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Gulf asistió al Sacrificio Nocturno con el policía y Bible. Los tres estaban frente a la tarima ocupada por un artista de pop sombrío, él cantaba vals roquero y las personas hacían coro. —Sinceramente, no es así cómo planeaba pasar la noche. — El policía admitió, cruzado de brazos.

—Perdona. Es que quería tu ayuda para ver a las chicas.

—¿Pero estarás bien con verlas?

Gulf asintió antes de voltear. —No me parece correcto que se vayan con el mal sabor de la traición.

—Huh. Bueno, te ayudaré a entrar. Vamos. Vamos, Bible.

Bible los siguió en silencio. Él habló con los guardias que respaldan la casa blanca y Gulf entró. Después de preguntar las direcciones, encontró la habitación con Gabriela y Vanya. Al entrar, ambas traían el cabello suelto, los pies desnudos y túnicas blancas.

Sentadas en el enser, temblando. Al ver a Gulf Vanya desistió de mirarla y Gabriela se levantó.

—Qué quieres, brujo. — Acusó Gabriela, fiel a su creencia.

—Supe lo de Song y no me parece justo lo que hizo. Ella lo planeó todo. ¿Verdad?

Gabriela cayó sentada en el enser y ambas lloraron en silencio.

—Puedo ayudarlas si prometen no decir nada. — Gulf se arrodilló frente a ellas. —Imagino que luego de esta ayuda deberán huir junto con sus familias. Salir del país.

—¿P–Pero cómo? ¿Y por qué nos ayudas?

—Lo que me hicieron quedó en el pasado. Si dicen algo valieron madres, pero... no se equivocaban conmigo. Soy... un habitante prohibido. Uno bueno. Nunca le hice daño a ustedes ni a Engora..., pero ayudo a la policía a descubrir quién la mato. ¿Hablarán?

Gabriela y Vanya compartieron miradas extrañas. Vanya fue la primera en negar la cabeza. Prometiendo no delatarlo. Gabriela también se unió al pacto.

—Bien. Denme sus manos. Aparecerán en sus casas y aquí sólo quedará una imitación de ustedes. ¿Ok?

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Song miraba El Sacrificio Nocturno desde su casa, adentro de su habitación, llorando y comiendo helado. Cuando su cuchara escarbó el liso fondo de la caja, intensificó el llanto con una pelota de crema helada en la lengua. Era el momento de pasar al frente a las individuas de la noche. Unas frías e inexpresivas Song y Gabriela entraron a la tarima. Los guardias de seguridad las ataron a las hogueras mientras que las bocinas emitían música siniestra. Gulf llegó al lado del policía con un saludo que el policía respondió tenso.

No disfrutaba el acto.

Las personas las condenaban a muerte y otros les lanzaban tomates. Pintando de rojo las rosas blancas. Pero las mujeres permanecían estoicas. Un trompetista sonó su instrumento - dando por comienzo la perversa condena. Los mismos que las amarraron entraron a la tarima con antorchas de fuego. —¡PIEDAD, POR FAVOR! GABRIELAAA. — Gritó el padre de Gabriela, estirando una mano que jamás alcanzaría a su hija. Los guardias prendieron fuego a la madera. El combustible no tardó en alcanzar los cuerpos de las mujeres, prendiéndolas en llamas.

Gulf brincó del susto y se abrazó al policía. Que lo rodeó con ambos brazos y siseó cariños sobre su cabellera. Reconfortándolo en todo momento.

—Ya terminará. Pronto lo hará.

Enseguida que dijo eso continuó mirando la horrorífica escena. Bible se escondió detrás de ellos sollozante.

...

Caminaron a la casa. Vivían uno frente al otro. Entonces pararon en la casa del brujo. —Fue un día... intenso.

—Sí. — Concordó el policía con las manos hasta el fondo de los bolsillos. En algún momento de la noche le había dado la chaqueta a Gulf para calentarlo en el frío. El jóven recordó, arrastrando la chaqueta de sus hombros y poniéndose de puntillas para colocársela al oficial.

—Lo siento. Recordé que la tenía puesta. Tú también sentías frío.

—No te preocupes.

—Gracias.

Gulf aplanó los hombros de la chaqueta y se miró con el policía. Ambos se mantuvieron la mirada. Él se sonrojó tanto que de sus dedos emanaron chispas, electrocutando un poco al policía.

—¡Ah! — Él retrocedió por inercia, mirando sus hombros. Miró al cielo, pero estaba despejado. No había lluvía ni relámpagos.

—Oh Dios. Creo que fue...

—Calámbre estático.

—Calámbre estático.

Dijeron antes de estallar en risas.

—Definitivamente hoy fue un día difícil. Bueno, mañana tienes universidad y yo trabajo. Cuídate. Cualquier cosa me tienes a mí.

—Gracias, Mew. Cuídate. Y adiós, Bible. — Se despidió del sabueso, pero el sabueso se puso en pie. Dándole un beso en la mejilla. Entonces galopó a la casa del detective, ambos jugando a las carreras. Gulf rió antes de entrar a la casa. Miró el teléfono cuando palpitó con mensajes:

Gabriela: Muchas gracias por salvarnos, Gu. Una disculpa por todo lo que te hicimos. No somos merecedoras de ti. Adiós.

Vanya: Mil gracias, Gulf. Estamos en deuda contigo. Lamento el daño que te hicimos. Jamás podremos borrarlo, pero cualquier chance para enmendarlo, estaremos ahí para ti. Xoxo, Vanny.

Gulf jamás pensó sonreír con estas personas. Sonreír de corazón. Pero lo hizo. Una sonrisa de oreja a oreja con lágrimas al borde de los ojos. Dios, se sentía maravilloso. Como un héroe salido del puto Marvel. No, más bien, de su propio cómic, carajo. Escuchó un silbido coqueto y miró arriba a sus madres. Ambas paradas codo con codo y cruzadas de brazos.

—Lo vimos todo, cariño.

—Te lo guardabas para ti solito.

—Mamás, ¿Pasó algo? — Gulf preguntó, inseguro de si sabían o no que salvó a sus matonas de la muerte.

—El policía de afuera. Es guapo. ¿Cuándo pensabas decírnoslo?

—Él es sólo un amigo.

—¡Por ahora!

Gritaron las tres altaneras de la casa como si fueran adolescentes: Las madres y la gatita. Todas rieron cómplices. Gulf rodó los ojos divertido y se fue al cuarto diciendo que debía hacer tarea. No mentía, sí tenía tarea por hacer, pero acabaría en un, dos, tres. Las matemáticas eran su dominio.

Cuando terminó de hacer todo y se acostó en la cama, Spike apareció flotando arriba de él. Notablemente molesto. Cruzado de brazos y de tobillos.

—Vigilaré a ese policía. Intenta quitarme a mi príncipe.

—¿Qué príncipe? No soy un príncipe y mucho menos tu príncipe.

—¡Eso...! Sí dolió. — Admitió abatido, ocultando el dedo con el que planeaba contraatacar.

—Tengo derecho a salir con quién quiera y si no quieres: ponme un cinturón de castidad.

—Tus órdenes son mis deseos. — Él chasqueó los dedos, reemplazando los cortos de Gulf por un enorme calzón de metal con la silueta de una llave.

—¡Spike! ¿Qué rayos?

Spike se tragó la flameante llave del cinturón. Digeriéndola en el estómago. Gulf observó aterrorizado. Con un guiño, él se fue. Sus últimas palabras siendo:

—Si te lo quieres quitar, tendrás que visitarme en el infierno. Chao.

Gulf gritó frustrado intentando bajarse el calzón e intentando usar magia, pero el infierno era mucho más poderoso que los poderes de un simple brujo. Mañana sería un día muy, pero muy largo.

Se acostó boca abajo, rendido.

DOS DÍAS DESPUÉS

Lunes

Song regresó a la escuela con su traje de porrista y dos nuevas asistentes. Una rubia que latigaba a cualquiera con su cabello y una morena que masticaba chicle a lo loco. —Ok, chicas. Se abrirán las audiciones de porristas. Necesitamos tres nuevos animadores. Que den lo mejor de sí. Y que sean... — Paró en seco, escaneando de pies a cabeza una obesa tímida. La obesa escaneó su propio físico. —lindos. — Dijo lo último disgustada.

Siguieron caminando hasta entrar a la cancha.

Se sentaron en la mesa y sillas que los porristas varoniles pusieron para ellas. Ninguna agradeció. Simplemente posaron ahí con una larga lista de nombres.

—Qué comiencen Los Juegos De Las Zorras.

Las asistentes chasquearon dedos como aplausos, dando comienzo. Por las puertas entró un chico que caminaba como zombie. Un no-muerto. Todas lo miraron raro hasta que posó frente a ellas con ropa de porrista, labios negros y un collar de lazo negro.

Song rodó los ojos al ver que era Jeff. —Debe ser una broma.

Pero Jeff formó una sonrisa siniestra y para cuando la música comenzó, les dió su mejor perfil lanzando puños de arriba abajo moviendo la retaguardia de igual manera. Corrió hacia adelante con los mejores flip backs en la historia de la universidad y subió una pared para brincar hacia atrás. Las porristas estaban sorprendidas. En especial Song.

Jeff terminó el acto con un split perfecto, puños en el aire y una encantadora sonrisa.

Todas aplaudieron encantadas con su espectacúlo. Song aplaudió lento. Aún rechazando la idea de tener al gótico en el equipo. —Debo admitirlo: fuiste sorprendente.

—Yo siempre lo soy. — Jeff latigó su cabello antes de irse. Dejando que Song se mordierá la lengua de envidia.

—¡Siguiente!

El siguiente concursante no se lo esperaba nadie. Mucho menos Song, que alzó la mirada de los papeles en cuánto habló.

—Buenos días, mi nombre es Gulf. Esta sería mi primera vez audicionando para ser porrista. Sean gentiles conmigo, por favor.

Song observó con terror mientras que el brujo sonrió maquiávelico. 

*N/A: JAJAJA me encanta. Y amé qué Gulf ayudara a sus matonas tras todo lo que hicieron. Espero que les haya gustado el capítulo 💖🥰*

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