45

Aquí estoy de nuevo.

Sola.

Sentada a la orilla de la piscina bebiendo de una copa de vino que ahora tiene mis huellas impresas por todos lados; hecha un completo desastre.

¿Ahora puedo beber, no? Ya no hay nada que deba preocuparme.

Ya no cargo con un bebé en mi vientre y mi hija -si es que puedo seguir llamándola así- no puede siquiera verme.

Mi esposo me traicionó. Soy un fracaso. Soy una mentirosa... ahora bien, ¿qué mal me haría que también me juzguen por volverme alcohólica? ¿Por dejarme caer en las manos de la única cosa que consigue darme siquiera un poco de placer en medio de tanta angustia?

Una cosa más que agregar a la lista de desgracias en la patética vida de Georgina Wrestler.

Mi teléfono comienza a timbrar a mi lado y mientras vibra golpeteando contra las baldosas del piso que rodea la piscina, la palabra DESCONOCIDO centellea en la pantalla.

-Está recibiendo una llamada por cobrar desde un centro penitenciario ¿desea aceptarla? -Una grabación se reproduce cuando contesto.

-Acepto -respondo con mi voz apunto de quebrarse.

-Gina.

La familiar voz al otro lado del teléfono provoca que mis ojos se llenan de lágrimas de inmediato, al tiempo que un gigantesco nudo se forma en mi garganta.

-¿Estás ahí?

-¿Qué es lo que quieres? -contesto.

-Me alegro de que estés bien - Sean suspira al otro lado del teléfono.

Estar bien... estar bien se ha vuelto un término demasiado relativo

-¿Cómo estás?

-¿Qué quieres, Sean? -insisto.

-Solo quería decirte... que siento muchísimo lo que pasó. Sabes que siempre te he amado y siempre te...

-Es bastante tarde para decir eso, ¿no lo crees? -río antes de dar un nuevo sorbo a mi bebida.

-¿Estás tomando?

-¿Puedes culparme? -lo cuestiono.

-No deberías tomar si...

Mi corazón se hace añicos aun cuando él ni siquiera consigue completar la oración.

-Mierda -balbucea como si fuera un adolescente-. Gina, en verdad lo siento, nunca pensé que esto...

-No sigas -lo interrumpo-. Mejor dime, ¿valió la pena? ¿Valió la pena todo el sacrificio que hice por ti? ¿Todo el sufrimiento por el que hicimos pasar a esos niños para que tú llegaras hasta ahí?

Una lágrima cae de mis ojos hasta la copa aún en mis manos y puedo ver como se diluye hasta volverse tan solo otra parte del líquido

-¿Valió la pena todo lo que le hicieron pasar a Madison en ese lugar? ¿Haberme destruido la vida?

-Nunca quise lastimarte...

-¡Dijiste que me querías! ¡Dijiste que me compensarías por todo el tiempo que perdimos! Dijiste que era el turno de cumplir mis sueños...

-Y traté de cumplirlo.

-Lo hiciste para distraerme, Sean. Me engañaste, me embarazaste y luego te largaste como si nada. ¡Me arruinaste la vida!

-Intenté darte lo que merecías. Tenía un acuerdo con ellos y si iba a dejarte quería al menos darte lo que siempre habías soñado con tener. Sabía que yo no podría hacerte feliz y estoy consciente de jamás podría compensarte por todo el tiempo que perdiste conmigo, pero pensé que quizás tu sueño sí lo haría.

Sus palabras llenas de ficción hacen que me hierva la sangre.

-Tú me arrebataste la cosa más preciada que he tenido en la vida. Tú y tus aliados se llevaron a mi hija y la destruyeron. ¡Pudieron haberla matado, Sean! ¡Y a ti no te hubiera importado ni un carajo! ¡Intentaste convencerme que ella había muerto para que dejara de buscarla! ¡¿Cómo pudiste?!

-Gina...

-¡No! -grito-. Sabes, ahora por fin entiendo cómo se siente Madison. Hiciste conmigo lo mismo que yo hice con ella -confieso-. Me repites que hiciste todo esto por mi cuando en el fondo sabes que todo siempre lo hiciste por ti. Ella tenía razón. Tenía toda la razón...

Suspira.

Un suspiro largo y fuerte como el que liberas luego de un pesado día al salir del trabajo y cuando guarda silencio puedo escuchar voces al fondo.

-Mira, retiren los cargos contra el Centro y te prometo que no volverán a escuchar de nosotros jamás. Te garantizo que Madison estará a salvo y pueden conservar al otro sujeto si también lo desean -declara tal y como estuve esperando escuchar desde el momento que decidí aceptar la llamada.

-¿Sigues protegiéndolos? ¡Mira a donde te ha llevado eso! ¡Mataron a una niña inocente!

-Si retiran los cargos. Puedes quedarte con la casa Gina y los autos y todo lo que quieran. ¿Quieres un hijo? Podemos dejarte escoger a uno de los neonatos, puedes quedarte con el que tú quieras. Criarlo en esa enorme casa como siempre quisiste. Nadie necesita saber nada de esto. ¡Puedes ser feliz!

Me río.

-¡Puedes pudrirte en el infierno! -ladro al tiempo que escucho la puerta del jardín abrirse-. Jamás vuelvas a atreverte a llamarme.

-Georgina...

-Adiós, Sean.

Cuelgo y luego, dejo caer el teléfono tan molesta a mi lado que juro que escucho la pantalla hacerse pedazos antes de que intente limpiarme la cara lo mejor que puedo para evitar que mi inesperada acompañante note que estaba llorando.

Lainey se acerca vistiendo uno de mis camisones de seda luciendo gigantesco en ella mientras la luz rosada de la piscina se refleja en su cara hasta sentarse junto a mí.

-Hola -dice.

-Se supone que deberías de estar dormida -contesto dejando a mis pies flotar en el agua frente a mí.

-Me gusta el cielo en la noche -contesta haciendo lo mismo y luego inclina un poco la cabeza hacia atrás cerrando los ojos-. Se siente bien -suspira.

-Sí -concuerdo deseando que el silencio vuelva a reinar entre nosotros, pero es algo imposible con ella.

-¿Qué tomas? -pregunta.

-Se llama vino.

-Parece sangre -señala y me río un poco más de lo que debería a causa del alcohol ante su ridícula comparación y ella también lo hace en un intento desesperado por comprender por qué lo hago.

-¿Quieres probar?

Ella asiente y cuando la dejo, sostiene el fuste con toda la palma de su mano.

-Hazlo así -la corrijo y tan pronto como el líquido consigue tocar sus labios, una mueca aparece en su rostro y el vino se le escapa de su boca como si fuera un bebé luego de haber probado su primera papilla.

-Es... extraño. No me gusta -señala y luego se estremece cuando el alcohol parece quemarle la garganta.

Solo consigo reírme en respuesta.

-¿Por qué estás despierta? -inquiere.

-No puedo dormir -digo jugueteando con mis pies en el agua.

-¿Por qué? -pregunta.

-Solo pienso... en muchas cosas -contesto-. Esto... se supone me ayudará a dormir.

-¿Estabas... llorando? -intuye y supongo que no hice muy buen trabajo intentando ocultarlo.

No me queda más remedio que admitirlo.

-¿Por tu bebé?

La pregunta me toma desprevenida y devuelvo mi atención de inmediato a ella derramando el poco vino que quedaba en la botella.

-Cómo... ¿cómo sabes acerca de eso? -titubeo.

-Levy me lo dijo -confiesa y lo único que puedo pensar es en Madison-. ¿Lo... mataste?

Esto sólo sigue poniéndose peor.

-No -me apresuro a aclarar-, yo jamás haría algo así. Él... murió antes de nacer... se suponía que aún debía permanecer unos meses más dentro y... -me detengo cuando recuerdo que seguramente ni siquiera comprende lo que estoy diciendo, pero su mirada se clava en la mía llena de curiosidad-. No importa. Es complicado de explicar.

-Yo lo entiendo -señala.

-¿Entiendes qué?

-Lo del bebé muerto.

Sus palabras se clavan como un par de filosos cuchillos en mi garganta y tengo que desviar la mirada de la suya antes de que me suelte de nuevo a llorar.

-Yo tuve uno.

Insegura e impactada por lo que acabo de escuchar, me atrevo a abrir la boca, deseando no arrepentirme de ello después.

-Tu- tu... -mi voz tiembla-. ¿Tú tuviste un bebé?

Asiente.

-Muerto -agrega antes de que consiga decir nada más y me obligo a pensar muy bien en las siguientes palabras que diré.

Esto es algo que ella debería de hablar con alguien profesional. Alguien que realmente pueda hacer algo para ayudarla.

¿Qué tan traumático puedo haber sido eso para alguien de su edad? ¿La ayudaron a superar esa pérdida? ¿Siquiera sabe lo que significó? ¿Fue consciente de todo ello?

-¿Quieres... hablar sobre eso? -pregunto esperando realmente que se niegue a hacerlo, pero en cambio solo se encoge de hombros.

Me resulta difícil leerla.

Su mirada es completamente inexpresiva.

¿Romperá a llorar si la hago hablar? ¿Se molestará? ¿Jamás volverá a hablarme? ¿Qué es siquiera lo que debo decir?

-No es importante -contesta.

-¿Qué pasó?

-No estuve calificada para ser portadora -explica.

-¿Sabes lo que quiere decir eso?

-Sí... son las científicas que producen a los experimentos para la Ciencia -contesta y no puede estar más lejos de la verdad.

-¿Qué edad tenías?

-Dieciséis -responde.

Ni siquiera era mayor de edad.

-¿Fue una prueba? -inquiero en un esfuerzo por hablar su mismo idioma.

-No. Se llama embarazo -contesta-. Papá dijo que debía culminarlo para convertirme en científica. Así que lo hice porque Alice siempre quiso ser una de ellos -contesta hablando de si misma como si fuera una tercera persona, recordándome todo lo que nos contó sobre su vida ahí dentro.

-¿Seguías bajo el efecto del Adesomextrion? -pregunto.

-Sí. El doctor Hughes me dijo la verdad cuando comencé a recordar.

-No te estoy entendiendo -admito.

-Ellos hicieron la... fer... ferti...

-¿Fertilización? -intento completar cuando ella parece olvidar la palabra.

Asiente.

-Me durmieron por muchas horas e implantaron el embrión en mi utero luego de la fecundación que realizaron en una probeta -me dice-, yo aún creía que era Alice y cuando comenzó a crecer mi barriga con el tiempo, asignaron a Ethan como mi médico de monitoreo -explica-. Él era el encargado de revisar el crecimiento del feto y reportarle todo lo que sucedía a ellos, así que cuando comencé a recordar...

-Fue el quien se enteró -concluyo-. Y te contó la verdad de los experimentos, ¿no? -Asiente.

-Me dijo que cuando mi producto naciera; sería como yo y también le realizarían pruebas -dice.

Todo comienza a cobrar sentido. Todo lo que nos había dicho antes parece haber estado ligado a este momento. La manera en la que se enteró de la toda la verdad. Su relación con el médico que me ayudó. Todo.

-Lainey, ¿qué pasó con ese bebé? -pregunto.

-Yo... tomé una medicina que hizo que el corazón del feto se detuviera -confiesa-, el doctor Hughes me la dió y él me dijo que no podía decirle nada de eso a nadie y que si lo hacía podíamos meternos en muchos problemas.

-Y tenía razón -concuerdo. Lainey asiente de nuevo-. ¿Qué fue lo que dijo el doctor Vanderbilt?

-Él no estaba feliz, pero luego de que Ethan le dijera que había muerto y lo sacaron... no lo intentó de nuevo. Yo no sería buena para eso.

-Oh Lainey, lamento mucho que hayas tenido que... que vivir todo eso. -Ella sonríe.

-Es lo mismo que Ethan dijo -responde antes de mirar de nuevo a sus pies-. Él seguía repitiéndome que era la mejor opción.

-Te aseguro que lo fue -respondo-, ese bebé tuvo suerte de no pasar por lo que a todos ustedes les hicieron pasar. -Ella solo asiente en respuesta y con eso el joven médico regresa a mi mente.

Quizás después de todo sí hicimos muy mal en juzgarlo como a todo el resto de insensibles científicos que trabajaban en ese lugar. Pareciera que él era el único que tenía el cerebro suficiente para saber que lo que hacían ahí dentro estaba mal, el único que tuvo el coraje suficiente para salvar a Lainey de pasar por ese infierno.

-¿Piensas en Alison? -pregunta luego de un rato.

-¿La conociste?

Ella sacude la cabeza.

-Es casi de quien todos hablan todo el tiempo.

-¿Qué es lo demás? -digo en un esfuerzo por evitar la conversación.

-Madison -contesta.

Bueno, no puedo negar eso.

-Alison era un niña muy especial. Como tú -le explico-. Siempre tenía preguntas para todo y no había día en que no sonriera.

-¿Qué le pasó?

-La liberaron -respondo-, el hombre que llevó a Madison al Centro estaba molesto con todos nosotros y la mató.

-¿También era un experimento? -pregunta.

-Solía serlo -respondo-. Lamento que no te prestemos suficiente atención. Llegaste en un momento complicado, pero estamos felices de tenerte aquí, ¿sabías? ¿Cómo te sientes?

-Bien -sonríe-. Me gusta aquí.

-¿Qué es lo que más te gusta?

-Hablar -responde-, y también me gusta hacer preguntas.

Me río ante la simpleza de su respuesta.

-¿Solías hacer muchas preguntas en el Centro?

-No. Los experimentos no pueden hacer preguntas.

-Bueno, me alegra que ahora puedas -contesto-. Haces buenas preguntas.

Ella esboza una nueva sonrisa.

-¿Puedo hacer una más?

Asiento.

-¿Qué pasará si destruyen el Centro como lo dijo la señora Blanchard? -inquiere-. ¿Qué pasará con nosotros y los científicos?

-Encontraremos buenas familias que los cuiden y donde crezcan felices disfrutando de el exterior -respondo-, y con suerte, los científicos pagarán por todo lo que les hicieron sufrir en ese lugar.

-¿Qué son... familias?

-Gente como nosotros. Alguien que les dará una casa, comida y cariño. Un hogar.

-¿Hay suficientes?

-Nos aseguraremos de que así sea.

-¿Yo tendré una? -inquiere.

-Tu ya tienes una -respondo sin pensarlo dos veces-. Puedes quedarte conmigo si tú quieres. Me gusta tenerte cerca.

Sus ojos brillan como nunca.

-Sí -responde emocionada-, ¡me gustaría mucho!

-Genial -contesto y la verdad es que me gustaría sentirme tan emocionada como ella, pero algo en mi interior me hace sentir como si jamás fuera a volver a sentir ese tipo de alegría otra vez.


Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top