Capítulo 17 El asalto
El educado invasor con inmaculadas ropas se presentó ante los líderes de las Tierras Oscuras, Finn, Dot y Lance sentían un aura poderosa de ese sujeto, la misma que sintieron el día que conocieron a Famin.
—¿Tú también sientes lo mismo?—le pregunto Dot a Lance.
—Si, lo siento—Lance dando un paso al frente, esa horripilante sensación de muerte que procedía de él bastaba para erizar la piel a todos.
—Chicos, díganme que no es un dragón—les susurro Finn, siendo escuchado por Carpaccio quien comenzó a reír.
—¿Un dragón? Que divertido, nunca he apuñalado uno—dijo, sacando su navaja, el elfo oscuro tenía la tendencia de herir a los demás para disfrutar el dolor, como lo hizo con Finn y hasta con el mismo, puesto que su tolerancia a este era sumamente alta, por no decir que no la tenía.
—¿Qué estás diciendo? No tienes idea de lo que pueden hacer.
El gran centauro con el ceño fruncido se dirigió al invasor, alzando sus patas delanteras al aire primero.
—¿Epidem? Y eso que, el irrumpir en una junta de esa manera, podria cortarte la cabeza.
Termopolita y Arianna se quedaron quietas, ellas también sentían que algo no estaba bien, en un abrir y cerrar de ojos, Epidem estaba frente a Hyperion, sus ojos fijos en los suyos, con un rostro oscurecido.
—Oh, en serio, lamento la intromisión, es que pensé que no estaban teniendo una charla especialmente afectiva, que tal para disculparme, puedo preparar un poco de té y dulces, adoro los dulces, estos puede hacer que la vida sea más llevadera, incluso puedo decir que hasta brindan paz y armonía, ¿no piensas lo mismo?
Sus palabras lejos de sonar amistosas eran tétricas, Hyperion tuvo un fuerte nudo en su garganta, pero no podía ser amedrentado por ese sujeto así que comenzó a reír.
—¿Té? No me hagas reír, nadie aquí es tan refinado, y lo que dije antes, cortarte la cabeza es en serio—saco su espada y la dirigió hacia él, el corte se suponía debía ser certero, pero la cabeza que rodo no era la de Epidem, sino la de Hyperion, el líder de los centauros cayo tan fácilmente.
Los gritos de los centauros que lo acompañaban enfurecidos por lo ocurrido se hicieron escuchar, mientras que los demás quedaron pasmados. El siguiente al mando de Hyperion tomó sus armas para atacar, Orter de inmediato se interpuso.
—Si van ahora, morirán, no tienen general.
Ellos obedecieron a Orter, quedándose en guardia.
—Pero que...—Termopolita se alzó en el aire, agitando sus alas.
Arianna por su parte usando sus telarañas subió a una rama, colgando desde arriba.
—¿Qué ha pasado?
Sin embargo, Epidem seguía tranquilo siendo el centro de atención, luego dedicó una mirada a los jóvenes vampiros y licántropos.
—Vaya, creo recordar que mi hermano Famin me habló de ustedes, ¿les apetece un dulce?
—Debes estar bromeando—Dot furioso por lo que había pasado en la montaña, rasgó su camisa y se transformó ante todos, el ahora lobo de casi dos metros con pelaje pelirrojo y grandes garras, gruñía al dragón.
—Que descortés, solo quiero brindarles una tarde especialmente bella.
—Deja de hablar tonterías—Lance junto a Dot queriendo cobrar venganza por lo que pasó antes.
Termopolita invocó a sus harpías para irse del lugar, abandonando a los demás a su suerte.
—No me quedaré a morir aquí.
—Lo mismo digo—Arianna tratando de huir.
—Esperen ¿Por qué se van?—Finn le reclamó, Margarette le sonrió.
—Es lo que hacen, ocultarse—le comento—.Como dijo Orter, nadie saldrá vivo.
—Sin embargo, no hiciste nada para convencerlos—Finn sin entender cómo podría abandonar la pelea, incluso para un cobarde como él, era patético.
—¿Convencerlos? Será difícil, querido, esa clase de egoístas no harían nada por otros. Le dije a Orter anoche, yo seguiría su teatro hasta que finalmente viéramos sus intenciones.
—Entonces, en primer lugar ¿Por qué vinimos aquí?
—Eso quisiera saber, el Orter que conozco jamás se hubiera tomado la molestia de venir para salvarlos, debe tener un plan, aunque no me lo ha contado.
—¿Un plan?—Finn corriendo para alejarse del área de combate, mirando como Orter se interpuso entre un gran tronco que aplastaría a unos pequeños elfos que se habían escabullido a ver la reunión.
«El los salvó...» pensaba Finn que solo había visto ese lado irascible del licántropo, sin tener idea lo que realmente estaba pensando.
Epidem ni siquiera se había transformado pero liberó gran cantidad de poder, la tierra comenzó a temblar, olas de energía emanaban golpeando a los protagonistas. Dot lo atacó directamente, pero su piel era tan dura que sintió como los huesos de su mano se fracturaron.
—¡Arg! Mierda, ¿de qué está hecho?
—Dot, tengo una idea—Lance señaló sobre ellos una cúpula—.Debemos al menos sacarlo de la ciudad, hay demasiados habitantes aquí.
—Entiendo.
El vampiro usó su poder único para dejar caer la cúpula que estaba construida con varios cristales, unidos por arcos de ramas, luego saltaron sobre los árboles para salir de ahí, dándole tiempo a los demás para huir.
El dragón solo sonrió, sabía cuál era su punto al hacer eso, pero decidió que caería en su trampa, Carpaccio también los siguió deseaba poder ver esa pelea.
Orter se dirigió hacia Termopolita y Arianna que aún intentaban escapar en ese caos, saltando de rama en rama mientras se tomaba la forma de ese gran licántropo, sujetando a la harpía de una pierna y a la araña de su telaraña.
—¡Suéltame!—la harpía desesperada.
Pero tras un gruñido, las azotó contra una copa de árbol, sus seguidores se quedaron pasmados, sabían de la gran fuerza del licántropo, con lo que desafiarlo sería la muerte, Orter las sostuvo fuertemente ahora de sus cuellos.
—Deja...nos—Arianna que apenas podía respirar.
—Solo vean lo que ha hecho y ni siquiera ha tomado su forma real, huir no es una opción, deben pelear.
—Tú...tú mismo lo dices...esa cosa no ha tomado su forma real, moriremos de todos modos.
—Es por lo que vine aquí, parte de la respuesta a su pregunta es que estoy harto de que nos vean como simples animales egoístas, ustedes también los llaman así, ¿no quieren hacerles ver que son diferentes? Que podemos ser gobernantes.
—Vamos a morir.
—No lo harán, si obedecen mis órdenes—Orter cuyas fauces abiertas tenían en completo terror a esas dos, Termopolita y Arianna se miraron entre sí, luego asintieron. Finalmente el licántropo las soltó—.Envíen un mensajero a sus territorios que evacuen a sus habitantes, los demás vendrán conmigo.
—¿Evacuarlos a dónde?—preguntó la princesa araña.
—Al reino de Easton—contestó él.
—Pides demasiado, ¿lo sabes?—Termopolita que lejos de sentirse agraviada por su trato, le sonrió, disfrutándolo.
—¿Qué me dices tú, Margarette?—junto a dos de sus jóvenes elfos asistentes, abrazando a Finn por sobre los hombros, contestó.
—Nadie estará a salvo, y al menos yo, no quiero morir, ¿cierto?—Margarette mirando al joven vampiro—-.Aunque deba aliarme con mis peores enemigos—le sonrió y tocó su mentón.
Orter lo observó con cuidado, mirando hacia otro lado de inmediato, Finn trago saliva puesto que no se había dado cuenta que estaba rodeado de enemigos de los suyos.
«¿En serio podremos confiar en ellos?...» cruzó por su mente.
No tuvo tiempo de seguir pensando en ello porque la batalla que tenían Dot y Lance contra su enemigo se volvió más fuerte, lo peor es que aún no se transformaba y parecía disfrutar como ellos estaban desesperados por golpearlo, en cada intento solo se daban de golpe contra lo que parecía ser una pared de metal
—Maldita sea, ese hijo de...—Dot viendo sus garras destrozadas, al menos le crecían rápido, Lance observó por unos instantes a Epidem y noto que su piel lucía agrietada.
—Espera, Dot, mira—señaló Lance, el licántropo se detuvo a verlo.
—¿Qué es eso?
Epidem se percató que al fin habían visto su poder, sonriendo comió unos dulces que traía en sus bolsillos. Habían subido lo suficiente para que a través de la gran bóveda de árboles se viera vestigios de algunos cuantos rayos de luz, aunque la mayor parte del tiempo el cielo era cubierto por capas de neblina, algunas vez se podía filtrar un poco de luz, fue cuando vieron que esas grietas estaban por todo su cuerpo.
—Son criaturas débiles, tan débiles que jamás van a penetrar mi armadura.
—Entonces eso es una armadura—comento Carpaccio—.Seria divertido atravesarla—le dijo, invocando de su navaja una magia que la impregnó para convertirla en una gran lanza.
—¿Podrías hacer eso?
—Soy un elfo oscuro, tengo todo tipo de trucos sucios—les contestó.
—Bien, atacaremos al mismo tiempo, debemos destruir su armadura—les dijo Lance.
—Un chupa sangre no puede decirme que hacer—le dijo el elfo que saltó hacia su enemigo.
—¡Imbécil!—el peli celeste miró a Dot atacando también.
El dragón simplemente se sacudió a los tres como si nada, es más, los veía como simples insectos, no eran rivales para él.
. . .
En el castillo de las glicinias vieron a tres individuos cruzar tres diferentes portales, eran Delisaster, Famin y Epidem, enviados por un hombre de cabello plateado y largo, cuya capa cubría su cabeza.
—Puedo sentir su poder, son dragones.
—Rayne, allá—Mash señaló a Meliadoul, ella seguía encadenada, los dos jóvenes intentaron escabullirse mientras se entretenían sus enemigos—¿A dónde crees que van?
—Probablemente a otras tierras, pero no podemos advertirles, solo espero que sean fuertes—Rayne siendo sincero, cuando llegaron a una puerta que contenía una escalera para bajar al primer piso, la tomaron, mientras se acercaban Mash vio una luz, misma que provenía de la sala del trono, su calor era intenso, se sentía familiar, cuando estuvieron a punto de cruzar el umbral de la puerta para rescatar a Meliadoul, Mash tomó la mano de Rayne.
—Espera...—le dijo, fue cuando la otra mano del vampiro tocó la luz, quemándose de inmediato.
—¡Arg!—Rayne se dolió, cayendo de espaldas en el regazo de Mash—¿Qué fue eso?
—Es el sol.
—¿Qué?
—Si, esa luz es idéntica al sol de mi mundo, por eso la sentí más cálida, Rayne no puedes cruzar esa sala o morirás quemado—le advirtió Mash.
—No puede ser—el vampiro jamás se había enfrentado al sol de la Tierra y era imposible para ellos saber la diferencia, salvo para Mash. Rayne se asomó un poco, solo lo suficiente para ver de dónde provenía, y noto unos cristales encima que tenían inscritos unas runas, recordando lo que Nicolas le dijo antes.
"Existe una habitación con la puerta hecha totalmente de plata con un sello de runas que emiten luz solar, la misma que la Tierra..."
«Si es idéntico a lo que Nicolas nos dijo de la habitación secreta, es obvio que quieren mantener a los vampiros alejados...»
—Rayne ¿Qué crees que debamos hacer? No miro a abuelo Wahlberg por ningún lado.
—Tienes razón, no está—Rayne acercó sutilmente su mano, de nuevo esa luz lo quemó—¡Arg!
—No hagas eso—Mash lo regaño.
—Si, lo siento.
«Debo pensar en algo rápido...»
Los tres dragones desaparecieron al fin por los portales, quedándose solo dos de ellos más el encapuchado que ellos sabían era Innocent Zero.
—Iré a patrullar los cielos—dijo Doom saliendo por la ventana, saltando para transformarse en ese enorme dragón.
—Padre, me quedaré a su lado—Domina con una rodilla en el suelo. Innocent Zero camino hacia el trono, sentándose en él.
—Cuando tus hermanos acaben con esos pueblos, no habrá nadie que quiera sublevarse ante nosotros, así enviaremos las fuerzas totales al castillo de Easton.
—Así es—Domina, inclinó su cabeza con una sutil sonrisa.
—No te saldrás con la suya—dijo la dragona intentando desatarse.
—Claro que lo haré, nadie puede detenerme, soy el primer humano inmortal, y llevare mi reino hacia la Tierra, rompiendo las barreras que nos separan.
—En serio crees que los humanos son antes, han pasado milenios, sus civilizaciones han evolucionado, tal vez ellos te conviertan a ti en su presa.
—En eso tiene razón, ellos cambiaron, pero cuando vean el verdadero poder, sabrán a quien inclinarse.
—¿Por qué? ¿Por qué deseas ser omnipotente?—le cuestiono Meliadoul.
Innocent Zero camino hacia ella, tomándola por el mentón, Rayne y Mash estaban cerca, ocultándose tras la puerta.
—Porque solo un ser omnipotente puede cambiar el destino—sus palabras aunque un poco vagas conlleva tristeza en ellas, Meliadoul y Mash fueron los únicos que lo sintieron, ella principalmente le vio y derramando una sola lágrima, dijo.
—Aunque reemplazarás tu corazón por corazones de dragones, sigues siendo humano, atado a la mortalidad y lo que significa.
Domina escuchó eso con atención, molesto en un movimiento extremadamente veloz, golpeó a la mujer dragón contra la pared, abriéndole un agujero en su estómago. Tanto Mash como Rayne lograron verlo por el picaporte, sintiéndose impotentes en esos momentos.
Innocent Zero la soltó, alejándose un poco.
—Te duele, ¿no? Eres un dragón, no podrías saber lo que es ser mortal, esa herida no te matara, cúrate, luego hablamos—tras decir eso, se dio la vuelta, fue así como Mash pudo ver su rostro, quedando impactado puesto que era el mismo de sus sueños, el hombre que decía ser su padre, su asombro fue tal que quedó inmóvil, Rayne sacudió su hombro.
—Mash...
—Es él...—murmuró, dirigiendo su mirada a Rayne, quien estaba confundido por lo que decía—.Soñé con él la noche antes de venir aquí, me dijo que era mi padre.
—¿Qué dijiste?—Rayne estaba sorprendido, eso sería imposible—.Mash, ese sujeto no puede ser tu padre.
—Vine porque quería encontrar la verdad de mi pasado ¿Quién me abandonó? ¿Por qué me dejaron en el mundo de los humanos? Yo soy humano, pero nací aquí, estoy confundido—Mash sujeto sus cabeza, doliéndole por todo lo que pasaba por su mente.
El vampiro sabía que era verdad, lo que Mash le decía, pero creerlo era difícil, tocando su cabeza, le dijo.
—Mash, yo te ayudaré a buscar de dónde vienes, pero por ahora, debemos salvar a Meliadoul, buscar a Wahlberg y destruir la piedra.
El humano levantó la vista y tras unos minutos, asintió.
—¿Qué haremos?
—Tengo una idea, no puedo entrar a esa sala por el sol reflejado en esos cristales, pero allá arriba—señaló el cristal con la runa—.Si Pochi nos ayuda a destruirlo, podríamos ayudar a Meliadoul, tal vez ella sepa dónde está el consejero del rey.
—Entiendo.
—Cuando Pochi la destruya usare mi poder único para terminar con los demás cristales, eso provocará un caos, entraremos y nos llevaremos a Meliadoul para huir.
Mash volvió a asentir y enviando a Pochi a la misión. Tal como dijo, el pequeño dragón voló sigilosamente hacia el cristal con la runa, derritiéndolo con su fuego, la luces se apagaron, Innocent Zero vio lo que paso, Domina se puso en guardia.
—Eso es—señaló a Pochi que volaba para alejarse.
Partissan...
Rayne invocó su lluvia de espadas, las esquirlas de los cristales comenzaron a volar por todos lados, Domina se apresuró a cubrir a su padre.
—¡No dejes que escapen!—le ordenó Innocent Zero a Domina, que tras emanar una gran cantidad de fuego incineró todas las esquirlas.
Rayne y Mash llegaron a Meliadoul.
—Idiotas, deben irse, es una trampa.
—¿Qué?—Rayne vio cómo Domina se transformó en dragón y arremetió contra ellos, Mash sujeto fuerte las cadenas.
—No podrás hacer nada, son irrompibles.
—¿En serio?—Mash las arrancó como si nada, su fuerza sobrehumana era bastante clara superior a la de Meliadoul, la dragona tomó la mano de Mash.
—Debemos irnos, antes que esas cosas...
Innocent Zero mandó abrir las puertas y miles de ghouls encontraron, solo basto un hechizo del mago humano para liberar sus cabezas de esas ataduras, sus rostros eran horribles, sus bocas supuraba pus además de un aroma pútrido, de sus ojos emanaba sangre negra, con movimientos rápidos fueron contra ellos.
Domina sujeto a Rayne contra el suelo con su pata.
—Nos vemos de nuevo.
—Maldito dragón—Rayne invocó una espada en su mano y le hizo una herida, Domina se dolió, provocando que emitirá una bocanada de fuego, pero Mash le dio un golpe directo en la cara, Meliadoul que también se transformó para alejar a los ghouls con el movimiento de sus alas se sorprendió.
«¿Es posible que sea tan fuerte como un dragón? ¿Quién es realmente este humano?...» pensó ella.
Innocent Zero que parecía tranquilo, se acercó a Mash por la espalda, el chico sintió un gran escalofrió, dándose la vuelta para tomar distancia, ningún ghoul se acercaba a él.
—Mash Burnedead, al fin nos vemos en persona.
—¿Quién eres?
—Todavía lo preguntas, yo soy tu pa...
—A otro con ese cuento viejo, no eres mi padre—le dijo Mash que golpeó el suelo abriéndose una grieta para alejarse de este, cuando vio el brillo en el cuello de Mash, reconociendo enseguida lo que era.
—Esa llave—la señaló—.La conozco.
Mash de inmediato la ocultó y miró hacia otro lado.
—No sé de qué llave hablas.
—La vi bien, está ahí en tu cuello.
—No, no es cierto—el rostro de Mash lucía completamente indescifrable, Innocent Zero no podía creer que mintiera de esa manera.
—Jovencito, no digas mentiras.
—¡No oigo nada, soy de palo, tengo orejas de pescado!—Mash se cubrió las orejas y le dio la espalda.
En su batalla Rayne estaba por ser carbonizado por Domina solo que Pochi apareció ante él, también con su aliento de dragón, bloqueando su ataque.
—Pochi...—Rayne que fue herido por la garra de Domina.
—¡Rayne, Mash, Wahlberg está en la mazmorra que da al mar, en la parte norte!—dijo ella, mientras sus ojos veían esa pupila característica animal—.Yo los detendré, vayan por él, está muy herido.
—Así que sabías estaba vivo.
La mujer le sonrió, fingir ser débil era mejor para obtener información, ella lo sabía perfectamente.
—Entendido—Rayne corrió hacia Mash, tomándolo de la parte trasera de su abrigo—.Vámonos.
—¡Aaah!—Mash siendo arrastrado hacia la puerta por donde bajaron.
—Domina, no dejes que se escapen, necesito a Mash Burnedead.
El dragón le dio un coletazo a Pochi, estrellándose contra la pared, Meliadoul quiso intervenir para detenerlo, pero Innocent Zero se interpuso con su horda de ghouls.
En el castillo, Rayne y Mash corrían hacia la dirección que les indico la dragona, subiendo por las escaleras, escuchando detrás los derrumbes provocados por su persecutor, entre más subían se daban cuenta que sería difícil escapar de Domina.
—Mash—Rayne se detuvieron en una ventana, la cual se podía ver a lo lejos la torre donde estaba la mazmorra—.Tu ¿Puedes llegar allá? Me refiero, solo.
Mash se le quedó mirando y luego pasó la vista hacia la dirección de la mazmorra, asintiendo.
—Bien, ve, yo distraeré a ese dragón, luego de encontrar a Wahlberg vayan a la sala secreta donde está la piedra, solo tú puedes hacer esto, Mash, destruir la piedra filosofal, por eso Nicolas te escogió.
—Pero...
—Ve, no te preocupes y buena suerte, Mash Burnedead—tras decirle eso, lo empujó por la torre, Mash solo sintió como sus pies ya no tocaban el suelo, cayendo.
En un giro de eventos, usando sus manos desnudas encajo sus puños en la piedra, deteniendo la caída, luego miró hacia arriba, una gran llamarada de fuego salió por la ventana, con un malestar en su corazón, era un dolor, recordando el rostro de Rayne, pero él había confiado en que salvaría a Wahlberg y destruiría la piedra.
. . .
En las Tierras Oscuras, Orter organizó al grupo de harpías, centauros, aracnes y elfos oscuros para pelear, mientras parte de la población era evacuada lejos del peligro, el mismo trato de armar una gran trampa con el tiempo de Lance, Dot y Carpaccio les estaban dando.
Finn solo lo veía dar órdenes junto a Margarette.
—Lleva a tus mejores arqueros y magos hacia este punto.
—¿La bóveda mayor?
—Si, vamos a encerrarlo.
—Mis harpías iremos a distraerlo en el aire, esa cosa no tardará en transformarse—dijo Termopolita.
—Arianna, usaremos sus redes, las más resistentes de este mundo para atarlo, una vez que Termopolita lo atraiga.
—Entiendo—la princesa araña junto a sus miles de patas se dirigieron al punto donde tejerían la red.
De pronto un gran estruendo hizo temblar el suelo, el joven vampiro miró al cielo, sin darse cuenta de que un gran tronco estaba por aplastarlo, pero fue salvado por Orter, dejando a los demás impactados, en especial Margarette.
—Vaya, eso no se ve todos los días.
El vampiro que era abrazado por la gran bestia de Orter transformado, se aferró a su pelaje.
«Que extraño, huele bien, ¿así huele un licántropo?...» el chico levantó la vista y sus penetrantes ojos de animal lo observaban.
—No estorbes, ve con los demás—señaló al grupo que se dedicaba a evacuar.
Sus palabras le dolieron, lo estaba tratando como su hermano, apretó los puños, bajando de su regazo.
—Si—contestó muy serio, para luego irse.
Margarette se acercó a este.
—Querido Orter, eso fue un poco rudo.
—No dije nada que fuese equivoco.
Entre las copas de los árboles más altos, la niebla volvió a cubrir todo el valle y montañas, la oscuridad se apoderó de todo de nuevo. Los tres jóvenes estaban cansados de pelear, nada de lo que hiciera podria si quiere herirlo, Epidem seguía tranquilo.
—Creo que va siendo hora de acabar con esto—al decir eso, toco uno de los troncos, en el suelo comenzaron a emerger varias copias suyas, cuando Orter las vio se sorprendió que tuviera la capacidad de hacer eso, una de las harpías atacó a una de esas cosas, sin embargo, fue aniquilada al pensar que solo eran muñecos, esa cosa la atravesó con lo que parecía una estaca metálica negra.
—¿Qué demonios son esas cosas?—Arianna que estaba concentrada en la fabricación de la red.
De otros troncos emergieron más, atacando a las aracne, Orter fue tras esas cosas, usando sus fauces les arrancaba la cabeza, aunque provocaba mucho daño. Epidem noto que sus clones morían, sintiendo que ese licántropo en especial sería problemático.
—Me pregunto si podré llevarme a alguien interesante, digo, nuestro padre requiere más ghouls, y fuertes, sería perfecto.
—Ni siquiera lo pienses—Dot intentando de nuevo rasgarlo con sus garras aunque estas a diferencia de las de Orter no hacían daño. Esos tres no se daban cuenta de lo que pasaba abajo—.Mierda—había sangre saliendo de sus uñas, lamiéndolas para regenerar el tejido.
Carpaccio realizó otro ataque, mientras que Lance usó su poder único contra el mismo Epidem.
Graviole...
Más el dragón, no se inmutaba, su poder no era suficiente.
—Maldita sea.
—Como dije, me llevaré a unos cuantos, mis hermanos también harán lo mismo, es cansado esperar a que mueran esos malditos niños.
—¿De qué estás hablando, lagartija voladora?—le reclamó Dot.
—Hemos esparcido una enfermedad por toda la tierra de Easton, cada vampiro que cae se vuelve energía para nuestros ghouls, poco a poco he drenado sus inmortales vidas.
—¿Qué dijiste?—Lance al escuchar eso, encajaba perfectamente con lo que pasaba su hermana, no solo ella, sino varios vampiros por lo que sabía, pensando en el estado de su hermana—¿Ustedes tuvieron que ver con esa enfermedad que asola a mi querida y tierna hermanita?
—¿Cómo podríamos crear suficientes ghouls? Fue un experimento que salió muy bien, ¿no crees? Me jacto de ser el precursor.
—¿Qué quieres decir?—Lance molesto por sus insanas palabras.
—Al final, tu tierna hermanita sirvió para un propósito mayor, y al morir, se convertirá en uno de ellos, ¿no es maravilloso?
La sola idea de perder a su hermana dejó a Lance helado, pero el hecho que fuese por ese dragón, no podría perdonarlo.
—¡Eres un maldito!—se lanzó contra él, usando una y otra vez su poder, pero nada lo afectaba, Epidem comenzó a reír.
—Ya ve, no tienes nada de agradecimiento.
—¿Cómo podría tener agradecimiento? Estás llevándote a mis seres queridos—el peli celeste se descuidó y en una ráfaga de aire.
La sola idea de ver a su hermana convertida en ese tipo de monstruo hizo enfurecer a Lance, atacándolo, Epidem lo esquivo como si nada, y sin ninguna emoción le dijo.
—Deberías sentirte feliz, por ser parte de la gracia de mi padre.
—¡Eres un infeliz!
—¡Hijo de pu...!—Dot tan furioso como Lance al tratar la vida de otros como basura.
Los dos lo atacaron al mismo tiempo, Dot con sus garras y puños así como Lance con sus poderes, simultáneamente lo intentaban herir, la piel lentamente de Epidem se rompía hasta que en un punto, este detuvo a ambos, a Dot con un gran golpe estrellándose contra el tronco de un árbol, quedando incrustado y perdiendo su transformación, con Lance lo atrapó del cuello, apretándolo lentamente.
Al ver eso, Carpaccio no pudo moverse, en ese punto ya no estaba seguro si lo habían herido o no.
—Dot...—Lance al ver al licántropo sangrado por ojos, oídos y boca.
—Te lo dije, me llevaré a algunos para la colección de ghouls de nuestro padre, como ese licántropo.
—No...no te atrevas—el fuerte agarre de su cuello lo estaba dejando sin aire, pronto se desmayaría.
Por otro lado, Dot perdiendo la consciencia podía escuchar la voz a lo lejos de Lance, era como un sueño o una terrible pesadilla, sentirse tan insignificante.
«No puedo proteger a quien me importa, no soy suficientemente fuerte ¿Qué debo hacer? ¿Cómo puedo ser más fuerte?...»
Sus pensamientos llenos de pesimismo, frustración y dolor, podían ver en su mente a Lance.
«¿Por qué solo lo veo a él? ¿Por qué me importa tanto?...» Dot recordando esa noche cuando Lance pidió beber su sangre, no quería admitirlo pero le gusto demasiado, ese placer que sentía cuando succionaba su sangre, ver su rostro triste por su hermana, quería consolarlo, por eso le permitió hacerlo, pero había algo más, algo que Dot aún no era consciente.
—Terminare contigo primero, así no miraras a tu hermana morir—Epidem extendió la palma de su mano hacia Lance, que perdía la consciencia, de esta salieron varias barras de metal negro—.El oricalco es un metal precioso que en alguna época lo compartimos con los humanos, esto es parte de mi poder, lástima que mis copias no tengan la misma dureza—murmuro eso ultimo.
Lance se dio cuenta que esas grietas que vieron en realidad era ese metal que protegía su cuerpo, por eso era invencible y justo ahora, estacas de ese metal matarían acabando el juego.
—¡DOOOT—llamó al licántropo, el grito llegó a oídos de este, al mismo tiempo, Orter percibió con su agudo sentido que algo estaba por pasar.
Finn que llevaba a los elfos más pequeños a un lugar seguro, también sintió una perturbación extraña en el ambiente, Termopolita, Arianna y Margarette igual.
—¿Qué es?—murmuró Finn para sí mismo, de pronto viendo un clon metálico frente el, asustándose, protegiendo con su cuerpo una elfa oscura—¡NO!—pero Margarette evoco de su voz un sonido tan estridente que provocó que el metal se rompiera. Su magia era dirigida al sonido, con ella podía hacer cosas impresionantes, decía que la naturaleza tenía sus propias notas musicales y él solo se encargaba de guiarlas.
—Cuidado, pequeño vampirito.
En la cima, Lance era atravesado por esa estaca en su cuello, la sangre salió a borbotones, si terminaba por cercenar la cabeza moriría sin poder hacer absolutamente nada, pero justo en ese instante, Epidem sintió una corriente eléctrica recorrer su cuerpo, deteniendo su ataque un momento, antes que buscará la fuente de ese poder, un rayo rojo extraño fue hasta él, despidiéndolo en el aire, este tuvo que transformar sus alas de dragón para evitar la muerte usándolas como escudo, Lance ya no estaba en sus manos, sino en los brazos de ese licántropo pelirrojo, cuyo pelaje creció, volviéndose aún más intenso su rojo, aumentando su tamaño casi a tres metros, no era otro más que Dot.
La presión de energía que emitía era increíblemente abrumadora, soltando un aullido, por su parte Orter se vio rodeado de más copias sin tener la oportunidad de ir a revisar lo que pasaba en la pelea con Lance y Dot.
Mientras tanto, Lance abrió los ojos para verse en las garras de un licántropo aún más grande, los ojos inyectados en sangre se fijaron en él, su hocico tiraba mucha saliva.
—¿D...Dot?—la estaca de metal fue retirada de su garganta.
La bestia que ahora estaba ante él, era Dot, uno muy diferente, dejó al vampiro en una rama, recargándolo en ella a sus espaldas, luego fue tras Epidem.
—¿Qué cosa eres tú?—Epidem impresionado por su fuerza, notando que había una cruz en su frente la cual brillaba, este licántropo volvió a soltar rayos que explotaban al contacto, el dragón no tuvo otra oportunidad más que transformarse por completo, enviándolo al aire con un colazo, luego morderlo.
Lance herido y sin tener la oportunidad de regenerarse por la gravedad de sus heridas, lo miro, dolido, intentó llamarlo, puesto que podía ver que sea lo que sea que sucedida, ese no era Dot. El licántropo había mutado y atacaba sin piedad al dragón que se defendía, en un momento, este le arrancó un brazo, luego provocó una explosión en su cara, Epidem se alejó, pero devoró el brazo que le arrebató.
—Maldito—le dijo, viéndose por primera vez herido al tomarlo a la ligera, la gruesa capa de metal que recubría se craqueo. Carpaccio estaba impactado por lo que veía, sin embargo, Dot volvió a atacar, no solo al dragón sino a Carpaccio que estaba justo detrás de este.
—¿Qué?—no pudo moverse, moriría si lo mordía, pero en ese instante apareció Orter y sostuvo sus fauces con sus manos.
—¡Alto!—le ordenó, pero Dot no hizo caso, intentando matarlo también.
Epidem vio la oportunidad de matarlos a los dos de un solo ataque de fuego, pero Termopolita y sus harpías ya lo tenían en su trampa.
—¡Orter!—le gritó a este.
—¡Suéltenlas!—le llamó a Arianna, la princesa de las arañas soltaron las redes, Epidem cayó al suelo, parecían retenerlo, pero no sabían por cuánto tiempo.
—¡Dot!—Lance con trabajo logró llegar cerca de Orter y Dot, el licántropo pelirrojo intentaba devorarlo.
—Maldita sea, me obligarán a esto—Orter atacó su cuello, mordiendo tan profundo que lo desangró, Dot se dolió y soltó un aullido, Lance no podía creer lo que hizo.
—¡No te atrevas a matarlo!
—Si no lo hago, nos matara a nosotros—le dijo—.Es la maldición de la marca de la Crux, la marca del clan Adler.
Lance debía impedirlo pero estaba demasiado débil para detenerlo, cuando estaba por darle otra mordida, alguien apareció.
Change...
Carpaccio desapareció y en su lugar estaba Finn, quien saltó hacia Orter y lo abrazó por su espalda, rodeándolo con los brazos del cuello.
—¡No lo hagas!
—Finn...—Lance sorprendido de verlo ahí.
Orter se detuvo de inmediato, viendo el rostro de Finn, el cual le sangraba la nariz, intercambiarse por otra persona, era algo que no esperaba pudiera hacer, distrayéndolo lo suficiente para que soltara a Dot, quien se alejó de este hacia Lance, parecía que iba atacarlos.
—Tu amigo morirá—le advirtió a Finn cuando vio a Dot ir tras él otro vampiro a punto de morderlo, pero lejos de eso, en cuanto tocó a Lance este volvió a su estado original, cayendo en brazos del otro, desmayado.
Finn se sintió aliviado de verlo bien, aunque no pudieron festejar su recuperación, dado que Margarette apareció.
—Orter, es hora de irnos, no sabemos cuánto más soportará la red de las aracne, ya todos se fueron.
—Si—el gran licántropo volvió a su forma humana, Finn se quedó abrazado de su cuello, pero cuando quiso alejarse, este lo sostuvo de su cintura.
—¿Qué?
—Tu, ayúdalos—Orter le ordenó a Margarette tras señalar a Dot y Lance.
—Ay, por favor, no soy tu niñera—se quejó el líder de los elfos oscuros, pero aun así obedeció.
. . .
En el castillo de las glicinias, Mash llegó con Wahlberg al fin, dándose cuenta de que le faltaba una extremidad.
—Eso se ve feo.
—Es peor, créeme, joven Mash.
—Abuelo, debemos irnos—el chico humano destruyó la puerta de un golpe, sacando al anciano de ahí.
Rayne por su parte seguía peleando contra Domina y Meliadoul contra Innocent Zero.
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