CAPITULO 2

BEATRIZ

- ¿Tú, me propusiste matrimonio y me abrigaste mientras dormía, anoche? - Digo.

Y silencio de la otra parte.

Ok.

Silencio, seguido de mirarme rarito el chico del mercadito bar, que solo me observa con un trapeador en mano, limpiando los pisos de las góndolas por cerrar su turno.

Para luego remojarlo en la cubeta nuevamente, provocando que un aroma alimonado cubra ese sector.

Se detiene en su ida tras mi pregunta, para mirar la cajita gamuzada roja en una de mis manos y luego la bonita chaqueta masculina estilo gótica que cubre mis hombros.

Que por su género, diseño y confección, buenos billetes debe salir y jugaría, que hasta tres de mis sueldos como mesera de la cafetería si tuviera jornada completa.

Niega.

- ¿Y no viste a nadie? - Insisto.

Abro la cajita.

Una alianza.

No ostentosa con su oro y piedra.

Pero sí, exquisitamente delicada y del mejor gusto.

La observo mejor, porque de algo estoy segura.

Que fue algo pedido con mucho.

Pero mucho amor.

- No, señorita. - Responde sin darle mucha importancia a ello como mi curiosidad.

Pero no me doy por vencida ya que me cuesta creer todo esto y lo sigo cuando finaliza, mientras deja todo los bártulos de limpieza a un costado de unos refri de gaseosas, para alistar la caja de cambio como mostrador de atención al público ante la llegada de su compañero de turno.

Me sitúo del otro lado.

- Por favor...intenta hacer memoria . - Le pido. - Era un hombre... - Por la chaqueta dejada.

Si no, la opción también podría haber sido una futura novia arrepentida.

- ...rubio? ¿Pelo oscuro? ¿Alto? ¿Bajo? - Prosigo.

Sus ojos se elevan del paño que pasa por el largo de la mesa.

Y vuelve a sacudir su cabeza.

- No vi nada, señorita. - Sincero y algo avergonzado, ya que acusa que se durmió en pleno horario laboral.

Frunzo mi ceño y miro al chico que sigue como si nada limpiando afanosamente la superficie vidriada.

¿Pero, por qué, lo tengo yo?

¿Cómo llegó a mí?

Y por qué, el dueño de este anillo de compromiso.

Toco el lindo género confeccionando de la chaqueta que me abriga y muerdo mi labio, sin saber que pensar o hacer.

¿Me dejó, también su abrigo?

- Por que la magia existe...

Bueno.

No es precisamente la respuesta que buscaba de otra y última de mis amigas.

La más joven de nosotras.

Caro.

Que con ella y de forma muy convencida afirmando de su existencia, me extiende un conito de crema helada del comercio que trabaja, para costear sus estudios de Mangaka.

Crema del cielo.

Coincidencia rara en sabor helado que charlando por ello una tarde, yo aburrida y ella también, como clienta y empleada por estar cerca de mi departamento el local.

Que con el correr de ese verano como ardua consumista.

Pasamos a ser amigas.

Y de ahí, sobre estos cortos pero grandes años mediante presentación a Sar, Mariana, Gabriela y Yaritza, antes de mudarse fuera.

Sobre más cremas heladas por medio, disfrutando todas juntas.

Salidas de fin de semana.

Pijamadas, siendo más jóvenes.

Escapadas.

Y paseos compartidos.

Pasamos todas a ser grandes y mejores amigas.

Ríe ante mi cara de no ayuda por su respuesta, mientras saboreo mi frío y dulce regalo.

Se inclina sobre el mostrador de pedidos hacia mí, haciendo a un lado su corto pelo castaño, bajo la gorrita de su uniforme y pone ambas manos, frente nuestro.

- Por un lado el ser humano, Beti... - Me eleva su mano derecha a modo demostración. - ...y por otro, la vida. - Turno de la izquierda. - ...la capacidad de administrar los recursos internos de un ser... - Se toca el pecho con esa misma mano. - ...donde a partir de los deseos y anhelos, esta se nos presenta con conocimientos o prácticas, con los que se pretende conseguir cosas extraordinarias, con ayuda de seres o fuerzas sobrenaturales... - Junta ambas manos, tipo sinergy. - ...cuando menos lo pensamos... - Concluye.

Elevo solo una ceja a esa seria explicación con mi crema helada a un lado y a medio lamer por escuchar eso.

¿Me está jodiendo?

- ¿Estás diciendo que por un acto de magia, apareció la alianza y el abrigo?

Asiente.

Muy convencida.

Y se me escapa una risita.

- Algo así, como que vino un unicornio volador... - Deduzco. - ...me vio desde el aire y por una fuerza cósmica de atracción del universo, en su conjunto y órdenes de los mismos Thundercats Galácticos vaya a saber por qué, decidió dejar en la mesa que dormía, la alianza y la chaqueta que le robó a alguien? - Finalizo, reflexiva.

Seriedad divertida que con el folleto de sabores helados del mostrador, Caro me da con él y en un hombro a modo reproche y contra mi risa.

- A lo que me refiero tontita, es que hay una cierta magia en la famosa frase, que por algo son las cosas...

Me acompaña afuera interrumpiendo, porque ya pronta mi entrada de horario al bar donde trabajo.

- ...la razones explican que todo pasa por algo en la vida, Beti... - Termina y me abraza sobre un hombro, ya en la salida. - ...cuando solo recibes duros golpes en algo y parte de tu vida hasta el punto de considerar tu enemigo a esta, preguntándote el por qué, de siempre a mí? - Me mira con sus lindo ojos verdes. - ...y te encuentras en el punto medio, donde crees que te pasan cosas injustas. Antes de pasarte al lado oscuro en ti misma y la tristeza... - Piensa. - ...la respuesta viene con el tiempo que se toma esta, en responderte mediante lo que gira y aparece a tu alrededor. Sean personas o sucesos. - Eleva su índice. - Pero... - Me aclara a medio escalón exterior y más abajo de irme. - ...se pueden ver, cuando estamos atentos y uno, cambia su actitud y se pone a modo aprendizaje, notando muchos detalles directos a esas respuestas, que antes no veías con su frecuencia y mensaje...

La mierda con tanta profundidad.

- ¿Hablas así y crees en los unicornios? - Increíble.

Porque, sip.

Realmente, mi amiga cree en ellos.

Y su carcajada poco discreta, resuena en nuestra despedida y abrazo, sobre mi última lamida a mi conito helado y limpiando mis dedos con una servilleta de papel y una mueca reflexiva me hago camino a mi departamento para alistarme a mi trabajo de medio tiempo.

Sacando los unicornios y mi burla atea sobre ellos.

En el fondo la explicación sencilla y algo loca de Caro, tiene una gran lógica.

Y guardo la cajita con la alianza en uno de los bolsillos de mi indigente pantalón de gimnasia, para sacar las llaves de mi departamento, una vez que salgo del ascensor a mi piso.

Pero me detengo a medio abrir en mi puerta con mi mirada fija y perdida en el pequeño cartel del departamento vecino que aún, sigue para alquiler desde hace meses.

¿Será, cuestión de que uno crea y esté, dispuesto a prestar atención?

¿Para que eso te lleve a la respuesta a esa duda y tipo señales?

Yo lo pedí una anoche y no recibí nada.

Y viene a mi mente los fuegos artificiales.

- Nahhh... Murmuro sin ilusión.

Eso fue por el hermoso festejo de algo, que hasta ahora el agasajado debe estar celebrando muy feliz.

Pero, mi vista baja a la chaqueta que me cubre, mientras mis dedos tantean desde el interior de uno de los bolsillos de mi pantalón la cajita.

¿Acaso?

Sacudo mi cabeza.

- Tampoco... - Exclamo, sin un atisbo de duda y entre risas por mi ocurrencia.

Me encojo de hombros, entrando.

- Ya vendrá esa señal, de los ThunderCats y universo... - Susurro burlona.

Pero indecisa.

Porque, no tengo la más jodida idea.

Todavía...

CAEL

Unos golpecitos discretos de la pared frontal de vidrio que separa mi oficina como jefe de editor de los demás, me saca de la vista de mis papeles que leo sobre mi escritorio.

Poco más de un mes pasó de esa noche de mierda.

De la propuesta.

Cual, nunca hubo una charla o llamada telefónica, cuando las mías llenaron su casillero.

Ni siquiera un mensaje de texto por parte de Vanesa justificando, no solo su rechazo a mi propuesta.

Sino.

Lo que con su huida al exterior y enterado por tabloides y magazine, por su trabajo de modelo de alta costura y fama lo afirma.

Que se terminó nuestra relación de años.

Hago a un lado las carpetas para atender a Megan, mi asistente.

Una de las pocas mujeres que trabaja en este imperio editorial de la moda.

Arte.

Y glamour.

De la revista para la mujer, Féminan.

- ¿La reunión es en '5. - Me recuerda, asomada sobre esta a medio abrir y con su bolígrafo de siempre, puesto en una de sus orejas.

Pequeños lentes caladitos en la punta de su nariz de su siempre, color favorito y a juego con sus prendas.

La gama de los violetas y su mar de papeles de la agencia entre sus manos.

- Solo, dame '2... - Murmuro acomodando los míos de un golpe en mi mesa para llevarlos, mientras me pongo de pie.

- Okis. - Es toda su respuesta, retomando sus pasos.

Pero se detiene de golpe con índice alzado.

La miro.

Porque, olvidó algo.

- Conseguí un departamento de acuerdo a tu expectativas, Cael... - Saca una hoja entre medio de todas las que lleva. - ...no muy lejos de aquí... - Me lo extiende y lo leo en detalle.

En realidad.

A la par de Megan.

Que recita con exactitud y en voz alta, cada palabra que interpreto silencioso mientras leo y caminamos en dirección a la sala de debate y puesta de trabajos de cada mes.

Un departamento de tres ambientes.

Estos, amplios.

Cierta vista panorámica.

Y lo que me interesa.

Céntrico y pocas cuadras de la editorial.

- Llama a Bienes Raíces, Meg, por favor... - Devuelvo conforme la hoja ya llegando a la sala y abriendo la puerta de cristal con el logo de la empresa, dándole paso primero abotonando mi saco de vestir.

Donde todos ya ubicados en sus sillas con carpetas y labores en mano, se ponen de pie al verme entrar.

- ...pide una cita para verlo y cerrar negocio, de ser posible hoy mismo. - Finalizo, tomando asiento en la cabecera.

Porque necesito salir urgente de mi infierno de departamento.

Uno que año y medio atrás, compramos con Vanesa.

Muchos recuerdos.

Momentos.

Cosas compartidas.

Ilusiones.

Risas.

Tengo que cambiar el ambiente y mientras esté con las condiciones necesarias y con una jodida cama.

Suficiente para mí.

Abro mi carpeta y con una seña de mi mano mientras me reacomodo en mi silla por una mejor postura, comienza la primer propuesta del lanzamiento del mes por un empleado sin pérdida de tiempo, posicionándose delante de todos y del otro lado de la mesa.

Ya que estamos a fecha límite de la temporada.

Su voz inunda el recinto exponiendo sobre comentarios del resto opinando.

Todos debaten.

De lo que debe y no, aparecer en la siguiente portada de edición de la revista mostrando sus carpetas de data como información.

Que yo, solo escucho pensativo y frotando mi mandíbula a cada uno atento.

Cinco hombres en sus respectivas áreas.

Donde la realidad, serían seis.

Pero uno de estos puesto.

El área de montaje y producción, quedó vacante desde hace una semana por la renuncia de ese compañero y no encontrar el adecuado.

Y tal postulación, será para ese nuevo cargo.

La gran entrevista laboral.

Mañana y en carácter de urgencia.

Los observo a todos mientras siguen deliberando.

Oficio y rareza desde que se fundó la revista.

Por las órdenes directas de arriba y el mismo superior a cargo de esta compañía.

Nuestra presidente, Ángela Carpio.

Donde en un mundo gremial que tendría que ser regentado, bajo la vara como mirada del reino femenino.

Es por nosotros.

La del hombre.

¿Por qué?

Fácil y totalmente de acuerdo, mirando de la perspectiva de la presidente.

Magazine dedicado pura y exclusivamente a la mujer en todos su ámbitos.

Forma.

Estructura y selección de contenido, tanto publicitario como periodístico con secciones dedicado a ellas.

Belleza, eventos, tips, tendencias, entrevista a personalidades o ídolos de turno.

Ocio.

Compras.

Y la indiscutible y reina madre de todo este mundo.

La moda.

Curiosidad grande y en una sociedad moderna, donde la mujer es independiente y su papel cobra más y más fuerza.

Muchas revistas femeninas se dedican a tratar temas más bien, concernientes a mujeres de décadas pasadas y lo que están logrando en esta nueva era a su vez.

¿Y lo que es más sorprendente?

Que estas, no dejan de crecer por ello en su venta, lectura, como demanda.

Temas que coincide con lo que culturalmente se considera el universo femenino.

Y un objetivo que paradógicamente, muestra la igualdad y diferencias de ellas.

Por un lado.

Revistas femeninas con contenido exclusivo para las mujeres distintas de todos los demás géneros.

Y por el otro.

Se centran en la importancia que tiene para las mujeres, el mostrarse siempre bellas y en contraposición con estar siempre informadas sobre temas de la actualidad.

Sin olvidar, la consonancia con la preocupación occidental por la juventud, la belleza, ese jodido estereotipo de la delgadez y a su vez la vida saludable.

Un mundo aparte.

Uno, que vive a la par nuestra, pero a la vez paralelo.

Porque, es un universo diferente.

El de la mujer.

Donde afirmativamente y de forma creciente en su mayoría, cada vez son menos frecuentes a su vez, tipos de publicaciones secciones dedicadas a la vida en familia, hijos y cocina.

Aunque, existen todavía.

Y en contraposición, una mayor cantidad de secciones en su mayoría destinadas a vender en un contexto social, que la mujer tiene total independencia económica tanto laboral, vida como social.

Como Féminan.

Una revista de moda con el objeto de llevar a conocer las tendencias de este lindo universo paralelo, siendo para esta industria el medio más recurrido.

Un medio, que yo dirijo.

Para y solo.

La mujer y su reino.

Pero, regentado sobre mi mirada y dominio de ayudantes.

Compañeros de trabajo.

Por hombres.

Porque, lejos de lo incongruente que parece ello y bajo un staff detrás nuestros para su desarrollo.

Solo nosotros, sabemos mediante sinceridad masculina y un teclado frente nuestro.

Deseos.

El afán.

La apetencia.

Placer.

¿Y hasta capricho, por qué, no?

De lo que tanto ellas reniegan, pero sedientas de esa información en cada páginas.

Sea, agrupadas en un centro comercial y café de por medio.

Reunidas bajo la sombra de un árbol, de algún parque compartiendo la lectura del magazine o por que no, solas comprándolo en algún puesto de revistas para leerlo en la soledad de su habitación como también, en la pausa o break de su trabajo.

Las opciones de esto.

Miles.

Pero abocadas a ello en silencio, dando la razón o no y risas entre ellas, con el mismo fin.

Data, como la saben llamar.

O los famosos tips de su mal necesario.

Nosotros.

Los hombres.

¿Y qué, mejor que nosotros para dar esa franca y veraz información, aunque ellas no lo sepan?

Acompañando ese cosmo femenino, de un magazine en todos su ámbitos con pretensiones y voluntades.

Totalmente y a su disposición.

Siempre.

BEATRIZ

Las cuatro tazas de café con sus respectivos gustos diferentes, deposito a cada una de mis amigas, sentadas en su lugar de siempre.

Una mesita contra el gran ventanal frontal de la cafetería donde trabajo, pero sobre un rincón y el panorama de este, nos regala la vista plena de afuera con su calle.

Como la de otros comercios de compras con personas en ellos o solos, caminando por ser zona peatonal.

Algunos solitarios y otro tanto acompañados y llevando sus bolsas de compras entre sus manos, mediante charla o simplemente disfrutando del paseo.

En su mayoría estos fervientes consumidores, mujeres pese al porcentaje masculino que hay.

Sean madres, hijas, amigas o esposas.

Pero, mujeres al fin.

La cálida noche cubre de a poco esta fracción de la ciudad.

La céntrica.

Pero y pese a estar en plena zona comercial, donde se sabe llenar en horas picos laborales por la demanda de este preciado elixir adictivo color oscuro, fuente de energía y pasión.

La cafetería donde trabajo, tiene un encanto personal.

Pintoresca y de temática casera con su decoración y mobiliario.

A hogar con sus maderas, cuadros y fondo musical, lejos de esas monumentales franquicias multinacionales que ahogan comercialmente este sector.

Tales, que hay una y compite donde trabajo, por estar casi en frente y donde, pese a nuestra insipiente clientela de todos los días y dos años que estoy trabajando aquí.

No se compara con la acaudala aglomeración de gente que entra en la competencia a pocos pasos y casi frente nuestro, con sus famosos vasos blancos de logo verde llevan cada cliente entre sus manos a la salida.

- Esa mierda va a explotar de tanta gente. - Sar formula, degustando su café sobre la afirmación de Mariana, agregándole azúcar al suyo y removerlo con su cucharita.

- Un gran reto para las pequeños comercios con semejantes red de competencia. - Dice esta, acomodando su lindo traje de dos piezas que lleva puesto.

Muy parecido al que me prestó, pero en otro color.

Uno, que perfecto bajo su castaño pelo que lleva por lo general siempre recogido con una cola baja y sobre un hombro.

Le queda impecable.

- Siempre su posicionamiento, va en aumento. Son franquicias exitosas que no la determina, solo el número de unidades... - Prosigue Gabriela, intentando muy concentrada sobre el servilletero de la mesa, acomodar su celular de gran tamaño y última generación. - ...si no, sus modelos de negocios pues van más allá de las cifras estas, donde tienen una capacidad de adaptación y entendimientos del mercado... - Continúa, tecleando el aparato y totalmente inclinada sobre el hasta el punto de olvidar, la humeante taza de su adicción favorita después de los dulces. - ...porque son democráticos, escuchan a sus franquiciatarios y diseñan soluciones específicas a sus necesidades...sin dejar de mencionar que, cuentan con una infraestructura y tecnología... - Intenta localizar el wifi precario de esta cafetería para conectarse. - ...que permite soportar su red y bla bla bla... - Simplifica sus inteligencia en el tema, rodando sus bonitos ojos maquillados que a veces parecen de un verde oscuros y otras, en tono pardos.

Depende con la intensidad que mire a la persona.

Porque, Gaby es eso.

Intensa.

- Por eso hay que procurar, mayores servicios a los pequeños y medianos comercios... - Dice con determinación Mariana. - ...para mejorar la calidad de vida del vecino con nuevos proyectos y propuestas y estas, se cumplan una vez hechas y aprobadas. - Finaliza ferviente y como si estuviera frente a un gran público.

Ya que su alma defensora y protectora, nace.

Porque, Mariana es concejal.

La primer y única mujer en el municipio de la zona.

Nuestro orgullo.

Donde su pasión benefactora se rige siempre en el desarrollo en las diversas áreas que la demandan y fiscalizar que estas, se cumplan.

- Jodida humanidad y jodido poder... - Interrumpe Sar, ojeando una revista de moda que compró con la vista totalmente en él, porque siempre está a la vanguardia de la moda. - ...que lo tomen por el culo... - Agrega con su frase favorita, provocando que sonría y oculte esta, con la bandeja de servicio entre mis manos.

Porque, así como la entusiasma todo lo que es ropa, zapatos y sus tendencias como accesorios y donde el corte de su pelo negro, maquillaje y prendas que lleva, lo dicen.

Dándole una apariencia snob y frívola al exterior, que va de la mano de su carácter algo arrebatado y sin preámbulos.

En realidad, es.

La más sensible de todas.

Como justiciera.

Inclusive de mí, misma.

Que me emociono por cualquier cosa y me saltan las lágrimas, cuando y por lo general todo me conmueve, porque siempre me entrego a todo y de corazón.

- ¡Lo conseguiste! - Nos interrumpe Caro de nuestra interesante cumbre, que hasta ahora se mantenía en silencio escuchando atenta, pero dibujando en una de las servilletas con un bolígrafo, perfectos personajes mangas al notar que Gabriela al fin venció al inestable internet y se conectó, mediante su sofisticado móvil.

Y todas gritamos de júbilo mientras posiciona este, para que miremos y nos agrupemos frente a la pantalla.

Por algo muy importante.

Y sonrío feliz, abrazando más contra mí, mientras me arrimo a mis amigas, mi redonda bandeja de mesera y nos vea, vía videochat llamada.

Yaritza desde su país y residencia, desde que se casó.

Y no podemos evitar gritar de alegría, causando que el par de mesas ocupados por clientes, llamemos su atención mientras nos saludamos y donde es imposible que la emoción no nos embargue, cada vez que la vemos y por más que esto sea algo seguido.

- ¿De qué, hablaban? - Al fin puede decir Yari, tras superar nuestras miles de exclamaciones y de hablar todas de golpe.

- De tomar por el culo a las grandes franquicias multinacionales... - Responde sincera Sar, dando vuelta una página de su revista de moda como si nada y lo más natural.

Sobre nuestras risas, Yaritza niega e intenta focalizar detrás nuestro.

La cafetería donde trabajo y Gaby ayuda, acomodando mejor su móvil apoyado en el servilletero para que vea.

- ¿Mal día? - Me dice, notando solo ese par de mesas ocupadas aparte de la nuestra por la docena que hay vacías.

Me encojo de hombros pero sonrío, tratando de no dar importancia a la situación.

- Lo de siempre... - Me inclino al celular. - ...por suerte los pocos clientes que nos son fieles, son vitalicios y ayuda la mañana laborales que se agolpa la gente por su taza de café... - Mi barbilla señala el Starbucks en frente. - ...que sobre la hora pico de entrada laboral, su segunda opción somos nosotros... - Le guiño un ojo sonriente y elevando un índice. - ...no te preocupes Yari, la señora Gong y yo... - Nombro a la dueña del lugar. - ...todavía, sobrevivimos ante la fauces de este colosal dragón comercial...

Yaritza nos mira a todas desde el otro lado de la pantalla, para luego a mí, desde su lindo silloncito azul de dos cuerpo que se ve.

Y su rostro aunque sonríe, denota preocupación.

Mierda y re mierda.

Porque, fallé en disimular en lo que últimamente inquieta a mis amigas como a mí.

Y pese a que en este mes que casi pasó de la última entrevista laboral en lo que amo.

Volví a fracasar maldita sea, sin encontrar estos días pasados, algo ni siquiera parecido a lo que estudié.

Jodida y perra mala suerte, la mía.

Y mi mano libre va a la fina cadena plateada que bajo la camisa a cuadros que llevo puesta, cuelga de mi cuello desde hace un mes.

Y uso como un dije.

El anillo de compromiso.

Como  esa chaqueta gótica que descansa en un perchero de mi armario.

Y mis dedos que rodean este, se aprietan más a su alrededor sobre el mordisqueo a mi labio con fuerza.

Pero, de determinación.

Porque tras ese finde, donde desahogué mis penas de mala suerte en lo laboral.

Llanto.

Packs de cervezas.

Muchos.

Más llanto.

Y risas, porque así somos cuando nos juntamos.

Cortesía, de nuestros cromosomas XX.

Y tres kilos de helados con mis amigas en desmedidos cucharazos mientras escuchábamos melancólicas canciones pero románticas de los '90, sentadas sobre el suelo alfombrado de mi sala.

No me voy a dar por vencida.

Aprieto más el dije, contra mí.

Y cierro mis ojos con fuerza.

No señor, me repito ferviente para mí, negándome a escuchar mis mierdas mentales por la situación y dejarme abatir por ellas.

Una suave presión cubre uno de mis hombros a modo consuelo.

La mano de Mariana, tras su último sorbo a su taza de café.

La miro y me sonríe.

Como todas e inclusive Yari, desde la pantalla y de forma dulce.

Como siempre es ella.

- Aunque no has conseguido nada en este mes... - Augura esta. - ...verás que pronto, saldrá algo... - Me alienta como todas con cariño.

Sonrío afirmativamente y soltando la alianza, volviendo a guardarla bajo el cuello de mi camisa.

Uno que es mía ahora, desde que me lo dejó quien sea que haya sido y daría lo que sea por saber quién es.

Y así, de pasar directamente de esta tipo confrontación de debate comercial y una baja demanda laboral en mi campo.

A la felicidad de que coincidiendo todas y nos juntemos.

Seguido de mi callado deseo de conocer en este momento, al dueño de mi ahora.

Anillo.

El sonido de la puerta de entrada, se siente al ser abierto por clientes llegando.

Todas que sobre nuestro parloteo de siempre, quedamos en absoluto silencio gradual.

Y casi estáticas sobre nuestros lugares.

Sip.

Repito, todas.

Menos Yari que ante nuestras actitud tipo estatuas vivientes y de boca como mandíbula desencajada.

Porque así, estamos.

Inclusive Sar, quedando a mitad de voltear y en el aire la siguiente página.

Caro de lamer su cuchara casi colgando de sus labios.

Mariana a medio hablar de una receta de una tarta dulce.

Y una Gaby boquiabierta, donde esta quedó detenida y a morder como masticar una masa dulce que pidió.

Desde el otro lado de la pantalla e inquieta en su sillón, solo escuchamos y sobre nuestro silencio grupal, a Yari con su:

- ¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Qué hay? - Nos pregunta, acercándose a la pantalla curiosa y como si eso, ayudara a ver mejor.

Porque todas quedamos congeladas ante uno de los hombres del par que ingresan.

Y digo hombre, quedándome corta y como si fuera que esa simple palabra, pudiera describir semejante espécimen masculino y le hiciera justicia.

Alto.

Fornido.

Cerca de sus treinta o mitad de estos.

Recordándome su pelo de un rubio arena natural, algo largo y tirado para atrás, acusando un tic de sus manos de jugar con él, por hacer eso de forma constante.

Facciones perfectas.

Duras.

Viriles.

Sobre rasgos definidos y marcados con mirada de un verde agua muy intensa.

Mandíbula masculina y fuerte, denotando una sobria como linda barba de tres días, ultra lamible y acariciable.

A un sexy gladiador.

Preguntándome y apostaría que mis amigas también.

Que hay debajo de esa camisa de vestir, como pantalón en la gama de los grises que viste y calza, revelando un cuerpo trabajado por la contención de las telas que a duras penas pueden sostener, esos brazos tonificados como esa estrecha y pecadora cintura.

Porque, todo este hombre mientras camina y cada uno de sus movimientos a juego de su fuertes hombros como aire que irradia y mientras conversa con su acompañante, tomando asiento uno en una de las mesas vacías y contraria a la nuestra como lejana.

Dice.

Varón de verbo, mucho.

Emanando sin saber y mientras prosigue su conversación, muy atento e interesado a las palabras de su acompañante que abre una carpeta y tras ella, la desliza para que vea como lea el contenido de sus hojas y totalmente ajeno a nuestras miradas lobunas y babosas con su interlocutor.

La palabra, procrear.

Sacudo mi cabeza.

Corrijo.

Ya que y en realidad.

El lindo ejercicio de ella.

Acoplarse.

La unión.

Aparearse en un bonito sexo desenfrenado y decirle a este hermoso hombre que nos había robado el aliento.

Que estábamos listas para tener sus lindos bebés.

- Joder... - Exclama al fin una de nosotras.

Sar, escaneando sin preámbulos al sexy gladiador e inclinada para una mayor vista desde su silla.

- ...el cielo no va ser lo mismo para mí, después de este hombre... - Murmura.

- ¿Hombre? ¿Qué hombre? - Pregunta ansiosa Yaritza, del otro lado del móvil.

Y Gaby, ríe.

- Este hombre, cariño... - Al fin reacciona, girando su móvil con disimulo y para que también se deleite nuestra amiga como todas nosotras.

- Santa.Mierda... - Solo sale de ella, mientras nosotras afirmamos al mismo tiempo lentamente.

Porque, tiene razón.

Ya que tipos como este, son excepciones y demuestra que un Miguel Ángel existió y fue a los cielos para ayudar al Todopoderoso en esculpir como cincelar a determinados hombres y que fueron marcados con su pincel prodigioso.

Aclaro mi garganta para llamar su atención.

- A veces mi trabajo, me da ciertas satisfacciones... - Digo por lo bajo, elevando una ceja y afirmando más, la bandeja contra mí. - ...si me disculpan, el caliente cliente me espera... - Finalizo, recogiendo mi largo y ondulado pelo rubio sobre mis hombros y bajo la gorra de mi uniforme, porque siento calor mientras las dejo, bajo sus gemidos y risitas por algo de suerte a mi favor ahora y atender al apuesto chico.

CAEL

Mi firma cruza la línea punteada al final de la última hoja.

Muy conforme y muy rápido.

Y aunque ciertas palpitaciones dentro de mí, agolpan mi pecho con mi consentimiento por escrito, cerrando el preliminar contrato de mi nuevo departamento que me entrega el agente de Bienes Raíces.

Siendo por un lado, una visible alegría de dejar el otro atrás.

Con ello, Vanesa.

Por otro lado, estas jodidas pulsaciones que no cesan tampoco por el definitivo fin de ello y lo último, que me arraigaba a ella.

El sonido de unas llaves que saca de uno de los bolsillos de su saco de vestir y su parloteo satisfecho por el negocio cerrado, se confunde con la ansiedad que me embarga.

Una, que reseca mi garganta como labios y remojo esta con mi lengua, mientras busco con la mirada a alguien que atienda mi condenado pedido mientras recibo estas y observo del ventanal que la noche avanza.

La de mi nuevo hogar.

Solo percibo un par de mesas ocupadas en mi búsqueda por el mesero y otra, algo más alejada y contra la vidriera de esta cafetería, rodeadas por una mujeres.

Que al notar mi vista en ellas, algunas descubro que me miran e intercambian risas.

No tengo idea, el por qué.

Tampoco me molesto en investigar.

No tengo tiempo como ganas para ello.

Y aprieto las llaves entre mis dedos, sobre la conversación insipiente del agente.

Lo poco entero que quedó en mí, después de ese nefasto pedido de casamiento no consumado.

Seguido de la posterior huida de Vanesa.

Se congeló en mí.

Duro y glacialmente, ya nunca más, compromiso ni una relación seria.

Sigo buscando con la mirada a la jodida persona que atiende esta cafetería.

Nunca más me repito y me juro, cuando diviso sobre la barra de atención al cliente y un extremo.

Miro dudoso.

La pequeña espalda de la persona junto al mostrador, con lo que parece llevar el uniforme y gorrita del lugar, limpiando su bandeja como lo que parece la carta de pedido del bar.

Y vacilo ante mi mano en alto para llamar su atención y ser atendido.

Porque...

Ladeo mi rostro, intentando descifrar estrechando mis ojos.

¿Es o no es?

Hasta que, suelto indeciso.

Pero digo al fin.

Entre abriendo mis labios, para llamarlo.

Y para decirle...

BEATRIZ

- Concentración, Beti. - Me susurro bajito y a mí, misma, intentando focalizar mi vista como mi respiración y confianza con un poco de aire para atender al caliente gladiador y su acompañante, mientras limpio mi bandeja y deposito sobre esta, la carta de pedidos de espalda a ellos sobre el mostrador de pedidos.

Un poco de sexy alegría merezco después de tanta tristeza por fracaso laboral, prosigo con una mirada de reojo a mis amigas, que me devuelven de forma disimulada sus pulgares arriba como también obscenas.

Y sonrío por ello, feliz y a dos segundos de voltearme, para dirigirme a él.

Pero esta, cae y mi pasos se detienen.

Cuando, tres palabras.

Tres simples palabras hacia mi persona, dichas por el atractivo y caliente muchacho me impiden proseguir y quedo a mitad de esa simple acción con la seria posibilidad de que trastabille, por la falta de coordinación de mis pies y por eso me mantengo en dicho mostrador a espalda.

Como la de mi labios, que lejos de esa sonrisa que mordía mis orejas por lo grande.

Ahora, solo es una fina línea por escucharlo.

Llamarme.

Y mis manos como puños oprimen los bordes de mi bandeja que descansa sobre el mostrador y otra profunda respiración, me obligo a dar al escuchar que me dice.

- ¿Muchachito, puedes atenderme?

¿Eh?

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