Capítulo 17. De vuelta a los 15

(Foto de arriba hecha por NolightArtist)

Lunes. Nueva semana que comenzaba. El pelimorado se despertó con algún que otro rayo de sol que se colaba por las cortinas de la ventana de la habitación. Estaba más adormilado de lo que acostumbraba, pero es lo que pasa cuando te despiertas a las 4 de la mañana para acallar a un bebé. Pero no le molestaba en lo más absoluto, pues cada segundo que pasaba al lado de su querido peliazul merecía la pena. Se sentó en su sitio y se frotó los ojos, para luego estirarse y así poder despertarse un poco más. Se giró hacia su derecha para ver cómo su pequeño dormía tranquilamente agarrando la manta con sus piernas y brazos, a modo de koala, con su chupete a medio salir de su boquita. El pelimorado rió bajito y le besó la mejilla, para luego colocarle de nuevo su chupete correctamente, y decidió dejarle seguir durmiendo. Se dio una ducha rápida y se colocó su uniforme escolar. Cuando iba a despertar a Bon, un mensaje llegó a su teléfono.

~En el chat~

Irene: ¡Bonnie! Ya tengo la pistola lista para devolver a Bon a la normalidad, pero aún tengo que pasar los recuerdos a esta. No hace falta que despiertes a Bon, puedes traerlo dormido. De todas formas creo que hasta el recreo no estará lista, así no montará escándalo cuando te vayas XD En fin, sólo quería avisarte, ¡nos vemos luefo!

Irene: **Luego

Bonnie: ¡Genial! Muchas gracias, Irene. Te lo agradezco muchísimo <3

Irene: De nada, todo por la OTP ;3

Bonnie: ... Eh... ¿ok?

 Irene: Jaja, nada, cosas mías XD

Bonnie: Okey, pues luego nos vemos :3

Irene: ¡Chau!

~Fuera del chat~

Bonnie bloqueó su teléfono. Suspiró. Por fin el pequeño iba a volver a ser normal. Por fin podrían volver a practicar juntos y salir a pasear tomados de las manos. Por fin podrían volver a ser una pareja normal. Aunque extrañará esos momentos en los que él le cuidaba en lugar de que el peliazul le cuidara a él. Se fijó una vez más en el pequeño, seguía en la misma posición. Le acarició los cabellos y lo tomó cuidadosamente en brazos, apartándole algunos mechones de su carita.

- Quiero volver a estar en tus brazos, maestro...- susurró bajito el chico contra los cabellos del peliazul, causándole un pequeño pero agradable escalofrío, haciendo que sonriera.

Se levantó de la cama, aún con el pequeño en brazos. Al parecer había dejado de hacer frío, por lo que ya no era necesario llevar ropa de abrigo. Podía ir perfectamente solo con el uniforme. Sin despertar a Bon lo cambió de ropa con algo más cómodo, pues no iba a ir siempre en pijama. Cuando ya estuvieron listos, el pelimorado cogió su mochila y su guitarra y salieron de casa, sí, sin desayunar, pues los nervios mataban a Bonnie, y Bon no podría comer estando dormido.  Salió más pronto de lo normal, pero con el día tan bueno que hacía, decidió ir un poco más lento, ya que ese día la escolta no se presentaría. Iba a paso lento, aspirando el dulce aroma de las flores y mecía lentamente sus brazos, para acunar un poco al pequeño y que no se despertara. Algunas personas que pasaban por allí los miraban con ternura, y cómo no, eran adorables a la vista de cualquiera.

Ya por fin llegaron al instituto, ya se les hacía un costumbre que un montón de miradas de fujoshis se clavaran en ellos, sobre todo el pelimorado, pues él sí que era consciente de ello, el peliazul no. Tras caminar un rato, llegó hasta la puerta del laboratorio, en donde se encontraba la joven científica que le devolvería su querido novio de vuelta a la normalidad. Tomó aire y miró un segundo al pequeño, para luego sonreír y entrar.

- Irene, ya llegué- dijo feliz el pelimorado, para ser recibido con un saludo de la castaña.

- Oh, genial, me alegro de verte.

- ¿Ya está lista?

- No, aún tengo que pasar sus recuerdos...- conectó la pistola a su ordenador, en donde estaban todos y cada uno de los recuerdos del peliazul, desde su nacimiento hasta los 15 años.

- ¿Cómo has...?- Bonnie miraba asombrado todos los recuerdos del moreno de piel.

- Tengo contactos, jeje- le sonrió-. Vamos, lo haremos en el recreo, ¿ok?

- Gracias.

- Un placer- y salieron de allí.

Pero como pasó una vez, se volvió a hacer. Irene volvió a olvidar cerrar la puerta con llave. Pero esta vez, fueron dos pelirrojas las que entraron al laboratorio.

- ¿Con que aquí están todos los recuerdos de Bon, eh?- dijo con malicia una de ellas.

- Sí... pero creo que esto no le hará falta recordarlo...- tecleó unos datos en el ordenador, borrando distintos recuerdos.

- Ni esto...- hizo lo mismo, borrando más recuerdos.

Y salieron de allí, soltando sonoras carcajadas malignas, cerrando la puerta.

(...)

- ¿Ya podemos? ¿Ya podemos? ¿Ya podemos?- y seguía insistiendo el pelimorado a la castaña, la cual iba perdiendo toda su paciencia.

- Sí, Bonnie... ya podemos- le contestó lo más humanamente posible que pudo, pues si le insistía más iba a estallar.

- ¡Yey!- gritó con entusiasmo el chico, siendo imitado por el pequeño de ojos verdes, quien levantaba sus bracitos, el cual estaba recostado en la espalda del de ojos rojos.

- Jajaja, okey, okey, pero cálmate ya- le agarró de los hombros un poco hartita ya, pero el pelimorado no borraba su reluciente sonrisa.

- ¡Venga, venga!- empujaba a la chica, intentando que Bon no se cayera de su espalda, el cual reía mucho por la actitud del mayor.

Tras mucho empujar, Irene y Bonnie llegaron al laboratorio, en el cual todos sus amigos estaban esperando, pues no se iban a perder cómo su amigo volvía a la normalidad, igual que el caso del pelimorado cuando fue su turno. Entraron todos al laboratorio, poniéndose a un lado, mientras el de piel pálida colocaba al peliazul encima de la mesa sentado y la chica de gafas cogía su pistola.

- ¿Listo?- le preguntó al pelimorado, el cual suspiró y le sonrió.

- Adelante- le dio un último beso en la frente al pequeño y se fue con el resto, al fondo del laboratorio.

Irene asintió, y se dirigió al peliazul, el cual la miraba con confusión, pues no sabía lo que le esperaba. Le apuntó con la pistola. Todos guardaron el aliento... Y un disparo se escuchó.

Una brillante luz blanca rodeó al peliazul, el cual lentamente iba aumentando de tamaño. Una vez se completó, un destelló salió disparado, obligando a todos cerrar los ojos. Entonces una nube opaca rodeó el laboratorio, y todos empezaron a toser. Tras un rato de tos, empezaron a abrir los ojos, para luego abrirlos como platos. Sobre la mesa se encontraba un adolescente peliazul, con el torso descubierto, y la parte inferior de un pequeño pijama rasgado, tapando, al menos, lo necesario. Nadie dijo nada... por unos 5 segundos.

- ¡Sí! ¡¡SOY UN GENIO!! ¡¿Dónde está mi premio nobel, eh?! ¡¿DÓNDE?!- preguntaba al aire la castaña.

- Eh... ¿y a esta qué le pasa?- preguntó confundido el recién crecido.

- ¿Bon?- el pelimorado se le acercó- ¿Me... me recuerdas?

El chico giró la cabeza.

- ... ¿Y tú eres...?

- Okey... no he dicho nada...- susurró la castaña al notar todas las miradas asesinas sobre ella.

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Palabras: 1230

... No tengo más que decir... :D

- Irene

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