Capítulo 7. Fans
Acabadas las clases del martes, llegaba la hora de la comida. Los alumnos se dirigían al comedor de forma tranquila, y quien dice tranquila en realidad es desordenada y brusca, empujándose unos a otros decidiendo quién iría primero para poder comer antes, y más cuando era el día de comer el postre favorito de todos los amantes del dulce.
— ¡Martes de pudin!— el humor del pelirrojo había aumentado considerablemente al recordar en qué día de la semana se encontraban—. El mejor día de la semana, sin duda.
— ¿Y los viernes?— le seguía el juego el de piel casi grisácea, sonriendo de forma arrogante con las manos tras la cabeza.
— Ñeh, no están mal, pero no compares la salvación de la semana con el día en el que los profes aprovechan a mandarte todos lo deberes de la semana para hacerla en solo dos días— bufó un tanto molesto con aquellos docentes que les parecía divertido hacerles eso a los alumnos.
— Y más si tú ni siquiera los vas a hacer— apuntaba el pelimorado que caminaba a su lado, recibiendo un coscorrón de su parte— Au...
— Anda, cállate que así eres más bonnieto— le sonrió forzosamente con una vena a punto de explotar en su frente.
— Jujuju...— la rubia no había podido evitar soltar una risita ante la absurda conversación de sus amigos, llamando la atención del pelirrojo, quien se había volteado, quedando embelesado de lo linda que se veía sonriendo—. Mmm...— al fijarse que la estaba mirando, paró de reír, pero no borraba su sonrisa ni apartaba su mirada violeta de la dorada del más alto.
— ¿De qué tanto te ríes, Chica?— paró de mirar a Fox para entonces enfocar su vista en el rubio que la rodeaba de la cintura para acercarla a él de manera posesiva.
— Oh, de nada, Golden— le aclaró aún con su sonrisa plantada en el rostro, pero el de mirada plateada sabía que esa sonrisa en realidad no era para él.
El pelirrojo notaba aquella extraña atmósfera que rodeaba a la pareja, algo que no le gustaba ver. La chica parecía tranquila, pero veía su incomodidad al tener la mano de su novio tan cerca de su cadera, además de que ejercía fuerza ahí para mantenerla pegada a él. Fox tenía ganas de separarlos, pero antes de poder decir palabra alguna, una voz lo sorprendió.
— ¡Brother, por fin te encuentro!— era aquel carismático joven con chaqueta de conejo algo desgastada por los años de uso—. Te estaba buscando para ver si querías ir a comer pudin con los de la banda; tú también, Fred— se dirigió al de cabellos carbón.
— Spring, qué bueno verte compañero— hablaba Fred animado—. ¿Sabes? Creo que nos sentará bien estar solo los cinco, así hablamos sobre las siguientes canciones— se acercaba al rubio para entonces susurrarlo—. Menos mal que viniste, Fox estaba a punto de dejar a Chica sin novio...
— Aah, este zorro nunca cambiará— suspiró tomando al pelirrojo del brazo para llevarlo con ellos—. Bueno, ahora os los devolveremos— se despidió el mayor llevando a los dos integrantes de los Animatrónicos hacia el par de chicos que los esperaban en otra mesa, hablando entre ellos.
— Me alegro mucho de que hayas hecho las paces con tu boyfriend— le daba ánimos el pelirrosa a su amigo moreno—. Así ya no tendrás razones para estar en nuestro grupo de corazones rotos— jugaba un poco con el contrario, quien se echó a reír a carcajadas.
— Tranquilo, Félix. Bonnie y yo... aún somos amigos solamente, todavía no ha aceptado mis sentimientos— suspiraba aun con una sonrisa—, pero me alegro de que ya no estemos peleados, estoy mucho mejor en eso.
— Pues qué suerte, yo aún no he podido hablar con mi Fefi— se lamentaba el de cabellos rosados, mirando a la nada—. No lo he visto hoy ni ayer tampoco, es como si la tierra se lo hubiera tragado... Aunque no me extrañaría— soltó una risita un tanto sonrojado—, come tantos chocolates que de la dulzura el suelo se lo querría comer, ¿y quién no, si es un bollito irresistible~?— Bon dejó de escucharlo en cuanto notó que se había perdido en su nube rosa pensando en su amado, soltando una leve risa mientras seguía con su almuerzo.
A la distancia logró reconocer a Spring arrastrando a Fox y Fred hacia ellos, por lo que elevó su mano derecha para saludarlos y dejar que se sentaran con ellos a la mesa.
— Vaya, Fox, se me hace raro no verte con los brazos repletos de pudines— comentó el peliturquesa, pero borró su sonrisa al ver la mala cara que llevaba el más alto en esos momentos—. ¿Qué ha pasado? ¿Me perdí de algo?
— Nada, Bon, es que Rojo quería separar a su no-novia de su príncipe dorado— explicaba el rubio haciendo sentar al gruñón pelirrojo en el banco de la mesa—, pero debía traerlo para que así podamos pensar en la siguiente canción que haremos.
— ¿Ya tenemos que hacer otra canción nueva?— se quejaba el moreno de piel grisácea—. Apenas terminamos la primera hace cuatro días, ¿no podemos tomarnos una semana de fiesta por lo menos?
— Pues no gracias al, aparentemente, representante del grupo— todos miraron de mala gana al peliturquesa, quien se sintió algo culpable—. El tipo que nos "contrató" nos ha conseguido otro concierto para el viernes que viene, así que ahora debemos presentar tanto la primera canción como una nueva, con baile incluido— explicaba el mayor de los cinco.
— ¿Pretende que hagamos una canción desde cero con un baile en solo tres días?— preguntaba sarcástico el pelirrosa frunciendo el ceño y juntando sus manos sobre la mesa.
— No, Félix, no es para este viernes. Es para el de la semana que viene— aclaró el de mirada esmeralda mirando al grupo seriamente—. Siento si os metí en esto, chicos, pero sé que podemos lograrlo. He hablado con Meg y ha accedido a dejarnos todas las tardes la sala de ensayo. Además, no nos tendremos que preocupar del vestuario, Morado me dijo que tendríamos una especialista para ello.
— Pues espero que tenga buen gusto— bufó—, no pienso vestirme con cualquier harapo que nos enseñe.
— El vestuario es lo de menos— sentenció Fred—. Puede que podamos crear una canción como la otra vez, pero no tenemos ninguna idea sobre baile.
— Tal vez podamos ayudaros en eso— una voz aguda llamó la atención del grupo.
Un par de chicas de cabellos llamativos junto a un chico algo rellenito estaban parados en frente de los cinco amigos. Cuatro de ellos no lograban reconocerlos, pero el de mirada dorada saltó a los brazos de estos.
— ¡Gordis! Sabía que no estarías enfadada conmigo para siempre— Félix abrazó a la bajita pelirroja que había saludado antes, siendo correspondido al instante.
— Jamás podría enojarme contigo, divaza~— reía contenta de poder hablar de nuevo cono su mejor amigo—. Además, hemos oído vuestro pequeño problema y creemos que podremos ayudaros.
— ¿Vosotros sabéis pasos de baile?— preguntó confundido el de cabellos negros mirando al trío.
— Por supuesto— contestó la morena peliazul recolocando sus gafas sobre el puente de su nariz—. Nosotros somos los integrantes del club de K-Pop del instituto, lo único es que nadie lo conoce porque no hemos hecho ningún anuncio para que nadie más se apunte, estamos bien los cuatro.
— Pero desde que Félix se unió con vosotros a vuestro grupo de "chicos tristes" nos hemos sentido sin inspiración— la pelirroja apachurraba con cariño al pelirrosa, mirando al resto con ojitos grandes y brillosos—. Él es quien nos da la mayor parte de inspiración para las coreografías que interpretamos, y nuestro deber es ayudarle a mejorar. Si eso significa que tenemos que trabajar con vosotros también, pues que así sea.
Todos se miraron entre sí, sin saber bien cómo responder a aquello. Antes de que comenzaran a discutir, que ya se lo temía Félix, se escapó de los brazos de su amiga para acercarse al chico que lo trataba de esquivar la mirada de él. No le dio tiempo a reaccionar cuando el más alto tomó suavemente su mano, llamando su atención.
— Fede, ¿podemos hablar a solas?— pidió con grandes ganas de conversar con él, y tras unos segundos de vacilación, el de puntas blancas accedió, saliendo ambos del comedor para hablar en el pasillo, pues no había nadie.
Estaban en un silencio... extraño. Se habían soltado las manos, por petición del más bajo, no sabían por dónde empezar, sobre todo el de mirada dorada. Al ver que el mayor no iba a dar el paso, decidió comenzar él mismo.
— Félix— llamó al contrario un tanto tímido—, no sé si me has hecho venir para disculparte, pero si ese es el caso, quiero que sepas que no te voy a perdonar— el pelirrosa lo escuchaba atentamente—. Ya estoy harto de que mires a otros chicos y coquetees con ellos, me da igual si es de verdad o de broma, me hace mucho daño— se sinceraba finalmente, soltando gruesas lágrimas de sus ojos zafiros—. S-Sé que tú eres muy afectuoso c-con todos, incluso conmigo, p-pero...— hipaba mientras trataba de hablar correctamente, apretando los nudillos al punto de que se volvían blancos—, n-no me gusta ver q-que te acercas demasiado incluso con d-desconocidos. Tú sabes de mis sentimientos hacia ti, y-y también me has hecho ser consciente de que s-sientes lo mismo que yo... p-pero no lo parece... No quiero soportarlo más...
— Fefi...— el corazón del más alto estaba hecho trizas, no podía aguantar ver a su querido bollito llorar de esa manera, y menos por su culpa—, Fefi, no llores así, por favor— se intentaba acercar a él, pero veía que el contrario se alejaba, sin dejar que lo tocara—. Sé que no he sido fiel a tus sentimientos, ni siquiera lo he sido a los míos, admito que soy un descarado— suspiraba sin apartar la mirada del contrario, que seguía llorando—, pero cuando digo que te amo, es verdad— le aseguraba con la mirada—. Sí sabes que soy un bocazas, no puedo evitar pensar en voz alta, pero no tenía ni idea de que te molestaba tanto, ¿por qué no me lo dijiste antes? Si lo hubiera sabido antes no habría...
— N-No quería que pensaras que era un celoso tóxico...— le interrumpió tratando de tranquilizarse, de nada le servía llorar—. Tienes derecho a mirar a otros chicos, lo sé, pero... pero tengo miedo de que encuentres a alguien... mejor que yo y me... dejes...
— Oh, Fefi...—aquello lo enterneció muchísimo, tanto que no se contuvo y logró abrazar por los hombros al más bajito—. Bobo, no hay nadie mejor que tú en este mundo, eres el único al que realmente adoro y que jamás me permitiría dejar por otro— acariciaba suavemente sus cabellos—. Sé que he sido un tonto al no darme cuenta de tus celos, pero jamás quise hacerte sentir tan mal— se atrevió a besarle la frente, notando que entonces su abrazo era correspondido.
— Sí que has sido un tonto, muy tonto— le insultaba de una manera muy tierna, algo que Félix no podía tomarlo en cuenta—. Pero... ¿de verdad soy tan importante para ti?— levantó la mirada aún inseguro, sonrojándose al ver la cálida sonrisa que el mayor le regalaba.
— Eres el único que siempre estará en mi corazón, Fefi— aseguró acercándose de nueva cuenta, esta vez para darle un tierno besito, pero el contrario lo impidió.
— Hum, aún no te perdono— puso su mano en los labios contrarios, parando su acción—. Puedo... puedo darte una última oportunidad, nada más...
— Es más que suficiente para mí, mi bollito— de la alegría que tenía, no evitó tomar en brazos al menor, que aunque estaba algo rellenito, podía levantarlo con facilidad.
Mientras aquellos dos estaban en su burbuja de amor, el grupo de baile trataba de negociar con el grupo de cantantes.
— Vamos, chicos, somos los únicos que estamos dispuestos a enseñaros a bailar— comentaba la pelirroja con las manos en la mesa.
— ¡Ni hablar! Ya me basta con tener que cantar para que ahora también tenga que dar saltitos y volteretas que me harán romperme la crisma— renegaba el pelirrojo de brazos cruzados.
— Además, no creo que nos de tiempo a aprendernos una coreografía como la que hacéis vosotros en tan poco tiempo— decía inseguro el peliturquesa mirando el último de los bailes que había preparado el grupo en un mes y medio—. Parece difícil y vosotros tenéis mucha sincronía. Nosotros apenas podemos cantar a la vez.
— Ahí te doy la razón, Bon— Spring le apoyaba—. Agradecemos vuestra ayuda, pero no queremos ser una molestia y retrasar vuestros planes en cuanto a nuevas coreografías, nos las podemos arreglar nosotros.
— ¡No es ninguna molestia!— agregaba la peliazul arrebatándole su móvil al moreno—. Como hemos dicho, como Félix ahora está con vosotros en vuestro grupito musical, no podemos avanzar con los nuevos bailes, así que a cambio de dejar que siga cantando con vosotros, nosotras queremos ser vuestras coreógrafas oficiales.
— Hum... Parece una buena oferta— pensaba el de ojos oscuros—, además, os digo de primeras que nosotros no tenemos ninguna experiencia en baile, así que no os podéis quejar de nosotros.
— Bueno, aún así haremos nuestro mayor esfuerzo, ¿verdad, chicos?— al parecer, el moreno era el más positivo de los cuatro presentes.
Se miraron entre sí y tras varios segundos de vacilación, todos aceptaron.
— Está bien, está bien— el pelirrojo aún no estaba muy confiado, pero aún así aceptó por presión del grupo—, ¿ya puedo ir a por mis pudines, por favor?
— No hace falta, te hemos traído como último recurso por si necesitábamos usar el soborno— la de mirada esmeralda sacó de detrás de su espalda una carretilla con grandes cantidades de envases de pudines.
— ¡Mis amores!— se abalanzó sobre los postres de forma posesiva—. Ni los miréis, son míos.
Todos rieron ante su gran amor por aquellos dulces. Pero justo cuando iba a hincar el diente a estos, el pelirrosa volvió corriendo hacia el grupo.
— ¡Socorro! ¡Unas locas me vienen persiguiendo desde el pasillo!— trataba de recuperar el aliento con las manos sobre las rodillas—. Fede ha tratado de mantenerlas en la puerta, pero no creo que aguante mucho...
— ¿Tú también estás con lo de las fans imaginarias?— renegaba con una burlona sonrisa el pelirrojo—. Venga ya, Bonnie también ha tratado de engañarnos con eso, diciendo que a Bon también le han perseguido.
— Bonnie tenía razón, nos han perseguido esta mañana un grupo de locas— se levantó el peliturquesa, asomándose hacia la puerta para ver si era verdad, sorprendiéndose al ver de verdad una gran masa de gente en las puertas del comedor, con el pelirrosa de puntas blancas tratando de mantenerlas afuera—. Oh, oh... Esto no parece nada bueno...
Antes de que pudiera darse cuenta, las chicas lograron abrir la puerta, empujando al joven de mirada zafiro que trataba de retenerlas, sin éxito. En cuanto el grupo de alumnas reconoció al grupo al completo, enloqueció aún más, chillando y corriendo hacia los cinco chicos que allá se sentaban en la mesa tranquilamente. El pelirrosa logró reaccionar primero y les dio una señal a los demás para que corrieran por la otra puerta del comedor. Todos asintieron y despejaron la mesa para luego escapar, dejando atrás tanto a las fans que los perseguían como a los otros tres chicos del club de baile.
— Madre mía, no me lo esperaba de verdad— susurró aún anonadada con lo que acababa de pasar la alta peliazul del grupo.
— ¡Lilly, ayúdame con Fede, creo que está lastimado!— mientras, Abby había ido a socorrer a su amigo que yacía en el suelo, con aspecto de que le había pasado todas por encima, dejándolo como un felpudo.
(...)
En los pasillos del instituto se respiraba tranquilidad, un par de amigas iban andando con calma mientras hablaban sobre la próxima canción que ensayarían con el grupo. A pesar de que los Toys ya no ensayaran con tanto como antes, eso no era excusa para que dejaran los ensayos de lado.
— ¿Crees que Bon se acuerde de que hemos quedado esta tarde para ensayar?— preguntaba la dulce Joy a su mejor amiga, mirando al techo y pensando en su amigo.
— Más vale que venga si no quiere que lo muela a palos— aseguró cruzándose de brazos y frunciendo el ceño—. Además, quedamos en que podría usar la sala de ensayos para su grupito si prometía no dejar de asistir a los nuestros.
— Veremos si lo cumple— rió alegre, cuando de repente escuchó un gran estruendo—. Oye, ¿no oyes algo?
— ¿Qué...?— dejó de escuchar el silencio del pasillo para entonces escuchar un montón de pisadas y algún que otro grito.
De repente, desde el fondo del pasillo vio cómo cinco jóvenes muy familiares para ambas iban corriendo hacia ellas, pero lograron apartarse a tiempo mientras veían cómo aquellos chicos corrían velozmente pidiendo ayuda mientras eran perseguidos por muchas chicas.
— ¡Ah, es Bon!— la rubia reconoció al peliturquesa al momento de verlo cansado y casi siendo agarrado por las chicas—. ¡Meg, debemos ayudarlos!
— ¡Sí, también está Spring con ellos!— observó al alto rubio que también escapaba, pero se calló en cuanto vio cómo su amiga la miraba, desviando la mirada algo sonrojada—. E-Es mi brother, debo ayudarlo...
— Ya...
Corrieron ambas tras el montón de chicas que iban tras sus amigos, llegando a un pasillo sin salidas, pues las puertas que les podrían servir de huida estaban cerradas con llave. Sin poder evitarlo, los chicos fueron capturados por las fans locas que querían a toda costa una foto, autógrafo o, en el caso extremo, una prenda de ellos.
— ¡Ay, ay! ¡No me tiréis del pelo, que duele!— se quejaba el moreno que trataba de soltarse de todas aquellas que tiraban sus cabellos de forma brusca.
— ¡Chicas, chicas, hay suficiente Fred para todas~!— parecía que el único que disfrutaba de aquella atención que recibían de parte de sus fans.
— ¡No hay forma de escapar, nos tienen rodeados!— el rubio se desesperaba sin poder moverse, pues lo tenían agarrado de piernas y brazos.
— ¡En la cara no, chicas!— chillaba horrorizado el pelirrosa, asustado de que le desordenaran el cabello o le arañaran el rostro con sus uñas afiladas.
— ¡No me toquéis los pudines!— gritaba a la defensiva el pelirrojo que, a pesar de ser más alto que todas esas chicas, eran capaces de escalar sobre él.
Sin duda los pobres no tenían escapatoria alguna de aquellas locas, estaban que no podían apenas moverse. Aunque ellos no lo supieran, al fondo de las chicas, estaban sus amigas que trataban de ayudarlos.
— No hay manera, hay demasiadas...— la dulce joven de cabello dorados se cansaba de tirar y empujar a todas las chicas que estaban acosando a sus amigos.
— ¿Qué pasa aquí?— fueron sorprendidas por los otros tres integrantes de los Animatrónicos, asustados por no ver ni a Fox ni a Fred en ningún lado, junto a los del grupo de baile que los habían informado.
— Tienen a los chicos acorralados, no podemos ayudarlos desde acá— Meg seguía empujando a algunas que seguían tratando de llegar hasta los chicos, recibiendo una patada en la pierna—. ¡Ayy! ¡Qué brutas!
— Pobres, se los van a comer vivos si no salen pronto de ahí— el pelimorado trataba de mirar por encima del barullo para ver si lograba ver por lo menos al pelirrojo por ser el más alto.
— Tenemos que hacer algo— la rubia de puntas verdes estaba decidida a ayudarlos.
— ¿Pero cómo alejamos a todas estas locas?— la peliblanca seguía adolorida de la pierna por la patada—. Son demasiadas...
— Si tuviéramos algo con que distraerlas— el joven pelirrosa de ojos zafiro miraba a su alrededor, encontrándose unos pósters muy singulares—. ¿Y esto...? ¡Ah! ¡Chicos, tengo una idea!
En pocos minutos ya tenían un cebo preparado, solo quedaba llamar la atención de las fans.
— ¡Hey, chicas, miren lo que tengo!— la pelirroja de punta anaranjadas llamaba la atención de las demás, mostrando un par de pósters que habían tomado de las paredes—. ¡Son pósters de los B.O.Y.S firmados por ellos mismos!— mostraba los dichos pósters con la imagen de los chicos con un pequeño rayón al lado de cada uno, a modo de firma.
Aquello sin duda hizo que las fans se voltearan para ver si era verdad. Al ver que no mentían, se invirtió la atención de los chicos a los supuestos pósters firmados. Viendo que las seguían para arrebatarles los pósters, corrieron en dirección contraria a los chicos liberados, los cuales se sentaron en el suelo exhaustos.
— Ah... Qué horrible, ha sido como una pesadilla...— manifestaba su descontento el pelirrojo aún con sus postres en sus brazos, intactos—. Vale, Bon, ya no volveré a dudar de ti...
— Pues ojalá esto no se repita— se acariciaba la cabeza adolorido, sentía como si le hubieran arrancado todos los cabellos.
— ¡Chicos, ¿estáis bien?!— se acercaban sus salvadores con gran preocupación, ayudándolos rápidamente—
— Estropajo, ¿estás bien¿ ¿Cuántos dedos ves?— preguntaba Meg preocupada mostrándole dos dedos al rubio.
— Ayy... ¿Quince?— contestaba aún desorientado.
— Sí, sin duda está bien— suspiraba aliviada.
— Maestro, ¿te duele mucho?— Bonnie se había acercado a Bon acariciando sus cabellos con delicadeza.
— No, ya no tanto... Gracias— sonreía apenado con un ligero sonrojo en las mejillas.
— Osito, ¿te han hecho algo?— Joy se iba a acercar al moreno, pero este no parecía molesto.
— Vaya, ¿ya se fueron todas? Qué pena...— murmuró para él mismo, pero la rubia se sintió mal al ver que le había gustado aquella atención de las demás.
— Fox, ¿te encuentras bien?— Chica se acercaba al pelirrojo, tratando de ver si estaba bien, pero él le sonrió tranquilo.
— Sí, sí, no te preocupes.
— Vale, ya están todos bien, ¿nos vamos ya?— decía molesto Golden al ver la cercanía de su novia con su enemigo.
— ¿Cómo habéis conseguido que nos dejen en paz?— preguntaba el pelirrosa de mirada dorada levantándose del suelo siendo ayudado por el chico más rellenito.
— Ah, encontramos pósters vuestros en las paredes, así que los tomamos e hicimos una firma falsa en cada uno para aparentar que estaban firmados por vosotros— explicaba Fede con una sonrisa, pues la idea había sido suya.
— Espera, ¿pósters nuestros?— el pelirrojo estaba desconcertado por aquello—. Nosotros no hemos posado para ningún póster, esto me parece muy extraño...
— Pues nosotros estamos seguros de que eran vuestros, mirad— la peliblanca condujo a l todos hacia otro de los pósters que estaban por las paredes del pasillo.
Al llegar, todos se quedaron perplejos por lo que sus ojos veían, ¡sí eran ellos! No parecía que fueran fotos, era más bien un dibujo, pero estaba bastante bien logrado. No sabían cómo reaccionar, ¿quién los habría colgado? ¿Y quién los habría hecho? Aquellas dudas rondaban en la cabeza de todos...
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To be continued...
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