Capitulo 25



El señor del Uber me miraba por el espejo retrovisor con intriga. Desde que el auto se detuvo frente a casa del inepto he estado observándola desde el interior de su auto meditando seriamente si marchar o ingresar. Tenía muchos nervios de verlo y sé que al hacerlo mi corazón va a salirse de mi pecho.

Dios.

Azoto la puerta con cuidado después de una difícil decisión. El chofer ya me estaba viendo extraño al ver que no salía .  Avanzo varios pasos, lo más cortos que puedo para no llegar tan apresurada.

Me detengo en seco y maldigo internamente, al otro lado de la calle, cerca de un pequeño árbol frondoso hay chico que ha dejado de prestar atención a su teléfono para enfocarlo en mi. 

Al principio siento pánico y me predispongo enseguida ante la idea que me va a soltar cosas feas. Él no aparta su vista y me repasa de arriba abajo con cierta admiración cuando pasa por el frente de mis narices. Estaba preparada para sus insultos, sin embargo estos nunca llegan. Me dijo algo que me deja desconcertada y me toma algunos segundos para procesarlo. 

El muchacho acaba de decirme guapa. Una expresión a la que no estoy acostumbrada escuchar, normalmente los hombres me lanzan comentarios desagradables y fríos. Y este chico acaba de hacer algo diferente, me acaba de alegrar la noche, sé que hay alguien que me lo repite siempre solo que esto es distinto, ya que Jack o lo hace por interés o porque de verdad siente algo por mi.

En cambio este tipo de personas, regularmente me agraden y ya estoy a la expectativa cada vez que se me quedan viendo de esa manera. 

Sigo mi caminado sin borrar mi sonrisa genuina la cual se fue esfumando a medida que me acerco a la puerta. Regresándome a la realidad.  Hago una negación con la cabeza detallando las pequeñas grietas de la madera desgastada. Me cuesta creer que este aquí. Recuerdo haber memorizado esta calle para nunca volver a pisar y aquí me encuentro, de nuevo.

Bendito karma.

Las pulseritas de oro se agitan con el movimiento de mi brazo. Mi dedo tiembla y mi corazón es un remolino.  Tengo la sensación que él me abrirá la puerta y no sé como voy a reaccionar después de tanto tiempo sin ver su rostro. No sé si voy a poder disimular lo que siento cuando lo tenga al frente.

No, no quiero entrar allí mejor le entrego a Eva el regalo en el curso y le invento cualquier excusa después. 

Sí, es mejor.

—¡Merlina! —exclama la pequeña, siento el choque su cuerpo contra a el mío antes que pudiera reaccionar . Sus brazos cortos y delgados rodean mi cintura —.¡Qué bueno que viniste! — su voz denota alegría y alivio a la vez, como si me estuviese esperando mi llegada.  Eso hizo que desistiera por completo mi idea largarme.  

—Hola, princesa. 

Sus ojitos me aprecian  con cariño al inclinarme y dar un mejor enfoque. 

—Te ves bonita —halago su vestido. 

—Tu también —sonríe tímida y desvía la mirada hacia mis manos, que sostenían sus obsequios.

—Feliz cumpleaños princesa. 

—¡Muchas gracias Merlina! —expresa con emoción, recibiéndolos, me da otro fuerte abrazo que me hace tambalear un poco y me invita a pasar.

De acuerdo aquí vamos. 

Respiro hondo cuando enreda sus dedos entre los míos, que estaban fríos como bloques de hielo. Atravesamos el vestíbulo de la casa y tuve actuar como si no me diera cuenta que ella me miraba intrigada. 

La sala era pequeña, lo que hacia que la decoración de la fiesta se viera un poco ajustada. El ambiente era desconocido y me siento incomoda al ver caras distintas. Las personas que estaba allí voltearon a mirarme con curiosidad.  Eva me presenta a cada uno de ellos, eran sus tíos y lo que era mas jóvenes sus primos, se veían amigables. Luego pasamos a su grupito de amigos que estaban en el patio jugando y después  me tira hacia la cocina con el brazo gitano que preparé para ella. 

Lo guardamos en la nevera, ella se veía contenta alegando que era el regalo perfecto. Regresamos a la sala tomadas de las manos. Estaba por decirle que me marcharía con la excusa que había dejado a benji solo y enfermo pero justo en ese momento me ofrece probar los dulces que misma preparó y lo hace con tanta ilusión que fui capaz, de nuevo.

Me siento intrigada, no he visto a Jack  y sé que es cuestión de minutos que haga presencia y aunque eso es totalmente imposible. Estoy rogando a dios, ángeles y todo ente divino que no se aparezca, no al menos hasta que yo me largue.

Dirijo mi vista hacia Eva y antes que pueda darle una respuesta la puerta principal se abre, provocando mas ruido por encima del que había. Trago despacio he intento disimularlo. Eva me miraba y yo le di un sonrisa forzada. Jack había ingresado a la casa y sin querer cruzamos nuestras miradas miles de sensaciones recorrieron mi cuerpo. Quise desaparecer, quise creer que no era cierto que estaba aquí pero cuando veo que se acerca, me convenzo que es real y que debo afrontarlo.

—¿Qué te pasó en la nariz? — pregunta eva, alarmada. 

—T-tuve un accidente.

—¿Y, cómo?

—Un hombre me golpeó la cara para robarme mi bicicleta.

Se cubre la boca con las manos. 

—¿Tenias una bicicleta? — asisto y percibo la presencia del inepto a mi lado. Su loción impregna mis fosas nasales, ella también lo nota y levanta la vista—. Oh, hola Mugre.

—¿Cómo la estás pasando?

—Bien —responde campante y me enfoco en la niña, no era capaz de mirar al inepto y ni de moverme —, yo me voy a con mis amigos.

Nooo.

—Pensé que no vendrías —me dice y el sofá se hunde a mi lado, sin disimular me corro hacia el otro lado.

Escucho como se ríe negando con la cabeza. 

—No quería quedarle mal a Eva —explico con la vista en la entrada de la casa.

—Te ves muy bonita, Melina —adula y la mueca que hago no es por él, sino por Ethan quien acaba de ingresar.

 Esto no puede ser. La pequeña lo abraza con cariño después de entregarle el obsequio y desvío la mirada cuando levanta la cabeza en mi dirección.

—Jack —rasco mi cuello y le hago señas con la cabeza, él no las comprende, solo me mira todo confundido.

—Me gustaría que conocieras a mi mamá — dijo todavía sin entender.

—¿Melina? — siento un frio en el estomago —. Qué sorpresa verte aquí.

Jack  frunce las cejas y levanta la vista en el acto. Ethan lo saluda pero no le responde, pasa los mismo conmigo cuando intenta darme un beso en la mejilla. Me acerco mas jack hasta chocar nuestra rodilla y me inclino hacia él.

—¿Dónde está tu mamá? —digo en voz baja inclinándome un poco.  

—Es por aquí —me extiende la mano cuando se pone de pie y la acepto sin vacilar. Jack le mete un empujón al hombro de Ethan y este suelta una risita burlona.

Si el idiota ese no se creyó el cuento, que hay algo entre nosotros, entonces que piense que existe atracción. 

—Es por aquí —me indica y lo sigo sin soltarme de su mano, Jack me llevaba a mi ritmo por el corto pasillo. Miro hacia atrás y siento alivio de no ver el rostro de aquel tipo que no me cae nada bien. 

Nos detenemos a mitad, era un pasillo corto de cuatro habitaciones. Las paredes tenían cuadros colgados. Eran figuras abstractas y geométricas, un poco raras pero al mismo tiempo llamativas. 

Jack se coloca a mi lado y siento su mirada, yo estaba leyendo un pasaje acerca del miedo y giro mi cuello cuando escucho su voz llamarme. 

—Jamás sospeché que Eva lo iba a invitar. Ni siquiera me lo consultó. Te juro que no lo hubiese evitado — comenta haciendo una negación desaprobatoria. 

—Ethan es detestable, te juro que si hubiese tenido una idea que vendría, ni me aparezco — me mira compresivo — . Es tan molesto.

—Si ese imbécil se llega acercar ti lo lamentará —dice severamente, jack se notaba muy molesto. Sus palabras me hicieron sentir segura y confiada.

—Eva no tiene la culpa— me anticipo, había susurrado algo sobre su hermanita y recuerdo como la regaño aquella vez, no me gusto y la niña no tiene idea lo que ocurre con Ethan —. No digas nada.

—Solo le diré que no lo vuelva a invitar.

—Sé suave con ella — pido —. Es una niña y ella no entiende la maldad de la gente, si la vas reprender háblale ella entender. Por favor.

Me sonríe y acepta con asentimiento.

—Solo hablaré, no te preocupes. 

—Mejor así.

Suspira.

—¿Quieres conocer a mi mamá? —me mira entusiasmado y acepto — .Sígueme.

Recorrimos el pasillo hasta el final y nos detenemos en una puerta, que tenia un adorno de navidad colgado.

—¿Mamá?

—Un momento mi Nemito —contesta una voz sueva del otro lado y no puedo evitar reír, Jack tenia los ojos cerrados, notoriamente apenado y antes que pudiera decirle algo me salta.

—Ni preguntes.

—Alguien me dijo una vez que podía pedir lo que quisiera —le recuerdo sin borrar mi sonrisa.

—No, pero esto es muy diferente.

Rio.

—¿Cómo quieres que te crea?

—No, no te lo diré — dijo resignado, con el rostro sonrojado y lo miro con astucia. 

—Te puedes ganar un punto si me cuentas — me acerco un poco y me mira de reojo, pero se niega a hacerlo.

—Es algo privado.

—¿No me dirás? 

Vuelve a negar.

—Es muy vergonzoso y no lo vas a saber jamás —la puerta del dormitorio se abre e irrumpe nuestra pequeña discusión, niego admirando sus mejillas rosadas y me giro sobre los talones  —. Mamá quiero presentarte una amiga de la universidad.

Oh dios mío.

Suelto un jadeo y sonrío forzada, disimulo el impacto y estiro mi brazo hacia ella para recibir su mano.  

—Hola.

—Oh, vaya que preciosa eres —comenta mientras agitamos nuestras manos. La madre Jack era igual a él. Sus ojos son verdes, grandes y rasgados. Su cabello era largo, castaño como el de él pero con algunas canas. Su cuerpo era delgado. Tenia una linda blusa negra con un estampado de girasol y falda larga que cubría sus piernas —. Me llamo Jaqueline.

—Melina.

—Lindo nombre.

—Muchas gracias.

—Y cuéntenme — nos mira a ambos con una grata sonrisa, le brillaban los ojos — . ¿Estudian juntos?  oh cariño, ¿qué te paso en la nariz?

—Un accidente — respondo y Jack le cuenta lo demás. Ella me mira con pesar y me vuelve a preguntar si el inepto y yo compartimos clases. 

—Gracias a los ángeles del señor, no —suelto sin pensar y noto el gesto de desagrado que hace —. Pero vamos a la misma universidad.

—¿Y qué estudias? —pregunta en un tono muy serio. .

—Derecho.

—Excelente carrera— veo por el ras de mi ojo como Jack niega  — .¿Me llevas a la sala, por favor ? Quiero saludar a tus tíos.

Jack asiste y enseguida se posición detrás de su silla.

—Bienvenida cariño —hago un ademan para despedirme y miro a Jack, el hace una negación y no puedo evitar reír. 

—Ya regreso — me dice antes de desaparecer de mi campo visual, asisto y me recargo sobre la pared mientras lo espero.

A lo lejos podía escuchar el murmullo y las risas de los niños quienes correteaban. También la de los familiares de Jack quienes  lo nombraban y le preguntaban sobre la universidad, la fotografía y todo lo que implica su carrera.

Me quedo a esperarlo mientras observo los retratos pegados a la pared. Camino de un lado a otro con los brazos cruzados debajo de mi pecho y me detengo en seco cuando alzo la vista y me encuentro de frente con Ethan.

—Hasta que por fin te dejan sola.

—Déjame en paz —le digo con aborrecimiento.

—¿Por qué tan agresiva conmigo? —me cierra el paso y lo empujo por el hombro, le paso por el lado y me agarra del codo haciéndome retroceder. 

Me suelto y vuelve a agarrarme, esta vez imponiendo fuerza.

—¡Suéltame! —bramo

—¿Qué te pasó en la cara? —pregunta después de detallarme la cara. 

—Nada —mascullo.

— ¿Por qué eres tan odiosa?

—Si sabes que soy así, ¿para qué me molestas?

—Pues  hacerte la difícil hace que me ponga duro, me excita —arrugo ante el asco que me producen sus palabras.

—¿Interrumpo?

—Si —responde Ethan amargado —. Ella y yo estábamos conversando.

Jack baja la mirada hacia mi brazo, justo donde él me tenía sujeta.

—¿Y para conversar tienes que tocarla?— espeta mirándolo serio y Ethan aprieta más fuerte mi brazo antes de soltarme con brusquedad —. Aléjate de ella —dice con voz demandante.

—Sólo lo haré si ella quiere -desafía y los ojos de Jack se tornaron furiosos.

—Por favor aléjate de mí -pido.

—Como ordenes preciosa -accede sin dejar de mirar al rizado con desafío.

—Es un pesado —manifiesto después que su desagradable presencia se marcha.

—Debes tener cuidado Ángel -dice un tono protector y me siento más a salvo con él.

—Llamaré a la policía si sigue molestando.

—También me puedes llamar a mí— se ofrece —. No me molestaría ir a la cárcel solo por defenderte.

—Muchas gracias Jack.

—Siempre a la orden—sonríe y casi le devuelvo el gesto. Aclara la garganta—. ¿Te apetece algo? En la mesa hay comida y si no quieres nada de lo que hay allí. Te puedo hacer un emparedado a tu gusto.

—Bueno.

—¿Cómo te gustan?

Levanto los hombros.

—Como prefieras.

Asiste alegre, animado.

—¿Te hizo algo ese cretino?

—No, no me pasó nada —miento, si lo había hecho, pero prefiero omitirlo —. Quiero irme a mi casa.

—No por favor —suplica —. Me alegra tanto que hayas venido por favor no te vayas, quédate un ratito más.

—Discúlpame, pero no quiero estar más aquí y menos con ese imbécil — y no solo de él huyo también de ti Jack Grey.

—Ángel quédate —niego rotundamente —. Te prometo que no dejaré que ese tipo se acerque a ti. Tú presencia significa mucho para mi hermana y también para mí. Por favor.

—Es que...

—No me voy a separar ti.

Si es así, me quedo.

—Esta bien — sus labios forman una sonrisa campante y siento que se me hunde el estómago cuando hizo el intento de abrazarme —. Que quede claro que si me quedo es por Eva, no por ti —mi voz no suena tan severa como deseaba, su acercamiento me debilitó.

—Eso lo sé Ángel, no me sorprende créeme.

Rio por lo bajo.

—Gracias —agradezco sinceramente.

—Ha sido un gusto.

—Creo que te has ganado un premio — dije sin pensar.

—¿A qué ese debe ese premio? —inquiere juguetón.

—Me defendiste dos veces de ese tonto.

—Y lo haré siempre y de todo baboso que se te acerque a ofenderte —sonrío ladina y me acerco por impulso a darle un beso en la mejilla y me detengo justo al oír unos pasos cerca.

—¡Oh! perdón, no sabía que estabas bien ocupado —Jack le gruñe a su primo y salgo huyendo de la cocina apenada. 

—¡Merlina!

Trago despacio y llevo un mechón detrás de mi cabello, el corazón iba a salirse del pecho. Podía escuchar a Jack discutiendo con su primo.

—¿Te sientes bien?

—Si, estoy bien.

—¡Segura?

Asisto varias veces.

—Te quiero mostrar algo — dice animadamente y me toma de la mano para llevarme hacia una pequeña mesa en donde había todo tipo de pequeños postres.

—Todo esto lo hice yo— murmura orgullosa señalando todo y toma una pequeña dona—. Prueba esta. Te encantará.

Trago despacio mirando la Dona que había dejado en mi mano. Hace mucho que había dejado de comer estas cosas tan deliciosas y no sé si le haga bien a mi organismo.

—Pruébala Merlina—Eva se veía muy ilusionada y me da pesar de decirle que no.

¿Qué puede pasar si tan solo la pruebo?

**

Luego de esa dona comí tres más y otros dulces a los cuales no pude resistirme. Tenía tanto tiempo que no comía algo tan divino que, aunque no fue demasiados todos me cayeron muy mal. Sentí que se me bajo la tensión y tuve que buscar un baño para ir a vomitar.

Qué vergüenza.

—¿Cómo sigues? —pregunta Jack.

—Más o menos —contesto con una mano en el estómago—. Me quiero ir, por favor discúlpame con Eva.

Jack me auxilió cuando empecé a sentirme mal. Fue demasiado vergonzoso verlo ayudarme sujetar mi cabello mientras expulsaba todo eso que me comí.

—Toma esto primero -veo el vaso que tiene en la mano y me cubro la boca.

—No seré capaz de beberlo.

—-Es solo agua con bicarbonato—explica suavemente —. Te ayudará a quitarte el malestar.

—¿Funciona? —dudo, nunca antes lo había probado.

—Es muy efectiva.

—No creo que pueda —hago una mueca de asco.

—Solo bébelo - miro con repudio el agua. Jack se ríe un poco —. Si quieres sentirte mejor, esto es lo que te ayudará.

—Bueno —su cuerpo se sienta a mi lado y me pone el vaso para que lo agarre. Le doy las gracias mirando sus lindas esferas verdes y sin vacilar más me bebo toda el agua.

—Yo te llevo hasta tu casa ¿Eh? — Lo miro a través de mis pestañas en silencio —. Tranquila que yo me encargo de mi hermana —asisto, sintiendo una leve caricia en mi mejilla que me paraliza, paso dificultad el agua con bicarbonato y respiro hondo con el beso que deposita en mi frente.

—Si no quieres despedirte no hay problema, yo lo hago por ti ¿bueno? Eva entenderá —asisto y ambos salimos de su habitación tomados de la mano.

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