🚩Extra [+18]
ANTES DE LEER:
¡Bienvenidos al primer extra de Danger Zone!
Antes de empezar, me gustaría comentar un par de cosas:
1. Este extra es la parte que no se llegó a ver en el Capítulo 18: Un momento. Les recomiendo leer ese capítulo antes para tener un mejor contexto de la situación.
2. Este extra, aunque no es muy explícito, sigue entrando en la categoría +18. Lo advierto en caso de que alguien que no se siente cómodo leyendo este tipo de cosas.
Aclarado esto, ¡disfruten la lectura!

Bellamy pasó primero por la florería para dejar el Corvette y cambiarse de ropa antes de encontrarse con Connor. Durante todo ese tiempo, no dejaba de mirar su reloj, haciendo cálculos mentales: podía darse el lujo de llegar quince minutos tarde al entrenamiento, pero ni un segundo más. Tendría que ser riguroso con el tiempo. Connor había prometido que sería un paseo corto, y Bellamy se aferraba a esa promesa.
—¿Vas a salir otra vez? —preguntó Eva cuando lo vio en la puerta.
—Iré a practicar con el equipo.
Su tía asintió, dispuesta a dejarlo ir sin hacer más preguntas, pero de pronto frunció el ceño, como si algo no terminara de encajar.
—¿No deberías llevarte el casco? —preguntó—. Sé que entrenan a las afueras de Altamira, pero tampoco seas imprudente. No querrás echar todo por la borda, ¿o sí?
«Mierda», pensó, aunque por fuera solo dejó escapar una risa nerviosa.
—Claro, sí... el estúpido casco —murmuró, dándose media vuelta para ir a buscarlo a su habitación. No fue hasta que regresó con él en la mano que su tía pareció conforme.
—No te metas en líos —advirtió antes de dejarlo ir.
Bellamy solo asintió antes de apresurarse a salir. El tiempo jugaba en su contra, así que no tuvo más opción que esconder el casco dentro del bote de basura frente a la florería. Sabía que se arrepentiría de eso —y de otras cosas también—, pero en ese momento no había espacio para el remordimiento.
Solo esperaba que Eva no notara que no se había llevado el Corvette. Y si lo hacía, ya pensaría en alguna excusa. Al fin y al cabo, ¿no era eso lo que hacían los chicos de su edad? Mentirle a sus mayores, a los profesores y meterse en líos sin pensar demasiado en las consecuencias.
Caminó un par de cuadras, maldiciéndose por no haber traído una chaqueta mientras el viento frío le calaba la piel. Se sintió aliviado al ver los faros encendidos del Corvette de Connor a unos metros, iluminando la calle oscura. Connor había insistido en pasar por él a la florería, pero Bellamy se había negado rotundamente. Su tía era demasiado observadora.
Se subió al coche y dejó escapar un suspiro de alivio al sentir el calor envolvente del interior.
—No pensé que pudiera hacer tanto frío en esta maldita ciudad de...
Connor lo interrumpió con un beso rápido, pero lo bastante profundo como para dejar a Bellamy sin aliento. Sus labios sabían a lima-limón, igual que la bebida que solía tomar. Bellamy apenas alcanzó a corresponder antes de que Connor se separara con una sonrisa satisfecha.
—Lo siento —dijo con aire triunfante—, pero después de mi gran hazaña de hoy, sentí que merecía un premio.
Bellamy lo miró entrecerrando los ojos, frunciendo apenas el ceño.
—¿Y no se supone que, si es un premio, yo debería dártelo?
—Podrías darme otro —ofreció Connor, inclinándose hacia él, con una sonrisa insinuante.
Pero Bellamy se apartó, dejando unos centímetros entre ambos, y le devolvió una sonrisa maliciosa.
—Mejor cuéntame de tu gran hazaña —replicó, disfrutando del modo en que lo hacía esperar—. Tengo veinte minutos.
Connor no se molestaba por sus intenciones; las notaba, las entendía, y más bien se deleitaba con el juego. Se incorporó en su asiento, encendió el motor del Corvette y bajó el freno de mano con una sonrisa confiada.
—Tiempo de sobra.
Le contó todo sobre su carrera, exagerando con entusiasmo cómo había logrado rebasar a su oponente tras un error que casi le cuesta todo. Bellamy ya lo sabía, la había presenciado, pero fingía sorpresa, reaccionando justo donde debía para inflar el ego de Connor, porque sabía que eso lo hacía brillar. Lo conocía cada vez mejor: sus virtudes, sus manías... y también sus puntos débiles.
Incluso sabía qué tipo de música disfrutaba.
—¿De verdad te gusta esta canción? —preguntó al verlo golpear el volante como si fuera una batería mientras conducía, igual que Bellamy lo hacía en su soledad.
Connor asintió.
—Es Money for Nothing. —Subió el volumen—. ¡Claro que me gusta! ¡Solo escucha esta introducción!
Connor estacionó el Corvette en una calle solitaria, a unas pocas cuadras de la florería, y comenzó a fingir que tocaba la guitarra al ritmo de la canción que sonaba. Movía los dedos con exageración, como si estuviera en pleno concierto. Bellamy no pudo contener la risa; se burló de lo ridículo que era... o quizá lo encontró aún más fascinante de lo que ya le parecía. Al fin y al cabo, ambos estaban en sus veintes; la edad perfecta para ser tontos, ridículos y absolutamente libres.
La introducción terminó, y Connor bajó el volumen de la música con una sonrisa satisfecha.
—Y lo demás de la canción es algo... decepcionante —dijo—. Si mi mejor amigo me escuchara diciendo esto, creo que le daría un infarto.
—Al menos no elegiste el camino de la música —comentó Bellamy—. No creo que sea tu tipo de arte.
—¿Música? No, jamás. Me gusta escucharla, pero no creo que pueda tocar ni una nota. —Cruzó los brazos detrás de su cabeza, apoyándose en estos—. ¿Cuál es tu talento artístico, Jer? El mío es el dibujo, pero el tuyo debe ser...
—No todos tenemos uno —acotó.
Connor giró la cabeza para verlo.
—¿Ni uno?
Bellamy vaciló, pero esta vez, algo dentro de él lo impulsó a abrirse un poco más. Por primera vez, se atrevió a compartir fragmentos de su pasado y de quién era. El miedo seguía allí, latente: el temor a revelar demasiado, a cruzar una línea invisible, o peor aún, a ser rechazado por lo que confesara.
—Cuando era niño, quise aprender a tocar el piano, pero mi padre... él no estuvo de acuerdo —admitió—. Así que renuncié a ello.
—¿Padre estricto? —preguntó Connor.
—Muy —replicó.
—Lo entiendo, mis padres tampoco son los mejores —dijo, girando todo el cuerpo hacia Bellamy y señalándolo con un dedo—. ¿Sabes qué tipo de arte creo que te iría perfecto?
Bellamy frunció el ceño, curioso.
—Te escucho.
—Actuación.
Bellamy se tensó por un instante, convencido de que Connor ya había descubierto su secreto y estaba a punto de confrontarlo, diciéndole que sabía que solo estaba fingiendo, que todo era un papel.
—Es que juro que te he visto en otro lado y, como no supe dónde ubicarte, decidí imaginar que eras un extra en alguna película —añadió Connor, y la tensión en Bellamy aumentó más—. ¿Me equivoco?
Bellamy estaba casi seguro, en un noventa y nueve por ciento, de que se refería a una carrera de Fórmula 3; de seguro lo había visto en televisión o en alguna revista. Aun así, mantuvo la calma para no levantar sospechas.
—Claro que te equivocas, jamás he actuado en mi vida —respondió.
—Sí, me lo temía —dijo Connor, desviando la mirada hacia el frente—. Desde la primera vez que te vi, algo en ti me pareció familiar. Tal vez fue solo mi mente tratando de justificar por qué me gustabas tanto... o quizás, de verdad, nos conocemos de antes.
—Estás equivocado —respondió Bellamy, captando de inmediato su atención—. Tú no sabías quién era yo, y yo tampoco sabía quién eras tú. Solo somos dos desconocidos.
Connor alzó una ceja.
—¿Seguimos siéndolo?
—Claramente.
—¿Incluso después de ese beso?
Bellamy dudó. No, ya no eran completos desconocidos.
—Bueno, no; no después de eso.
Connor se acercó a él con movimientos sutiles y calculados, deslizándose por el asiento mientras su mano se desprendía del volante y descansaba cerca de la palanca de cambios, a centímetros de la pierna de Bellamy.
—¿Entonces qué se supone que somos, Jeremy? —preguntó.
Estaba tan cerca que Bellamy podía percibir el aroma a cuero de su chaqueta, sentir la calidez de cada exhalación y distinguir cada cabello suelto que caía con naturalidad sobre su frente.
—Un momento —respondió, porque así se sentía, como un instante donde se permitía experimentar todo, donde dejaba de pensar e incluso de respirar.
—¿Un momento? —inquirió Connor con un susurro.
Bellamy cruzó su mirada con la de Connor; el azul celeste y el plateado se encontraron en la penumbra, iluminándola.
—No quiero pensar en el futuro. Por una vez, solo quiero disfrutar lo que tengo frente a mí. —Con calma, alzó la mano y la posó en la nuca de Connor, acercándolo hasta que sus frentes se rozaron—. Incluso si es una pésima decisión.
Connor desvió la mirada hacia los labios de Bellamy y, sin dudarlo, volvió a besarlo. Bellamy correspondió al instante, saciando tanto la necesidad de Connor como la suya. Sintió una mano firme en su espalda baja que lo impulsó a levantarse un poco del sillón, acercándose aún más. Sus labios se unieron con una pasión creciente, hasta que ambos quedaron sin aliento.
Connor se apartó, pero una sonrisa adornaba su rostro.
—Me gusta —dijo.
Bellamy lo miró con extrañeza.
—¿Qué cosa?
—Lo que somos —murmuró entre besos—. Seamos un momento... Aunque solo sea uno.
Bellamy sonrió contra sus labios, el deseo creciendo con cada caricia y anhelando fundirse con él. Su mano se deslizó con urgencia bajo la camisa de Connor, recorriendo su torso y sintiendo cada músculo tensarse ante su toque. Connor, con fervor, lo empujó hacia atrás, sus cuerpos rozándose de manera electrizante mientras cruzaba el estrecho espacio de la cabina del coche, pasando sobre el descansabrazos y la palanca de cambios.
Se posicionó sobre Bellamy y comenzó a despojarlo de la camiseta roja que llevaba puesta, sus dedos rozando la piel expuesta para memorizar cada centímetro. Bellamy respondió arrancando la chaqueta de Connor, tirándola a un lado sin preocuparse dónde caía.
El silencio volvió a envolverlos por unos segundos, solo perturbado por las respiraciones entrecortadas de ambos. Bellamy sentía que el corazón se le iba a salir del pecho, como si su cuerpo hubiera decidido adelantarse a cualquier pensamiento racional, reprochándose por haber escalado el nivel, pero a la vez tan deseosos de continuar.
Connor, por otro lado, no dudaba. Lo abrumaba con cada nuevo toque, y aún así no quería que se detuviera. Deslizó una mano por el costado de Bellamy con suavidad, erizando su piel. Se estremeció ante el simple roce, sorprendiéndose con lo fácil que reaccionaba con algo que, hasta ese momento, le resultaba desconocido... pero no aterrador.
Connor lo miró, arrugando las cejas con consternación.
—Estás temblando —murmuró, sin reproche—. ¿Te encuentras bien?
Bella cerró los ojos un instante, reuniendo el valor para sostenerle la mirada cuando volvió a abrirlos.
—No estoy asustado ni nada por el estilo —aseguró, con un dejo de vergüenza—. Solo... no quiero hacerlo mal.
La confesión quedó suspendida entre ambos. Nunca antes había hecho esto, llegar a tal nivel de intimidad con alguien. Durante años estuvo tan enfocado en su carrera, en que primero debía conseguir toda la gloria antes de disfrutar que se olvidó de los placeres más básicos. No debía sentirse apenado por ser inexperto, pero en sus peores fantasías imaginaba a alguien burlándose de él por ello, por regodearse de ser el mejor, pero no conocer algo tan carnal.
Connor lo observó durante un largo segundo, y por un momento temió que se riera, o que se apartara, o...
—No existe una forma correcta —dijo entonces y, con delicadeza, apoyó su frente en la de Bellamy, respirando con él, marcando un ritmo lento y tranquilo—. Solo la nuestra.
Bellamy no pudo evitar sonreír con discreción, tragándose un ligero nudo en la garganta que se le había formado y agradeciendo en silencio la comprensión. Connor volvió a besarlo, pero esta vez con una intención distinta. Fue más despacio, más consciente, tomándose el tiempo de explorar su boca, de detenerse cuando Bellamy necesitaba recuperar el aliento, de volver a empezar como si estuviera enseñándole a escuchar su propio cuerpo.
Bellamy respondió con torpeza al principio, pero su confianza fue en aumento. Le quitó la camiseta a Connor y sus manos se aferraron a sus hombros, primero en busca de apoyo y luego para atraerlo más hacia él. El espacio reducido del coche hacía que cada movimiento se percibiera más: el roce de sus cuerpos expuestos, de sus piernas, el peso de Connor sobre él, incluso el leve crujido del asiento debajo de ellos.
Connor dejó que sus labios descendieran con lentitud por su cuello, por su pecho, marcando un camino con besos que ardían en la piel de Bellamy. Cada contacto, por pequeño que fuera, provocaba una reacción involuntaria en él, un suspiro, una exhalación entrecortada. El calor en la cabina iba en aumento, volviéndose casi insoportable.
El pelinegro se aferró la cremallera de los pantalones de Bellamy, pero antes de hacer cualquier otra cosa. Se volvió hacia él.
—Mírame —pidió con un susurro.
Bellamy obedeció, su pecho subía y bajaba con rapidez, la excitación crecía y quería más y más. Había deseo en sus ojos, sí, pero también algo más profundo: entrega, expectativa, y también plena confianza.
—¿Quieres hacer esto? —preguntó Connor—. Si en algún momento quieres parar...
Negó con la cabeza antes de permitirle terminar la frase. Su mano se aferró a su brazo, apretándolo.
—Quiero esto —afirmó Bellamy con premura—. Solo... ve despacio.
Connor asintió y bajó la cremallera. Se acercó más, dejando que sus cuerpos se acomodaran mejor el uno contra el otro conforme introducía su mano al interior de su ropa. Sus dedos recorrieron el miembro de Bellamy con decisión, aunque todavía con cuidado, provocando una corriente casi eléctrica que le atravesó la espalda, obligándolo a arquearse y a aferrarse con las uñas a Connor antes de que el placer se asentara en su estómago. Con la mano que tenía libre tuvo que cubrirse la boca para contener un gemido de placer, reduciéndolo a una exhalación temblorosa.
Bellamy lo imitó después, copiando los movimientos con una excitación desesperada dentro del pantalón del otro chico. Connor trató de contenerse mordiéndose el labio inferior, cada roce arrancándole una reacción que ya no podía disimular. Terminó estrellando una palma contra el vidrio empañado del coche, aferrándose a él como a un ancla mientras su respiración se volvía errática.
Cuando ambos alcanzaron el límite, se relajaron sin pensarlo, apoyando sus frentes entre el hombro y el cuello del otro, compartiendo el calor y el temblor que aún les recorría el cuerpo.
Por un instante, el mundo allá afuera dejó de existir por completo.
Las luces de coches lejanos apenas y se filtraban por el parabrisas; el sonido de la música que todavía salía de la radio era un eco distante. Solo existía ese momento entre ambos, ese punto en donde su deseo había alcanzado su mayor plenitud.
Connor fue el primero en apartarse. Su cabello negro se pegaba a su frente por el sudor del esfuerzo y el calor húmedo que se había asentado en la cabina. Lo miró a los ojos, todavía recuperando el aliento.
—Este momento... —murmuró—. Fue perfecto.
Bellamy no pudo contener la sonrisa que nació en sus labios, evolucionando a una carcajada que parecía burlona por el comentario, pero en realidad, era felicidad pura. Le gustaba saber que estaba haciéndolo bien, que generaba algo en el chico que los demás no serían capaces de replicar, y no solo por el acto de intimidad, sino por la conexión que habían creado entre ambos. Incluso el secreto que guardaba, en ese momento, se sentía como una provocación excitante.
—No te rías —reprochó Connor, aunque la risotada que se le escapó lo delató—. Lo digo en serio.
—Lo sé —respondió Bellamy, acercándose un poco más—. Y por eso me gusta.
Lo besó, porque no encontró otra forma de expresar todo lo que sentía. Connor le devolvió el gesto al instante, con una intensidad renovada; sus bocas se encontraron con más hambre, más necesidad. Las manos de Connor descendieron buscando cercanía, arrancándole a Bellamy un suspiro que no logró contener.
—Siempre haces eso —susurró Connor contra sus labios.
—¿Qué?
—Hacer que pierda el control.
Bellamy sonrió apenas antes de volver a besarlo. El pelinegro se separó un segundo y apoyó una mano en su pecho, sintiendo el latido acelerado bajo la palma.
—Podemos detenernos... o no —dijo en voz baja.
Bellamy sostuvo su mirada, el pulso desbocado.
—No quiero detenerme —confesó—. No contigo.
—Jeremy...
—Quiero más —lo interrumpió, con la voz cargada de decisión—. Quiero todo.
Connor exhaló despacio, como si esas palabras le hubieran atravesado el pecho. Acortaron la distancia que quedaba entre ellos, y las pocas prendas que aún los separaban terminaron por desaparecer. La cercanía se volvió magnética, casi abrumadora.
Sus cuerpos se rozaron con una urgencia creciente. El aire se tornó pesado, y las respiraciones se hicieron más fuertes, menos controladas. El placer los tensaba hasta dejarlos rígidos, para luego soltarlos en oleadas que les arrancaban gemidos ahogados. Las manos recorrían piel caliente, dejaban marcas rojizas y se enredaban en cabellos.
—Connor... —susurró Bellamy, con la voz temblorosa.
—Estoy aquí —repetía él.
El coche se sentía demasiado pequeño para todo lo que estaban compartiendo. Cada roce era eléctrico, cada palabra susurrada parecía alimentar el deseo. Los cristales se empañaron y la tapicería guardó huellas silenciosas de un placer tan intenso que quedaría grabado.
—No sabía que podía sentirse así —admitió Bellamy entre respiraciones agitadas.
Connor sonrió contra su piel.
—Ni yo... hasta ahora.
Cuando por fin sus cuerpos les pidieron descanso, se dejaron caer en los asientos del coche, recuperando el aliento. Compartieron una mirada de complicidad, y Connor entrelazó sus dedos con los de Bellamy.
—Esto fue... —comenzó Bellamy, pero las palabras se le quedaron cortas; ninguna parecía suficiente para hacerle justicia a lo que aún le vibraba en el pecho.
—Lo sé —respondió Connor, con una certeza tranquila. No necesitaba escucharlo para entenderlo.
Llevó la mano de Bellamy hasta sus labios, donde depositó un suave beso. Fue un gesto delicado, casi reverente; un agradecimiento silencioso por la confianza.
Había algo más entre ellos; algo que no necesitaba nombre. Ambos se habían entregado por completo a ese instante, a lo que eran... y, por ahora, eso era suficiente.

Este extra lo tenía planeado como un especial para las 100 mil lecturas, pero empecé a leer el libro por diversión y me dieron muchísimas gracias de volver a escribir sobre mis corredores nada heterosexuales. 😔✊
Para ser honesta, este tipo de escenas no son mi especialidad (siempre las hago fade to black) porque me gusta mucho más escribir la tensión entre los personajes que el acto en sí. Sin embargo, sé que muchos se quedaron con ganas de leer a detalle lo que sucedió entre Connor y Bellamy, y quería darles un pequeño regalo. A nivel técnico... ¡ME COSTÓ DEMASIADO! ¡¿Saben lo difícil que es escribir este tipo de marranadas cuando los personajes están en un espacio tan reducido como un coche?! ¡Malditos corredores y sus fetiches raros! 🤌 Okey, no, solo estoy bromeando jajaja (tal vez).
En fin, como de costumbre, les agradezco muchísimo por apoyar mis historias y tomarse el tiempo de leerlas, comentar, dejar sus votos y darle tanto cariño a mis personajes y a mí. ¡Les mando un abrazo y nos leemos pronto! ❤️🫂
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