C40: Escenificar.

—¿Cómo es posible que no conozcan la F3DL? —Elvis lleva una mano hacia su pecho, incrédulo e indignado—. Creo que me está por agarrar un paro cardíac... —Ni siquiera es capaz de terminar la frase antes de que Akira salte del mostrador y se abalance sobre él.

—¡El sujeto presenta un infarto agudo al miocardio! —Lo empuja hasta que está sentado en una de las sillas y se sienta a ahorcadas sobre él. Preston rueda los ojos y se maldice a sí mismo por la elección de palabras—. Posibles síntomas del paciente 005: problemas digestivos como náuseas y vómitos, dolor torácico, sudoración excesiva y fría, dificultad respiratoria, fatiga, hormigueo en brazo izquierdo y dolor. —Tira bruscamente de su camisa y los primeros botones vuelan por los aires—. ¡Se debe aflojar las prendas, procurar que el perjudicado tome asiento y preguntar si toma medicamentos como nitroglicerina mientras se espera la ayuda médica! 

—¡Quítame las manos de encima, loca! —Forcejea el Sharp—. No es fin de semana, así que aleja esos dedos de mí y deja de ser tan literal. ¡No estoy teniendo un infarto! 

—¡Lo tendrás si no me explicas qué rayos es la LD3F! —amenaza el coach, apuntándolo con una espátula.

—Es F3DL, la Fiesta del día del libro —explica Glimmer, la que he catalogado como la más normal de todos—.  Hace casi tres décadas los estudiantes de Literatura de la OCU comenzaron a conmemorar el día del libro con un fiesta donde se disfrazan como personajes literarios y actúan como ellos, es algo parecido a un juego de roles. Se hizo tan popular que ahora toda la universidad lo celebra. 

—Es una tradición universitaria, coach —sintetiza Steve.

—¡Al fin alguien me da una explicación! —Bufa Bill, palmeando en el hombro al quarterback mientras sigue sosteniendo su espátula en dirección a Elvis—. Gracias, Timberg, eres de gran ayuda... ¡y tú, Preston, ¿por qué no aprendes a resumir como él?! ¡La próxima vez que no te expliques de forma concisa, rápida y sin simular un ataque cardíaco te haré correr hasta Turkmenistán!

—¿Torkmeshistán? ¿Dónde queda eso? —pregunta Kassian a mi lado, frunciendo el ceño y llevándose a la boca la cabeza del Tuojiangosaurio.

—¡Exactamente por esto este niño necesita comer y hacer funcionar las neuronas en la escuela! —señala Shepard, aún gritando y trasladando la espátula hasta que apunta a Blake, quien alza las manos en señal de rendición. Hensley es inteligente, sabe que Bill es capaz de transformar cualquier objeto en un arma—. La próxima vez que estés a punto de privarlo de un día de educación por hacer cochinadas en el asiento de tu casa rodante voy a...

—¿Cochinadas? —interrumpe Dave, quien estaba a punto de lanzar una manzana hacia el frutero. Siento el rubor exterderse y quemar mis mejillas en cuanto cada persona en la habitación, a excepción de un inocente Kassian que ahora está por comerse el resto del dinosaurio, intercala la mirada entre el número treinta y uno y yo—. ¿Algo que quieres comentarnos, Hensley? —presiona el amigo de Blake, arqueando una de sus rubias cejas y dándole un mordisco a la manzana antes de cruzarse de brazos, expectante.

—Nunca me cortes en medio de una advertencia. Me debes tres kilómetros por interrumpirme, Barbie —castiga Bill, señalándolo con el utensillo de cocina antes de volver a apuntar al muchacho de lindos globos oculares—.  Retomando mi anterior amenaza, voy a...

—¡Por la Fashion Week! —Esta vez es Ingrid la que chilla, girando a su mascota en brazos hasta que están a centímetros de distancia—. ¿Escuchaste eso, Louis Vuitton? Algo indecente pasó en esa casa rodante. —Pasa a clavar sus ojos en mí y sonríe con complicidad—. Cuenta el chisme, Zoe. ¡Quiero detalles!

—¿Acaso no te has dado cuenta que hay un menor de edad presente? Eres una desconsiderada, Hoffman. —Le reprocha Steve. 

—Por favor, Timberg. —Ríe la rubia, haciendo un ademán y restándole importancia—. Kassian probablemente sabe más de lo que tú y tu escasez de citas saben.

—Para tu información, yo poseo un gran conocimiento sobre el tema en cuestión —contraataca el morocho, y la forma en que se ruboriza me hace acordar a su hermano mayor.

Los Timberg son adorables.

—¿Sí? —indaga la estudiante de diseño, con una clara provocación—. Me gustaría verte poner en práctica dicho conocimiento.

—Estás más que invitada a verlo —sentencia él.    

Un silencio sepulcral cae en la habitación, y ambos se observan con fijeza.

Frijoles, esta tensión sexual es de lo más incómoda. 

No voy a mentir, tengo que confesar que estoy algo aliviada de que la conversación se haya desviado de Blake y de mí. Sin embargo, nunca sé qué hacer en esta clase de momentos. Si te ríes y nadie más lo hace puedes aumentar la tensión, si te levantas y marchas sería muy evidente y descortés, y si hablas podrías recibir una mirada que fácilmente podría matarte.

Evito reír, marcharme y, como no quiero morir tan joven, no acoto nada. Además, no estoy segura de qué clase de regurgitación verbal saldría de mis labios con lo torpe que soy: ¿alimentación de las anémonas de mar? ¿Política inmigratoria en Francia? ¿Series de Netflix? Quién sabe.

Shepard se aclara la garganta, centrando la atención nuevamente en él:— Y prosiguiendo con mi amenaza, voy a...

—Nadie me contestó —se entromete Kassian, protestando—. ¿Dónde queda Shurkmenistád? 

—A nadie le importa la geografía, mocoso —lo calla Mei Ling—. El problema aquí es que esta habitación está llena de tensión sexual y eso me inhabilita a desayunar en jodida paz. ¡Ustedes dos! —apunta con el periódico a Ingrid y Steve—. Basta de provocaciones, acepten que se quieren arrancar la ropa mutuamente de una vez, y ustedes... —Pasa a señalar a Elvis y a su hermana—. Déjense de joder con esa estúpida regla de fines de semana y vayan arriba a hacerlo, pero cuídense, no quiero sobrinos que luzcan como Preston. —El estudiante de literatura arquea una ceja antes eso—. Hensley y la chica arcoíris pueden hacer lo que quieran en la casa rodante, pero no hablen de eso mientras intento tragar una endemoniada tostada. Es repugnante, tanto como que hablen del parto de ese bicho. —Se refiere a la mascota de Wasaik, la pequeña Beagle. A continuación señala a Glimmer y Dave—. Y ustedes son los que restan, formen pareja y entreténganse mutuamente para que no tengo que soportarlos.

La sobrina de Joe y el Sharp intercambian una mirada en silencio, una que dura más de lo necesario. Ambos se sonrojan y remueven incómodos al ser señalados ante el público, pero algo parece cambiar en el aire.

Se miran, por primera vez, de una forma en que no están acostumbrados.

—¿Y qué hay de mí? —se queja Shane—. El tío del mejor amigo de la prima del nieto mi ex vecina dice que necesito una novia. ¿Puedes conseguirme una?

—¿Quién crees que soy? ¿Cupid...? —Mei Ling recapacita respecto a eso y se retracta:—. ¿Tienes veinte dólares?

Shane comienza a revisar sus bolsillos, y saca una pequeña montaña de miniaturas al azar:— Tengo goma de mascar, tres dólares, un alfiler y media galleta. ¿Eso cuent...?

—¡Cinco kilómetros por hacer negocios con la chica china mientras intento hablar! —Bill se está impacientando y exasperando, y su rostro ya está levemente más colorido de lo normal—. ¿Pueden dejar de interrumpirme de una maldita vez para que pueda terminar de amenazar a Hens...?

—¿Dónde queda Turkmenishtén, tío Blake? —insiste Kassian, girándose hacia el morocho.

Los ojos color cielo del muchacho se encuentra con los míos, y noto que también se ha dado cuenta que Shepard está a punto de colapsar. Le resulta gracioso, por lo que reprime una sonrisa cuando me mira.

—Queda en...

—¡Por amor a la religión cristiana, budista, judía y a los ateos!, ¿alguien más quiere interrumpirme?! —estalla Billy, moviendo la espátula de un lado al otro en el aire, irritado—. ¡Déjenme terminar mi amenaza antes de que los envíe de una patada colectiva hasta Guinea Ecuatorial! —Un silencio sepulcral se asienta en la cocina, y entonces exhala todo el aire contenido en sus pulmones con cansacio—. ¡Gracias! —dice, extendiendo sus brazos en modo de un irónico agradecimiento—. Ahora, como estaba diciendo, voy a... —Frunce el ceño, desconcertado—. ¿A quién estaba por amenazar?

Y simultáneamente todos se señalan los unos a los otros. Incluso Louis Vuitton levanta su pata para acusar.

Shepard gruñe y entierra su rostro entre sus manos.

—Resiste Billy, te quedan unos diez años para jubilarte. —Le sonrío divertida desde mi asiento.

                                                                                                       🏈 🏈 🏈

—¡Muchas gracias! —Sonrío, girando frente al espejo—. Esa máquina de coser que hay en tu cuarto es como una varita, realmente puede hacer magia. —Encuentro los ojos de Ingrid en el cristal, y en ellos hay aprobación mientras echa una última mirada a mi disfraz.

Las varitas mágicas sólo son poderosas si lo son los magos que las utilizan —corrige, citando y encarnando a Hermione Granger.

Su uniforme de Hogwarts, hecho a mano y rediseñado para lucir más glamoroso con un toque de brillo, se ve fabuloso en ella. No sé cómo lo ha hecho, pero se encargó de hacerme un disfraz en menos de tres horas. Es puro talento y rapidez. 

—Diablos, Julieta, ¡ven aquí! —ordena una furiosa Mei Ling desde la planta baja, mientra pasos se precipitan por la escalera. Elvis llega a mi habitación levantando la falda de su vestido y prácticamente sin aliento—. ¡Le diré a Romeo que no tenga piedad de ti el fin de semana si no bajas! —Amenaza, sabiendo que Akira se ha disfrazado como el otro personaje de William Shakeaspeare.

La vida es la tortura, y la muerte será mi descanso —cita Preston, recargándose en la puerta y poniendo las manos en jarras, sobre su corsé—. Así que espero morir pronto, porque Romeo tiene examen el lunes y presiento que seré su muñeco de prueba —añade aterrado, acercándose y dejándose caer en la cama. Se echa la larga cabellera sobre su hombro y cierra los ojos mientras lavanta el mentón:—Es mi turno para que me retoquen el maquillaje. Mi obstinado enamorado me ha atacado en la cocina cuando dije que tenía dolor de cabeza y lo terminó estropean... esperen un segundo, ¿esta es un tormenta?—inquiere frunciendo el ceño hacia mis paredes y abriendo un ojo—. ¿Tú no teníamos miedo de ellas? ¿Ostrafobia? —me pregunta.

Ingrid le da con el delineador en dicho ojo antes de gruñir:—Tienes la capacidad emocional de un ladrillo, Julieta.

—Está bien, cuidado con su globo ocular. No queremos ver a Julieta con un parche. —Sonrío, restándole importancia y apreciando el mural—. Es astrafobia, y Blake lo pintó para que comenzara a intentar superar el asunto. Sé que está lejos de ser una tormenta real, pero es... es un comienzo, ¿no? —A veces, si miro estos rayos hechos con pinceles por demasiado tiempo, empiezo a temblar: un auténtico pánico me envuelve el corazón, pero entonces me atrevo a alcanzar la pared y comprobar que no son reales, que no van a lastimarme a menos que se los permita—. ¿Sabes cuál es el problema de este mundo? Todos quieren una solución mágica a los problemas, pero todos rehúsan creer en la magia —cito a mi personaje—. En lo que a mí respecta, si quiero que la astrafobia desaparezca tengo que comenzar a creer en mí, y no podría haber comenzando si Hensley no me hubiera dado este pequeño empujón —reconozco, y le dedico una sonrisa a Elvis.

Cuando te vi me enamoré y tú sonreíste porque lo sabías. —En verdad es fan de Shakeaspere, pero es lo menos que puedo esperar de él—. ¿Crees que Romeo y el señor Darcy vayan a enojarse si tenemos una aventura de una noche, querido Sombrerero?

—¿Blake se disfrazó de Fitzwilliam Darcy, de Orgullo y Prejuicio? —La emoción se filtra a través de mi voz, y ya estoy de camino a la puerta para ver eso con mis propios ojos cuando Preston me llama.

—Ten cuidado, el entrenador está allí abajo —advierte con cierto temor—. Y, como tu amigo lector, te dejo saber que jamás deseé que un personaje se quedara dentro de su libro hasta ahora. Eso lo resume todo.

Yo también estaría aterrada en su lugar.

Bill honró la F3DL reencarnando a un personaje literario que se le asemeja bastante: el Dr. Hannibal Lecter.  

Es Billy, ¿qué más se puede esperar?

—Sonríe un poco, Kendra —imploro en voz baja mientras la estrecho entre mis brazos—. Es una fiesta, no un funeral, ¿sabías? —inquiero en cuanto me aparto para ver esos familiares ojos destellando aún con preocupación—. No dejes que te inunde el sobresalto. Si bien está bien estar preparado para lo peor, no hay necesidad de considerarlo como cierto.

Espero haberlo citado bien.

Quiero que vea que las amenazas de Wendell son sólo eso: amenazas. No es famoso por cumplir con lo que promete, y a pesar de ser consciente de eso, no puedo culparla por estar algo asustada. Yo mismo lo estoy, pero no voy a dejar que eso me consuma.
Debemos averiguar qué tiene él contra Mila primero, y si en el transcurso se atreve a querer llevarse lejos a Kassian, reaccionaremos. ¿Pero ahora? He aprendido que no puedo vivir pendiente de los problemas.

Lo he hecho por demasiado tiempo.

—No voy a dejar que nada te ocurra, tampoco a mi sobrino —prometo, y sus labios se curvan en una leve sonrisa. No sé cómo ha hecho Mila para que asistiera al evento, mucho menos cómo logró hacerla disfrazarse, pero hago un nota mental para agradecerle más tarde. Kendra necesita distraerse, pasar un rato con alguien que la haga olvidar de los posibles contratiempos—. Ahora, ¿por qué no vas...? ¿Kendra?

Sus ojos están tan amplios como nunca los he visto, fijos en alguien tras de mí. Me giro y me cejas se alzan con sorpresa. 

Larson Khalid está desnudo.

Casi desnudo, en realidad.

 —¿Tarzán? —adivino, y él se cruza de brazos mientras ancla la mirada en mi hermana. 

Vuelvo a mirarla y una pequeña y casi imperceptible —pero reconocible—, puntada de celos y disgusto me revuelve el estómago. Antes me negaba a ver los sentimientos que ella podría tener por Larson porque intentaba alejarlos, pero ahora que me he quitado ese tóxica venda de los ojos lo noto: a ella no sólo le gusta, es algo más fuerte.

Y creo que la he privado de sentir cosas por mi compañero por demasiado tiempo. No estaba en mi derecho hacerlo, pero creía que estaba haciendo lo correcto. 

—Es una buena canción —señalo, refiriéndome a la potente pero agradable melodía que se oye—. Incluso los salvajes pueden bailar, ¿qué dices, Tarzán? ¿Podrías entretener a Daenerys de la Tormenta, de la Casa Targaryen, Heredera legítima del Trono de Hierro, Reina de los Ándalos y los Primeros Hombres, Protectora de Los Siete Reinos, la Madre de Dragones, la Khaleesi del Gran Mar Verde, la que no arde y la Rompecadenas por un rato?

Él extiende una mano, pero estoy seguro de que mi hermana está mirando todo menos dicha mano.

 —Mi sol y mis estrellas. —La oigo murmurar antes de ver desaparecer esa larga peluca nívea y vestido azul entre la pequeña multitud.

Me temes, pero viniste.

Cierro los ojos y me preparo mentalmente para lo que hay detrás de mí. 

Fiesta a mitad de semana no es algo que vaya a gustarle al entrenador, y eso se manifiesta en su voz. Sin embargo, en cuanto lo enfrento, me percato de que podría estar gustándole más de lo que pensé: el hombre viste ropas ensangrentadas —en verdad espero que sea salsa de tomate—, y de su mano cuelga una pierna de plástico —espero que sea plástico—, que parece haberla arrancado de un maniquí.

No se esforzó mucho en su disfraz, pero no era necesario. Lo luce y complementa a la perfección con la siniestra sonrisa que tira de sus labios mientras observo desconfiado la extremidad.

 —¿Quieres un trozo? —indaga, tendiéndome la pierna—. Es importante cada día probar cosas nuevas.

—Declino su oferta, caballero. —Digo inclinándome ligeramente hacia él en señal de gratitud—. Creo que soy vegetariano, pero aprecio tan tentador ofrecimiento —miento.

Debí imaginarme que el entrenador iba a asistir a la fiesta que montamos en casa de Mei y Akira, sobre todo sabiendo que todo el equipo estaba invitado y la estudiante de ecología participaría. Seguramente va a aprovechar la velada para lanzarle unos cuantos mordiscos a Preston, y a mi trasero si volvemos a platicar de la chica en cuestión.


—¿Voy a tener problemas si intento alguna jugada con Zoe esta noche? —pregunto intentando confirmar mis sospechas.

Él se ríe de forma áspera y profunda. Es bastante tétrico si tenemos en cuenta su disfraz.

Eres un muchacho extraordinario. Admiro tu valor —reconoce citando al personaje, y entonces, en cuestión de milésimas, se encuentra frente a mí. Todo rastro de gracia ha desaparecido de su rostro—. Me voy a comer tu corazón.

—De acuerdo, supongo que nada de jugadas entonces. —Estiro el cuello, intentando mantenerme tan lejos del caníbal como sea posible.

—Tendrás problemas si la jugada te sale mal —explica, dándome una fuerte palmada en la espalda. Podría haber escupido más de dos órganos si no hubiera apretado los labios—. Y como dudo que algo te salga bien estando yo aquí... —Se encoge de hombros—. Sí, definitivamente tendrás problemas esta noche, Hensley.

Estoy a punto de contestar, porque la realidad es que no soy bueno manteniendo la boca cerrada, pero termino sin emitir palabra en cuanto la veo descender las escaleras.

Jamás creí que sentiría una atracción física por el Sombrerero de Alicia en el País de las Maravillas, pero supongo que siempre hay una primera vez.

Y esta es la mía.  

Su rostro está completamente blanco, y deduzco que Ingrid le ha puesto esos lentes de contacto verdes que resaltan gracias al color de la piel maquillada y esa estrafalaria peluca anaranjada seguida por un característico sombrero. Sin embargo, lo llamativo es la vestimenta. El personaje del libro y película vestía un traje, y ella también lo hace, pero hay una pequeña diferencia: este es como una decena de veces más diminuto. No vulgar ni muy revelador, eso no es propio de Zoe, pero sí llamativo.

Malditamente llamativo.

¿Tripas dentro o tripas fuera? —murmura Bill a mi lado, lo suficientemente bajo para que únicamente yo pueda oírlo—. Escoge ahora, mientras tu lengua siga dentro de tu boca.   

Creo que se ha percatado de que mis ojos se han detenido demasiado tiempo en sus piernas y el borde de la pomposa falda, que es mucho más corta de lo que sus vestidos suelen ser. Mucho. No sé cómo mi cerebro es tan osado como para empezar a imaginar cosas que acarrean consecuencias en lo que respecta a mis pantalones. 

Cierro los ojos y reprimo las ganas de citar a mi personaje y decirle a Zoe lo siguiente:—Vengo a pedirle que acabe con mi agonía.

No quiero ni pensar en lo que citaría Bill si supiera que padezco de una agonía física tan grave.

—¡Feliz F3DL! —Sonríe. 

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