Capítulo 11
Aquí está el capítulo que os prometí, esta vez, sí es a tiempo ;) BIEN!! SOY UNA ESCRITORA RESPONSABLE!! ok no, sé que no lo soy y que tampoco estoy muy centrada así que... mientras que voy a relajarme y a convertirme en una escritora nada irresponsable y nada loca, os dejo el capítulo XD
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Capítulo dedicado a beripla
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Capítulo 1
Capítulo 11: Ayuda
-¡¡Ayuda!!
Era tan estúpida que hasta en el sueño pedía ayuda, no sabía ni siquiera si el chico estaba ahí, pero no podía quedarme quieta mientras sabía que estaba encerrada en la buhardilla debido a un arranque de locura e ira de mi hermano.
-¿Qué ocurre?
Su voz sonó cerca y cuando esa misteriosa luz se encendió, vi que ÉL estaba a unos pasos de distancia de donde estaba yo.
-¿Qué te ocurre Sarah?
-Mi hermano... me ha encerrado en la buhardilla, no sé ni qué hago durmiéndome, debería estar intentando salir de allí.
-¿Tu hermano?¿tienes un hermano?
-Sí, ¿por qué?
-Sé sincera, Sarah. ¿Tu hermano ha estado raro estos días? ¿te has sentido en peligro cuando estabas a su lado?
-¿Por qué me estás preguntando esto? ¡¿Ni siquiera sé tu nombre y tengo que responderte?!
-DIOS! ¡Qué pesadita eres con lo del nombre!
-¡PUES CLARO QUE SOY PESADA! ¡¡un chico aparece cada noche interrumpiendo mis sueños y mi descanso, cuando hablo con él no solo no quiere decirme su nombre, si no que además me dice cosas que no tienen ni pies ni cabeza!! ¿Y sabes qué es lo peor? ¡¡que me he peleado con mi mejor amiga por tu culpa!!
Solté todo eso del tirón, gritando y bastante alterada, pero ya no podía más, toda mi vida estaba volviéndose del revés en apenas unas semanas, no sabía qué consecuencias podrían tener mis palabras, pero la impulsividad propia de mí, ganó la carrera a la razón, en el fondo, sabía que era peligroso decirle todo eso a una persona que ni siquiera sabía si existía, pero tuve la necesidad de soltarlo, y lo hice.
-Está bien. Pero ten claro que estoy aquí para ayudarte, eso es lo que pedías, ¿no? Estabas pidiendo ayuda.
-Yo... bueno, sí. ¿Pero cómo narices me vas a ayudar tú?Nunca te he visto fuera de estos sueños raros...-eso no era del todo cierto, pero no me atrevía a formularle la pregunta que martilleaba en mi mente.
-Estás equivocada en lo último y creo que lo sabes; o por lo menos, lo intuyes.
-Está bien. ¿tú...-inhalé aire para decirlo todo de corrido- tú eres el mismo chico de ayer? ¿el que es el mejor amigo de Beth?.
-Tengo que responderte claramente, ¿verdad?
-Sería lo suyo...
-Está bien, tú... tienes razón, soy el mismo.
Solté todo el aire que había estado reteniendo, él sonrió de medio lado y lo miré resentida.
-¿Por qué apareces en mis sueños?.
-Ya te lo dije el otro día, no es mi problema que no quieras creerme.
-¿Y quién te creería cuando dices cosas que te acabas de inventar?
-Por si no te diste cuenta, hablé muy en serio cuando dije era verdad, pero si no me crees... la verdad, no pienso pelearme con una niñata de mente cerrada.
-¡¿Y encima me insultas?! ¿Por qué Dios?, ¿Por qué me diste una mente tan imaginativa que es capaz de crear a un lunático que me insulta en mi mente?
-Y luego dices que yo soy el lunático -dijo él con retintín.
Lo miré de mala forma, pero no me dio tiempo a más, él murmuró algo que no alcancé a escuchar y abrí los ojos de golpe.
***
No sabía qué hora era, solo sabía que entraba algo de luz por la mugrienta y pequeña ventana de la buhardilla en la que me encontraba encerrada. Eso solo podía significar que había dormido toda la noche, mi hermano me encerró un par de horas después de haber llegado yo del cine. Por lo menos a mí me parecía eso, se sentía tan lejana la oscuridad del cine interrumpida por la enorme pantalla... Suspiré y me di cuenta de que mi móvil (que había perdido al cogerme mi hermano) estaba tirado a pocos metros de la puerta.
Me abalancé hacia él como un hombre deshidratado en medio del desierto y que acaba de encontrar agua.
Una vez tuve el aparato entre mis manos, dudé a quién llamar. Tenía muchos mensajes de Beth, pero no me apetecía leerlos, ya lo haría más adelante, cuando no estuviese encerrada en un maldito polvoriento desván.
¿A quién llamaba? Beth no era una opción, seguramente estaría resentida (más de lo que ya estaba) porque no respondí a sus mensajes. Mi hermano tampoco, dudaba que me sacase de aquí. Mi madre... no, ella tampoco, si no, hubiese venido la noche anterior al oir los gritos. Últimamente, ella estaba rara, hacía todo lo que le decía mi hermano y... eso no era muy conveniente para mí. No tenía a nadie más de confianza a quien llamar... ¡NO! ¡Espera! Sergio, sí, podría llamarlo a él. Sería una ironía, pedir ayuda al causante (aunque probablemente él no lo sabría) del problema por el que necesitaba pedir ayuda. ¡Dios! ¡Que confuso! Casi no me entendía ni yo...
Los tonos del móvil comenzaron a sonar, me pareció eterna la espera, pero seguía con la esperanza de que me cogería, una esperanza que fue disminuyendo hasta ser inexistente al saltar su contestador.
Una nueva tristeza se fue apoderando de mí al escuchar su voz
“Hola, soy Sergio. Deja tu mensaje y hablaré contigo luego”
La primera frase; en italiano, no la entendí muy bien pese a saber ese idioma, quizás por los nervios que tenía y por no estar concentrada. Luego, al escuchar la segunda, me decidí a dejarle un mensaje.
-Hola, Sergio. Soy Sarah. Necesito tu ayuda, es... algo con mi hermano.
Es urgente y... bueno, espero que me llames lo antes posible, yo... bueno, da igual. Adiós.
Me negaba a creer que el único que me quedaba también me había fallado. Me dije a mi misma que lo mismo estaba ocupado o tenía el móvil sin batería o incluso sin cobertura. Sí, existían miles de inconvenientes y razones por las cuales no me había cogido el teléfono, más ninguna lograba convencerme del todo.
Estaba desanimada, buscando distraídamente algo con lo que, por lo menos, entretenerme para no pensar en las miles de cosas pesimistas que acudían a mi mente.
En un momento dado, la puerta se abrió y cerró rápidamente. Lógicamente, alcé la cabeza esperando encontrarme a alguien que me sacara de allí, quizás incluso a Sergio, entrando cual caballero salvando a la princesa. Pero eso solo eran cuentos de hadas, eso no ocurría en la realidad. Mi realidad era mi hermano, él era el que había entrado en la habitación.
Asustada, me puse en pie al momento y cogí el bate que estaba a mi lado. Fui retrocediendo hasta que di con la espalda en la pared, más concretamente, con una esquina. Mi hermano avanzaba cautelosamente hacia mí y yo cogí el bate con más fuerza, apreté los dientes y lo reté con la mirada. Él frunció el ceño y abrió la boca para hablar, pero yo lo interrumpí.
-¡A qué ha venido eso!, ¿eh? CONTESTA.- mi voz sonaba asustada y temblaba, pero esperaba haberle dado la potencia necesaria a mis palabras como para no parecer tanto a un cervatillo acorralado y a punto de ser cazado.
-Zar...no vengo a hacerte daño, ese bate no es necesario. Déjalo en el suelo.- me cabreó la forma en la que me hablaba, como si fuera una estúpida con problemas mentales.- De todas formas, no serías capaz de golpearme, soy tu hermano.
Y esa fue la gota que colmó el vaso. Dejé el bate en el suelo para golpearlo con mis propias manos, pero él lo interpretó como que le hacía caso y sonrió creyéndose el ganador. Pero aproveché ese momento para regalarle un premio por su “victoria”. Mi rodilla fue a parar a su entrepierna y salí corriendo hasta la puerta. Con horror, me di cuenta que estaba cerrada, cosa de la que no me había dado cuenta con la adrenalina del momento. Pero la puerta tenía una cerradura, así era como me había encerrado mi hermano, cerró por fuera y ahora cogió y cerró por dentro. Bueno, supuse que las llaves las tenía él y me acerqué a ese bulto en el suelo que provocaba jadeos y quejas que era mi hermano. Cuando le cogí las llaves, me dijo algo, pero no supe decir que era. Nada bonito, eso era seguro tras haberle golpeado en sus partes. Me dirigí hacia la puerta y le dediqué un último vistazo. Verlo así me dio pena. Sí, me había encerrado sin ninguna razón y se había puesto como una fiera conmigo, pero seguía siendo mi hermano. A la mierda todo, fui hacia él y lo ayudé con cuidado a levantarse, él me miró confundido y con cara de dolor, yo le dije “lo siento”con la mirada, puesto que prefería guardar todo mi aliento para poder sostener el tiempo necesario a mi hermano. Sí, él estaba delgado, pero todo ese músculo y altura pesaban bastante. La puerta ya estaba abierta, por lo que solo tuve que empujarla un poco para que ésta se abriera. Bajamos lentamente y con cuidado por las empinadas escaleras, para no caernos por ellas y lo llevé a su habitación. Él dió unos cuantos pasos y se sentó en su cama con un quejido. Yo me mordía el labio, nerviosa y con ganas de salir de allí.
-Yo... lo siento, Tom. Tenía miedo y...bueno, tú me dabas miedo. Al fin y al cabo la última vez estabas violento y a la vez también me encerraste y... bueno, sabes que si me dicen que no soy capaz de hacer algo, lo hago nada más que por orgullo y por joder y, tú dijiste que no podía pegarte. Ufff, ya sé que es una excusa horrible pero me siento fatal por haberte golpeado y sobre todo haberlo echo ahí y... agh, me estoy liando yo misma y esto está siendo más vergonzoso de lo que debería ser.
-No... no importa, re-reconozco que es normal... que te diera miedo y... diablos, me cuesta hablar, realmente duele, pero no te preocupes, me recuperaré por lo que me conviene, mañana tengo una cita- y sonrió como el pervertido salido que era. Bueno, si tenía esos pensamientos tampoco le habría dolido tanto, ¿no?
Salí de su habitación sin siquiera despedirme y fui hacia la cocina. Tenía mucha hambre. Mi madre, que estaba en el sofá, me miró y me dijo algo que me descolocó por completo:
-¿Te lo pasaste bien anoche?
-Ehm...¿si?
-¡Ha! ¡Esto es increíble!
-¡¿Qué?!
-¿Y encima tienes la cara dura de preguntarme?
-¡Sí te pregunto, es porque no lo sé!
-Ayer estuviste con un chico toda la noche, tu hermano me lo dijo. Bueno, se lo tuve que sacar con amenazas, ¡pero me dijo eso!
-¡Yo no estuve con ningún chico! ¡Estuve en el cumpleaños de Beth!, yo misma te lo dije.
-Pero cuando llegué tú no estabas. ¿Cómo lo explicas, eh jovencita?
-¡Lo explico con que estaba encerrada!Tu querido “hijito” me encerró. ¡Yo misma te llamé para que me abrieras la puerta pero pasaste de mí!
-¿Tú te crees que me chupo el dedo? ¡Entré a tu cuarto para asegurarme que no estabas allí y no había nada!
-¡Porque me encerró en la buhardilla!
-¡Tu hermano nunca haría eso! Tu hermano no está loco pese a que esté algo raro estos últimos tiempos.
-¡Ya lo sé! Pero la que también está loca y rara eres tú, mamá. ¡Haces y te crees todo lo que dice él!
-¿Cómo te atreves a decirme eso? ¡Estás castigada!
-¡¿QUË?!¿Qué he hecho, eh? NADA, no he hecho nada.
-¿Te parece poco mentirme, insultarme y menospreciar mi autoridad? ¡Soy tu madre y aquí nadie me da ordenes porque se hace lo que yo digo.
-Pero...
-¡A callar! ¡Vete a tu cuarto y enciérrate con un portazo si tanta ilusión te hace!
-¡BIEN!, ¡pues no volverás a ver mi cara por aquí!
-Pues bien.
-Agh!!!
Mi madre me desesperaba, no podía creerlo, ella no se daba cuenta que Tom la manejaba y encima la culpa me la comía yo. No era justo. Pero subí a mi cuarto, donde tenía mi móvil, mi ordenador y mis miles de recursos para abstraerme del mundo. Pero claro, como yo era muy obediente, pegué un portazo como dijo mi “mami”.
***
Espero que os haya gustado, recordad que los COMENTARIOS y VOTOS SIEMPRE AYUDAN!!
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