CAPITULO 13


AMELY
El sonido de un acero teniendo una dura caída y ante el contacto contra el piso, se siente seguido de que pronuncié el nombre de Caldeo.
¿Eh?
Por mi posición, no puedo ver a mi agresor.
Pero sí, sentir como notar que ambos.
Y hasta el mismo Pablo.
Tanto nuestras posturas como miradas, van a 'ami.
Para ser específicos a sus manos.
Que momentos antes y de forma amenazante, sostenían su sable hacia mi atacante y en mi defensa.
Y ahora.
Ambas libres de ella y aún, permaneciendo abiertas frente suyo, como si hubiera quedado la mujer congelada en el tiempo.
Por pequeños segundos y sin dejar de mirarnos a ambos, bajo su máscara protegiendo su identidad.
Fijo.
Y profundamente.
Seguido a dejarse caer de rodillas contra el piso y con ambas sobre su frente y al piso, como mirada baja contra él.
¿De forma, sumisa?
Niego.
Nop.
Va más allá de eso.
Ya que su postura.
La observo más.
Aunque es de entrega y rendición ante mi agresor.
Dice a gritos toda su actitud y ante esa posición.
Que es una reverencia de respeto.
Devoción.
¿Y amor?
Para luego, ay Dios mío.
Ver como nuestra 'ami querida, elevando los dedos de una mano que momento previos, firmes y certeros al volante del coche manejaron con precisión regresando al gran hotel como empuñaron su arma, que ahora yace en el suelo olvidada.
Temblorosa van al borde del paño que cubre su cara bajo su Kafhiyyé guerrero, para descubrir su rostro y revelarle su identidad.
Seguido de mirar con cariño ya sin nada cubriendo este y llena amor con lágrimas en sus ojos y recorriendo estas, ambas mejillas surcadas por el tiempo.
A la persona, que me tiene contra mi voluntad.
Y algo me sacude.
Y es el cierto temblor del pecho como cuerpo de la persona, que me tiene aún contra él.
Y con ello, el afloje de la punta filosa de la daga en mi garganta, como sus poderosos brazos reteniéndome.
Para luego, vacilante murmurar.
- ¿Lála...min 'ant? (Lála, eres tú?)
Y yo pestañeo.
Sorprendida.
Muda.
Y testigo de esto, como Pablo sin moverse desde su lugar.
Cuando vemos como nuestra dulce 'ami asiente y manteniendo aún, su postura de reverencia, amor y sin dejar de llorar silenciosamente.
A Caldeo.
Sip.
Como leyeron.
El mismísimo hermano Kosamé de mi muertito en vida y marido de mi mejor amiga de la infancia y el alma.
Que liberándome de su agarre de forma lenta y con pasos pausados.
Y tan lleno de emoción como ella.
Camina en su dirección y se deja caer, también de rodillas y sobre sus talones.
Frente a ella.
- ...aietarafat li 'annaha mjrd tfl, ya 'amir...(me reconociste y siendo solo un niño, mi príncipe). - Susurra 'ami, acunando con sus manos su rostro con amor y con su mirada empañadas por las lágrimas.
- Qult la lihimayati walttahadduth lifatrat min alwaqt, laqad nasit kayf nnafeal dhlk...(Me decías que no hable, para protegerme). - Responde él. - ...lakannani lm yans 'abadaan aldhdhakirat wa'ann habbi al'amhat kawajh min baladi Lála...(y por un tiempo, olvidé como hacerlo, pero nunca olvidé ese recuerdo de amor maternal como rostro de mi Lála). - Y también él, ahora desliza hacia abajo su máscara para que lo vea. - ...por más años que pasen... - Finaliza sonriendo tímidamente y acariciando con el dorso de su mano y bajo su guante con ternura, una mejilla de 'ami.
Y ay mierda, otra vez.
Como que la emoción, no me deja traducir lo que corno se dijeron.
Pido disculpas, si lo esperaban.
Pídanselo a Cristo, el escritor de nuestra historia después.
Pero sí, capté en toda esa charla, el nombre de Lála.
El nombre de la mujer que según Juno me contó una vez, fue el de la nodriza que escapó de África y cuidó a Caldeo de niño en América, contra la furia de su padre y por orden de su madre la reina asesinada, tiempo después.
Y mis manos suben a mi boca, para ahogar mi gemido de tantas emociones encontradas, que estoy empezando a sentir y al ser partícipe de todo esto y notar que también Pablo lo es, liberándose de su máscara para enjugarse los ojos con el puño de su traje de vestir.
Toda yo, soy mezcla de sorpresa, impresión y enternecimiento.
Y de las dos que más me invaden, recordando donde estamos y provocando que mire a todos lados y comprobar la habitación en que estamos metidos y que solo, somos nosotros cuatro.
Agitación y conmoción.
No solo, por si aparece gente del ruso.
Sino.
- Ay, re mierda... - Se escapa de mis labios, al darme cuenta de toda esta situación.
Por si aparece.
Carajo.
El mismo Constantine.
Y los hermanos Kosamé, por ende.
Se vean sus jodidas y hermosas como exóticas caras, frente a frente.
Caldeo se voltea al sentir mi blasfemia y viene a mí, dando un beso de respeto como cariño a ambas manos de su nodriza, tomándome de sorpresa con un abrazo profundo.
Para luego mirar a 'ami y Pablo.
- Entiendo todo... - Murmura, ante un dedo elevado por Pablo a modo de explicar tales circunstancias de vernos acá.
Pero calla, al ver que prosigue Caldeo y que vuelve su mirada a mí, para mirarme con cariño.
- ...gente de Cabul vino a salvarte de las garras del ladrón de mi hermano disfrazándote...
¿Qué?
Y miro para todos lados perpleja, por no entender.
¿Qué, quién dijo?
Huy.
Como, que está confundido.
Y quiero acotar algo yo ahora explicando esta rara realidad, pero afirma totalmente convencido y oscureciendo su mirada cristalina y tan hielo, al nombrar ese nuevo personaje que no tengo idea quién es y que parece que odia tanto como culpa de mi presencia acá.
Su mirada se torna de un gris plomizo por la ira.
- ¿Fue él, verdad? - Me recorre con la mirada de arriba abajo, cerciorando mi bienestar. - ¿Te tocó Amely? - Gruñe entredientes.
¿Por quién, lo dice?
Si es por su hermano.
Uf, si supiera como y de qué, forma...
Y me mira raro, ante mi blanqueo de ojos, bajo mi atuendo y que quiero decir algo, pero vuelve a interrumpirme.
- ...cómo rayos llegaste acá, Amm?
Y la claridad llega de golpe, iluminando mi cerebro.
Carajo.
No.Puede.Ser.
Ahora, entiendo todo.
Porque, ese ladrón que odia y Constantine.
Son la misma persona.
Y Caldeo por su mirada interrogante, no lo sabe.
No intuye.
No percibe.
Que lo que tanto amó.
Como sigue amando.
Veneró.
Y venera, aún.
Hasta el punto que el mismo destino maniobra sus piezas, dichos puzzles que son Constantine y Caldeo, por ese lazo de amor incondicional como hermanos.
Y miro a 'ami que bajo su leve sonrisa, me lo afirma recogiendo del piso su sable y ocultando nuevamente su rostro.
Maldición.
Ella lo sabía y todo comienza a encajar en mi mente.
Porque, entonces...
Y sonrío para mis adentros, negando y notando el atuendo guerrero de Caldeo.
Su sabio hijo y maestro de ellos, también.
Y por ende.
Tanto Lála como Cabul, son las herramientas que forjaron esta nueva unión como encuentro, de los hermanos Kosamé, bajo estas circunstancias justicieras.
Cierro mis ojos por un solo segundo para dilucidar y buscando las palabras correctas a su pregunta.
Pero otro abrazo de Caldeo, no me lo permite.
- Te voy a sacar de acá... - Me promete.
Y yo agradezco su intromisión, porque jodidamente no tengo idea como explicar todo esto cuando se entere.
Que su hermano querido.
Es un bravucón marinero, de poca monta convertido ahora y un guerrero Qurash como él.
Y por ende, un cretino rastrero y mentiroso a la enésima potencia, que nos hizo llorar a todos con su supuesta muerte.
Está vivo en realidad.
Y sonrío ante la posibilidad que Caldeo como hermano mayor por minutos, Qurash y rey que es, le dé la tunda y zurrada de su vida por hacernos sufrir así y en nombre de todos a su hermano menor por mentirnos así estos largos años, cuando se crucen.
He dicho.
- Debo llevarte a un lugar seguro. - Dice tomando mi mano y con una señal tanto a Pablo como Lála que lo sigan.
Pero las luces de la habitación, apagándose de improvisto por prolongados segundos o minuto y dejándonos totalmente a oscuras nos hacen detener.
Para luego, su reactivación casi inmediata por generadores, pero acompañada de cierta alarma contra incendio del lujoso hotel que empieza a sonar y sentir, como el murmullo algo lejano de pasos humanos corriendo y acercándose cada vez más.
Señalando inquietud como nerviosismo en esa carrera de quienes sean.
Y algo llama mi atención en Caldeo.
Cuando sin soltarme y subiendo el paño para cubrir su rostro nuevamente y solo dejando a la vista esos ojos de color hielo cristal idénticos a su hermano, se sonríe complacido.
- Él...ya está aquí... - Murmura bajo su máscara, desenfundando su sable amenazante y ante tanto alboroto.
¿Él?
¿Acaso, lo dice por el supuesto ladrón de su hermano?
¿O sea, Constantine?
Ok.
Su mirada como postura me hace cambiar de parecer.
Ya no quiero que le dé la zurrada de su vida y mis ojos suplicante van a Pablo, para luego a 'ami.
El primero se encoje de hombros preparando su arco mientras Lála con esa siempre calma que heredó su hijo, solo se limita en silencio y llena de confianza a que me mantenga serena y confíe, mientras Caldeo se vuelve al centro de la habitación sin abandonarme y llevarme con él.
Señala el techo, soltándome.
Para ser precisa la escotilla de ventilación, por donde apareció.
Y guardando su espada nuevamente, da un gran salto sube y abriendo más esta, para luego una vez arriba, extender su brazo hacia abajo como ayuda y que suba con él.
- No es bueno que nos encuentren, ahora... - Nos dice con una seña de su mano a que la tome. - ...debemos seguir por los conductos de aire a donde nos llevan los hombres del ruso corriendo ante la alarma... - Dice por sobre el asentimiento de mis amigos. - ...donde está el magma de todo esto y ocultarte en un lugar seguro...
Y yo lo miro desde abajo, dudosa y desde su cierta altura desde el piso.
Mierda.
- No era buena en gimnasia y menos en saltos en el colegio, Caldeo ¿Lo olvidas? - Digo, midiendo su distancia en altura.
Sus ojos sonríen ante el recuerdo.
- Claro, que puedes... - Murmura confiado, para luego con su mirada seria en mí. - ...el peligro apremia, Amm...
Sus últimas palabras me sacuden y se confunden con el aumento de esa sirena que la hace más intensa y aterradora con la cierta falla de las luces que alimentadas por el generador del hotel que comienzan a pestañear y amenazar, con la oscuridad perpetua en todo el gran edificio como la habitación que estamos.
Y recordarme.
Que Constantine, está solo en todo esto.
Luchando.
Y yo, prometí ayudarlo.
Retrocedo unos pasos.
Tengo que protegerlo.
Elevo mis ojos a la altura del conducto de aire y notar que Caldeo, se hace a un lado al notar mi decisión.
Estar con él, en todo esto.
Tomo carrera.
Porque, nos juramos estar juntos.
Y sin ya dudar me lanzo confiada y para mi sorpresa, con precisión con un salto perfecto y sin ayuda de Caldeo sobre la escotilla, sumergiéndome en su interior seguido de mis amigos.
CONSTANTINE
Una esfera negra y del tamaño algo menor a una pelota de tenis lanzada por Cabul, rueda hasta los pies de otros dos hombres, ya una vez en el interior del hotel y sobre el piso a un hall de este, chocando y deteniendo su trayecto en los zapatos oscuros como lustrados de uno.
Que con sus miradas curiosas ante la rápida aparición del artefacto y sin dar tiempo a que reaccionen, por más armas que sacan del interior de sus sacos negros de vestir ante su avistamiento, se activa al momento del contacto detonando un humo blanco y colmando el reducido ambiente, la poca visibilidad con ello.
Y no le damos tiempo a nada.
Corrección.
No les doy tiempo a nada.
Desenfundando mis dos sables de mi espalda y pasando tranquilo por medio de los dos, conmocionados por nuestra aparición repentina.
El filo de mis dos aceros los atraviesa sin vacilar cayendo, mientras sigo haciendo mi camino y solo los pasos que doy de mis botas, son el único sonido que decidido doy por el corredor con Cabul detrás, mientras dejamos derrumbados sus cuerpos sin vida contra el piso.
Apoyados ambos sobre cada lado de la gran y doble puerta final en madera de este y con una seña a mi maestro y su asentimiento de barbilla en silencio, que está listo.
De un movimiento la abro de golpe con el pie, para recibirnos otro vestíbulo pero de más tamaño.
Como mayor cantidad de hombres del ruso y la reina madre también.
Poco más de media docena de ellos que al notar nuestra presencia, vienen a nuestro encuentro.
El primero es víctima de uno de mis sables y ya sin vida, lo utilizo tomándolo por el cuello de su traje como escudo y protección, de los primeros impactos de balas, que un segundo libera contra mí.
Lanzo su cuerpo inerte y barrido de sangre por recibir todos los impactos por mí, al sentir su cargador ya vacío y de un movimiento en su apuro de buscar uno nuevo de su chaqueta; mi daga tomada del interior y a un lado de mi traje, hace justicia certero en su garganta cayendo junto a otro que redujo Cabul, bajo su espada.
Mi espalda choca con la de mi maestro cubriéndonos estas y con nuestras miradas puestas, frente a los que quedan y nos rodean.
En el centro de la habitación.
Nuestros jadeos por la respiración algo entrecortada, propia de la adrenalina que nos embarga como la lucha se siente sobre nosotros y ellos, sin dejar de mirar a cada oponente que nos miden.
Un hilo de sudor desciende un lado de mi rostro y su salinidad la siento en mis labios bajo mi máscara, ante mi sonrisa confirmada mientras observo a cada uno, girando sobre nosotros mismos con Cabul y nuestro lugar, en el centro de su acorralamiento.
Porque, no son los bandidos sin escrúpulos de las fotos del ruso, vestidos con elegancia.
Mal vivientes cuatreros de sangre fría y sin conciencia, engendrados por la sed de sangre creada por la propia guerra civil de su pueblo y que venden su alma por un puñado de monedas.
Ellos deben estar a la espera en algún lugar al acecho y a la orden del ruso como reina madre, sobre sus camiones de movilidad de la mercancía de los pétalos rosas, para su traslado a algún puerto o pista de vuelo clandestina una vez finalizada la venta.
Estos, son solo seguridad.
De mala monta, también.
Pero solo, simples hombres de bajo perfil de la hermandad.
- ¿Mustaed, Shayj? (¿Listo, mi señor?). - Me murmura Cabul.
En realidad no es un pregunta.
Es una advertencia.
De lo que se viene y va a dar comienzo a esto que empieza.
La confrontación Qurash, de los soldados Ur de Caldeos.
Reacción. Confrontación. Y anticipación.
Fases, que experimenta un guerrero.
Las tres particularmente, cuando se está ligado a algo y que muy pocos Qurash, pese a negarse a ello con nuestro adiestramiento desde temprana edad, como entrenamiento físico mental nos negamos.
Y es, cuando amamos y encontramos a la persona correcta.
A nuestra mujer.
La utilización de las fases, para sobrevivir en cada combate.
Para volver a ella.
Siempre.
Una razón, para no morir.
Sonrío y gruño bajo mi máscara, porque jodidamente la mía descarriada, no me espera en el hogar.
Sino.
Que tengo que salvarla y constantemente, por desobediente.
Y mi pecho se llena de un tibio calor por eso, ya que es por el hecho de querer estar siempre conmigo a la par en todo esto por nuestro juramento.
Mis puños aprietan más mis sables con seguridad, por recordar el mío.
Vivir por ella.
Me pongo en posición y cierro mis ojos por un segundo, concentrándome.
Tengo, que cumplirlo.
Yo debo...intentarlo.
- Dayimaan. (Siempre). - Digo abriéndolos decidido.
Y todo comienza.
Rápido, por parte de mí.
Y presto por el de mi maestro.
Que al inclinarme y atacar los pies del que tengo en frente se gira sobre el mismo a gran velocidad y hacia mí, para que la punta de su arma se clave sin piedad en el segundo, mientras cae mi víctima seguido del suyo.
Un cuarto huye, intentando por su intercomunicador dar alerta, mientras Cabul se encarga del tercero.
Pero el sonido del chasquido cortando el aire de mi látigo para luego recaer y envolver un pie de este, provocando que caiga bruces contra el piso de forma dura y que el aparato colisionando contra él, lo detiene.
Lo jalo a mí, mientras acorto con mis pasos y nuestra distancia.
La suela de mi bota destruye el dispositivo bajo su grito de dolor, porque sigue en su mano que lo sostiene.
- ¿El showroom de la venta de los pétalos rosas, dónde está? - Pregunto, mientras enrosco mi látigo nuevamente. - ¿La habitación? - Prosigo. - ¿Dónde?
Su risa, se mezcla con la espuma que larga su saliva.
Me mira desde abajo.
- ¡Poshel na khuy! (¡Púdrete!). - Me maldice en ruso, escupiéndome.
Elevo una ceja y sonrío, sobre el sonido de algunos de los huesos de sus dedos quebrándose, por el aumento de la presión de mi bota sobre su mano aprisionada.
- ¡'Iilaa 'ayn! (¡Dónde!). - Repito, tras su lamento de dolor.
- Die dlya brat'yev Escarlatas...(Morir por los Escarlatas). - Gime en su idioma, jurando los principios de su orden. - ...moya vernost'...(idolatraremos).
La punta de mi sable sobre la base de su cuello, lo interrumpe de su juramento de mierda contra su cofradía.
- 'Araa almawt 'illa walddamar walddam walnnisa' wal'atfal al'abria' naqiata, multtakhatan fi ydyk ...(Solo veo muertes, destrucción de sangre inocente como pura, de mujeres como niños en tus manos). - Murmuro deslizando amenazante mi sable hacia abajo, para detener su recorrido a su entrepierna, donde su filo bajo su grito de pavor, aprieta su pene. - ...waljasad ... - Prosigo mirando sus ojos, lejos de arrepentimiento por abusos sexuales como asesinatos. - ...'ana last alkuhnat lisamae khatayak, wala 'illah alssama' liaghfir ...(no soy el sumo pontífice para escuchar tus pecados ni Dios para perdonártelos). - Sentencio, bajo mi sable clavándose en la unión de sus piernas, por justicia ante tanta sangre de mujeres inocentes.
Y lo saco este de forma brusca, donde lo enterré.
- Debemos proseguir... - Señalo a Cabul la siguiente puerta, mientras limpio la sangre que corre por el filo de mi acero con su misma ropa, seguido a guardarla en mi espalda mientras nos hacemos camino.
Abrimos otra puerta, reduciendo a cada hombre que se interpone en nuestro camino allí, pero a medida que nos acercamos al objetivo, nos hacemos invisibles escondidos y evadiendo otros para no alertar más de lo debido.
Detrás de la oscuridad de una mampostería, nos señala que un ascensor de gran porte como ambas puertas de su metal esmerilado y finamente pulido en diseño como construcción, con hombres de pie y en su frente cerrado, resguardan algo importante por su seguridad en el fino salón alfombrado de rojo que nos encontramos.
Mi mirada va sobre un lado a un gran ventanal que se compone lo que es una pared y nos regala, la vista desde el piso que nos encontramos de este prestigioso hotel, construido sobre un lado y riscos a orillas del gran río Zab con sus cuencas subterráneas y que domina esta ciudad semita.
Todo, hace del conjunto.
Vista espectacular a lo marino.
Piso elegante.
Como la seguridad de ese distinguido ascensor, que tanto velan su only exclusive.
Porque, tras sus puertas.
Te llevan directo al showroom de ventas, de los pétalos.
Mis manos se abren ante un arma de hoja como diseño filoso en forma de estrella por sus puntas entre mis dedos que sostengo y que saco de un lado de mi traje y cual lanzo ante la señal de Cabul, con sus dagas surcando el aire.
Atinando los míos al pecho de uno y las cuchillas a otro, mientras los dos restantes desenfundando sus armas vienen a nosotros y evadimos su balacera.
Mis sables rugen al rozarse entre sí, cuando los saco de mi espalda y esquivo sus punterías, arrojándome contra el piso y ruedo, hasta un mobiliario que decora un lado de la estancia para protegerme, mientras Cabul lucha contra el otro.
Me apoyo a espalda y detrás de este ante la descarga de su arma y con una fuerte bocanada de aire para llena de aire mis pulmones y cerrando mis ojos concentrado para poder sentir, sus movimientos como pasos hacia mi dirección y pronosticar su futuro ataque.
Sin vacilar, me vuelvo lanzando uno de mis sables contra él.
Dando en el blanco este y despojándolo de su arma, que cae sobre la alfombra y metros de él girando entre sí.
Me sonríe sobre el rasguño que dibuja el hilo de sangre de su mano por mi espada y lame esta, limpiando su herida mientras saca de su baja espalda una cuchilla que abre su hoja y donde el filo de esta, destella con su brillo sobre la luz que ilumina la habitación.
Es tan alto como yo, pero de contextura física más grande.
Mido sus fuerza como velocidad de movimiento, permitiendo que me ataque primero pero esquivando su embestida empuñando su arma contra mí, mientras giro sobre él para luego intentar atacarlo.
Pero es diestro y retiene el choque de mi sable con su cuchilla cruzada frente a él y me empuja con un pie, contra las puertas del ascensor amortiguando mi espalda.
El sonido de la punta de su cuchilla rechina sobre el acero del elevador al eludir de un movimiento girando mi rostro rápido y donde certera, su arma impacta segundo después.
Un grito gutural sale de su garganta y se acopla a otro ataque de él por su falla, viniendo otra vez a mí.
- La reina madre dio órdenes, de quererte vivo y para ella... - Vocifera con otro intento de apuñalarme, pero lo retengo con mi sable y por sobre nosotros.
El choque de ambas armas, retumba en toda la habitación bajo nuestro forcejeo.
- Pero te presentaré, muerto ante ella... - Finaliza jadeando por la lucha, sobre un golpe de su puño certero a mi mandíbula, provocando que nos distanciemos y yo retroceda.
Estrecho mis ojos bajo mi máscara tocando la zona lastimada, con dorso de mi mano y el sabor metálico y tibio de la sangre de mi herida, invade mis labios al tragarlo.
Una risa, sale de mí.
Pero no hablo.
Preservar mi identidad ante todo, mientras elevo mi vista amenazante como una mano haciendo seña con mis dedos a él, que venga a mí y riendo aún.
Y no, se hace esperar.
Pero esto, se ya se está demorando y bajo nuestros cuerpos colisionando en la lucha, golpes de puños y nuestras armas chocando con cada impacto de ataque que damos.
El sonido de un impacto de bala derrumba mi agresor, que sin vida cae deslizándose sobre mí, muerto ante la certera puntería de una bala en su sien.
Miro a Cabul que desde su lugar y ya habiendo reducido el suyo y con el arma de este en su mano aún, apunta al mío caído sobre el suelo.
Camino en dirección a mi sable metros de mi lanzado antes, mientras me inclino y lo guardo como al otro.
- Ya era hora viejo, que vinieras en mi ayuda... - Digo, volviéndome a él sonriendo y hacia el ascensor, mientras con la punta de una daga clavada en su ranura, obligo a que ambas hojas de sus puertas se abran.
https://youtu.be/rgd7ArH7uiA
Su risita se siente sobre la mía ante mi reproche, cuando abre la única puerta de servicio en un extremo y se pierde en su interior y escaleras abajo para por el centro y manejo de luz de un sector de hotel.
Para luego, minuto después.
Quedar en oscuridad total, solo por sobre esos segundos y contados que tenemos.
Tal vez minuto y medio hasta que el generador del hotel abastezca la energía suficiente, para este enorme condominio y sonrío sobre ella, cuando con el mango empuñando aún mi mano la daga, la apoyo contra el vidrio de protección a cierta distancia del ascensor, del botón de alarma contra incendio a la espera de mi viejo compañero.
Que una vez apareciendo entre las sombras, nos miramos a través de ella.
- ¿Listo, amigo? - Le digo en nuestro hábitat, como trajes que llevamos puestos.
La oscuridad.
Para nuestro encuentro, cual el último hombre del ruso me dijo.
Que la reina madre, espera por mí.
¿Acaso, me conoce?
¿Sabe mi identidad?
La imagen bailando con esa hermosa mujer en el salón en la fiesta momentos antes, viene a mi junto al viejo recuerdo de ella, preguntándome sin son la misma persona.
Alqaraf...
Mucha coincidencia.
¿Pero cómo llegó a todo esto y convertirse en quien es, sería la pregunta?
Solo la pequeña y casi imperceptible luz verde siendo activada por él de su muñequera igual a la mía que lleva puesta y compone parte de su brazo, ilumina tenue como señal a nuestros hombres Qurash que aguardan desde los techos, que todo comienza me saca de mis pensamientos.
- Dayimaan ya sayidi...(Siempre, mi señor). - Responde y sonrío sobre su confianza aguerrida, mientras con una afirmación mía y ante el impacto del cristal roto por mí de la alarma contra incendio, empieza a sonar e invadir el lugar.
Y ambos, bajo una fuerte respiración para copar nuestros pulmones de aire.
Nos lanzamos en la profundidad de este.
Y colgados cada uno de la soga de acero trenzado que lo sostiene una vez en el interior, nos montamos para deslizarnos a uno de los únicos piso como puerta only exclusive.
Que conduce más abajo.
Al showroom de venta de los pétalos rosas.
Para dar fin a toda esta mierda en nombre de mi pueblo y mis ancestros.
Como a su rey.
Mi hermano querido.
Suspiro.
Y si es necesario.
Dar mi vida.
Para salvar a la mujer que amo...
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