Epílogo

Medio año y 31 minutos de retraso más tarde...

 —El abuelo de la hermana de la prima del carnicero al que le compra la tía de un amigo te desea un feliz cumpleaños.

—Dile a tu amigo que le diga a su tía que visite al carnicero y que él le diga a su prima que le diga a su hermana y ella a su abuelo que digo gracias —digo casi sin aire, en parte por el trabalenguas y en otra por el hecho de que el coach nos ha hecho correr seis veces alrededor del estadio.

Shane me mira con una ceja arqueada, totalmente confundido.

—¿Por qué te enredas tanto, Hensley? Nadie puede entenderte cuando hablas así —se queja negando una y otra vez con la cabeza antes de darme una palmada en el hombro y pasarme.

—Tiene que ser una broma. —Dave llega a mi lado y se cruza de brazos mientras mira incrédulo a Wasaik mientras se aleja—. Es él la persona que tiene un problema con el árbol genealógico de los demás y parece hablar a la velocidad de un correcaminos —añade.

Reprimo un sonrisa divertido antes de darle un codazo. 

—Hablando de correcaminos, ¿cómo haremos para llegar a mi supuesta fiesta de cumpleaños? El coach ya nos retrasó y mis pulmones no resistirían una carrera a la velocidad de su pie hasta la casa de Akira y Mei —reflexiono masajéandome el hombro.

Shane mide su fuerza tanto como su fanatismo.

Por casualidad algo bueno ha salido de eso. La última vez que lo acompañé a un partido de los New Orleans Saints lo dejé de vigilar por un segundo y se escapó. Interrumpió en el campo y se le lanzó a Beasley para tomarse una foto con él, la cual más tarde subió a Instagram.

Seguridad lo capturó, pero no fue el único.

Una chica también logró irrumpir en el campo. Su nombre es Shay y no miento cuando digo que es cien veces peor que la sumatoria de cuatro Shanes juntos.

Ella tiene prácticamente un altar de Malcom Beasley en su casa, y ahora que están saliendo lo acosan por las redes y en persona juntos.

En fin, Bill nos ha estado torturando no solo pscológicamente esta vez, sino físicamente. Se acercan los partidos más decisivos y al coach no hay quien lo detenga.

—Tu fiesta no es en casa de las gemelas diabólicas —se entromete Elvis llegando no con una, sino con tres botellas de agua—. Te llevarás la misma sorpresa que yo cuando estoy por terminar un libro y al autor se le ocurre aniquilar cruelmente a medio mundo, separar a los protagonistas y dejar un final abierto cuya continuación saldrá dentro de nueve años perro. —Destapa las tres botellas y se las arregla para tomar de todas a la vez. 

Shepard casi lo mata hoy, aunque esa no es ninguna novedad.

—Beber agua en exceso es perjudicial para la salud, Elvis —dice Steve sacándose su casco y caminando en reverso hacia las duchas mientras apunta a Preston con su dedo índice—. Diluye la sangre y contibuye a jaquecas, puede ser causa de insomnio, sudoración excesiva y hasta puedes padecer de un envenenamiento por agua —advierte el estudiante de nutrición, quien ha estado repasando con la estudiante de medicina para los parciales.

—Si no lo mató Akira hasta ahora no creo que el agua pueda —reconozco encogiéndome de hombros.

—De todas maneras preferiría morir en manos del H20 que en las de mi maniática novia o el entrena...

—¡¿Qué estabas por decir, Preston?! ¡Y si Timberg te dice que algo es perjudicial para tu salud lo dejas de hacer, zopenco! ¡Más vale que cuides de ese cuerpo que tu madre te dio! —Elvis escupe el agua en cuanto el coach aparece a su lado, dejando que su sombra bloqueé al estudiante de literatura de los últimos rayos de sol—. ¡El único autorizado para hablar de tu muerte mientras estés en este campo soy yo! —informa amenazando de exterminio al tímpano del jugador—. Mi estadio, mis reglas. ¡Ahora vete a duchar que apestas a cuerpoespín a medio proceso de putrefacción! —Preston lanza las botellas al aire y corre como si lo estuviera persiguiendo Satán—. ¡Y lávate esos pies! ¡Quiero que esos dedos de salchica brillen! —sigue comenzando a correr tras él, persiguiéndolo—. ¡Qué brillen, Preston!

—¿Creen que entrará a la ducha con él solo para seguir gritándole? —Larson se detiene a mi izquierda y se pasa una mano por la frente, exhausto. 

—No lo sé, pero honestamente no quiero perdérmelo. —Dave se lanza a correr tras ellos—. Sería incluso algo tan bueno como la última película de Julia Roberts.

—¡¿Y ustedes por qué siguen ahí parados, idiotas?! ¡A las duchas ahora! —El coach comienza a correr en reversa y rodea su boca con ambas manos, creando un megáfono—. No me hagan meterles el jabón por el trasero, ¡vamos, hay una fiesta a la que asistir!

Khalid y yo compartimos una mirada y exhalamos antes de comenzar a trotar tras ellos.

—¡Nada de suspiros! Y no te creas que por ser el cumplañero te salvas, Hensley —advierte antes de hacer sonar su silbato más de cuatro veces seguidas. Es insorportable cuando se lo propone, tan fastidioso como terrorífico—. ¡Te regalaré mi pie envuelto en un moño si no te apuras, la familia nos está esperando! 

El coach, fiel a su palabra, espera a que todos entremos al baño tocando su silbato desde la puerta y amenazándonos con hacernos correr hasta algún país del que nadie ha oído nombrar.

Me lanza una mirada que podría pulverizarme con facilidad en cuanto soy el último en la fila por entrar. Sin embargo, me detiene bruscamente poniendo su mano en mi pecho y trago en silencio en cuanto se inclina y entrecierra sus ojos en mi dirección.

—¿En verdad creíste que no te daría un regalo hoy, Hensley? —indaga casi ofendido ante la posibilidad de que pensase así.

—¿No fueron las seis vueltas alrededor del estadio mi regalo de cumpleaños? —Enarco una ceja y una pequeñísima sonrisa que carga con algo de malicia curva sus labios.

—Otro comentario sarcástico y serán media docena de vueltas más —advierte antes de retroceder y meter la mano en el bolsillo de su pantalón deportivo, listo para hurgar—. Aquí tienes las llaves de mi oficina. —Las lanza al aire y las atrapo—. Sobre mi escritorio está tu regalo, espero que te guste, y si no es así ya sabes por donde puedes metértelo. Lo conseguí en una tienda de todo por un dólar. Tómalo y saca tu trasero de ahí para trasladarlo a la dirección que hay en mi block de notas —explica con rapidez, ajustándose su gorra de los Kansas City Chiefs—. Tienes veinte minutos para llegar allí. Lo cronometraré, ¿entendido?

—Sí, coach —afirmo antes de comenzar a trotar en cuanto me lanza otra de las miradas Shepard.

—Hensley, casi lo olvido... —llama una vez más y me giro a medio corredor. Su expresión, por un momento, parece suavizarse—. Feliz vigésimo cumpleaños, idiota. 

—Gracias, Bill —respondo con honestidad mientras nos sotenemos la mirada por unos segundos.

No sé si es por la falta de agua, pero creo ver algo de auténtico orgullo y alegría en algún lugar de su mirada. Tal vez estoy alucinando a consecuencia de una deshidratación severa.

Reprimiendo una sonrisa voy hasta su oficina.

Mentiría si dijese que estos últimos meses no he estado reprimiendo y, de vez en cuando, mostrando más sonrisas de lo que lo he hecho en gran parte de mi vida.

Todos los problemas parecen ir encontrando una solución por primera vez en mucho tiempo, y a pesar de que eso no quita que deba dejar medio pulmón en el campo día por medio, me recoforta saber que todo se ordena por sí solo.

A veces queremos controlarlo todo para que salga tal cual lo planeamos, y también por eso terminamos siendo un poco infelices. ¿Cómo pretende alguien vivir el momento y disfrutarlo si está pendiente de que sea como se lo ha imaginado? Yo solía ser así, y no solo respecto a mi vida. Quería que a todos les fuera bien y les facilitaba las cosas porque deseaba que ellos no tuvieran que preocuparse por nada. Ayudar de más, dejarlo siempre todo por los demás, es perjudicial para uno mismo a veces a pesar de que no lo parezca.

Ahora estoy encontrando un equilibrio, y ya deben imaginarse a quién se debe.

Bill ha estado exprimiendo hasta la última gota de sudor de los Sharps. Nuestro rendimiento y desempeño ha mejora un montón y no hemos perdido casi ningún partido.

He vuelto a amar el fútbol.

No es como si alguna vez lo hubiera dejado de adorar, en realidad. Simplemente no me permitía disfrutarlo, y actualmente me dejo llevar. No hay sensación más gratificante que correr con el balón sintiendo la adrenalina y la emoción inquietando cada fibra del cuerpo. Nada se compara a que uno de tus compañeros anote o que tu mismo hagas un jodido Touchdown.

O Touch-heart, en mi caso.

Abriendo la puerta de la oficina me quedo inmóvil bajo el umbral por un segundo.

Creo que era más que obvio que el coach no iba a molestarse en envolver el regalo, pero sinceramente es lo que menos importa en cuanto tomo el presente entre mis manos.

Todo artista necesita una paleta para la pintura, ¿pero una personalizada?

Es un plato de pasta algo deformado. Hay montones de fideos enrollados en el centro y albondigas de carne donde se supone que se separan los colores. Los bordes de la vajilla están salpicados con salsa y la abertura de donde lo sostienes está bordeada por más fideos.

Niego con la cabeza divertido mientras salgo de la oficina con mi regalo bajo el brazo. Era obvio que Bill Shepard iba a añadirle su toque personal al obsequio.

Le gusta estar presente en todos lados.

Guardo la llave en mi bolsillo al mismo tiempo que me llega un mensaje y comienzo a buscar dentro de mis pantalones de deporte.

De: Betty

¿Dónde estás? Odio las fiestas y lo sabes. Además no ayuda que Kassian esté hablando hasta por los codos y que un tal Larson le haya pedido a tu hermana que lo acompañe a buscar más refresco, ¿cuánto pueden tardar en pagar por unas botellas y regresar? Tengo jaqueca, ¿por qué los niños son tan charlatanes? Traeme una pastilla de camino, Blake. Oh, y me comeré el pastel yo sola si no llegas dentro de cinco minutos.

Te desheredaré también.

Feliz cumpleaños, hijo.

Estoy seguro que mi madre no ha escrito eso, sino que le dictó a Zoe, su asistente, para que lo hiciera. Hace unos meses la volvió a contratar, justo cuando la muchacha que ocupaba el cargo renunció por un cuadro de estrés.

Betty Georgia MacQuoid tiene ese efecto en la gente.

No puedo decir que arreglamos totalmente la relación y mucho menos que la recuperamos, pero hemos estado haciendo bastante progreso. Una vez a la semana mi hermana, Kassian, la empresaria y yo nos juntamos a cenar y usualmente a ver una película. Kendra y nuestra progenitora todavía tienen roces pero, mayormente, se toleran y hasta incluso salen a solas para hablar del pasado e intentar resarcir o pedirse perdón por las cosas dichas y hechas.

Incluso Betty le ha ofrecido trabajo y ella se lo ha estado pensando.

Y hablando de pensar, o más bien lo opuesto, puede recordar que no dudó ni media milésima de segundo en decirle a Larson que sí quería ser su novia tras que él se lo pidió hace un mes tras un juego.

Elvis dice que Kenson se hizo realidad y Zoe grita con emoción cada vez que el estudiante de literatura los nombra.

Aún no puedo terminar de entender eso de los denominados ships, pero sonrío cada vez que oigo a Preston hablar con ella sobre Blakella, Mursley y las decenas más que se han inventado para nosotros.

Saliendo del estadio con el presente de Bill bajo el brazo y una vez duchado miro las calles medianamente transitadas y calculo que tengo que, según la dirección dada, caminar unas diez cuadras.

Quince en realidad dado que debo pasar por una farmacia y no puedo resistir desviarme del recorrido para comprar unas cuantas pinturas más para las vacaciones.

Zoe y yo estamos preparándonos para hacer un viaje por carretera. Los Sharps me han ayudado a arreglar y lavar la casa rodante para que esté lista para este fin de semana y, honestamente, no puedo esperar para irnos.

Incluso sabiendo que Bill viene con nosotros.

Supongo que no solo retrataré a mi novia, sino también a su padre. Solo espero que mis habilidades artísticas estén a la altura y el coach no termine pateando mi trasero a través de unos cuantos Estados del país.

Aunque valdría la pena.

Total y definitivamente.

Zoella... bueno, no estoy seguro de qué decir que no haya pensado, dicho y pintado antes: ella es mi tema de pensamiento recurrente, mi libro predilecto y mi obra de arte favorita.

Ya no recuerdo y tampoco quiero hacer memoria de lo que era despertarse y no tener a alguien que te impulse a seguir tus deseos, que te aliente, te comprenda, te enseñe e inspire de todas las formas posibles.

Tener a alguien con quien aprender a dejarse llevar y compartir.

Tener tu propia musa personal que viene con una serpiente de metro y medio incluida.

Solo por pensar en esto último e imaginarme el próximo cuadro mis manos comienzan a inquietarse y compro casi la mitad de los materiales que hay en la tienda.

Y también llego tarde a mi propio cumpleaños arriesgándome a ser golpeado por la ira de Betty Georgia MacQuoid, Bill Cyrus Shepard, Mei Ling Lee y —si ella tuviera el temperamento del entrenador—, Zoella Ryan Murphy Beasley Shepard.

31 minutos de retraso para ser exactos.

—¡Estúpido Timberg, ten cuidado con mi descendencia! —chilla Shepard en cuanto Chase lanza a Billy al aire, se abre paso entre la multitud y le arrebata a la criatura de los brazos—. ¡¿Te apetece rememorar viejos tiempos y que mi pie haga un trayecto directo a tu trasero, zopenco descuidado?! Tienes una hija, lánzala a ella al aire como si fuese un balón, no a Billy. —Le besa la frente.

—¿En serio crees que no lo ha hecho aún?—Jamie aparece rotocándose el labial—. Mi pobre Tyra se quebró dos dedos en agosto gracias a su extremadamente cuidadoso padre. —Le lanza un mirada acusatoria a Chase antes de volverse hacia su hija, quien es cargada por su tío Steve—. No pudo sostener una dona como se supone que tiene que sostenerla por tres semanas, ¿no es así, nena?

—Por duodécima vez, Jamie Elizabeth Lynn... —Inhala cerrando los ojos su esposo—. Fue un accidente, ¡la dejé caer porque vi un ratón!

—¿Dejaste caer a tu hija porque viste un Mus Musculus?—inquirimos Malcom y yo al unísono, codo a codo observando con incredulidad al ex número dieciséis.

—¿Una de las posibles especies de mamíferos que se estima que son tantos individuos que hasta podrían igualar al número de humanos en algún momento?—Adam Rickmount se suma a mi izquierda con un cupcake cortesía de Blair's pleace en mano.

—Escuchar tantos saberes inútiles me hace desear no haber nacido —Gabe llega bailando al estilo country campesino cuando hay una canción de blues de fondo. Creo que eso se puede explicar por la copa vacía que trae consigo—. ¿Por qué no hacemos una batalla de sinónimos como en los viejos tiempos, hablamos en el formato del gasedario o cantamos el feliz cumpleaños? —indaga rodeando a Logan Mercury por los hombros, quien arruga la nariz con desagrado y cuya novia, Sierra, arquea una ceja divertida. 

—¿Batalla de sinónimos? —Harriet aparece con una copa en mano y con Hamilton rodeándola por la cintura—. Ni siquiera serías capaz de deletrear tu propio nombre bajo el efecto del alcohol, además, vamos... ¿acaso no maduraste, Gabriel? 

—Tienes como tres décadas y un poco más, hombre —acota Ben.

—Madurar es para grullas —se defiende el locutor, y es todo lo que se necesita oír para comprobar que su alcohol en sangre está subiendo.

—Frutas, madurar es para frutas —corrige Kansas negando con la cabeza y acercándose a Bill—. Y respecto a tu segunda opción de entretenimiento no me abstengo de decir que es asquerosa —añade levantando su copa en dirección a su ex vecino—. Además, ya estoy harta de oír y olfatear gases, ¿acaso saben cuántos de esos se tiran los bebés por día? —Le lanza una mirada entre acusatoria y divertida a Billy y su sonrisa carente de dientes me enternace tanto como noto que logra suavizar y hacer brillar la mirada océanica de Malcom.

Es la mezcla perfecta de los dos.

 —Hablando de eso... —comienza el coach alejando al bebé de su cuerpo—, creo que se cagó. ¿Algún voluntario para cambiarle el pañal?

Todos dan un paso atrás.

Incluidos Malcom y Kansas.

—Permítanme reformular la pregunta —pide el hombre de la gorra de los Kansas City Chiefs—. ¿Alguien quiere correr hasta la selva amazónica?

—¡Yo me encargo, coach! —grita Wasaik con entusiasmo, abriéndose paso—. Oh por Dios, ¡cargaré a la mismísima descendencia de Malcom Beasley en mis brazos! —Sus pequeños ojos oscuros brillan mientras extiende sus manos hacia Billy—. ¿Puedo quedarme con el pañal, verdad? —duda.

Espero que ese no sea un regalo para Shay. Aunque sin duda alguna a ella podría gustarle.

—¡Qué antigiénico, Shane! —acotan Steve e Ingrid a la vez antes de compartir una mirada.

—Yo lo dije primero —señala el predilecto de Bill con una sonrisa ladeada. Tyra arquea una pelirroja ceja entre sus brazos. «¿En serio, tío?»—. Cadúcate.

—No, yo hablé primero —replica ella echándose el brillante cabello rubio sobre el hombro, coqueta como es habitual—. Cadúcate tú.

Ellos han empezado a salir desde que nacieron los cachorros, los cuales, por cierto, fueron distribuidos entre la estudiante de diseño y el fan de mi hermano. Incluso hicieron que Harriet redactara un contrato sobre custodia y días de visita.

—¡Por favor, chicos! —suplica Elvis—. No otra vez con el coqueteo del cadúcate, tienen público.

—Tú tienes público siempre que estás con mi hermana haciendo temblar las paredes de la casa —apunta Mei Ling rodeando los hombros de Callie—. Así que cierra la puta boca.

También es extraño que Akira no haya llgado aún. En fin, ella y el cuarenta y dos han desistido sobre eso de tener relaciones solo los fines de semana.

Ahora las tienen de lunes a viernes a excepción de los sábados y domingos.

Sí, yo tampoco entiendo su lógica, pero a los locos se los tolera, no se los entiende.

Bill se ríe sin siquiera intentar disimular, estruendosa y placenteramente.

—¿Por qué Hesnley tarda tanto? —indaga Dave llegando tras Glimmer con la intención de rodearla por la cintura.

Sin embargo, eso no ocurre dado que alguien se aclara la garganta.

Joe cruza esos brazos que se asemejan a troncos de árboles desde una esquina de la habitación. Claramente no le gusta la idea de su sobrina y el Sharp, e incluso trae refuerzos: Monroe, Galileo Lingard y Ottis, el que todo el mundo quiere, lo respaldan.
También Isahia, su hijo de doce, parece no estar conforme con las manos inquietas de Ducate sobre su prima.

—No te preocupes, Gloria. —Kassian se aproxima y me toma de la mano al notarme un poco ansiosa. Lo obvervo divertida dado que ahora solo me llama así en forma de broma. Llevaron tres meses hacerle entender que me llamaba Zoella—. Tío Blake vendrá, y si no lo hace le pediré las llaves del auto a la abuela y lo iré a buscar.

—¡Kassian! —reprocha Kendra a la vez que Betty acota un «Buena idea, campeón».

—Eres un poco joven para conducir, hijo —interviene Wendell con las manos dentro de su pantalón de vestir. Tras mirar al niño me dedica una sonrisa y se la devuelvo en silencio—. Solo estás autorizado a usar una bicicleta de momento.

—Con rueditas de apoyo —señalo divertida.

—¡Tía Zoe! —chilla avergonzado.

Tía Zoe. Aún no me acostumbro, pero debo admitir que suena genial.

La primera vez que me llamó así fue cuando me enteré que Aldrich, su abuelo, había sido condenado. Harriet salió de tribunales con los abogados de mi jefa y me abrazó con fuerza.

Sin poder evitarlo me eché a llorar.

Una mezcla de alivio e impotencia me consumió. Lo primero porque él tendría que pagar y lo segundo porque de todas formas eso no deshacía nada y no era capaz de revertirlo. Me alegré un poco al saber que Corbin había recibido pensión domiciliaria y trabajo comunitario dado que, a pesar de ser partícipe, siempre fue obligado a hacer lo que el ex Sheriff le decía bajo amenaza. También nos ayudó a revelar la verdad y cooperó con la investigación. Algo parecido ocurrió con Wendell.

Me disculpé con el ex policía el día del juicio. Lo esperé frente a la corte porque no quería asistir. Sé que muchos hubieran preferido ir y ver cómo sentenciaban a Aldrich, pero yo me dije que no iba a gastar ni un segundo más de mi tiempo en él.

Kassian se acercó de la mano de Mila, quien volvió a Seattle tiempo después, y me dijo: «No importa que sea el abuelo. Si alguien hace algo malo debe enfrentar las consecuencias. No llores, tía Zoe». Eso me hizo llorar incluso un poco más y estuve adherida al número treinta y uno por el resto de la semana.

Con Nardy, como la solía llamar, seguimos intercambiando mensajes de texto. Me envía fotos de Seattle a menudo y me di cuenta que no solo tenemos en común nuestra infancia o Blake: somos un asco en la cocina, fans de Grey's Anatomy y ambas compartimos un pensamiento ecologista. Hablamos tanto que incluso me presentó al muchacho con quien estaba saliendo, un tal Clarent Ridsley.

Creo que superó casi totalmente a Blake. Sin embargo, cuando ellos hablan no debo inquietarme. Sé que se preocupan el uno por el otro y me alegra ser testigo de que no todas las rupturas son un desastre, o por lo menos no al principio.

Por otro lado, anotamos un montón de Touch-hearts en estos meses.

Los Sharps están arrasando entre los equipos universitarios de americano. He recuperado mi trabajo como asistente y de vez en cuando uso mi oficina —sí, ahora tengo una oficina propia— como cuarto artístico cuando Hensley se escabulle.

Si saben a lo que me refiero.

La casa de las Lee sigue siendo un caos incontrolable y Bill parece darse por vencido a veces. Sigo andando en mi bicicleta, en la cual vine hasta aquí, de un lado al otro. También sigo estacionándola entre un Mercedes-Benz y un Mini Cooper y el guardia de Notre nuage sigue aguantando la risa por eso.

Subsisto con mi empleo y un poco de ayuda de mi hermano, Kansas y Bill. No necesito lujos para vivir y soy feliz así. Al final logré encontrarle una buena utilidad al dinero de la herencia de mamá.

Una gran parte la doné a dos ONG que protegen la fauna y el medioambiente: Greenpeace y WWF. Otra parte intenté dársela a Bill por haberme mantenido desde que era niña, siempre desde su bolsillo. Sin embargo, en cuanto se negó terminé comprándole un pase VIP al próximo partido de los Chiefs. Era lo menos que podía hacer y sabía que eso sería lo único que aceptaría.

El resto de la herencia terminó aquí, y por aquí me refiero a esta galería de arte.

No es como si lo hubiera pagado sola, Betty y alguien más ayudó. Blake no quiso aceptar el dinero de Mila, aquel que le prestó hace tiempo, por lo que convencí a mi antiguo trasero —si recordamos la obra de teatro de la que fuimos partícipes— de invertir en el mejor regalo de cumpleaños que se me pudo ocurrir.

No creo que vaya a arrepentirme de esto jámas. Aunque Hensley y yo formalizamos la relación nadie sabe qué nos depara el futuro, pero tengo la certeza de que nunca podré olvidarme de lo que significó para mí conocerlo.

He vuelto a amar las tormentas con su ayuda.

He aprendido más de lo que cualquier cantidad de libros pueda enseñarme respecto a lo que es amar a alguien con él.

He experimentado... cosas, de las buenas y del tipo que matarían todas las neuronas de Bill.

Sea lo que sea que ocurra desde aquí solo sé lo siguiente: no puedes borrar de tu corazón a quien le ha enseñado una nueva forma de latir.

Sonrío abiertamente al pensar en eso y Kansas reprime una sonrisa, arquea una ceja y me lanza un mirada que dice más que mil palabras mientras se acerca a Malcom y él se inclina para tomarle la mano y depositar un beso en su cabello.

—¿Saben qué? —inquiero impaciente—. Iré a buscar a Hensley, ¡es inaceptable que se esté perdiendo su propia fiesta de cumpleaños!

Omito decir que tengo ganas de besarlo porque no lo he visto desde ayer.

—Creo que es una gran idea —apoya Ingrid recogiendo a Louis Vuitton del piso. El pobre ha sufrido a manos de Tyra Timberg y Ciro Hyland, quienes jugaron y se turnaron para tirarle de la cola—. Los Jaguars y los Sharps se acabarán todos los bocadillos a este paso. Es como darle de comer a un ejército.

—¡Ni me lo digas! —se entromete Shepard—. He alimentado a esos muertos de hambre desde que amenacé por primera vez a alguien con meterle mi pie entre sus nalgas. —Debe referirse al Paleolítico. Entonces, sin previo aviso, lleva sus dedos a su boca y silba con fuerza, atrayendo la atención de todo el mundo—. ¡Formen filas horizontales, Zoe buscará a Hensley y quiero que estén listos para cantar el jodido infeliz cumpleaños cuando llegué!

Todos comienzan a acomodarse con rapidez y el entrenador contempla satisfecho mientras se cruza de brazos. Encuentra mi mirada y una pequeña sonrisa tira de sus labios.

—Mejor ve por él antes de que vaya yo y le haga un anal con mi zapa...

—¡Está por entrar! —anuncia Glimmer.

Todos hacemos silencio y nos preparamos para sorprenderlo. Algo se mueve inquieto en mi pecho y no soy capaz de explicar la alegría y anticipación que me llena.

Y desaparece.

—¡Sorpre...!

Es Bobby.

—Me halaga mucho, pero no es mi cumpleaños —dice acercándose mientras carga un regalo. Todos suspiran decepcionados. Viste bermudas amarillas, camisa de vestir y corbata rosada. Estoy segura que Ingrid le acaba de pedir a la estudiante de ingeniería química que le tire con alguna clase de ácido en los ojos—. Es el 8 de junio, solo por si te interesaba saber, guapo. —Le guiña un ojo a Bill.

Shepard lo mira aterrado.

El hombre de la grúa ha estado coqueteando con él siempre que lo ve, y es ciertamente cómico que Billy se sonroje y comience a balbucear que si le dice más cosas lindas le meterá su pie en ya saben donde.

Bobby obviamente está complacido con la idea, y eso dejo sin palabras, o más bien sin insultos, al fan de los Kansas City Chiefs.

—Lo siento, amigo —dice alguien a nuestras espaldas—. Pero este hombre tiene dueña.

—¿Anneley? —preguntamos Bill y yo al unísono, incrédulos.

Y ahí está su esposa: bronceada, luciendo gafas de sol y envuelta en un conjunto deportivo. Recién llegada de Australia.

—¿Y esta quién es? —demanda saber Bobby mientras estrecha los ojos y pone un mano en su cintura.

Bill quiere meterse bajo una roca, se nota en su reacción.

—Se te ha juntado el ganado, Shepard —se burla la señora Hyland desde atrás, chocando los cinco con Betty en cuanto mi padre las manda a callar.

En los momentos más inadecuados me entran ganas de reír, así que aprovecho para escabullirme e ir por mi artista. Paso muchas de las pinturas que Blake ha hecho, esas que mis amigos han sacado de su casa rodante mientras le pedimos a Bill que lo mantuviera ocupado entrenando.

Claramente Shepard no presentó ninguna objeción. Más bien estuvo encantado con hacerlo sudar.

Salgo a plena zona céntrica de Owercity. El sol ya está por ocultarse y las luces de la ciudad comienzan a parpadear. La vida nocturna resurge una vez más y me encuentro abotonándome la chaqueta sobre el vestido floreado.

Por suerte hoy se me ocurrió usar medias bajo él.

Y ropa interior bajo las medias.

Asumo que Hensley sigue en el estadio contemplando el milagro de que su coach le haya obsequiado algo o duchándose. Ambas son cosas dignas de ver, así que para ir más rápido me subo a mi bicicleta pero me detengo antes de arrancar dado que me llega un mensaje.

De: Akira

Siento llegar tarde. Tuve que hacer un trabajo sobre un nuevo método de anoscopia. Investigué hasta recién y ya quiero intentarlo. Ya sabes quién será mi sujeto de prueba. Dile a Preston que se prepare.

Niego con la cabeza divertida antes de comenzar a pedalear mientras guardo el teléfono en mi bolsi... ¡no!

Blake pierde el equilibrio y cae al piso con un estruendo. Pinceles y pinturas caen de la bolsas que trae consigo, desparramándose en el piso. Oigo la forma en que su cabeza da contra la vereda y chillo horrorizada bajándome de la bicicleta y dejándola caer con un ruido sordo.

Acabo de atropellar al muchacho de lindos globos oculares.

Por segunda vez.

En su cumpleaños.

—¡Lo siento, lo siento! —digo apresurada cubriéndome la boca con ambas manos—. No era mi intención, lo juro —añado sintiéndome terrible.

Él respira hondo antes de que una pequeña sonrisa curve sus labios mientras cierra los ojos y se frota la cabeza. Me sorprende que comience a reír al paso de los segundos, encontrando cómico el déjà vu.

Extiendo mi mano y lo ayudo a ponerse de pie con cuidado. Observo directo a esa mirada color cielo y contemplo una mezcla de cansancio, diversión y cariño. También algo de dolor. Nos observamos en silencio durante unos segundos que parecen encapsular horas.

—¿Qué hice ahora como para que me atropelles, Zoella? —indaga con voz grave y baja mientras junto mis manos entrelazadas bajo mi mentón, pidiendo perdón sin decirlo otra vez.

—No hiciste nada, es solo que... —Inflo mi pecho donde mi corazón parece haberse olvido que debe seguir funcionando. Tiene esta costumbre de paralizarse un rato cuando Hensley aparece, aunque no puedo culparlo—. Hoy es un buen día —señalo—, para atropellar a alguien.

Rodeo su cuello con los brazos y le sonrío con gracia, algo avergonzada.

—Feliz cumpleaños, supongo —añado.

Él no dice nada, simplemente me mira. Al mismo tiempo decidimos que no hay palabra que pronunciar y nos encontramos en un beso.

O eso intentamos.

Escuchamos un estruendo al otro lado de la calle y visualizamos a Akira, quien ha dejado caer un obsequio gigante al piso. Con ojos muy abiertos ve la bicicleta en la vereda cuya rueda trasera sigue girando y todos los artículos de arte de Blake en el piso.

Suma dos más dos.

Porque sí, sabe sumar.

—¡Paciente 007!

FIN

Por ahora...

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top