Capítulo 3

Es curioso cómo por la mañana las cosas se ven desde un punto de vista diferente. Todo lo que había ocurrido el día anterior parecía una pesadilla extraña, como si no me hubiera pasado de verdad y yo me sentía como nueva. Como si el día anterior no hubiera estado a punto de morir dos veces. Observé la chaqueta de mi héroe particular colgada en la silla de mi escritorio, como un recordatorio de que todo lo que había sucedido el día anterior era real.

Me preparé para ir al instituto y decidí que usaría la chaqueta cada día, de manera que, si aquel joven me veía, pudiera reconocerme y quizá, entender que le estaba buscando. 

La chaqueta se veía bien. Grande, pero bien. Sin embargo, cuando Sarah y Elisa me vieron usándola, no les gustó demasiado. Era una chaqueta de cuero marrón con lana en la parte del cuello, de estilo aviador.

—¿De dónde has sacado ese saco?— preguntó Sarah burlona. Lo cierto era que su opinión me importaba bien poco.

—Pues veréis, anoche, cuando volvía a casa...— empecé a contarlo, pero en ese instante llegó Dan y captó toda la atención de mis interlocutoras, así que preferí guardar mi relato para otro momento un poco más sosegado, o en el que al menos, me escuchasen.

Dan me miró de arriba a abajo entrecerrando los ojos, inclinando la cabeza hacia un lado en el momento exacto en que vio la chaqueta que estaba usando.

—¿De dónde has...?— pero Sarah no le dejó seguir hablando. Lo tomó del brazo y se lo llevó lejos de nuestras miradas.

Elisa y yo los mirábamos alejarse de nosotras y nos reímos.

—Ahora sólo falta que Joel la vea con Dan— sugirió Elisa.

—¿Todavía sigue con esa tontería? Creí que con toda esta obsesión ya lo había superado.

—Es posible, ella es así ¿verdad? Pero yo tengo otra teoría.

Se detuvo unos segundos antes de hablar.

—¿Cuál?

Elisa se aproximó a mí lo suficiente para susurrar en mi oído.

—Dan es diferente. No sé qué es, pero tiene algo especial. A estas alturas no creo que Sarah se acuerde de que Joel existe.

Me sorprendió que lo hubiera notado también. Por un momento había pensado que estaba loca por enamorarme a primera vista, pero saber que ella también había notado algo, me aliviaba mucho.

—¡No me malinterpretes!— se apresuró a decir azorada. —No es que me haya interesado en él, ni nada de eso, pero...— dejó las palabras en el aire, como si no supiera cómo seguirlas.

—Es una sensación en el pecho que no se puede controlar— terminé la frase. Ella sonrió.

—¡Tú también lo has notado! No quería deciros nada para que no creyeseis que soy una enamoradiza ni nada de eso. Es algo muy real y estuve dándole muchas vueltas a la cabeza. Incluso lo he hablado con mis padres y me han dicho algo extraño sobre unos personajes que producen ese tipo de sentimientos y que andan por ahí protegiéndonos.

Tan pronto como terminó de decirlo, se sintió ridícula al oírse en voz alta.

—Me recuerda a las historias de mi abuela— me reí al pensar que los padres de Elisa sonaban tan locos como ella, pero al pensarlo bien, la sonrisa se fue borrando de mis labios. ¿Y si mi abuela no estaba tan loca como yo pensaba?

—Casi prefiero que las historias de tu abuela sean verdad en lugar de la alternativa— dijo metiéndose las manos en los bolsillos con fingida indiferencia.

—¿Y cuál es?

—Que me haya enamorado de él.

No contesté. Me sentía exactamente igual que ella. Pero eso era lo más raro de todo. ¿Qué clase de persona era Dan? Es más, él no era el único con el que me había sentido así.

—¿Has mencionado que tus padres dicen que esos personajes van por ahí protegiendo a la gente?

—Sí, al principio no les presté mucha atención. Parecía un cuento de hadas, pero cuando fui recapacitando, algo en mi interior me decía que no era tan imposible. Es decir... ¡Todo encaja! Si todo esto es verdad, tiene sentido.

—¿Y si te dijera que ayer me ocurrió algo...?

Elisa me miró expectante. Ella era del tipo de persona que creía fervientemente en las cosas místicas, aunque las constantes burlas de Sarah habían logrado que nunca hablara de ellas.

—¿Con Dan?

—No, era otra persona. El dueño de esta chaqueta— dije pasando mis manos por encima para notar su suave tacto.

—¿Qué ocurrió, Angie?

Relaté a mi amiga con todo detalle lo ocurrido con el taxista, la oportuna aparición del joven en aquel lugar solitario y su extraña reacción después. Ella me escuchaba fascinada.

—¿Fuiste a la policía? —inquirió preocupada.

—No. La verdad es que ayer estaba agotada y ni siquiera lo pensé —me encogí de hombros. Aunque sabía que debía hacerlo, lo único que quería hacer era olvidarme de lo ocurrido, por difícil que pareciera. 

—Si quieres, te acompaño —insistió. 

—No será necesario. Estoy bien. No ocurrió nada... Además, ni siquiera le vi la cara. No podría reconocerlo.

Elisa me observó con desconfianza, pero en seguida suspiró y negó con la cabeza.

—Espero que haya alguien más considerada que tú que denuncie lo ocurrido —se burló. —Y dime, sobre el muchacho que te salvó, ¿crees que puede tratarse de uno de esos seres de los que hablaban mis padres?

—No lo sé, pero si no lo es, lo parece.

El resto del día no volvimos a ver a Sarah o a Dan y empecé a preocuparme un poco. ¿Dónde habrían ido? Si lo pensaba bien, realmente no sabíamos nada sobre él. ¿Y si la había secuestrado? ¿Y si le había hecho algo? ¿Y si se habían ido a Las Vegas a casarse? De Sarah podía esperar cualquier cosa, pero ¿Y de él? Lo único que sabíamos eran las extrañas especulaciones que habíamos estado haciendo.

Por la tarde intenté contactar con ella en varias ocasiones, pero no dio señales de vida. ¿Qué le habría pasado? Empezaba a estar muy preocupada.

Al día siguiente encontré a Elisa esperándome en la entrada del instituto. Parecía nerviosa. Me aproximé a ella y tan pronto como me vio, corrió a mi encuentro.

—Por fin llegas. Ven, es Sarah.

—¿Qué ha pasado?

—No lo sé. Se ha encerrado en el baño y no quiere salir. Está llorando sin parar.

—¿Sabes si Dan le ha hecho algo?— pregunté empezando a temer lo peor.

—Puede ser. Dice que odia a Dan y a todos los hombres. No lo conozco mucho, pero ¿Crees que puede haberle hecho algo?

—Más le vale que no, o lo mataré con mis propias manos.

—Eso tiraría por tierra la teoría de los protectores— murmuró decepcionada.

Llegamos al baño y los sollozos de Sarah retumbaban en el fétido habitáculo.

—¿Sarah?—la llamé.

—Dejadme en paz— exclamó con la voz entrecortada.

—Sarah, estamos aquí para ayudarte. Sal, por favor— Elisa golpeó la puerta tras la que estaba nuestra amiga.

—¿Ha sido Dan? ¿Te ha hecho algo?— pregunté preocupada.

—¿Qué? ¡No! Casi diría que ese es el problema— contestó al otro lado dela puerta.

Algo característico de nuestra amiga era lo exagerada que era para las cosas. Actuaba como si su vida fuera una película y a veces resultaba molesto que hiciera dramas por todo.

Miré mi reloj. La hora de comenzar las clases estaba llegando y la gente empezaba a agolparse por los pasillos para ir a su destino. Íbamos a llegar tarde por su culpa.

De repente, mis ojos captaron una mirada diferente del resto. Un muchacho parado al otro lado del pasillo me observaba con una leve sonrisa.

Había algo en él completamente diferente del resto de estudiantes, casi inhumano. Era como si un aura de luz lo cubriese. Su cabello, de un rubio blanquecino, estaba peinado algo desordenado hacia un lado. Su mirada era penetrante, como si llegase hasta lo más hondo de mi alma.

No me atrevía a cortar el contacto visual con él, por temor a que desapareciera y me quedé inmóvil. No podía dejar de mirarlo. De alguna manera sabía que él no era como los demás.

Nuestro extraño momento fue interrumpido por los ojos llenos de máscara de pestañas chorretosa de mi amiga Sarah, que se había parado frente a mí y me abrazó desesperada.

—¡Me ha dejado!— Dijo entre lágrimas.

—¿Qué? ¿Quién?— aturdida intenté volver a conectar con el mundo a mi alrededor.

Ella se apartó para mirarme incrédula.

—Dan. ¿Es que no has estado escuchando todo lo que he dicho?

—Vamos, Sarah, tampoco es que te haya dejado. —dijo Elisa poniendo la mano en su hombro. —En un sólo día no se puede decir que hayáis estado juntos, en el sentido estricto de la palabra. Quizá sólo quería pasar el rato.

—Para mí ha sido mucho más que eso. Puede que haya sido breve, pero ha sido hermoso. —Sarah se secó las lágrimas y suspiró profundamente.

Volví a buscar al joven al otro lado del pasillo, pero había desaparecido. Miré hacia ambos lados y no había rastro de él. ¿Quién sería?

—¿Pero qué ha pasado? — inquirí una vez que había conseguido volver a la realidad.

—Todo iba perfecto. Ayer estuvimos todo el día juntos, nos besamos y...

—¡¿Os besasteis?!—preguntó Elisa cubriéndose la boca con sorpresa.

—¡Claro! ¿Qué pensabas? Luego aparecieron Mr. White y el otro chico nuevo, ese tal Leví, que está en la clase B y empezaron a decir cosas raras. Me fui de allí porque me estaba dando mal rollo, y esta mañana, Dan me ha ignorado. Ha actuado como si lo de ayer no hubiera pasado. ¡Es un idiota!

Sarah volvió a romper a llorar en mi hombro cuando el timbre que marcaba el inicio de las clases sonó. Los estudiantes corrían por todos lados para no llegar tarde a sus clases mientras yo seguía consolando a Sarah en la puerta del aseo.

—Vamos, no te preocupes. Ese chico no te merece.

—Lo sé— se secó los ojos cuidadosamente con un pañuelo y se forzó a sonreír. Puse los ojos en blanco y sonreí con ella. Sarah y su actitud de diva.

Entramos en clase y para intentar hacer que mi amiga olvidase a Dan, decidí hablarle del chico que había visto en el pasillo. Nada animaría más a mi amiga que un chico guapo.

—No te preocupes, Sarah, en cuanto veas al chico que he visto hoy en el pasillo, Dan pasará a la historia.

—Espero que no te estés refiriendo a Leví. También es guapo, pero es más rarito que Dan, siempre con ese aire serio...

—No, es otro. Es...— entonces, como si de una aparición se tratase, lo vi en la puerta de clase. —¡Ese de ahí!— exclamé.

Mis amigas miraron en la misma dirección que yo, pero para mi sorpresa, parecían indiferentes.

—¿Quién? Ahí no hay nadie— dijo Elisa.

—¿Cómo que no? Pero si está...— cuando volví a mirar ya no estaba. —ahí mismo...— murmuré desconcertada.

—Angie, no intentes consolarme— Sarah se apoyó sobre el hombro de Elisa con aire teatral y suspiró —Mi corazón ha sido roto para el resto de mi vida. Nunca más podré volver a amar a otro hombre.

Las tres nos reímos.

En ese instante, Dan entraba por la puerta y, para sorpresa de todas, se sentó a mi lado.

—Buenos días, Angie— sonrió.

¿Cómo se atrevía a sentarse aquí después de haber roto el corazón de mi amiga que, por cierto, estaba justo detrás de nosotros? Me esforcé por parecer indignada y, aunque me había hecho ilusión que recordase mi nombre, no le contesté y miré hacia delante.

—He dicho buenos días...— susurró acercándose un poco más.

Di un respingo al sentir su cercanía y lo fulminé con la mirada.

—¿Cómo te atreves a hablarme después de lo que has hecho con Sarah? —intenté susurrar, pero lo suficientemente fuerte como para que ella me escuchase defenderla.

—¿Qué he hecho con...? Oh...

—Conozco a los que son como tú. Te has aprovechado de ella y cuando has conseguido lo que quieres cambias de objetivo, ¿no es así? Pues, lo siento, pero yo no voy a ser la siguiente.

Dan me miró sorprendido y luego sonrió.

—Está bien. Yo sólo estaba diciendo buenos días. Después hablamos sobre Sarah.

La profesora entró en clase y Dan volvió la vista al frente. ¿De verdad iba a explicarme qué había pasado? Quizá podría sonsacar información que me sirviera para consolarla.

Miré hacia atrás, donde estaban sentadas mis amigas, pero Sarah tenía la cabeza baja, cubierta por el pelo. No parecía estar muy feliz de ver a Dan sentado a mi lado. Tuve una extraña sensación de dejavú.

Cuando terminó la clase, Sarah salió disparada sin esperar a nadie. Maldije en mi fuero interno. Seguro que se enfadaba conmigo por culpa del cretino sentado a mi lado. Me levanté en seguida para seguirla, pero Dan me detuvo.

—Angie.

Lo miré con cara de enfadada para que entendiese que no quería hablar con él.

—¿Qué quieres?— espeté con frialdad.

—Oye, entre Sarah y yo no ha pasado nada que merezca este trato, te lo aseguro.

—Ella nos ha puesto al corriente esta mañana. Tal vez en vuestro mundo de "los perfectos", besar a otra persona no signifique nada, pero en la vida real, supone un poco de compromiso.

—Ya... bueno, es un poco difícil interrumpir a tu amiga cuando está tan decidida— se rió algo avergonzado.

—¿Me estás diciendo que es su culpa? ¿Y por qué iba a creerte a ti en vez de a mi amiga?

—Porque estoy diciendo la verdad.

No quería creerle, pero algo dentro de mí me decía que no mentía, y rara vez me equivocaba. Él percibió que mi actitud iba suavizándose por momentos y sonrió.

—Quería preguntarte algo. ¿De dónde has sacado esa chaqueta que usas?

Miré la chaqueta de mi "salvador" y luego lo miré a él. Mi corazón latió con fuerza otra vez. Al pensar en lo que había dicho Elisa sobre esos personajes que cuidaban de nosotros y que producían ciertos sentimientos difíciles de controlar, algo empezaba a encajar, pues el chico de la chaqueta y Dan me habían hecho sentir lo mismo.

—¿Conoces al dueño de esta chaqueta?— pregunté esperanzada.

—Puede ser...— metió las manos en los bolsillos intentando hacerse el interesante.

—¿Dónde puedo encontrarlo?

—Yo podría llevarte a él, pero primero tienes que venir conmigo al despacho de Mr. White.

Lo miré horrorizada.

—¿Al despacho de Mr. White? ¡No! No pienso ir contigo a ningún lugar a solas— exclamé llena de desconfianza.

—Vamos, ¿qué crees que te voy a hacer?

—No lo sé, pero lo que fuera que hiciste ayer con Mr. White, a Sarah no le gustó.

Dan suspiró sonoramente y se pasó las manos por la cara intentando buscar una buena respuesta.

—A ver, ¿Cómo te lo explico? Estoy buscando a alguien y no sé exactamente qué apariencia tiene, pero sé que estudia en este instituto. Pensé que podría tratarse de Sarah, pero después de conocerla un poco nos dimos cuenta de que no es ella.

—¿Estás buscando a alguien? ¿Eso qué quiere decir?

—Bueno, me gustaría comprobar si se trata de ti. Así, tú te encuentras con el dueño de la chaqueta y yo salgo de dudas.

No terminaba de creer en lo que me decía, pero todo era muy extraño. Mi mente racional me decía que todo aquello era imposible, puras coincidencias, pero esa intuición en el fondo de mi ser, esa que nunca me fallaba, me decía que tenía que confiar en lo que Dan me decía. De hecho, mi abuela me había dicho el día anterior que Dan me buscaba a mí, pero no sabía que era yo. Pensé que decía tonterías, pero ya no me lo parecían tanto.

—¿Vienes conmigo?

—Yo... —lo miré asustada.

Algo no iba bien. No me había dado cuenta, pero todos los alumnos habían entrado ya a la siguiente clase y sólo estábamos nosotros en el pasillo. Entonces un frío familiar me puso los pelos de punta.

—Angie, ponte detrás de mí— dijo Dan intentando cubrirme con naturalidad.

En ese momento, un estudiante de arte pasaba por nuestro lado. Su apariencia era sombría. Tenía el pelo negro con una cresta azul y tantos piercings en la cara que parecía un colador. La ropa, rota y raída por todas partes, era negra y muy ajustada, dejando a la vista una silueta demacrada y delgada. Su semblante era oscuro y su mirada daba escalofríos. Él me miró al pasar a mi lado e hizo una mueca de desprecio. Detrás de él me pareció ver una sombra. Algo que me producía un miedo irracional que ya había sentido antes, aunque no era tan intenso como la otra vez. Nos miró e hizo una mueca, pero no se detuvo ni un instante. Entró en su clase y cerró la puerta de un golpe. Entonces todo cesó y Dan se relajó un poco.

—¿Qué demonios ha pasado?— pregunté nerviosa. —¿Qué era eso detrás de él?

—¿Lo has visto?— preguntó Dan sorprendido.

—¿Que si lo he visto? Parecía un fantasma pegado a su espalda. ¿Él sabe que eso está ahí?

Dan me miró enarcando una ceja y me agarró de la mano tirando de mí en dirección al despacho de Mr. White.

—No es que me queden muchas dudas, pero antes de seguir hablando, voy a asegurarme de que eres la persona que buscamos.

—Espera,Dan...— hizo caso omiso a mis insistentes protestas y tiró de mí.Parecía ilusionado y yo... yo no sabía cómo sentirme. Sólo me dejé llevar porque, aunque fuera contrario a mis creencias, sentía que era lo correcto.

Entramos en el despacho de Mr. White, que estaba hablando por teléfono. En el instante en que me vio entrar se despidió y se puso en pie.

—Señorita Ángela, qué sorpresa verla por aquí. ¿En qué les puedo ayudar? —preguntó con su característica cordialidad y su exagerado acento británico. No me pasó desapercibida una mirada de reproche hacia Dan que sonrió.

—Creo que ya podemos dejar de buscar, Jake.

Mr. White me observó de arriba a abajo, haciendo especial hincapié en la chaqueta.

—Bonita chaqueta— dijo entrecerrando los ojos.

De nuevo la chaqueta llamaba la atención. ¿Sería Mr. White también uno de esos personajes? En seguida deseché esos pensamientos fantásticos de mi cabeza.

—Me la han regalado.

—Ya veo. ¿Quién?

—No... no lo sé. Alguien que me salvó en la calle...— intentaba no hablar, porque sonaba absurdo incluso para mí que lo había vivido, pero por alguna razón, no conseguía ocultar información al profesor.

—Dan, ¿Puedes llamar a tu compañero para que venga inmediatamente? Me gustaría hablar con la joven Ángela un momento antes de nada.

—Claro.

Dan abandonó el despacho, teléfono en mano, y Mr. White me invitó a sentarme en una silla que había frente a su mesa. Me observó unos segundos entrecerrando los ojos y empecé a sentirme intranquila.

—No debes temer nada, Ángela. Esto no va a ser más que una entrevista que te servirá para definir tus aptitudes a la hora de elegir una carrera universitaria...

—¿Qué? Yo no sé nada de eso. Dan me dijo que quería comprobar si soy la persona que está buscando.

—Ah... ¿Dan te ha dicho eso?— se aclaró la garganta y sonrió algo nervioso.

—No se ofenda, Mr. White...

—Llámame Jake, por favor— sonrió. De nuevo, ese sentimiento en mi pecho me recordó a lo que me había dicho Elisa.

—De acuerdo, Jake... —Tomé aire. — No se ofenda, pero yo soy una persona escéptica, racional y objetiva. No sé qué está pasando, ni por qué estáis buscando a alguien, pero estoy segura de que no soy yo. Yo soy sólo yo... no tengo nada que destaque... yo...

Jake me miró alzando una ceja y se rió.

—El mundo de hoy en día vive uno de los episodios de ceguera más profunda que haya visto jamás. No hay fe ni esperanza. Todo se basa en lo que se puede ver, oír, tocar u oler. Ya nadie cree en las verdades que antes eran tan fáciles de entender. La humanidad ha aprendido tanto a través de la ciencia que supongo que se sienten tontos confiando en lo que no se puede demostrar científicamente.

—¿Y qué espera? Esta época de avances tecnológicos tira por tierra todo lo que se había creído en la antigüedad. Se ha demostrado una y otra vez que la gente se equivocaba.

—¿Eso crees?

—¡Claro! Antes la gente creía que la Tierra era plana y mataban a los que decían que corría sangre por las venas.

—Cierto, cierto. La ignorancia de la Edad Media hizo mucho daño.

—No es sólo eso, hoy en día nos definimos por un pensamiento más lógico y racional.

—¿Lógico? ¿Qué es la lógica para ti?

—Pues un razonamiento de ideas coherentes que no se contradicen... Y te puedo asegurar que nada de esto es lógico. A veces siento que voy a despertar de un sueño en cualquier momento.

—Entonces, si eres tan lógica y racional, dime, Ángela, ¿cómo explicas lo del muchacho del pasillo? Dan me ha dicho que has visto una sombra detrás de él.

—¿Cuándo se lo ha dicho? No lo he oído mencionarlo.

—A eso me refiero. Estás tan aferrada a tus cinco sentidos, que te limitas a ti misma y acallas todos los demás. Déjate llevar por tu corazón y descubrirás que hay mucho más.

Me quedé sin palabras y mi pecho empezó a arder, como si ahí dentro, algo me dijera que lo que decía no era tan loco como yo intentaba forzarme a creer. Aunque me negaba a creer, ese instinto que tantas veces me había guiado y del que él hablaba con tanta familiaridad me afirmaba que decía la verdad. No podía explicar cómo ocurría. Sólo era así.

—Por cierto, ¿Hoy has recibido alguna visita?— preguntó.

—¿A qué se refiere?

—Me refiero si no has conocido a alguien que te haya parecido extraño. Con ropas blancas... que desprende luz...

—¿Quién le ha hablado de eso? ¡No se lo he dicho a nadie! —Al principio me sorprendí muchísimo. Sabía muchas cosas que no debería saber, pero luego, empecé a atar cabos. Todos ellos parecían tener una relación entre sí, pero ¿cuál?

—Ángela, sabemos mucho más de lo que crees. Estamos aquí para protegerte. No temas. Cuéntame todo lo referente a esa visita. ¿Qué viste? ¿Te dijo algo?

Con la mirada perdida en un punto de la mesa frente a mí, evoqué el momento del encuentro con aquel muchacho tan extraño y cautivador.

—Había un joven que me miraba. Su presencia me transmitía paz. Tenía como una luz a su alrededor... Pero no dijo nada. Desapareció sin más. ¿Quién es? ¿Es malo?

—¡No! Para nada. Aunque toda esa situación se sale un poco de los parámetros habituales. Está bien. No pasa nada. Si vuelve a contactar contigo, debes decírmelo. Ahora tenemos que proceder con la prueba.

—¿De qué va esa prueba? ¿Me va a doler?— pregunté insegura. Percibí que él vaciló un instante.

—En realidad no vas a sentir nada de nada. Tal vez te duela un poco la cabeza después, pero no más que eso.

Me conformé con la respuesta, aunque no me convencía del todo.

Jake empezaba a mirar su reloj inquieto.

—¿Dónde estarán estos chicos? Tardan demasiado.

Tomó su teléfono y escribió algo impaciente. Escuchamos el sonido de dos teléfonos diferentes al otro lado de la puerta y dirigimos nuestras miradas en esa dirección.

—¿Qué demonios...?— Jake se levantó y fue a abrir la puerta, encontrando a Dan ahí solo, un poco nervioso.

—Hey, lo siento. Leví no estaba por aquí. Dice que estaba persiguiendo a un desterrado y tardará mucho en volver. ¿Te parece si lo hacemos nosotros?

Jake suspiró.

—Necesitamos a Leví aquí. Es importante que sus guardianes estén presentes durante la prueba del tiempo. En fin. —se pellizcó el puente de la nariz un poco cansado y se giró para mirarme a mí. —Mañana, después del intervalo, ven a mi despacho. Será algo rápido y para cuando tengas que volver a casa, estarás totalmente recuperada. Lavamos a realizar sólo para tener una prueba física y por escrito que mostrar ante el consejo, pero no nos cabe duda de que tú eres la persona que buscamos.

—No sé si me gusta cómo suena eso— murmuré desconfiada.

—Por cierto, Dan, espero que Leví esté menos ocupado para entonces. Asegúrate de transmitirle mi mensaje. Acompaña a la joven Ángela durante la mañana y permanece a su lado hasta dejarla en su casa. Prefiero que no esté sola hasta que hayamos conseguido establecer su protección como es debido.

—Claro, Jake. Será un placer.

Nos fuimos de allí y Dan, como había mandado Jake, estuvo conmigo toda la mañana. Era un muchacho muy divertido. Había conseguido hacerme olvidar toda la preocupación que sentía contándome historias y batallitas.

Al acabar las clases, me acompañó a casa. Caminábamos sin prisa, charlando de todo un poco, pero había una pregunta que había estado rondando todo el tiempo por la cabeza.

—¿El dueño de esta chaqueta es Leví de 2º B?— pregunté todavía pensando en la información que me había dado Jake.

—Sí. Él es mi compañero, como un hermano para mí.

—Ya veo... ¿y qué queréis exactamente de mí? ¿Por qué me buscáis?

—Angie, todo a su tiempo. No me puedo creer que sea yo el que esté diciendo esto. Siempre soy un bocazas demasiado precipitado dando información—se rió —, pero mañana, cuando llegue el momento, se te explicarán muchas cosas.

No me gustaba no tener respuestas, pero me conformé. Llegamos a la puerta de mi casa y se despidió de mí con un contundente abrazo que me dejó sin aliento. Luego sonrió y salió corriendo. Lo observé marcharse y negué con la cabeza. Todo era demasiado surrealista.

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