»Capítulo seis.
Se las arregló para volver a chocar con ella un par de días después, en la noche, cuando ambos salían a las calles. Peter seguía atrapando ladrones y otros criminales, por lo que, ¿Irene seguía asesinando violadores en callejones terroríficos? Aún recordaba lo llorón que se había mostrado ante su futura esposa, y lo último que quería era que ella lo viera como un niño... Eso fue exactamente lo que sucedió.
Y por eso debía arreglarlo, debía demostrarle que no era un niño indefenso. Irene lo dijo también, él era un superhéroe, era Spiderman.
—Oh, por Dios, no pensé que nos encontraríamos por aquí —exclama colgándose de una telaraña, junto a la encapuchada.
Ella se tensó, volteando a verlo con la cabeza ladeada.
—Peter, ¿qué demonios haces siguiéndome?
—¿Quién es Peter? Lo siento, pero me llamo Spiderman —le corrige el de mallas rojas y azules, en voz un poco más alta de lo necesario.
Irene apretó los labios mientras lo miraba sin una pizca de gracia.
—Te dije que te fueras a casa.
—Y lo hice, eso lo dijiste hace días. Fui a casa muchas veces.
—Creí haberte dejado claro que estos son mis asuntos, y será mucho mejor para ambos si no te entrometes —habla con dureza, deseosa de que ya se fuera—. Ve a casa, Peter.
—¡Spiderman! —vuelve a decir, saltando para caer ante ella—. Mira, ambos salimos a asegurarnos de que todo esté bien por aquí, así que... ¿cómo no terminaría yo por estos lares sin saber que estabas aquí?
Se estaba haciendo el idiota, pero en realidad era tan idiota que no le salía bien. Estaba comenzando a crispar a la pelirroja, se notaba en su mirada oscura, y eso causaba un revoltijo en el estómago del menor. Su crush realmente lo tenía muy mal.
—¿Y si de pronto necesitas ayuda? Todo es posible, el mundo es una cajita de sorpresas. Tal vez sería mejor si nos volvemos una pareja... Oh, digo, un equipo, una pareja, una pareja explosiva sin Jackie Chan —comienza a tartamudear el castaño, riéndose tontamente y retorciendo sus manos.
La mirada de Irene no cambió.
—¿Acaso quieres que hable con tus padres para que dejes de meter tus narices donde no te llaman?
Peter se sintió un poco incómodo con eso, bajando la cabeza mientras ella volvía a caminar.
—En realidad... tendrías que hablar con mi tía para eso, no tengo padres —admite en voz baja.
Ve a Irene detenerse, tensándose en el momento.
—Sé que me vi muy débil el otro día, pero en realidad no lo soy. Por algo me metí en estas cosas, y no fue por mi figura de Gal Gadot —intenta bromear un poco, caminando hacia ella hasta volver a estar frente a frente—. Cuando salgo a las calles en la noche, lo hago para intentar proteger a todos... Y quiero empezar a hacerlo bien, sin dejar fuera a nadie.
Ella lo escudriñó con la mirada, en medio de ese callejón un tanto oscuro que apestaba a desechos humanos. Entonces Peter creyó que para mayor credibilidad ella debía ver su rostro, así que luego de asegurarse de que nadie lo vería, se despojó de su máscara. Era la primera vez que ambos se veían a la cara estando con sus trajes, plenamente conscientes de quiénes eran.
Los ojos de Peter no podían demostrar más convicción y sinceridad, además de que se asomaba cierta devoción en ellos. Irene se veía más bonita cada vez que la veía, en especial cuando le estaba mirando fijamente.
—Yo no trabajo en equipo —termina murmurando—. Si quieres puedes cuidar estos asuntos también, pero no junto a mí.
—Pero, Irene...
—Eres muy ruidoso, demonios, ¿cómo quieres que intentemos hacer algo sin que nos descubran a veinte metros?
—¡Puedo ser realmente silencioso! Como un ninja o una pluma cayendo —dice de inmediato, volviendo a ponerse la máscara—. ¿No me darás ni siquiera una oportunidad?
Irene cerró los ojos mientras respiraba hondo, buscando algo de paciencia. De alguna manera lograba encontrar paciencia para tratar con él, porque si era otra persona ahora ya estaría llorando en el piso con el rostro golpeado.
—Juro que, si por tu culpa algo llega a salir mal, te aplasto.
—... Como a una araña, ¿no? —bromea, sin causar la reacción esperada. Peter maldice interiormente—. Entiendo, entiendo perfectamente.
Ambos comienzan a moverse por el barrio en silencio, Peter desistió de sus intentos de iniciar una conversación, solo la seguía con cierta curiosidad en su pecho. ¿Hoy volverían a...?
—Tú... ¿Siempre haces eso?
—¿Qué cosa? —Irene refunfuña girándose para verlo.
Peter quiso golpearse contra la pared porque pensó en voz alta. Debía pensar en algo rápido.
—Ya sabes, respirar de esa manera tan ruidosa. ¿Y luego yo sería el culpable de que nos pillaran? Puedo oír tus fosas nasales.
Señala su nariz mientras Irene permanece petrificada en su lugar, procesando las palabras del menor. Peter podía escuchar al señor Stark aplaudiéndole sarcásticamente y diciéndole "Bravo, mocoso, así es como se conquista una chica. ¿No te dicen Romeo?"
Se acercó a ella dispuesto a poner alguna excusa estúpida para arreglar lo anterior, o fingir que solo había sido una broma. Pero entonces notó que ella estaba mirando por sobre el hombro del chico, y pudo ver por primera vez algo de susto y confusión en los ojos de la pelirroja. Peter estaba girándose cuando Irene lo tomó con fuerza, sorprendiéndolo con su capacidad para tomar su cuerpo y hacerlo a un lado.
¿Pero qué carajos pasaba?
Algo enorme saltó por encima de ellos, alterando todos los sentidos del chico. Cuando volvió a incorporarse, parpadeando un par de veces, quedó confundido al ver que solo era un gato negro. Su instinto le alertaba sobre algo amenazante, pero ese gato no iba más allá de la obesidad.
Si solo era un gato, no comprendía la expresión en el rostro de Irene, ni por qué parecía estar en posición de ataque. ¿Acaso ella odiaba a los gatos?
Entonces el gato comenzó a hablar. Sí, a hablar. Peter por poco se cayó de espaldas.
—Cuando más pasan los años, tu aroma se vuelve más... apetecible —ronroneó, con una voz estremecedora. Se movía ante ellos como un león alrededor de su presa, balanceando su cola—. ¿Aún me recuerdas?
Irene permanecía mirándole fijo, casi temblando. El miedo en sus ojos se convirtió en rabia.
—No fue un sueño —habla al fin, empuñando con más fuerza su cuchillo—. Ni una alucinación gracias al trauma... Sí existes.
Peter vuelve a parpadear, mirando la escena sin saber cómo reaccionar. Cuando se dispuso a acercarse al gato y asegurarse de que no estaba teniendo un episodio de locura, la imagen del obeso gatuno cambió una muy diferente. Era una enorme, enorme cosa horrenda.
Sus ojos amarillos resplandecientes le dieron ganas de tomar a la chica e irse de allí, y todo empeoraba a medida que enfocaba la vista. Su rostro parecía humanoide, ¿una mujer? Pero tenía un enorme cuerpo de león.
¿Tía May habrá puesto algo por accidente en sus galletas?
—Nada fue un sueño —ríe el monstruo—. Si me recuerdas, también debes recordar la pregunta que te hice... ¿Ahora ya puedes darme una respuesta, pequeña Irene?
La pelirroja explotó, abalanzándose hacia adelante dando un grito, olvidando que no estaba lo suficientemente armada. Peter reaccionó en cuanto la otra lanzó un rugido ensordecedor, sujetando a Irene por la cintura y sacándolos de ahí balanceándose en una telaraña.
Su acompañante no tardo en golpearlo, arañarlo, y maldecirlo mostrando una imagen totalmente diferente a la usual. Los ojos de Irene tenían pequeñas lágrimas en ellos, y había apretado tanto su labio inferior que ahora sangraba.
—¿Qué era eso? —fue lo único que su cerebro pudo formular.
—La cosa que los mató —respondió, con la voz temblorosa—. ¡Bájame, Peter! ¡Voy a matarla!
—¿Tan siquiera sabes cómo hacerlo?
Algo cortó la telaraña, de alguna forma, y ambos cayeron de inmediato, se habrían estrellado contra el techo del pequeño edificio, de no ser por la rápida acción del arácnido.
—Nadie se va hasta que tenga mi respuesta.
Era esa cosa otra vez.
—¡Esta es tu respuesta! —rugió Irene, soltándose de Peter y corriendo hacia ella con su pequeña arma en mano.
Ese cuchillo era para tortura, para muertes lentas y dolorosas, no para matar monstruos. Pero estaba tan cegada por la furia que no se detuvo a pensarlo. Solo quería ver sangrar a esa criatura, quería verla morir ante sus ojos como vio a sus pequeños gemelos hace años.
Logró hacer una herida en una de las patas, sacando un chillido de dolor al monstruo. En cuanto el atacado intentó devolver el golpe, Irene ya se estaba alejando de sus garras. Era buena escabulléndose, lo había hecho durante años, aunque eso no sacaba el hecho de que ahora estaba haciéndolo con una criatura mucho más grande que ella. Ni siquiera le preocupaba quedarse sin energías y aire por correr de esa manera, estaba tan llena de rabia y adrenalina.
—Dos hermanas —jadea la criatura, soltándose de las telarañas de Peter para seguir a Irene—, una de ellas engendra a la otra, y esta a la vez engendra a la primera, ¿de qué se trata?
La única respuesta que recibe es un grito de Irene, seguido de una patada y el cuchillo volando hacia su rostro. Este incrustó en su mejilla, enfureciéndola aún más. Una de sus patas se elevó, con claras intenciones de golpearla contra la chica y empujarla al borde del edificio.
Peter entró en desespero, lanzó una telaraña a la cintura de Irene y tiró de ella tan rápido como pudo. El cuerpo de la pelirroja se aceró al suyo a tal velocidad que ambos cayeron juntos, sobre la espalda del muchacho. Y la criatura aún permanecía con la pata en pose amenazante cuando algo se incrustó en su cabeza, un objeto rápido y silbante.
Ante los ojos de los alterados y agotados estudiantes, el monstruo se convirtió en humo negro, alejándose con el viento de la noche. Fue momentos después, escuchando una discusión incomprensible a lo lejos, que Peter e Irene se desvanecieron.
Inconscientes en la terraza de aquel edificio, con sus trajes y una flecha peculiar a metros de ellos.
***
¡Hola! Espero no estar confundiendo a alguien, recién ahora hice lo que debía hacer desde un inicio. No lo hice antes porque quería que fuera una sorpresa. Pero mejor tarde que nunca. Acabo de añadir algo más a la sinopsis y descripción de la historia:
Crossover Marvel x Percy Jackson.
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