Capítulo 13
Las noticias que llegaban al pueblo eran alarmantes, ciertas medicinas no van a venir, muchas personas están medicadas de por vidas, aquellas que sufren ciertas enfermedades que son degenerativas, pero gracias a los avances tecnológicos existe una pastilla que lo pueda controlar y continuar con sus vidas. Otras son para las personas que sufren ciertos trastornos mentales como la depresión o la esquizofrenia.
Ahora ¿Qué le irán a pasar a esas personas? ¿Cómo seguirán con sus vidas sin sus medicinas? Oh, es horrible depender de un medicamento para seguir el día a día. Antes de llegar a la casa del señor Julio, una larga cola yacía en una farmacia, las personas andaban comprando las ultimas que quedaban de las que necesitan y hacerlas rendir hasta que logre venir el siguiente lote, oh espero que sea pronto.
Mientras seguía trabajando pero esta vez sí tenía los implementos que necesitaba, escuché al señor Julio insultando a todo y cada uno de los políticos responsables por su nefasta negligencia hacia la salud de las personas, aquel hombre echaba chispa por las orejas y todo fuego en su lengua, deseándole todo tipo de muerte e incluso la de los tiempos medievales y la tolerante de su esposa le reclamaba diciendo
— ¡Julio Cálmate! a Dios no le gusta que le desees la muerte al prójimo
—Pero esos ¡IMBÉCILES!—exclama aquel furioso hombre— no saben dirigir una nación, hasta un burro con traje y corbata gobernaría mejor que todos ellos.
—Ya relájate, nada haces con gritar y decir groserías ¿Qué pensará el niño si te escuchara?
—BAAA... eso todo lo dicen en la calle—se recoge de brazos
—Si pero no estamos en la calle, estas en una casa decente, con personas decentes ¡¿Esta claro?!—le señala con severidad.
Aquel hombre absorbe una bocanada de aire y exhala profundamente hasta desinflar toda su ira—Si querida— dice con una voz muy suave.
Se dirige hacia una repisa y saca un pequeño frasco con unas cuantas pastillas blancas, en su miraba se leía una profunda preocupación pues en su palma tan solo quedaban tres —Julio por favor guárdalas— dice la señora tratando de mantenerse más tranquila—Dios sabe de nuestras necesidades, nos dará alguna salida.
— ¡Pero querida!—responde preocupado— sabes muy bien que no puedes dejar de tomártelas ¿Qué pasaría si...?—Julio querido— interrumpe su señora — No te preocupes por mí, debemos ser fuerte y tener fe de que las conseguiremos, además tu siempre me has dicho que soy muy mala con los tratamientos pero nada ha pasado, tan solo no sigas pensando en lo malo que puede ocurrir en el futuro si no en ser optimista con el presente ¿Si?— le acaricia con amor su intranquilo rostro.
—Si querida tienes razón—toca su envejecida mano
—Ese es mi hombre— sonríe ella y le da un tierno beso en la mejilla.
Cuando iba saliendo me despegue hacia mi puesto de trabajo como si nunca hubiese escuchado nada, con el rastrillo seguí recogiendo las hojas hasta que fui interrumpido por una fuerte brisa que se llevó algunas, el señor Julio siguió de largo y observo el cielo entre las ramas de arriba que se estremecían al soplido de la corriente de aire, andaba muy pensativo, actuaba como si estuviera solo, no se inclinaba en verme o a ninguna otra cosa, solo su mirada perdida en el azul del cielo.
Mientras introducía el cumulo de hojas hacia una bolsa negra, el señor por fin volvió a la cruda realidad y giro a verme pero no dijo ni una sola palabra, tan solo me vigilaba pero su mirada enmarcaba que su mente seguía en otro lado, ahora de su bolsillo saca un cigarrillo y se pone a fumar un rato, cuando por fin suspira el primer humo de la mañana, dice
—Oye muchacho
— ¿Si?
—Y ¿Cómo harán tus abuelos ante tremenda noticia?
—No, ya.ya no te.tengo
Hace otro soplido de humo con una leve mirada de desconcierto — ¿A ninguno?
Niego con la cabeza mientras seguía barriendo.
—Vaya— vuelve a fumar —Pero tuvieron suerte de no vivir lo suficiente para aguantar esta desgracia— golpetea el cigarrillo para arrojar la colilla sobrante.
Seguí en mi oficio sin dar respuesta y el continuo hablando —Mi esposa es muy fuerte ¿Sabes? incluso más que yo— subió su mirada al cielo—Es lo único que me queda en esta vida y no sé qué haría si se fuera —vino otra corriente de fuerte brisa moviendo algunos mechones de su canoso cabello.
Me daba curiosidad saber sobre sus hijos, pues dijo que es lo único que le queda, pero tenía un extraño presentimiento que no era el momento de hallar la relevación ante mi imprudente interrogante, mas sin embargo por cuestiones de una respuesta sin palabras me tropecé con ella.
Allí estaba, delante de mis pies, escondidas entres las hojas marchitas y quebradas una lamida tallada en una plataforma de cemento pequeño, cualquiera pensaría de que se tratase de una piedra pero esta piedra plana tiene un nombre y una fecha, aún se podía leer sin dificultad "Mildred Sánchez" "1986- 1993"
Tragué saliva de mi garganta, primera vez que veo una fecha de defunción tan corta, siete años de vida, prácticamente nada, ahora entiendo porque el pesar de su mente y palabras, este hombre vivió la pesadilla de todo padre. Dicen que la muerte de un hijo no se compara ni al de un padre, madre, abuelo, tía, etc... es un dolor tan indescriptible que no tiene nombre pues no es normal que muera un hijo.
Veo al señor Julio y pareciera que intenta esquivar el árbol donde yace su pequeña, como si deseara no reconocer la horrible realidad e imaginarlo como una pesadilla pasajera pero en su esquiva mirada sostenida por un muro de fuerza, yacía desde su base la arena quebradiza que agrietaba ese poderoso muro, el severo hombre de carácter potente por primera vez se le veía vulnerable y perdido ante su preocupación, me daba dolor verlo de esa manera. El deseo de amar te hace enormemente feliz pero a la vez te ata a una profunda debilidad pues al amar sientes miedo, mucho miedo en perder a quienes amas, ese es el precio del amor...
********
Sé que es corta pero preferí dejarlo hasta allí, pero igual hay otro capítulo ^^ -->
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top