Capítulo 42


— ¿Te volviste loca niña?—inquiere en un rugido de voz profunda

—No, creo que no ¿Por qué?

Suspira profundamente y se levanta de la mesa con la taza en la mano —Entonces es un ¿Si?— extendí mi cabeza hasta verlo salir de la casa. Le seguí los pasos y lo vi debajo de un árbol, andaba observando una vieja lapida de madera gastada, se veía que llevaba años clavada en la tierra. Me mantuve callada por unos minutos hasta que leí en esa lapida un nombre y decía "Mabel" — ¿Quién era ella?— inquirí interrumpiendo su rezo—Mi madre— responde mientras la brisa corría sobre nosotros— Se llama como yo— añado

— ¿No dijiste que te llamabas Esperanza?

—Ese es mi primer nombre y el segundo es Mabel

—Entiendo— vuelve a ver la tumba

—Se lo que es perder a un ser amado

— ¿Tú también perdiste a tu madre?

—Comienzo a creer que ya la perdí hace mucho tiempo—suspiro— Mi hermano hace lo posible por hacerme pensar que nos espera junto con papá, de hacerme sentir que hay una esperanza en que volvamos hacer una familia como antes.

—Una falsa esperanza—suspira— está siendo muy injusto

—No, pienso que lo está haciendo porque me ama y no desea que sepa la verdad por temor a que sufra

— Por amor te está dando una falsa esperanza

—No—niego con la cabeza sin perder de vista la lápida— Por amor me está buscando un mejor futuro, esa siempre ha sido nuestra esperanza

—Entiendo—baja la mirada—La esperanza de mi madre es que mi futuro haya sido como la de cualquier hombre, lástima que nunca se hizo realidad

— ¿Por qué piensas eso?

— ¡Porque no soy como cualquiera de los otros!—exclama volviendo a su tono intenso— ¿O ya se te olvidó?

— ¿Te puedo hacer una pregunta?

Asiente

—Mira tu mano—señala— ¿Qué ves?

—Dedos

—Ahora ponlo en el lado izquierdo de tu pecho ¿Qué sientes?

—Mi corazón

— ¿Serias capaz de abandonar a tus monos si andan en peligro?

—No

— ¿Por qué?

— Por qué son mi única familia

— ¿Alguna vez has llorado?

—Si

— ¿Cuándo?

— Cuándo me siento solo

—Amas a tu familia

—Si

— ¿Por qué?

— Por qué me hacen feliz

—La esperanza de tu madre ya se cumplió—sonreí. Aquellas palabras iluminó la mirada apagada de aquel hombre, algo por dentro comenzó avivarse, se observa las manos con detenimiento mientras que la luz del sol lo cubría con su calor, sus ojos no se contienen, una lagrima brillante rosa su mejilla—Es cierto—dice restregándose los ojos— ¡No soy un monstruo!— exclama.

De repente se escuchada los gritos de un hombre más el chillido de un mono, ambos volteamos a dónde provenía el sonido y corrimos para allá. Era Kini, asustado con una herida en el brazo y más adelante estaba corriendo el responsable, voltea su mirada hacia nosotros y lo reconocí, era Piedra. El señor monstruo, que desprendía coraje desde su piel tenía ganas de ir en su persecución pero decidió atender la herida de su mono. De un golpe entra a la cabaña y extiende una mesa, empujando todo lo que no era necesario hasta quebrarse en rechinidos en el suelo, de un gabinete saca apresura una pequeña caja y de ella extrae una botella de alcohol y algodón. Mientras le limpiaba el corte, observo desde la ventana como si algo desde el bosque me diera un mala advertencia con el susurro de la brisa —Van a volver—exhalé si perder de vista el exterior.

—Pues ¡Claro!— exclama mientras vendaba el brazo de Kini—Vienen por mis monos, ahora saben en donde están— amarra el vendaje —No solamente eso—dije con aire de nervios, el vuelve la mirada en mí—Me están buscando—volteo hacia él.

— ¿Lo conoces? ¡ES AMIGO TUYO!—grita con furor en sus ojos—No—negué con la cabeza—Pero va hacer lo posible por vengarse de mi hermano— aquel hombre se me queda viendo con detenimiento, turbado ante tal declaración —Quisiera saber más sobre ti ¿Cómo terminaste en este bosque?—se aleja de la mesa—Ya te dije que me perdí y me separé de mi hermano.

— ¡Esa respuesta no me convence!

—Pero le digo la verdad

— ¡MENTIRA!—grita con los dientes afuera como si fuera un perro rabioso—Tú—me señala—Y tu hermano, hicieron algo malo y es por eso que los están buscando. Estas huyendo, ahora por tu culpa descubrieron mi escondite, cuando se enteren de que soy el Caminante y de mis monos, seremos historia

— ¡Lo lamento!—exclamé con intenso ardor en mi corazón— de que por mi descubrieran tu escondite pero el resto es la verdad

— ¡Piensas que soy tan estúpido!—me vuelve a señalar— para creer que una niña y su perro deambularía por estos bosques sabiendo muy bien que era peligroso. Estoy seguro de que hubo alguien que les advirtió de mi

— ¡Si pero mi hermano nunca le creyó!

— ¿Y en dónde está?

—No lo sé—se me quiebra la voz— unos hombres se lo llevaron

—Sí, los mismos que vienen por ti—señala

— ¡No! son otros ¡PORFAVOR CREAME!

—Debería amarrarte a un árbol para que te puedan encontrar y así tendré tiempo para huir—me agarra de la mano con mucha fuerza, cosa que me hizo graznar del dolor, sentía que me estrangulaba la muñeca izquierda, tratando de arrástrame sin mucho esfuerzo, mientras que le suplicaba—Por favor no, se lo juro ¡Le estoy diciendo la verdad!

—Nunca debí confiar en ti—abre la puerta de un golpe tan duro que este rebota de la pared vibrando las ventanas— ¡PERO ES CIERTO!—grito. De repente aparece Roble en mi rescate, se lanza sobre él y ambos caen al suelo, el polvo se eleva y aquel hombre se levanta para dar la batalla, Roble muerde su brazo izquierdo varias veces pero no se escapa de su fuerza, enseguida es levantado y lanzado hacia los arbustos.

— ¡Roble!—exclamé de los nervios, el brazo del monstruo se le deslizaba barios chorros de sangre que brillaban con la claridad del bosque pero eso no lo detiene, pareciera no sentirlo. Se va a una esquina de la casa y de allí despega un hacha guindada en la pared—Ven perrito— dice como si le fuese a dar cariño— ¡Roble huye!— sigo gritando y aquel animal sale de los arbustos un poco aturdido pero preparado para la segunda ronda.

Andaba gruñendo pero no se precipita al ataque, sabe lo que tiene en la mano—Ven pequeño, te tengo un regalo—sonríe el hombre tentándolo al desafío, Roble camina hacia un lado buscando donde atacar pero aquel hombre era el triple de su tamaño, tanto así que su sombra bañaba su cuerpo y con un hacha en la mano le daba mayor ventaja—¡Por favor créame!—seguía insistiendo— ¿Por qué debería creerte?— me responde sin perder de vista a su contrincante.

—Porque yo creo en usted—algo en esas palabras hizo que volteara el cuello, viéndome a los ojos— ¡Es mentira!—menea la cabeza con los ojos lagrimosos y rojos—Lo que dijiste no era cierto.

—Aún sigo creyendo que no es lo que piensa que es, aunque usted le cueste creerlo. Mire a sus monos—señalo el fondo de la casa—Tienen miedo de lo que usted está a punto de hacer ¿Acaso le permitirá ver convertirse en algo que nunca ha sido?— añado con furor en mi voz con una mirada de rechazo bañado de lágrimas— Si lo hace ya no lo verán de la misma manera como antes. Y si es así ¡felicidades! ya puede decir que es un monstruo.

Aquellas palabras le dio la gran estocada a ese hombre, sus ojos se abren como si se le escapara el alma, se queda tieso por unos segundos y cuando se extiende a ver el fondo donde yacía sus monos, allí estaban temblando de miedo, mirándolo de una manera pavorosa como si observaran a un abominable monstruo, eso lo degolló en la vergüenza. Poco a poco baja el mango del hacha hasta que sus dedos lo sueltan, por un momento se queda con la cabeza gacha, mirando su sombra pero caminando en sus pensamientos.

Roble deja de gruñir y lentamente se acerca hacia mi hasta que lo recibo con los brazos abiertos—Robli—paso mi mentón sobre su cabeza, acariciando su peludo lomo tibio. Ahora escucho unos gemidos, era él restregándose los ojos, de a poco me acerco hasta tenerlo de frente —Lo siento—dice con el rubor en alto, estaba arrepentido—Descuide—le agarro la mano que seguía manchada de rojo—Sabia que no lo haría—sonreí y él se aferró a mi mano, asintiendo.

—Pero ahora debemos irnos— declaro sin mucho ánimo, por unos segundos nos quedamos en silencio sintiendo la brisa rozar nuestra piel y el sonidos de las hojas desprenderse de las ramas, se escuchaba que alguien nos hablaba, un murmullo que coreaba el bosque, no entendía que decía pero para el señor monstruo le era como una revelación—Esperanza—dice—¿Te puedo hacer una pregunta?—inquiere con el mentón levantado observando los alrededores del bosque. Asiento con la intriga sobre mis lomos— ¿Aún quieres que te enseñe a asustar?— inquiere con un aire de idea en su mirada...

Más tarde, mientras que el sol se ocultaba y la oscuridad deambulada por cada rincón, estaba Piedra acompañado por cinco hombres más su compañero, enciende las antorchas pues la oscuridad se estaba volviendo más espesa. Marchaban trapazando los arbustos pero de repente un silbido de brisa fantasmal perturba a algunos de ellos— ¿Oigan escucharon eso?—inquiere un hombre observando lentamente los alrededores con los ojos tan abiertos como un búho—Yo no escuché nada— dice Piedra mientras empujaba unas matas —Este lugar no me gusta—añade otro sujeto, viendo con detenimiento cada paso que daba—Ya déjense de tonterías que falta poco— sigue insistiendo el minero con la antorcha al frente—¿Y si la leyenda es verdadera?—alega otro campesino mientras esquivaba una mata—¿Y si nos atrapa?

—Para eso trajimos las armas—muestra su pistola extraída de su bolsillo—Además, esa leyenda es mera tontería, yo lo vi en persona, no es más que un viejo horroroso, tan feo como un jabalí —sigue adelante alumbrando el camino—Verán que el temor que sufrieron todo estos años fue como una estafa para supersticiosos—añade. Ahora la brisa agarra su fuerza, el frío se le subía desde los pies hasta las cabezas, la sangre se le tornaba pesada y un sudor helado se desprendía desde sus sienes. El bosque cada vez se volvía siniestro, los cálidos arboles de apoco se quitaban su antifaz, desenmascarando su lado oscuro, aquellas ramas parecían garras y los profundo agujeros donde yacían las ardillas o algún otro animal rastrero esbozaban una enorme boca profunda y siniestra. Ahora asciende desde la tierra un velo de neblina tan repentino como si ascenderá desde las tumbas los espíritus— ¿Qué carajo está pasando?—inquiere un hombre turbado cuando escucha un silbido lejos, desde la grisácea tela de la niebla fantasmal.

—Es un pájaro Percas ¿No preguntes tonterías?— se impacienta Piedra que también se hallaba nervioso, se le notaba en los tobillos, aquel hombre que pretendía demostrar su inmutabilidad, aquella roca que aparentaba ser, poco a poco se disolvía como un barro frágil. — ¿Desde cuándo un pájaro silva en la noche?— razona el hombre que no le complacía la respuesta de Piedra, es más le sumaba una razón para ahogarse en el miedo.

—Los búhos IDIOTA— se altera Piedra con la antorcha arriba de su frente— ¿Quién más silbaría en la noche?— lo mira de frente con ganas de cerrarle la boca—No—menea la cabeza Percas—Pero lo poco que se, es que nunca he escuchado cantar a un búho de esa forma— sigue manteniendo su posición en lugar de ayudarlo, le daba otra razón a sus compañeros de irse a casa, cosa que le preocupaba más a Piedra, que el origen de ese silbido. Aquel irritado minero se detiene, saca su pistola y gira del gatillo con los ojos puestos sobre el cañón y luego el origen del enigmático silbido—Ese maldito pájaro tiene sus días contados—dice—Ya vengo—da unos cuantos pasos pero aquel silbido se detiene. El medio sonríe, resoplando la nariz — ¡Vaya!—estira su sonrisa—Parece que entendió la advertencia—sigue con la pistola en alto mientras la neblina rosaba su cuerpo. Sus hombres se hallaban pegados, espalda con espalda pero se relajaron un poco lo suficiente como para que sus tobillos se mantengan estables—Vieron—extiende los dos brazos aquel malhumorado minero con un gesto burlón—El miedo les hace exagerar sus sentidos, compórtense como hombres en vez de niños si no quieren que le cuente a sus mujeres la clase de cabezas que tienen en sus hogares— mientras seguía burlándose de ellos escucha ese silbido en otra dirección, más cerca pero ahora en el camino a donde ellos se dirigían—Otra vez— dice uno de ellos observando los alrededores sombríos que le invitaba al miedo—¡Lo sé!—se altera Piedra levantando el cañón de su arma—Como que alguien quiere jugar con nosotros—dice con la mandíbula tensa y los dientes afuera.

—He escuchado historias— advierte un campesino con la mirada abierta y tiesa como la de un muñeco—Que el Caminante silba en las noches para llamar al diablo, cuando lo despierta este se manifiesta entre la neblina buscando almas desamparadas y así arrastrarlos hacia el infierno. Cuando abre sus ojos le responde con un silbido largo como la armonía de una flauta vacía que te sacude el alma y te lo arranca...

— ¡CALLATE!—grita Piedra tan asustados como un niño después de escuchar un cuento de cripta—El Caminante ¡No existe!—pisa con fuerza una rama seca—¡Yo lo vi!—se señala los dos ojos—Es un hombre, un ermitaño loco que se viste de monstruo para asustar a idiotas como ustedes—le señala con desprecio. De repente ve las miradas de sus hombres abiertas, tanto que les temblaban las pupilas, sus tobillos se agitaban al igual que todo su cuerpo, no pronunciaba ni una sola palabra, si no la respiración frenética que se despedían de sus narices y el movimiento de su pecho que se aceleraban con el latido de sus corazones. Ahora Piedra comprendía que detrás de él estaba lo que los vigilaba, el compositor de aquel funesto silbido, lo sentía cerca, tanto que era como si le respirara al odio. Absorbe una bocana de aire y valor, mientras sus hombres exhalaban todo el susto que desprendía sus almas—MONSTRUOOOO— aquel hombre gira de un movimiento y con la pistola al frente, ve una sombra alta que rosaba con las ramas de gran altura, pareciera que los arboles fueran tan solo arbustos en su compañía, ahora se estaba preguntando si la leyenda era cierta...


Continuará...              

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