🖤 Capítulo 4 🖤

              🖤 Capítulo 4 🖤

Any

Me detengo un segundo para regular mi respiración. Salir a correr temprano me ayuda mucho a pensar. Anoche no pude dormir bien pensando en aquellos retiros de las cuentas. Me pasé hasta tarde tratando de buscar algo que me diera alguna señal, una respuesta, pero nada. No me gustan las cosas desconocidas porque me hacen sentir desprotegida, vulnerable, sin argumentos o ideas para defenderme si hay problemas. Debo estar alerta a partir de ahora y averiguar todo este rollo.

Aprieto mi coleta que se empezaba a caer y vuelvo a correr de regreso al edificio donde vivo, antes de que quiera volver a llover. Me doy una ducha rápida para desayunar. ¿Qué suelo desayunar? Pues algo ligero, tres tostadas con mantequilla y jugo, pero esta vez cambié el jugo por un café, necesito estar bien despierta. Como aún el clima está algo húmedo me visto con un vestido de mangas hasta las muñecas de color azul (mi otro color favorito) con las mismas botas negras de ayer. Cojo una chaqueta porque el vestido tiene parte de la espalda abierta y hace algo de brisa afuera. Pongo un poco de base debajo de mis ojos para ocultar unas ligeras ojeras que me salieron y dejo mi pelo suelto para tapar un poco mi cara de "solo dormí tres horas". Abajo como de costumbre ya me espera Joshua.

- Veo que te has convertido en mi chófer particular. –sonrío cuando me encuentro sentada a su lado dentro del auto

- Nick lo ha querido así, aunque no me molesta.

Sin que me lo ordene me coloco la venda negra a la que me he acostumbrado estos tres días. Solo espero que no dure demasiado. Me pongo a cantar en voz alta la canción que tanto amo de mi querida Ariana Grande.

- Cantas mucho esa canción. –me dice Joshua

- Si, es una de mis favoritas. –siento de momento su mirada en mí

- Se puede saber el por qué.

Sonrío y le cantó el estribillo.

- "Tú, te encanta como te muevo
   Te encanta como te toco, mi único
   Cuando todo esté dicho y hecho
   Creerás que Dios es una mujer.
   
    Y yo, lo siento al pasar medianoche
    Un sentimiento que no puedes pelear, mi único
    Perdura cuando terminamos
    Creerás que Dios es una mujer".

- Siempre me han subestimado por ser una mujer, –hablo para explicarle– nunca me dan en serio. No pueden creer que tenga una puntería impecable, un puesto tan alto, que sea atrevida, egocéntrica o engreída y buena en la cama. ¿Sabes por qué? Porque todas esas cosas definen a un hombre y que una mujer lo sea...

Me callo por un momento. Pasé por muchos prejuicios en la agencia. Muchos hombres me envidiaban, algunos me odiaban y otros solo me veían como un pedazo de carne. Si estoy en el lugar que estoy fue por mis méritos, por convertirme en una sobreviviente y pasar por encima de cualquiera. Les sellé la boca a todos y les demostré quién soy. Pero aún no es suficiente, aún me siguen viendo cómo lo que soy, una mujer.

- Es por eso –continuo– que hago las cosas a mí manera y siempre con un objetivo: que me vean como cualquier otra persona, que crean que "Dios es una mujer".

No me gusta ser el títere de nadie, yo soy el titiritero.

Nick

Están pasando cosas delante de mis propias narices y no me he dado cuenta. ¿Para qué mi padre retira ese dinero en secreto? Siempre nos contamos todo y además, sea lo que sea que está planeando hacer debe comunicarlo ante los demás jefes.

Expulso el humo del cigarrillo y vuelvo a darle otra calada. Sonrío de momento pensando en que si mi madre estuviera aquí me diría:

"Entre el cigarro asqueroso ese y el alcohol no vas a llegar ni a los 60".

Solía decirle eso a mi padre siempre y hasta ahora a resistido. Mi madre es una mujer de pelo castaño y de unos ojos del mismo color. Ella se fue a vivir a Roma cuando cumplí la mayoría de edad, hace 8 años. Dice que no quería ver como su hijo se destruía la vida. La extraño un montón, ya que solo me visita en mi cumpleaños, las demás veces debo ser yo quien vaya a verla pero mayormente estoy muy ocupado. Y mi padre va a pasarse una semana al mes con ella, por más que no le agradó la idea de que su mujer se fuera tan lejos tuvo que aceptar (a regañadientes) su decisión.

- Señor Nick. –una de las empleadas de la casa se me acerca– la señorita Any acaba de entrar en su oficina.

Había dicho que me avisaran cuando llegara. Ella tiene un aura de misterio y reto a su alrededor que me atraer. Me gustaría conocerla mejor.

- Gracias. –dicho esto se retira

Tiro el cigarro al suelo y lo apago con la suela de mi zapato. Salgo de mi jardín para ir directo a su oficina.

- Hola. –digo asomando la cabeza

- Hola señor Murray. –mira en mi dirección y sonríe

Entro por completo y me acerco a su escritorio.

- ¿La molesto?

Ella apaga la laptop y me presta total atención.

- Para nada, acabo de llegar. Además, usted es mi jefe, siempre debo tener tiempo para atenderlo.

- Que bueno –me acerco más a su silla– porque tengo una invitación que hacerle.

- ¿Invitación? –pregunta enarcando una ceja, perfecta como ella

- Sí. –me mira con atención– Joshua me dijo que eres nueva en la capital. Así que me gustaría llevarte a un lugar.

Se lame los labios y no puedo dejar de mirarlos. Hoy solo lleva brillo labial sobre ellos, haciéndolos más llamativos para mí. Se ven suaves y llenos.

- Vamos a ser sinceros. ¿Es una invitación o una c-i-t-a? –deletrea lentamente la última palabra

- Puedes tomarlo como quieras o elegir la que más te convenga, princesa.

Infla una de sus mejillas como una pequeña niña cuando está pensando que dulce elegir. Esa es una de las tantas cosas que me atraen de ella, que no tiene intención de algo conmigo como la mayoría de las mujeres, solo que le gusta seguirme de vez en cuando el jueguito de seducción.

- Espero que seas un buen guía. –dice después de unos segundos de silencio

Le tiendo la mano y ella la acepta para ponerse en pie.

- Te prometo que te vas a divertir.

Salimos en mi auto a nuestra aventura. Ella llevaba los ojos vendados mientras yo pensaba a que sitio llevarla. Si la llevaba a un parque de atracciones me podría ver como alguien infantil, si la llevaba a un restaurante pensaría que quiero ser romántico y si la llevo a una discoteca, algún bar o club pensaría que quiero solo seducirla. Vaya problema. De repente me viene una idea a la cabeza cuando recordé algo que me dijo.

Aparqué en nuestro destino y la ayudé a bajarse aún sin quitarle la venda. Con cuidado la guíe para que no tropezara. No paraba de preguntarme donde estábamos y solo le respondía con risas y un "ya casi". Cuando ya estábamos en donde quería le quité la venda lentamente. Al mirar a su alrededor abrió tanto los ojos que pensé que se le iban a salir.

- Es-esto es.... –no parecía encontrar las palabras

- ¿Te gusta? –pregunté algo nervioso

Ella empezó a caminar por el lugar, a mirar por todos lados.

- ¿Que si me gusta? Me encanta. –y por primera vez desde que la conocí la ví sonrojarse– Gracias.

Y con esas palabras empezó a recorrer aquella biblioteca antigua. Pertenecía a mí abuela que murió ya hace unos años, después de mi abuelo. Ella amaba los libros al igual que Any. Recuerdo que solía traerme para que la ayudara a organizar sus colecciones, se podía decir que me divertía. Any tocó cada libro y recorrió cada rincón con una sonrisa. Era como si esa fachada de chica dura se hubiera caído de momento. Por fin pude leer sus expresiones y gestos. Así pasamos un buen rato, la biblioteca es bastante amplia.

Hasta almorzamos en ese lugar, pues fui preparado. Conversamos durante horas sobre libros, autores y poesía. No me gusta mucho la literatura pero ella no me aburría. Cuando cayó la tarde nos dispusimos a irnos.

- Puedes escoger un libro para llevarte y leer. –le digo

Dubitativamente agarró uno y me lo mostró.

- ¿Orgullo y Prejuicio? –pregunto curioso

- Nunca terminé de leerlo. Un día de lluvia se me cayó en un charco y se me estropeó el libro que tenía. –me comentó

Toqué la portada del libro y también sus muñecas. Nuestras miradas se mantuvieron por un tiempo.

- Es tuyo, te lo regalo.

- No es necesario, te lo puedo devolver después de que termine de leer. –se libró de mi caricia

- No seas tan orgullosa. –río y ella también

Cojo su mano derecha y la conduzco hasta la salida. La pasé genial hoy y espero que ella también.

- ¿Podemos venir otro día de nuevo? –me pregunta, le encantó el lugar

- Cuando quieras, solo me dices. ¿Ok?

Asiente y me dedica una sonrisa.

Cuando estamos a varios metros de llegar al auto este explota de momento haciéndonos caer hacia atrás. Aún un poco aturdido, rápidamente busco a Any. Ella se sienta tocándose la cabeza al parecer algo mareada. No sé porque algo me dice que esta explosión no es un simple accidente.

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