: sueño
Yo lo entiendo así como "El lecho de los sueños", la base de los Guardianes de Sueños, en esta historia también se refieren a él como "El Cuartel".
[2]Defectio solis(latín): Eclipse solar.
[3]Esgrima: es un deporte de combate en el que se enfrentan dos contrincantes que deben intentar tocarse con un arma blanca, en función de la cual se diferencian tres modalidades: sable, espada y florete.
[4]Muay thai o Kick boxing: es un deporte de contacto de origen japonés en el cual se mezclan las técnicas de lucha o combate del boxeo con las de algunas artes marciales como el kárate y el boxeo tailandés. Estando así relacionado con el antiguo arte del muay thai, pero los golpes con el codo y rodilla generalmente no son permitidos
[5] Krav Magá: La idea básica consiste en ocuparse primero de la amenaza inmediata (por ejemplo, un estrangulamiento contra el practicante), impedir que el agresor vuelva a atacar y finalmente, neutralizar al contrario. Se hace énfasis en quitarle de inmediato la iniciativa al agresor, incluye métodos de defensa contra uno o varios atacantes, en respuesta a una amplia y variada gama de agresiones.
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