Felicidades, mi conejito

(Foto de arriba hecha por Mafer_Lear)

Un bello día empezaba. Los pájaros cantaban alegres en el exterior y el sol bañaba todo con sus dorados rayos, los cuales se colaban por la ventana del cuarto de una linda pareja de conejitos.

El primero en despertar fue el peliazul. Un muchacho de 20 años de piel morena y cuerpo marcado, resultado de numerables visitas al gimnasio. Tenía un cabello color turquesa que suele llevar en forma de tupé, aunque se va acostumbrando a llevarlo desordenado. Se levantó de la cama y se sentó en su lugar, para luego bostezar y estirarse. Había dormido bastante bien, además de que ese día era sábado, normal. Se giró a su izquierda para contemplar a aquella persona que había ganado y cuidado su corazón durante seis años, los mejores que había pasado el peliazul.

Sonrió al ver a su querido pelimorado dormir plácidamente a su lado. El cabello lo tenía suelto, y algunos mechones iban cayendo sobre su pálido rostro, causándole cosquillas y ligeras risillas. El de ojos verdes estaba perdidamente enamorado, y se sentía muy afortunado de tenerle a su lado, a pesar de tener mucha mala suerte. Se acercó lentamente a su rostro y tras apartarle unos mechones, le besó delicadamente su mejilla, y se apoyó un poco sobre él, abrazándole por la cintura.

Decidió dejar dormir un poco más a su conejito, y tomó su móvil para ver la hora. Pero una notificación apareció en la pantalla del aparato, dejando de piedra al de piel morena.

"17 de febrero, cumpleaños de Bonnie"

¡¿Cómo diablos se había olvidado del cumpleaños de su novio?! Venga, estamos hablando de Bon. Es su naturaleza. Se levantó sin hacer ruido y salió de la habitación, para dirigirse a la cocina y poder hacerle un delicioso desayuno digno de un cumpleañero a su querido conejito.

(...)

Por fin despertaba nuestro querido pelimorado, tras notar un delicioso aroma que provenía de una bandeja que estaba a su lado en su mesita de noche. Sonrió con dulzura, pues sabía quién había sido el responsable de aquello, a parte de que había una tarjeta en medio, especialmente para el cumpleañero. La tomó entre sus manos, apartándose algunos mechones de su cara para poder verla mejor.

"Querido conejito hermoso,

Felices 22 años ya. Cada vez me pareces más hermoso al paso del tiempo. Y solo te agradezco todos estos años juntos. Eres lo mejor que me pasó en mi vida. Te amo con toda mi alma, y nadie como yo te amará igual. Quiero que este sea un cumpleaños memorable, así que haré todo lo que esté en mi mano para que así sea.

Te quiere mucho,

Un conejo azul enamorado"

Bonnie sonrió ante tal acto. Sabía que su novio era muy cursi a veces, pero lo amaba de todos modos, aunque a veces metiera muy a fondo la pata.

- Este Bon...- rió un poco el chico, dejando la carta otra vez en la bandeja, y oyó cómo la puerta se empezaba a abrir.

- Oh~... no me has esperado...- dijo haciendo un puchero el peliazul, entrando en la habitación con un vaso de zumo de naranja en la mano.

- Jeje, buenos días, maestro- le dijo el pelimorado, regalándole una hermosa sonrisa a su novio, quien se sentó a su lado, dejando su vaso en su mesilla.

- Feliz cumpleaños, conejito- le besó la mejilla dulcemente su mejilla, y el pelimorado se giró para tomar la cabeza del mayor en altura y besarle en los labios, y el otro no tardó en corresponderle-. Me encantan tus besos, ¿te lo había dicho alguna vez?

- Solo cada vez que te doy uno- rió el de piel nívea juntando sus frentes-. ¿Vas a dejarme desayunar o te me vas a quedar viendo todo el rato?

- Mmm... no sé, si me lo dices así~- se acercó a su oído y le empezó a hacer cosquillas.

- ¡Jajaja, no, Bon, para, jajaja!- reía el muchacho de ojos rojos, tapándose con la sabana para defenderse.

- Jajaja, okey, okey, ya te dejo desayunar tranquilo- le besó la cabeza por encima de la sábana y se bajó de la cama-. Estaré en el salón si me necesitas- tomó su vaso de zumo y salió de la habitación.

Bonnie estaba muy sonrojado, se podía ver su sonrojo a través de la sábana. Cuando se destapó hundió su cara roja en su almohada, ahogando gritillos de pura felicidad. Le encantaba estar con Bon, y más porque ahora vivían juntos en un apartamento en el que se habían podido alojar, con ayuda de sus padres y amigos. Decidió tranquilizarse y probar el desayuno que su novio le había preparado: unas tostadas con mermelada de moras formando corazones, unas tortitas, con un "Te amo" escrito con sirope y un pudin con una vela encendida encima. Sin duda el peliazul sabía cómo enamorar cada vez más al pelimorado. Y no solo a simple vista parecía delicioso, si no que realmente sabía como comida de dioses. Estaba exquisito. Bonnie disfrutaba con aquel desayuno, pues también distinguía todo el amor que Bon había puesto en él. No tenía ninguna duda de que en verdad lo amaba con todo su corazón, y le alegraba más el saber que con el moreno era igual.

Mientras tanto, en el salón, Bon daba infinitas vueltas, con su móvil pegado a su oreja, esperando a que contestaran.

- Venga, por favor, cógelo...- murmuraba para sí mismo, entrando en pánico.

- ¿Sí?- una voz femenina se oyó a través de la línea.

- Oh, gracias al cielo, tengo un problemón- dijo el peliazul, tomándose el pelo.

- No me lo digas, olvidaste el cumpleaños de Bonnie.

- ... Sí...- confesó apenado el de ojos verdes.

- Y no le has comprado nada todavía.

- ... A veces me das miedo...

- Lo sé. ¿Quieres mi ayuda?

- Por favor.

- Reúnete conmigo en la cafetería de la plaza.

- Okey, gracias.

- Me debes una.

Y cortó la llamada. En parte estaba salvado, pero esperaba que fuera una buena idea, pues quería impresionar a su conejito, como todos los años. En eso vio a Bonnie bajar por la escalera, con la bandeja en sus manos, totalmente devorada.

- Podrías haberme llamado y la habría bajado yo- le dijo abrazándolo por la espalda.

- Yo también sé hacer cosas por mi cuenta, ¿sabes?- le contestó burlón- No tenías que haberte molestado en hacerme el desayuno.

- ¡Qué dices! Te merecías eso y mucho más- hundió su rostro en el cuello del otro, aspirando su dulce aroma.

- ¡Jajaja, yo creo que ya me habría hecho bolita y habría salido rodando!

Rió el de cabellos turquesas para luego besarle la cabeza, con un sonrojo en sus mejillas, cuando en eso el teléfono del mayor empezó a sonar.

- Perdona, tengo que cogerlo.

- Tranquilo, no importa- le contestó Bon, soltándole.

Bonnie se dirigió al salón mientras cogía su móvil y veía de quién era la llamada. Una sonrisa le apareció al ver el nombre de su mejor amigo.

- Hola, Fox- contestó alegre.

- Felicidades, rarito- le dijo al otro lado de la línea.

- Vaya, no esperaba que te acordaras.

- Y no lo hice, Chica me lo recordó.

- Jaja, ya me lo temía.

- Bueno, te llamaba porque los chicos quieren quedar para celebrar tu cumpleaños.

- Oh, ¿de verdad? ¡Genial!

- Te esperamos en 20 min. en el centro comercial, ¿ok?

- ¡Okey! Ahí estaré

- Hasta luego, rarito.

- Nos vemos, poste telefónico.

Escuchó cómo Foxy gruñía antes de cortar la llamada, no le gustaba que le llamaran así.

- ¿Quién era, amor?- el peliazul volvió a entrar al salón.

- Oh, era Fox.

- Ah, el poste telefónico- rió por el apodo que le puso el pelimorado-. ¿Qué tal está?

- Supongo que bien. Me ha llamado porque dice que quiere que quedemos con todos para celebrar mi cumpleaños- ante aquello el moreno se puso pálido, pues no podría ir-. ¿Bon, qué ocurre? Estás pálido...- colocó una de sus manos en su mejilla, y el otro la tomó, sonriendo nervioso.

- T-tranquilo, conejito... es solo, que no podré acompañarte, tengo cosas que hacer.

- Oh... entiendo- se notaba que estaba decepcionado, pues esperaba pasar tiempo con su novio el día de su cumpleaños.

- Pero no te preocupes, te prometo que cuando termine pasaremos el resto del día juntos, ¿te parece?

- Sí- le contestó alegre el pelimorado, ganándose un beso del moreno de piel.

- Me encanta verte sonreír- le abrazó.

- Je, je, je...- rió suavemente.

Ambos se separaron y se fueron a la habitación para cambiarse. Sí, eran novios, pero aún les daba vergüenza cambiarse en frente del otro, sobre todo Bonnie, por lo que este cogió su ropa y se metió al baño de la habitación. Una vez cambiados salieron de la casa, cerrándola con llave. Caminaron juntos tomados de las manos. La gente que pasaba por ahí los saludaban siempre, pues ya todos los conocían por ser los mejores guitarristas de la ciudad, pero sobre todo porque eran una muy agradable pareja. Una vez llegaron a la plaza soltaron sus manos y se despidieron.

- Y recuerda, si necesitas cualquier cosa...

- Sólo tengo que llamarte, ya lo sé, maestro- rió el menor en altura, recibiendo un beso en la frente por parte del otro.

- Te amo- le sonrió.

- Y yo a ti.

Se separaron y cada uno fue a su destino. Iremos primero con el conejito azul.

Bon se dirigió hacia la cafetería en la cual había quedado con su amiga para pedirle consejo sobre qué regalarle a Bonnie por su cumpleaños.

- ¡Bon, por aquí!- escuchó la voz de la chica y se giró para verla.

- Oh, Joy, menos mal- sonrió aliviado y se acercó a ella, para darle un abrazo-. Creí que me ibas a dejar plantado.

- Jaja, vamos, sólo fue una vez- se rió la rubia al recordar aquella vez que se olvidó de su encuentro con Bon para darle ánimos en un intento de declararse al pelimorado.

- Ya... y me costaste semanas de arrepentimiento- suspiró el chico.

- Bueno, ¿entonces quieres que te ayude o no?- se cruzó de brazos.

- Sí, sí, sí, perdón.

- Bien. Ah, por cierto, ¿no te importa que hayan venido Meg e Irene?- la chica las señaló, quienes saludaron con una sonrisa.

- Bueno, cuanta más ayuda mejor- se sentó con el resto.

- ¿Y en qué te ayudamos?- le preguntó la castaña, acomodándose las gafas.

- Veréis... sabéis que hoy es el cumpleaños de Bonnie, ¿cierto?- todas asintieron- Pues quería hacerle algo especial...

- ¿Como todos los años anteriores?- le interrumpió Meg, dando un sorbo a su batido.

- Más especial. Quiero que este año no lo olvide nunca...- se sonrojó al pensar la cara de felicidad de Bonnie.

Todas empezaron a pensar, y soltaron algunas ideas, pero el chico las rechazaba, o bien porque ya lo había utilizado algún año o bien porque no se lo podía permitir.

- Tío, eres difícil de convencer- se quejó Irene, echándose hacia atrás en su sitio.

- ¡Agh, no sé qué hacer!- se golpeó la frente contra la mesa.

- Vamos no te rindas tan fácilmente- Joy le acarició la cabeza.

- Esto es peor que cuando se quejaba de si era amor o admiración- se enojó Meg.

En eso a Irene se le encendió la lámpara, aunque tal vez no sea muy buena idea.

- Bueno... creo que aún hay algo que puedes darle...- todos la miraron- ¡P-pero no me toméis por pervertida!

- ¿A qué te refieres?- Bon temía la respuesta de la chica.

- ¿Qué tal si...- cambió su mirada- ... te entregas a él?- sí, el peliazul se esperaba algo así, pero no de esa forma.

- ¡¿Q-Q-QUÉ?!- gritó rojo de la vergüenza, llamando la atención de toda la cafetería.

- ¡Bon, no grites tan fuerte!- la rubia le reprendió por ello, a lo que el peliazul se disculpó.

- Pero, ¿estás segura, Irene?- la peliblanca miró a la castaña, la cual sólo suspiró.

- La verdad es que no lo sé- miró al techo-. Tanto tiempo con Paola ha hecho que perdiera toda mi inocencia... además, ya tienen 20 y 22 años, ¿no? Yo creo que ya es hora...

- La verdad es que sí...- Joy la apoyaba.

- Estoy contigo- igual Meg.

- ¡E-e-esperad, esperad!- el peliazul las calló- ¿Me estáis diciendo... que le regale a Bonnie mi virginidad?

Todas se miraron entre sí y asintieron al de ojos verdes.

- Solo que lo tienes que hacer siendo el seme, y recuerda: siempre con seguridad, pero con delicadeza, y si te dice que pares, PARA- lo fulminó con la mirada la castaña.

- ¿Y si me dice que no está listo?

- Tranquilo, Bon. Estoy segura de que él también querrá- lo animó Joy-. Pero creo que tendrás que ser delicado al pedírselo.

- ¿Y cómo lo hago?

- Debes ser sutil, pero yendo directo al grano...- le aconsejó Meg.

- Sutil y directo...- repitió en voz baja.

- Yo creo que primero hay que ir a algunos sitios- sonrió la castaña.

- Espera, ¿qué?

- ¡¡NOS VAMOS DE COMPRAS!!- gritaron todas a la vez y arrastraron con ellas al chico, el cual pedía ayuda mentalmente.

(...)

Mientras tanto, con el conejito morado...

- ¡Feliz cumpleaños, Bonnie!- gritaron todos al pelimorado, el cual se quitaba la venda que el pelirrojo le había obligado a colocarse para la sorpresa.

- Chicos... gracias- estaba rebosante de felicidad.

- Ven, Bonnie. Tienes que soplar las velas y pedir un deseo.

El de piel pálida asintió y se colocó frente la tarta, la cual era de chocolate y moras, la favorita del de ojos rojos. Todos le empezaron a cantar el feliz cumpleaños, y el otro intentaba no llorar de la emoción. Al terminar, rápidamente pidió un deseo y sopló todas las velas. Todos los que estaban ahí empezaron a aplaudir, gritando "¡Bravo!" o "¡Felicidades!". El chico estaba muy agradecido y todo, pero aún se sentía triste porque no estaba su novio con él.

- Venga, rarito, tienes que abrir los regalos- al oír la palabra regalos los ojos del pelimorado empezaron a brillar.

- ¡¡REGALOS!!

Fue recibiendo sus regalos uno por uno, muy emocionado. No me apetece describir lo que le regalaron, por lo que podéis usar vuestra imaginación. En fin, Bonnie estuvo muy agradecido con sus amigos por todo lo que le habían hecho. Pero aún seguía triste porque Bon no estaba con él.

- Hey, ¿está bien?- Fox le dio un pequeño codazo, a lo que el pelimorado se sobresaltó.

- ¿Eh? Ah, sí... sólo estoy algo triste porque mi maestro no está conmigo...

- Ah, el babotas ese...- rió el pelirrojo.

- ¿Puedes dejar de llamarlo así?- se irritó el pelimorado, no le gustaba que le llamara babotas... sólo él lo llamaba así.

- Mmm... no hasta que tú dejes de llamarme poste telefónico.

- Fox, para ya- Chica lo regañó...

- Ya, perdona, cariño...

- No importa, tontito- le dio un beso en la mejilla.

- Qué adorables...- suspiró Bonnie.

- No, Bon y tú sois adorables- lo corrigió la rubia.

- Si tú lo dices...- se sonrojó.

- ¿Y por qué Bon no ha venido?- preguntó Freddy.

- Me ha dicho que tenía cosas que hacer...

- Wow, wow, wow, ¿cosas que hacer?- lo interrumpió Fred- ¿Y el día de tu cumpleaños? Jaja, amigo, te ha mentido.

- ¿Qué?- el de ojos rojos estaba perplejo.

- No es normal que el día de tu cumpleaños no lo pase contigo... lo más probable es que se haya olvidado de tu regalo... y lo esté comprando ahora...

- A mí no me importa lo que me regale- susurró el más bajo-. Yo solo quiero que esté conmigo...

- Bonnie...- Chica lo abrazó- Se nota que lo quieres mucho, y tienes muchísima suerte de tenerlo como novio. Es muy atento y considerado contigo. Siempre te hace regalos alucinantes.

- Es cierto- sonrió el pelimorado-. Lo amo muchísimo. Haría todo por él...

- Y... una preguntita...- Fox lo rodeó por los hombros amistosamente- ¿Ya lo han hecho?

Bonnie giró la cabeza confundido.

- ¿El qué?- el pelirrojo se golpeó la frente.

- Ejem... Bonnie... se refiere a tener relaciones...- le dijo nerviosa la rubia.

- ¿Relaciones?

- Sexuales- completó el castaño.

Bonnie, tras analizarlo, empezó a ponerse rojo, muy rojo, más rojo, rojísimo.

- ¡¿EEEEEHHHH?!- se separó de Fox, quien lo seguía abrazando.

- Oh, vamos, moradito. No me digas que sigues siendo virgen...- se burló el pelinegro.

- ¡Pues sí! ¿Qué esperabas?- le reprochó abochornado el mencionado- ¡¿Tú no lo eres?!

- Eh, eh, no te pases. Yo lo decía porque ha llevan juntos 6 años. Creía que ya habría pasado algo.

- Bonnie, creo que quiere decir que ya es hora de que te entregues a Bon- le dijo Fox de brazos cruzados.

- No lo sé... creo que no estoy preparado... Además, ¿cómo reaccionará? ¡Creerá que soy un pervertido!- se tapó la cara con las manos.

- Tranquilo, Bonnie- Chica lo abrazó-. Entendemos que ahora puede que tangas miedo, pero estoy segura de que será la experiencia más maravillosa que hayas experimentado en tu vida.

- ... ¿Tú ya has tenido relaciones sexuales?- le señaló el chico, sonrojando a la chica.

- ... No, no he tenido todavía- le contestó lo más calmada que pudo para no darle un golpe, pues si lo lastimaba, Bon podría asesinarla-. Pero estoy segura de que será hermoso.

- Entonces... ¿creéis que debería hacerlo?

- Solo si te sientes seguro de ello, y confías en Bon para hacerlo- le aconsejó Freddy, apoyando una mano en su hombro.

El pelimorado lo pensó unos momentos. Tal vez era el momento para demostrarle a su novio lo mucho que lo amaba, pues estaba dispuesto a darle algo que sólo podría tener una vez en la vida: su virginidad.

- Tenéis razón- habló decidido-. Estoy dispuesto a hacerlo.

- Bien... por cierto, creo que necesitarás una silla de ruedas- Fox se ganó un golpe en la cabeza por parte de su novia- ¡Auch!

- ¿Eh? ¿Por qué lo dices, Fox?

- N-nada, Bonnie. No le hagas caso, jeje...

El pelimorado sólo rió. Le encantaba estar con sus amigos.

(...)

- ¿Ya está todo listo?- preguntó el peliazul a las chicas, las cuales terminaban de ordenar el cuarto.

- ¡Ha quedado precioso! ¡Estoy segura de que a Bonnie le encantará!- Joy aplaudía emocionada- ¿Y tú? ¿Tienes el anillo?

- Eso espero...sí, aquí lo tengo- le mostró la cajita y la guardó en uno de los cajones de las mesillas.

- Tranquilo, tigre- Meg le dio un golpe en el brazo-. Sólo recuerda: seguro, pero delicado.

- Sí, sí, ya lo sé.

- Bueno, nosotras te dejamos- la rubia estaba dispuesta a irse, y justo en eso el chico la abrazó, junto a Meg.

- Gracias chicas, os quiero mucho.

- Y nosotras a ti- contestaron a la vez, correspondiendo el abrazo.

- Hey, Bon- Irene entró al cuarto-, el campo anti-sonidos está instalada. Todo lo que ocurra en la casa no lo escucharán los vecinos.

- ¿En serio era necesario?- el chico se sonrojó.

- ¿Quieres que a mitad de la cosa vengan a molestar por el ruido?

- Okey, okey, gracias, Irene.

- Un placer.

Y así todas se fueron de la casa, dejando al peliazul solo. Suspiró, pensando en lo que haría.

- ¿De verdad está bien hacerlo?- miró una foto de él y Bonnie, fue un recuerdo de cuando cumplieron su primer año de novios- Quiero demostrarte todo mi amor- sonrió tranquilo y fue a prepararse para su noche con su querido conejito.

(...)

- ¡Bon! ¡Cariño, ya llegué!- Bonnie entró extrañado a la casa, pues estaba todo a oscuras.

Encendió la luz y vio un rastro de pétalos de rosas que conducía al cuarto de la pareja. Una sonrisa traviesa apareció en el rostro del pelimorado.

- Vaya. Tal vez nos leímos mutuamente la mente~- dijo en voz alta el pelimorado, siguiendo el rastro de pétalos de flor, llegando a su cuarto.

Una tenue luz roja salía de este, despertando la curiosidad del pelimorado. Abrió poco a poco la puerta, y al abrirla del todo, se quedó muy sorprendido.

Todo estaba decorado con velas aromáticas de ambiente, junto con más pétalos de rosas. La cama estaba cubierta por montones de estos, y había un delicioso aroma a flores. Al adentrarse más en la habitación, la puerta se cerró, y detrás de ella apareció Bon, con el pelo revuelto, sin camisa, y una rosa roja entre sus dientes, acompañado de una mirada picarona y traviesa.

(OKEY, AQUÍ EMPIEZA EL LEMMON. NO ME JUZGUÉIS, ES LA PRIMERA VEZ QUE ESCRIBO ESTA COSA, ASÍ QUE, ¡DISFRUTEN!) (AH, Y AUNQUE SEA LEMMON, NO FALTARÁ LA DIABETES, ¡ESTAD PREPARADOS!)

- Bienvenido a casa, conejito~...- dijo el peliazul quitándose la rosa de la boca y sin dejar de ver al pelimorado, que seguía dándole la espalda.

- ¿Qué es todo esto, maestro?- dijo con una sonrisa burlona el mencionado.

- Pues me sentía un poco mal por no poder celebrar tu cumpleaños los dos juntos, así que...- se acercó lentamente al pelimorado, y rozó con los pétalos de su rosa su cuello, causándole un escalofrío- ... creí que te gustaría pasar un buen rato conmigo esta noche~.

Bonnie se giró para verlo a los ojos, pero se tapó rápidamente la nariz, pues sintió cómo el calor subía rápidamente a su cara, tiñéndola de rojo, y la sangre pronto saldría de su nariz. El moreno de piel se veía demasiado sensual y sexy a ojos del más bajo. Bon solo sonrió de lado al ver su reacción y colocó la rosa en su pelo, para luego abrazar de la cintura a su novio, el cual no dejaba de verlo a los ojos.

- Vaya... no me había fijado en tus músculos, maestro- dijo sonrojado el pelimorado, acariciando su brazo con una mano y con la otra su pecho, sin borrar su sonrisa burlona.

- Jeje... pues aprovéchalos, porque sólo tú puedes disfrutarlos~- le dijo seductoramente, levantándole el mentón para luego acercarse.

- Oh... entonces...- dijo empezando a desabrocharse la camisa- ... supongo que tendré que dejar que tú también disfrutes un poco, ¿no?

El peliazul sólo se sonrojó un poco al ver las intenciones de su novio, y poco a poco, fue ganando más confianza, sonriendo travieso. Ya no dijeron más palabras, sólo se miraban a los ojos. Cuando Bonnie acabó de desabotonarse su parte superior, posó sus brazos por el cuello del moreno, mientras el otro seguía teniendo una mano en su cadera y la otra en su mentón. Al haber poca luz alumbrándoles, sus ojos brillaban con más resplandor, con más pasión. Se fueron acercando más, hasta que sus labios hicieron contacto. Estaban entrando poco a poco en calor, y ambos intensificaron más su beso. El pelimorado agarraba con cuidado la cabeza de su novio, desordenándole más sus cabellos y enredando sus dedos en él, mientras que el moreno subía su mano hacia la espalda del otro, por dentro de su camisa, acariciando su espalda, y la otra bajaba hasta su cuello. Ambos necesitaban al otro, y el peliazul decidió empezar.

Mordió ligeramente el labio inferior de Bonnie, haciendo que soltara un gemido ahogado, y aprovechó para meter su lengua en su cavidad bucal. El pelimorado no se quedó atrás y así empezaron a crear una batalla entre sus lenguas, para ver quién ganaba. El aire empezó a faltar, por lo que ambos se separaron, con sus respiraciones agitadas y un hilo de saliva uniendo amabas lenguas. Estaban muy sonrojados, pero volvieron a unirse en otro beso apasionado. Al separarse se miraron a los ojos, y Bonnie sonrió para luego, de un salto, rodear con sus piernas el torso del mayor en altura, y volverlo a besar, rodeando su cuello con sus brazos. Bon se sorprendió y sonrojó al ver su reacción, pero le siguió el juego rodeando su espalda y caminando hacia la cama. Se sentó en el borde de esta, sin dejar de besar a su conejito, y este le tomó de las mejillas, suavizando más el beso. El peliazul le iba quitando lentamente su camisa, y la dejó por ahí tirada, para luego pasar sus manos de su espalda a su pecho, sonrojando al pelimorado.

- Estás tan hermoso como el día en el que te conocí- le susurró al oído el peliazul, haciendo que el otro lo abrazara, sintiendo cómo el calor se apoderaba rápidamente de su cuerpo.

Bon no resistió la tentación, y empezó a dar pequeños besos en el cuello blanquecino de su novio. Sentía cada latido acelerado del corazón del pelimorado chocar contra el suyo, que estaba por salirse de su pecho. Bonnie sólo soltaba suspiros de placer, esto era muy nuevo para él.

- Bon~ aah~- gimió el chico, al sentir el aliento del moreno chocar contra su piel-. T-te amo...

- Y yo a ti...- susurró contra su piel, volviendo a besarla, para luego pasar su lengua hasta su hombro.

El pelimorado se aferraba más a su espalda, sintiendo cada tacto del peliazul, pasando sus finos dedos por la nuca del contrario, hasta que notó un pequeño mordisco en la zona de su clavícula.

- ¡A-ah~!- soltó un gemido algo agudo, al ver cómo su novio succionaba esa zona, haciendo una marca- B-Bon, me dolío...- hizo un pequeño puchero, a lo que el otro rió.

- Sólo quiero hacer saber que eres mío, conejito~- le susurró al oído, para luego lamerle la oreja.

Bonnie se sentía un poco egoísta por ser el único que recibía atención, por lo que tumbó al peliazul en la cama, haciendo que se sonrojara, y este sólo metió su mano en uno de los bolsillos de su pantalón, sacando un coletero.

- ¿B-Bonnie?- se sonrojó más al ver cómo Bonnie lo miraba pícaramente mientras se recogía el cabello en una coleta mal hecha, pero con un toque rebelde.

- No voy a ser el único que reciba atención, maestro~- se acercó a su rostro y le besó.

Bon le siguió el beso, dejando al pelimorado vía libre en su cuello. Pasó delicadamente sus dedos por este, notando la nuez en mitad de este. Dejó de besarlo y bajó hasta esa zona, besándola dulcemente.

- Ngh~- soltó un gemido ahogado el moreno, pero eso sólo excitó más al pelimorado, que siguió besando el cuello de su querido maestro.

Al igual que hizo el otro, le hizo una pequeña marca cerca de su hombro, y sonrió al ver cómo el peliazul lo miraba muy sonrojado, pero rápidamente cambió su mirada a una más pícara y pervertida.

- Con que esas tenemos, ¿eh, conejito~?- lo miró unos instantes, antes de que, en un momento rápido, cambiara la posición, y ahora el pelimorado estaba debajo.

El moreno tomó las manos del menor y las puso sobre su cabeza y lo miró a los ojos. Ambos rieron y el mayor juntó ambas frentes, para luego besar suavemente al pelimorado. Pasó sus manos, desde su cara hasta su abdomen, escuchando cómo el de piel blanca soltaba suspiros de placer y algún que otro gemido. El peliazul volvió a pasar su lengua por el cuello del contrario, y este echó la cabeza hacía atrás, dándole más espacio al de ojos verdes. Cerró los ojos, disfrutando de aquella sensación que su novio le brindaba. El moreno fue bajando hasta su blanquecino pecho, y se detuvo en uno de sus pezones. Pasó lentamente su lengua por la aureola, consiguiendo un gemido profundo del otro. Sonrió pervertidamente y prosiguió a atrapar todo el pezón con la boca, succionando y mordisqueando, mientras con la otra mano pellizcaba el otro pezón.

- A-ah... B-Bon~...- gemía ya excitado el pelimorado, acariciando su cabeza con delicadeza pero a la vez presionándola un poco contra él- M-maestro~...

Bon levantó la mirada, separándose un poco del pezón que mordía, dejando un fino hilo de saliva que lo unía con su lengua. Bonnie apartó sus manos de la sus cabeza y las puso a los lados de la suya, al ver cómo el otro se le acercaba al rostro.

- Je... veo que te va gustando, conejito~- sonrió, mientras el otro asentía sonrojado y sonriendo-. ¿Quieres más~?

No tuvo respuesta, al menos, no con palabras, pues el contrario lo tomó de los cabellos y lo besó apasionado. Bon sonrió entre ese beso, y tomó a Bonnie en brazos, mientras él enrollaba sus piernas en su torso y desordenaba el pelo de Bon, de forma que no se separaran ni un centímetro. Gateó con las rodillas por la cama hasta que la cabeza del pelimorado fue recostada por el otro en la almohada, mientras lo abrazaba por el cuello y el peliazul acariciaba su abdomen con delicadeza. Algunos pétalos se enredaban en el pelo de Bonnie, dándole un toque tierno, o al menos así lo veía el peliazul. Pero de un momento a otro, la expresión del pelimorado pasó de una placentera a una de molestia, lo cual el moreno notó.

- ¿Qué ocurre, conejito?- le preguntó preocupado, a lo que el otro se sonrojó más.

- M-maestro...- dijo con un hilo de voz- ... m-me duele... ahí...- se tapó la cara con las manos, muy avergonzado por la reacción del otro.

Bon sólo rió, pues ya sabía lo que le ocurría, y juntó sus narices, para luego besarle su mejilla y abrazarle, para darle confianza.

- Tranquilo, conejito. Eso es que te gusta lo que te hago... y me parece que quieres más atención especial.

- No lo sé, maestro...- se apenó el chico mirándolo a los ojos haciendo un lindo puchero- ... Me da mucha vergüenza que me mires... eso... y tengo un poco de miedo...

- No te preocupes, seré muy cuidadoso, pero tienes que relajarte y confiar en mí- le sonrió dulcemente y, tras meditarlo, el pelimorado asintió también sonriendo.

Se volvieron a besar y Bon empezó a desabrochar el pantalón de su novio, a lo que él se tensó. Fue bajando lentamente su pantalón mientras seguía repartiendo besos desde su cara, por su cuello, pecho y abdomen, hasta llegar al borde de su ropa interior. Bonnie cerraba con fuerza sus ojos, mientras que estaba a tope de rojo y soltando gemidos y jadeos algo sonoros. De vez en cuando abría un ojo para ver lo que el peliazul hacía, y se sorprendió cuando este también lo estaba mirando.

- ¿Nervioso~?- le preguntó burlón.

- ¡C-calla!- le reprochó muy avergonzado.

- Jajaja, cálmate, si te pones tenso, será peor... sólo déjate llevar.

Bonnie asintió e intentó regular su respiración, y consiguió tranquilizarse un poco, y más cuando el mayor le acarició la mejilla y le besaba delicadamente esta. El peliazul sonrió y acarició por encima de la tela el miembro de su conejito, que estaba ya bastante excitado. El pelimorado no evitó soltar un gemido al sentir el tacto de su novio en su parte íntima, y rápidamente se mordió el labio inferior, evitando soltar más sonidos vergonzosos, pero haciéndose algo de daño. Bon sonrió al ver cómo reaccionaba ante su sutil tacto, por lo que prosiguió a bajarle el bóxer, dejando su miembro al aire. Bonnie no podía estar más rojo, sólo se escuchaban sus gemidos y jadeos en todo el cuarto. El peliazul acarició la punta de este, primero lento, para luego empezar a masajearlo, consiguiendo que Bonnie empezara a relajarse y disfrutar de las caricias, dejándose llevar por su querido peliazul.

- Aah~ ah~, m-maestro~- gemía y suspiraba el de ojos rojos, sonriéndole al más alto-. M-más~ por favor~... s-se siente... muy bien, ngh~...

El peliazul se acercó a besarle de nuevo, desatándole la coleta y dejando el coletero de lado, mientras aumentaba la velocidad de su mano sobre el miembro ajeno, trayendo consigo gemidos de placer ahogados del otro, excitando más al moreno. Le encantaba que el pelimorado lo llamara de esa forma tan provocativamente.

- Je, me gusta que me llames así~- le susurró con con grave en el oído, mientras seguía masturbando el miembro del menor en altura, quien solo seguía jadeando y gimiendo, aferrándose a su espalda.

Estuvieron unos minutos así, hasta que el pelimorado sintió que se venía. Trató de hacer que el otro parara, pero ya era tarde. Había eyaculado en su mano.

- ¡L-lo siento, maestro! Y-yo...- no pudo seguir, pues se quedó impactado al ver cómo su novio se llevaba su mano cubierta de su semilla a su boca, tragándose todo el semen.

- Sabes delicioso, conejito~- sonrió divertido el peliazul, al ver la expresión de sorpresa que tenía el otro.

Bonnie infló sus mofletes, molesto, pues no iba a dejar que Bon fuera el único que podía darle placer. Él también quería escucharle gemir por más atención. En un movimiento desprevenido por el peliazul, el de piel blanquecina lo tumbó en la cama, con un poco de brusquedad, haciendo que el resto de pétalos saltaran de la cama y que algunos cayeran al suelo y otros sobre el rostro y pelo de Bon, el cual miraba sorprendido al pelimorado, quien se volvía a recoger el pelo, para luego acercarse al rostro del contrario, sonriendo pervertido.

- Bien~, es mi turno, maestro~- dijo empezando a bajarle los pantalones, y vió cómo el rostro del moreno se iba tiñendo de rojo-. Jeje, ¿quién es el nervioso ahora~?

- Jeje, conejito travieso~. Venga, a ver qué puedes hacer~- le guiñó un ojo el peliazul, poniendo sus manos detrás de su cabeza, para poder ver lo que hacía su novio.

El pelimorado fue bajando lentamente los boxers de su pareja, viendo cómo asomaba el miembro erecto de este. Bon soltó un pequeño gemido al notar cómo el de piel blanca pasó su lengua por este sin pensarlo dos veces. Lo tomó con una mano y siguió lamiéndolo, provocando al moreno, mientras empezaba a masturbarlo.

- Ngh~ B-Bonnie...- soltaba gemidos roncos, haciendo que el mencionado aumentara la velocidad de su mano y lengua, llegando al punto de introducir el miembro contrario en su boca- Aah~... Dios, qué bien~...

Bon intentaba no gemir demasiado fuerte, pero sus gemidos salían solos, y al parecer a Bonnie le gustaba escucharle, pues sonreía satisfecho mientras seguía con su trabajo. Estuvo así unos minutos, hasta que notó cómo un flujo pegajoso y salado recorría su boca al completo.

- ¡A-aah~!- escuchó al peliazul gemir una última vez antes de venirse en su boca, pero no le molestó, al contrario, se tragó toda esa esencia, pues no sabía tan mal- P-perdona, conejito, debí avisarte antes...

- No importa, maestro- le dijo sonriendo inocentemente-. No está tan mal...

- No lo entiendo...- susurró el mayor, sentándose en su sitio.

- ¿El qué?- le dijo su novio acercándose a él.

- ¿Cómo es que... sigues siendo tan inocente?- lo miró a los ojos, tratando de hallar la respuesta en sus ojos, los cuales seguían brillando de pureza.

- Jeje, ¿y tú cómo sigues siendo tan babotas?- se rió el pelimorado, quitando los restos de semen de su cara, hasta que notó las manos de Bon sobre sus mejillas, acercándole más al peliazul.

Se besaron dulcemente. Ambos volvían a tener las respiraciones agitadas, y Bonnie estaba preparado para la fase final. Se aferró a la espalda del mayor, y empleó las palabras mágicas.

- M-maestro~... hazme tuyo~...

Bon abrió los ojos como platos. ¿En serio había escuchado lo que creía que había escuchado?

- ¿E-estás seguro, conejito?- le preguntó preocupado, pues tenía miedo de lastimarle.

- S-sí... quiero ser tuyo completamente... quiero darte todo de mí... y yo quiero todo de ti...

Se recostó en la cama, tirando suavemente al peliazul por el cuello, acercándolo a él, para volver a besarlo y empezar otra batalla de lenguas. Bon cerró los ojos, abrazando a Bonnie de la cintura y el cuello, mientras el otro sólo lo abrazaba del cuello. El pelimorado bajó hasta el cuello del otro y quiso besarlo, pero el contrario lo paró riéndose.

- Hey, hoy tú eres el cumpleañero- le guiñó un ojo-. Déjame a mí hacer el resto~... tú sólo déjate llevar.

- Jeje, ¿va a ser esa tu frase de hoy?- dijo divertido, mirándole a los ojos.

- No lo sé... tal vez sí... tal vez no...- le acarició su mejilla-. Tan solo confía en mí.

Rió el de cabellos morados para recostarse y dejar que el peliazul le hiciera lo que quisiese. Lo primero de todo, le acercó tres dedos a su rostro y, sin decir nada, el pelimorado ya los estaba lamiendo, para así lubricarlos. Miró a su novio, el cual estaba muy sonrojado, pues este lo miraba con un ojo cerrado y el otro a medias mientras lamía sus dedos, provocando de más al peliazul.

- Si sigues así no creo poder contenerme- rió el de ojos verdes, apartando los dedos, ya lubricados, de su boca.

Bonnie no contestó, sólo se dedicó a verlo con una sonrisa traviesa, al parecer alguien estaba entrando en un juego muy peligroso. Bon tomó sus piernas y las colocó alrededor de su torso, para luego comenzar a introducir el primer dedo en la entrada del pelimorado. Este, como consecuencia, dio un pequeño gemido de dolor, pues no estaba acostumbrado. El peliazul paró en seco, pues no quería lastimar a su conejito. Se tranquilizó al ver que el pelimorado empezaba a disfrutar de aquella nueva sensación que experimentaba, por lo que empezó a mover su dedo, explorando todo por dentro. La habitación se iba llenando de gemidos placenteros del menor en altura, pues se sentía demasiado bien, tanto que ya no podía articular palabra.

Una vez que el moreno lubricó bien su entrada, y tras haberlo preparado con tres dedos, prosiguió a la última fase. Tomó con fuerza la mano de su conejito, y cual ya estaba preparado físicamente, pero no mentalmente.

- Si te duele, sólo dime que pare- le susurró con ternura en el oído, a lo que el otro sonrió comprensivo y asintió.

Bon fue metiendo poco a poco su miembro por la entrada de Bonnie, el cual empezaba a notar cómo el dolor se apoderaba de su cuerpo. A mitad del recorrido, le gritó al peliazul que se detuviera, pues ya le dolía bastante.

- ¡B-Bon, ya para! ¡D-duele!- unas lágrimas salían de sus ojos rojos, y el peliazul paró de inmediato.

- Tranquilo... yo estoy aquí- notó cómo temblaba el cuerpo del otro, por lo que, sin moverse, tomó a Bonnie en brazos, sentándolo encima de él, y lo abrazó-. No me moveré hasta que me lo digas.

- O-okey...- dijo con dificultad el pelimorado, aferrándose a la morena espalda de su novio, mientras, poco a poco, el placer iba reemplazando el dolor.

Tras unos minutos, en los que Bonnie solo jadeaba, tratando de acostumbrarse, y Bon le acariciaba la espalda y el cabello para tranquilizarlo y darle confianza, el pelimorado comenzó a mover su cadera, dándole una señal al peliazul de que podía comenzar. En la misma posición, el moreno también empezó a moverse, embistiendo con cuidado a su novio, el cual ya gemía de puro placer.

- ¡Aaah~... aah~! ¡M-maestro~!- arañaba la espalda del otro- ¡M-más~... más~!

El peliazul quería hacerle caso, pero recordó lo que le dijo Meg:

"Seguro pero delicado"

- N-no... no quiero lastimarte, conejito...- le susurró al oído, sin detener las embestidas, que seguían siendo lentas.

- P-por favor, m-maestro~...- abrazó más fuerte su torso con las piernas y su espalda con sus brazos-. Quiero que me des... todo de ti~...

Ya no podía controlarse. Tumbó a Bonnie en la cama y aumentó poco a poco las embestidas, logrando que soltara ya gritos de placer en su estado más puro. Un poco de saliva caía por la barbilla del pelimorado, la cual fue limpiada por el otro con su lengua para luego besarlo, sin detenerse ni un segundo. El pelimorado seguía arañando su espalda, pero al peliazul no le dolía, pues apenas lo notaba por el calor que recorría su cuerpo. Había veces en las que Bonnie se acercaba al oído de Bon y le susurraba entre jadeos que quería más, y hasta llegó a morderle la oreja, excitando más al moreno.

Tanto Bon como Bonnie estaban a punto de llegar al climax. Se dieron un último beso antes de venirse ambos al mismo tiempo: el peliazul dentro del pelimorado, y el de piel blanca sobre ambos pechos y sobre las sábanas.

Hubo unos momentos de silencio, en donde sólo se escuchaban las respiraciones agitadas de ambos muchachos, y los latidos de sus acelerados corazones. El pelimorado ya no podía más, estaba demasiado cansado y apenas podía respirar bien. El peliazul salió lentamente de su interior, haciendo que soltara un último gemido, y se echó al lado de su conejito, el cual sentía su interior caliente por la semilla de su novio.

- Wow... eso... fue...

- Impresionante...- le completó el de ojos rojos sonriéndole y tomando su mano con fuerza.

Rió el peliazul abrazando a su conejito, el cual correspondió, a duras penas, pues le dolían las piernas y... la mitad de su cuerpo, pero eso no quitaba su felicidad. Ya era oficialmente propiedad de Bon, tanto en cuerpo como en alma. Se acurrucó en su pecho, notando sus latidos, mientras el otro le acariciaba el pelo.

- Feliz cumpleaños, conejito...- le dijo el peliazul.

- Este sin duda... ha sido el mejor regalo que me has hecho...- le besó la mejilla.

- Me alegro que te haya gustado... pero aún tengo algo más...

- ¿Más? ¿Qué puede ser mejor que esta noche contigo, maestro?

- Ya lo verás... primero vamos a bañarnos- se levantó de la cama y tomó a Bonnie en brazos.

- Okey, pero más te vale decirme luego- le dijo aferrándose a su cuello y besándolo suavemente.

El peliazul lo llevó hasta el baño, en donde llenó la bañera y se metió con él, para así bañarse juntos. Bonnie disfrutaba de cómo le lavaba su pelo el peliazul, y había veces en el que le lanzaba agua y reían juntos. Después de lavarse, se pusieron los pijamas mientras Bon dejaba las sábanas en el cesto de la ropa para lavar. Volvió al cuarto y se echó en su cama, agotado de la noche que había tenido con su pareja. Estaba realmente feliz. Vio que algunas velas se habían apagado, seguramente por la humedad del ambiente. Se fijó en que Bonnie salía del baño cepillándose el pelo, aún con un pequeño sonrojo y sin borrar su sonrisa, aunque cojeando un poco, pues le dolía un poco la cadera.

- Hey, Bonnie- le llamó desde la cama-. Aún quedan velas para apagar... ¿quieres pedir un último deseo de cumpleaños?

El pequeño le sonrió más y caminó con cuidado por toda la habitación, soplando todas las velas como si fuera un niño pequeño, haciendo reír al peliazul, que encendió la luz de su mesilla para poder verle. Una vez acabó de soplar todas las velas, se giró hacia el peliazul y saltó encima de él, aplastándolo.

- ¡Puf! Casi me dejas sin aire, conejito- dijo riendo, y el otro sólo se dedicó a mirarlo con una radiante sonrisa.

- Jeje, pero a ti no te duele la cadera... pero al menos has sido gentil...

Ambos rieron y se miraron. Bon se perdió en el color de sus ojos. Eran preciosos, y más con la tenue luz que los alumbraban, pues desprendían su propia luz rojiza. Se podía ver claramente la pureza que reflejaban estos. Se fue acercando más a su rostro y lo besó. Era un beso lleno de ternura, amor, todos los sentimientos más profundos que albergaba el corazón de conejo que tenía el peliazul. Bonnie disfrutó igual de su beso. Se sentía realmente feliz de tener un novio como Bon, que lo amaba, cuidaba y protegía de todo. No podía pedir más... ¿o tal vez sí?

- ¿Listo para recibir tu segunda sorpresa de cumpleaños?- le dijo coquetamente el peliazul, haciendo reír al pelimorado.

- Sigo diciendo que no es posible que superes lo de esta noche...- le dijo poniéndose encima de él, acariciando sutilmente su pecho.

- Bueno, eso lo decidirás tú, conejito- dijo sacando la cajita del cajón de su mesilla de noche-. Pero antes, cierra los ojos.

Bonnie no se opuso y obedeció al mayor en altura. Este, con algo de nervios, acercó la cajita al pelimorado, dejándosela en las manos.

- Y-ya puedes abrirlos...

Al momento de abrir los ojos, el de piel blanca se tapó la boca. No creía que fuera lo que él creía... ¿o sí? Fue abriendo lentamente la cajita, para luego ver un anillo de oro en el medio con un diamante en este, y un mensajito en la tapa de la cajita.

"¿Quieres casarte conmigo?"

- B-Bon...- susurró el pelimorado, antes de notar cómo las lágrimas iban cayendo poco a poco por sus sonrojadas mejillas.

- ¿B-Bonnie... estás bi...?- no pudo acabar su frase, ya que el pelimorado lo estaba abrazando muy fuerte, soltando más lágrimas de felicidad.

- ¡¡SÍÍÍÍÍ!! ¡Sí quiero, tonto!- lo besó. Lo besó como nunca antes lo había besado.

Bon también estaba realmente feliz, y no tardó en corresponder el beso de su conejito, el cual se colocó encima de él, tumbándolo por completo en la cama sin dejar de besarlo. Las lágrimas caían de los ojos de Bonnie y rebotaban en la cara del otro. Al separarse, la sonrisa del pelimorado era realmente brillante y radiante, creo que hasta dejó un poco ciego a Bon. Le limpió con sus pulgares las lágrimas que seguían cayendo de sus hermosos ojos carmesí y juntó sus frentes.

- Entonces, ¿quieres ser mi conejito para siempre?

- Sí quiero, maestro- le dijo a punto de explotar de tanta felicidad-. Dios, esto es demasiado bueno como para ser cierto... ¿No estaré soñando, verdad?

- Jajaja, no, no estás soñando...

Tomó el anillo de la cajita, agarró la mano de su conejito y le colocó con cuidado el anillo en el dedo de su, ahora, prometido.

- No puedo creer que en una misma noche hubiera pasado el momento más lindo de mi vida contigo y que luego me pidieras matrimonio... esto no puede ir a mejor...

- ¿Ni siquiera... con un pudin de moritas?- le mostró el postre, y al chico le empezaron a brillar los ojos.

- ¡¡POR DIOS, BON, VAS A ACABAR MATÁNDOME DE FELICIDAD!!- se abalanzó de nuevo encima de su maestro, casi tirándolo de la cama.

Se besaron muy contentos ambos conejitos, pues pronto empezarían una vida como una pareja casada.

- ¿Te había dicho alguna vez lo muchísimo que te amo, conejito?

- Jeje, lo haces cada día que estás junto a mí, maestro.

Rieron ambos para apagar la luz y así poder dormir, abrazados, cogiendo sus manos y ambos sonriendo al tener a su media naranja al lado, compartiendo su vida entre ellos.

~FIN~

Palabras: 7.933

Okey... ahí lo tenéis... yo os lo prometí... y yo cumplo mis promesas... y ahora, si me disculpáis... iré a bañarme con agua bendita...

Si hay alguno de mi clase, conocido o amigo, leyendo esto, que tenga en cuenta que esto era para el especial 1K seguidores de Wattpad... no me toméis por pervertida...

Oh, y este One- Shot me costó 5 FRUTOS DÍAS, de ahí el por qué no actualizaba las otras historias. Pero, tranquis, la próxima historia en ser actualizada será "Dulce infancia" :3.

Por cierto, si queréis continuación... ¡¡a ver si llegamos a los 2K seguidores XD!! No, en serio, esta historia la actualizaré cada 1K seguidores :v

En fin, ¡disfruten!

- Irene

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