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Una invitación inesperada
«Papááá, cuando sea garande quiero hacer patelilos»
Decía el pequeñito entre sonrisas, jugueteando con sus mini utensilios de cocina y el rostro lleno de harina.
Y es que desde pequeño, SeokJin siempre mostró gusto por el negocio familiar, terminando siempre con el rostro blanco de harina cada que su padre le daba un poco para que juguetear por ahí.
Más tarde, el pequeño comenzó a ayudar a su padre en la decoración de los panquecillos, para en un futuro, convertirse en el panadero oficial de la pastelería.
La pequeña pastelería de los Kim, "The Sweet Crown" se destacaba como la mejor entre la clase media, sin embargo, cuando SeokJin comenzó a inmiscuirse en la preparación de los dulces manjares que se vendían en la pastelería, la reputación y reconocimiento de la pastelería aumento en gran medida, convirtiéndose entonces, en la "mejor pastelería del Reino Blanco".
Cómo era de esperarse, la voz se corrió de manera rápida, hasta que llegó a oídos del Rey Blanco, quién movido por la curiosidad y su amor por las cosas dulces comenzó a realizar pedidos a la tan famosa pastelería.
Fue así como "The Sweet Crown" de convirtió en la abastecedora oficial de Palacio, llenando de sus deliciosas creaciones las fiestas del monarca.
Al paso de los días, la curiosidad del monarca aumento al desconocer aún el rostro de la persona que preparaba tan deliciosos panquecillos.
Y es que solo unos pocos conocían al muchachito, de visitas al mercado, o al toparlo por casualidad en las callejuelas del reino.
La mayoría de las personas que habían llegado a conocer al adorable jovencito, quedaban prendadas de sus hermosos rasgos y su delicadeza nata, y es que SeokJin desbordaba elegancia con cada paso que daba, sus ojos oscuros brillaban inocentes y cautivadores, aquellos labios rojizos parecían irreales a la vista de todos e incluso las doncellas más bellas del reino se sentían envidiosas de aquellos esponjosos y rojizos labios, su piel perlada combinaba a la perfección con aquellos negros cabellos, dándole un aspecto hermoso al jovencito.
Pero SeokJin no solo era hermoso por fuera, sino que también lo era por dentro, y es que la dulzura del adorable muchachito, se veía reflejada en sus creaciones, dejando entrever a los ciudadanos del Reino Banco que aquellos deliciosos panquecillos eran el reflejo de su creador. Siempre sonriente, siempre amable, SeokJin tenía un corazón hermoso, lleno de bondad, ternura y amor.
Cierto día, SeokJin se encontraba en la pastelería, sonriendo y cantando mientras preparaba los panquecillos que días antes se le había notificado serían necesarios para la siguiente celebración en Palacio. Las habilidosas manos del muchacho daban forma a las pequeñas tartas, mientras tarareaba canciones al meter las tartas al horno, sus manos estaban algo enarinadas y con manchas de betún aquí y allá, pero al muchacho aquello lo tenía sin cuidado.
Con pasó lento, SeokJin camino hasta la parte delantera del local, sonriendo a su padre quién atendía gustoso a los clientes.
—Que tenga buen día —murmuro el muchacho con una sonrisa, viendo las mejillas de la jovencita tornarse rojizas al recibir un poco de atención del hermoso muchachito.
—Gracias —murmuro apenada, girándose para salir del local.
La vista del muchacho la siguió mientras reía bajito por la reacción de la chiquilla, fue entonces cuando lo vio, con su traje blanco y algunos toquecillos dorados aquí y allá.
Se mantuvo sereno a pesar de que sabía, él había notificado que los postres estarían listos para más tarde, desconociendo entonces, la razón de que aquel mensajero real se encontrará en su pastelería a esas horas de la mañana.
—Buen día, respetable señor Kim —saludó formalmente el hombre, inclinándose en una reverencia de 90° ante los dueños del local—. Joven Kim —saludó en esta ocasión al jovencito, quién solo dió un asentimiento de cabeza al hombre.
—¿Que lo trae por estos rumbos en una mañana tan esplendorosa? —preguntó con amabilidad el padre de SeokJin.
—Tengo correspondencia para usted, mi respetable —dijo firme, girando su rostro a la bandolera que colgaba de su hombro.
SeokJin frunció un poco su entrecejo al no comprender aquella visita y el porqué el cartero real tendría correspondencia para ellos. Con mirada aguda el pelinegro se mantuvo atento a lo que el hombre sacaba de aquella bandolera marrón, la cual era el único accesorio de color, además de los toques dorados en su traje, que acompañaban al hombre de traje blanco.
Después de unos segundos de búsqueda, el hombre volvió a girarse hacia los dueños de la pastelería, entregando la carta con una reverencia.
—Gracias —murmuro desconcertado el padre del pelinegro después de haberse girado hacia su hijo con la finalidad de que este tomara la carta, sin embargo SeokJin levantó sus manos, mostrando la harina y betún en ellas.
El cartero solo asintió, volvió a reverenciar a ambos y se fue sin una palabra más.
—¿De Palacio? —fue lo único que atino a decir el pelinegro, mirando con curiosidad el sobre blanco con florecillas en tonalidades lila adornando el lado izquierdo del sobre.
Su padre se encogió de hombros sin saber que responder y con manos temblorosas comenzó a abrir el sobre.
SeokJin se mantenía atento a lo que su padre acaba del interior del sobre, viendo como este extraía una rosa blanca del interior, seguida de una invitación especial al siguiente baile que se realizaría en palacio, especificando con claridad, que el rey, anhelaba conocer a la persona que se encargaba de hacer los panecillos y pastelillos que le eran enviados a palacio, porque según las mismísimos palabras del Rey: "mi corazón se llena de dulzura con sus exquisitos postrecillos"
El señor Kim abrió en demasía sus ojos, girándose hacia su hijo con una enorme sonrisa.
—¿Has terminado con los postres que se enviaran a Palacio?
El muchacho negó, aún le faltaban algunos cupcakes por decorar y unos pasteles por hornear.
—Déjalo para más tarde —dijo sonriente, guardando la invitación en el sobre—. Debemos ir con el Pavo Real y obtener uno de sus trajes para esta noche.
—No creo que al señor Kwon le agrade ese apodo —hizo un gesto el muchacho.
—Eso es lo de menos en este momento, apaga el horno, lávate esas manos y vístete para salir, iremos a conseguir algunos ropajes para el baile de Palacio —parloteaba el hombre mientras desataba su mandil—. ¡Mujer, ven rápido! —gritó, caminando hacia la entrada del local, tenemos que sa... —la voz del señor Kim se fue alejando.
SeokJin se mantuvo en silencio un momento, suspiro sin mucho ánimo y sin importarle lo sucias que estaban sus manos tomo el sobre del mostrador donde su padre lo había dejado lo abrió y leyó el mismo la invitación, volvió a suspirar resignado. A él no le gustaban los lujos, no le llamaba la atención conocer el Palacio, ya había pasado gran parte de su vida sin poner un pie en aquel sitio y prefería seguir de ese modo, sin embargo, aquella noche sería la primera de muchas en la que el muchachito tendría que asistir a aquel lugar.
Tomo la rosa blanca con cuidado y la observó con detenimiento, acercó la flor a su nariz y olfateo el aroma de esta, una mueca se formó en su rostro al identificar el aroma de la rosa mezclado con otro perfume mucho más fuerte y desagradable a su parecer.

♔
Hola hermosuras, primer capítulo oficial de esta pequeña historia.
En verdad espero que les haya gustado ❤️ aquí arribita les dejé un edit de la carta que envió el Rey Blanco a nuestro Jinnie 👀
Les mando muchos besitos cariñositos y nos estamos leyendo, las amito mucho 😘😘
✿Kim☆Palomita✿
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