Capítulo 22

Ariel está cerca de mí, a un par de metros. Sentados sobre el terreno arenoso, arranco pequeñas hierbas que crecen de éste. Hemos estado así por alrededor de una hora, calculo.
Supongo que yo no sé que decir y que el rubio está calculando cual de sus preguntas tiene más prioridad.

—Entonces, ese hombre de gafas... —No me mira, espera a que yo complete la frase y muy a mi pesar, lo hago.
—Mi padre. —La finalizo por él, dándole la respuesta que busca.
—Y ellos... ellos... nos metieron... —Se lleva las manos al cabello, revolviéndolo y aplastándolo.
Creo que no quiere incomodarme pero ahora mis dudas han florecido también dentro de él.

—No lo sé. No sé porque nos metieron ahí pero fue culpa mía—confirmo, recordando las palabras del hombre al que ahora podría llamar padre.
—¿Culpa tuya? —Suspiro, preparada para lo que viene ahora.

—No dice la verdad, ella no puede ser mi madre. Una madre jamás le haría algo así a su hija. —Me tapo los oídos, no quiero escucharlo. No quiero saber lo que tiene para decir.
—Lo siento mucho, Laurie.
Pero ella lo hizo por tu bien-
—¿Por mi bien? ¡Estoy harta de oír esas idioteces! ¡Ella creó un mundo de fantasía para mí!

Entonces acomoda sus gafas y traga saliva. Siento que hay algo atascado en su pecho que no sabe como sacar.
—Laurie... —Hace una pausa.
—...Tu madre no creó Binhtown.
Fuiste tú. —Y sólo necesito esas palabras para huir de allí.

Cuando termino de explicarle todo, Ariel se pone de pie y me señala con una sonrisa. Frunzo el ceño.
—¡Te ha mentido, pequeña!
—asegura y parece aliviado a un nivel muy alto. Respira profundo, como si se hubiera quitado un gran peso de encima.
—¿Por qué crees eso? No tiene razones para mentirme... creo.
—Humedece sus labios y se acerca a mí.

—Cuando llegaste a Binhtown, eres apenas una niña. ¿Cómo ibas tú a crear todo un jodido mundo? Eso no es verdad, Laurie. Te ha mentido. —Lo que dice mi compañero es cierto y me crea más dudas pero, ¿por qué querría ese hombre hacerme creer que fuí yo?

No sé cual de las dos teorías creer pero hay algo que tengo muy claro; ese hombre no me ha contado toda la verdad. De eso estoy segura. Hay una parte de ésta que permanece oculta, enterrada bajo el desolador paisaje de «este lado».

—¿Y ahora qué hago, Ariel?
—Se encoge de hombros.
—No tienes nada que hacer, pequeña. Ignora todo lo que te ha dicho, no vale la pena. Los del muro no son tan diferentes de esa vieja loca. Todos mienten, todos manipulan. —Por un lado, tiene razón. Pero por otro...

—¿Por qué a mí? —Y parece que el muchacho me da una respuesta por defecto, algo obvio que todos ven salvo yo.
—Porque eres una nueva defectata, eres manipulable.
Seguramente formas parte de un plan más grande. —Ruedo los ojos.

—¿Y vamos a quedarnos así, sin más? ¿Sin saber lo que sea que viene después? —El joven agarra mi brazo para que me incorpore.
—¿Aún no lo has entendido, Laurie? En este lado la vida es oír pero no escuchar, mirar pero no ver y callar para sobrevivir.

Después de la conversación con Ariel, no he podido volver a mediar palabra, la cabeza me duele tanto que podría estallarme en cualquier momento.No logro enfocar mi visión, los objetos y personas a mi alrededor están borrosas y eso me hace sentir aún peor así que mantengo los ojos cerrados.

James y el rubio pelean, no han dejado de hacerlo en horas pero no encuentro la fuerza necesaria para interponerme entre ellos.

Sin embargo, cuando me siento mejor, veo mi gran oportunidad en la discusión de los jóvenes.
Estoy totalmente desarmada pero en esta ocasión, no voy a necesitar ningún arma o eso espero. Del macuto que esa mujer me regaló, saco la última prenda de ropa que queda limpia. Una sudadera de color
verde oscuro que me pongo encima de mi camiseta.

Me acerco despacio a la salida de la cueva, asomo la cabeza apenas unos centímetros para mirar más allá. Los jóvenes discuten a metros de mí. Me pego a la pared y voy saliendo poco a poco, escurriéndome por ésta.

El bosque me ayuda a camuflarme junto con la sudadera verde y no tardo en perderles de vista, rezando porque ninguno de los dos note mi ausencia en menos de una hora.

Recuerdo bien a donde debo dirigirme y con la brújula que ese hombre me regaló, no tardaré en llegar allí. Eso si los cazadores o los chicos no me encuentran antes. Cuando he caminado lo suficiente para tener un margen de distancia, me detengo. Del bolsillo de mi pantalón saco tiras de tela de un color medio entre el blanco y el marrón muy claro. Por los golpes que le dí a la tierra y la pelea con Ariel, tengo heridas en mis manos. Heridas que pueden dificultar demasiado mi trayecto si no hago algo para evitarlo.

Con la boca, rompo la tira de tela en dos piezas. Me vendo la mando izquierda con la derecha con ayuda de mi boca y un poco de dificultad. Pero al tratar de vendarme la otra mano, es cuando llegan los problemas.

Detrás de mí, oigos unos extraños ruidos que me obligan a esconderme tras un árbol de grandes dimensiones. Mientras me apoyo en mi pierna para vendar mi mano derecha, oigo sus voces.
—Debe estar por aquí...
¡No ha podido ir muy lejos!
—No reconozco a quien pertenece. Por mi lado pasan un hombre y una mujer, no les conozco pero no parecen cazadores.

Sigo mi camino cuando ya se han marchado. Veo un árbol de naranjas y pienso en la pésima idea que ha sido no traer ninguna tela más con la que recoger comida.

Miro de un lugar a otro, me saco la sudadera y luego la camiseta interior. Con las mangas, hago un nudo que tapa el hueco de la cabeza. Meto tantas piezas de fruta como puedo y luego, con la parte de abajo de la prenda, tiro de las costuras para romperla lo suficiente para poder hacer otro par de nudos y cerrar la improvisada bolsa.

Cojo un palo del suelo, paso el pequeño hueco de la camiseta por él y me lo pongo en el hombro, sosteniendo con mi mano el otro extremo.

Tengo que caminar alrededor de cuatro kilómetros, atravesar el río, caminar otros dos y llegaré hasta mi objetivo; el muro.
Algo se mueve entre los matos, distingo una figura, dejo la improvisada bolsa en el suelo y preparo el palo, lista para golpear.

Pero entonces, por ellos aparece el cuerpo de un chico, un adolescente que mira con preocupación a su alrededor.
Y de repente, lo comprendo.
Era él a quien esas personas buscaban pero ¿por qué?
¿Quién es este niño?

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