Capítulo Cinco: Aiden Hyde

Solté una carcajada y él me siguió, dejando ir la sorpresa de su rostro.

—Muy graciosa. Bueno, entremos a la sala de descubrimiento, Alette —me pidió, y lo seguí sin dudar. ¿Tan irresponsable me creían? Que Gemma le confiara su vida no significaba que yo tuviera que confiarle la mía, y menos que tuviera que darle la oportunidad de arruinarme la chance de rescatar a mi familia. Alette precavida vale por dos, hubiera comentado Leire (mi otra mejor amiga de Aitana).

—¿Qué tengo que hacer? —pregunté mientras él buscaba el interruptor por las paredes. Reí y lo toqué yo, que lo veía perfectamente; Aiden estaba buscando en el lado incorrecto.

—¿Cómo sabías que estaba ahí? —Su ceja estaba levantada, sus ojos marrones escudriñándome.

—Jodeme, ¿no lo viste? Es blanco, Aiden. —Él negó y me miró fijo unos segundos, perdido en sus pensamientos. No sé si fue por el interruptor o por el "jodeme" para nada ubicado que solté, pero fuese lo que fuese lo mantuvo absuelto por un ratito.

—Bueno —soltó en cuando volvió de la la luna de Valencia—, necesito que te pares ahí —me pidió él, orden a la que obedecí sin darle muchas vueltas.

—¿Y ahora? —pregunté en cuanto estuve en el centro de la habitación. Él sonrió ligeramente y sacó algo de su bolsillo: un cilindro lleno de algo que parecía agua. Lo abrió y lo vació en su mano antes de acercarse a mí y apoyar su mano mojada sobre la mía. Cerró los ojos y apretó mi mano con suavidad, concentrado. Y la soltó de repente, dando un paso hacia atrás.

—No era un chiste —afirmó él. Asentí, sorprendida, y me miró preocupado. Él. A mí. Él que me había tocado con la mano mojada y se había dado cuenta de que era la Elegida. Preocupada estaba yo, créanme—. Sé que no te conozco y que no me conoces, pero nadie te lo dijo y deberían haberlo hecho. Son pocos los casos en los que los elegidos no... —empezó a decir él, pero sacudió la cabeza y la ladeó para mirarme. —Esperemos que no los sigas, Alette. Ahora, para lo que Gemma te trajo a mí: tus poderes. Como nivel dieciséis tendrás dieciséis poderes especiales, ¿ya tienes algún tatuaje?

—No del que yo sepa, aunque Gemma asegura que debería tener el de mi idioma de encantamiento. —Sé que sabía, pero nombrar al pobre Xander no era muy buena idea en ese momento; por si acaso.

—Igual ese no cuenta entre los dieciséis, pero bueno; busquemos en los lugares más comunes. Empecemos por los brazos. —Mi cara de ensombreció en cuanto la idea de tener tatuajes en los brazos entró a mi cabeza. Dejé mi mochila en el piso con cuidado, no quería que Xander hiciera ni el más mínimo ruido. Me saqué la campera con tanto miedo que me pareció eterno, y Aiden se dio media vuelta pensando que él era el motivo de mi incomodidad. No es que no lo fuera, solo que no era el principal. Me había sacado la remera frente a varios chicos, los veranos en Aitana lo ameritaban. La pileta de Marcos Mendoza es lejos la mejor del pueblo, y si invita a Matías invita a Brisa, e invitar a Brisa significa que Leire y yo vamos, porque estamos en el combo Valdéz. Así que bueno, la campera era nada.

—No es por vos, es que odio los tatuajes. Pero bueno, vienen en el paquete con poder encontrar a mi familia, así que es lo que hay. —Aiden se dio vuelta hacia mí y empezó a examinarme mientras hablaba, y solté todo el aire que contenía cuando me avisó que no estaban ahí.

—Voy a ahorrarnos un poco de trabajo, así podemos ir a tomar el té a horario —propuso, haciéndome reír al dejar claras sus prioridades. Por su parte, Aiden sacó otro tubito de su bolsillo y bañó sus manos en él, jugando con un mechón de mi pelo, negro como el carbón. Su cara se sonrojó bastante y tragó en seco antes de abrir la boca de nuevo—. En la parte baja de tu espalda, Alette. —Ahora tenía sentido su sonrojo, y no voy a negar que el color subió a mi cara también. Me desaté el jardinero rápidamente y agradecí tener un corpiño deportivo abajo de mi remera básica blanca. Aiden soltó una risita cuando vio el tatuaje, como si hubiera tenido una epifanía inesperada.

—Claro, poder número dieciocho. Tuve que habérmelo visto venir. —Alcé una ceja aunque no me estuviera viendo. Por suerte se dignó a explicarmelo, que si no no entendía nada. —Instintos animales. Puedes replicar habilidades de algunos animales. Eso explica lo rápido que te levantaste cuando te choqué y lo de que vieras el interruptor.

—¿Entonces puedo patinar en el agua como los mosquitos? —cuestioné y, al ver su cara de confusión, aclaré: —Tensión superficial.

—Nunca se me había siquiera cruzado por la cabeza, Alette; la verdad es que no sabría decirte. —Aiden rió por mi idea disparatada y no pude evitar seguirlo.

—¿Entonces solo tengo un tatuaje? —pregunté re ilusionada.

—Ya quisieras, hay como diez. —Chau, ilusión, fuiste linda mientras duraste.

—Emm, ¿se notan mucho? —Cerré los ojos esperando una respuesta agradable.

—Con pantalones a tiro alto va a haber que buscarlos para verlos, tranquila. —Aiden apoyó su mano en mi hombro para darme confianza, así que le sonreí. —Yo los tengo del lado delantero, ¿quieres ver? —Asentí y Aiden se sacó la campera y la remera para mostrarme sus tatuajes. Antes de todo, como toda adolescente normal tengo que admitir que me había quedado un poquito embobada en cuanto se sacó la remera. Boludo, ¡estaba re trabado! Tabla de planchar mal. Pero bueno, dejemos de lado mi comentario adolescente y volvamos a lo relevante: sus tatuajes. Tenía catorce, lo que significaba que era nivel trece, ¿no? Porque no se cuenta el del idioma.

—¿Qué significa cada uno de los míos? —pregunté muerta de curiosidad. Digo, ya de por sí poder hacer cosas sobrenaturales era impresionante, pero que si se podía hacer más nunca iba a venir mal; tal vez algo servía para recuperar a mi familia. Aiden se movió para poder mirar mi espalda y empezó a nombrarmelos, aunque no entendí nada.

—El primero es el de francés, pero ya te habían avisado de ese. Después está el de instintos animales, ya te lo comenté. ¿¡Un cincuenta y seis!? No way. Ese solo lo tiene la familia real. Primera vez que lo veo. ¿No serás hija de...? No, es imposible. —Pausó un segundo y, con renovadas energías, volvió a hablar.—Uh, genial, yo también tengo un tres. ¡Ay, siempre quise ver cómo se usaba el dos! Y el seis se te ve increíble, brilla y todo. Una estrellita. —Aiden rozó el lado izquierdo de mi espalda, y sentí como si la zona se calentara mientras me reía por su comparación, y él se me unió cuando lo contagié.

Fue justo ahí, cuando Aiden apoyó su mano en mi cadera para levantarse, que alguien abrió la puerta encontrándose una muy malinterpretable imagen: los dos riéndonos sin nuestras remeras, nuestra ropa tirada en el piso y su mano en mi cintura. Mala combinación para que estuviera parado ahí el chico al que me había cruzado anteriormente ese día, lo único que había creído normal de aquel dieciséis de julio. Porque sí, Jackson Magné me vio semidesnuda con Aiden Hyde.

¡Hola, pipol! Ese final de capítulo... Nada, cliffhanger. Cuando quieran. Esto es a lo que yo le llamo una situación incómoda. No es que me haya pasado, qué va. Bue, no así. Sí que me pasó tener el segundo botón de la camisa desatado (y a veces también el primero) por, bueno, la vida (esto incluye falta de tiempo para atarla y movimientos que hacen que se falsee el botón), y que pasara alguien y yo no lo notara ponele, o cosas por el estilo. Son cosas que pasan. Pero bue, qué día loco para la pobre Alette, ¿eh?

¡Espero que les gustará el capítulo! Gracias por leerme. Hasta el siguiente capítulo. Y, robándole una frase a Agur, ¡nos leemos en comentarios!

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top