Capítulo 44

Personajes utilizados en esta historia no me pertenecen, los créditos son para sus respectivos creadores.

Nino no pudo ni hablar por la noticia que le resultó terrible en inaceptable.

—Acaso estás hablando de que intentaste... —

Él asintió antes de que terminase la frase, cabizbajo continuó revelando la verdad aunque omitió varias cosas, lo que menos quiso es que Nino culpase a Miku por guardar su secreto.

—¿Fue por lo que pasó ese día?

—En realidad ya lo venía considerando desde hace mucho tiempo, no pude con la idea de ser odiado por todas ustedes, sobre todo contigo, yo te lastimé.

—¿Por qué no me has dicho algo así? ¿Acaso no soy importante?

—Ya te lo dije, no estoy orgulloso de eso, no es que no seas importante, porque cuando estoy junto junto a ti, siempre soy feliz. Además ya estoy recibiendo ayuda así que no debes preocuparte.—Explicó, esta vez evitando de todas las formas posibles hacerla sentir mal. —nuestra promesa me dio una razón de seguir adelante, desde entonces todo ha mejorado.

—Aunque lo digas así, voy a preocuparme de todas formas.—Ella aclaró.

—Me estoy esforzando para mejorar y ser mejor persona, hasta entonces, no quisiera que te alejes.

En ese momento, sintió su mano ser tomada gentilmente por ella, y también percibió como la pequeña distancia que les separaba se redujo un poco, una calidez se alojó en su ser, y le hizo tranquilizarse por el futuro, sobre todo, porque sin saberlo había expresado uno de sus mayores temores; No tener a Nino a su lado, no tener una razón para seguir adelante, pero su acompañante fue clara, con este gesto tierno, le miró con una sonrisa y le abrazó.

—No voy a hacerlo tontito. —le susurró al oído. —yo estaré contigo y voy a continuar queriéndote.

En ese instante, aquel pensamiento volvió a cruzar por su mente.

"algo debe estar mal conmigo"



Los días de clase volvieron, algo de tiempo pasó y Yotsuba se vio incapaz de volver a aquellas prácticas, sabía que Goku estaría ahí y no podía con la idea de mirarlo.

La campana anunció el final y lo único que consideró fue regresar a casa, sin embargo, bajo el marco de la puerta alguien ya se había anticipado a su huida.

—Yotsuba ¿puedo hablar contigo un momento? —Eba parecía un poco molesta y más que una petición, parecía ser una sugerencia, la Nakano asintió y fue conducida a un pasillo tranquilo.

—¿Acaso ocurrió algo malo? 

—Por supuesto, y creo que te involucra.— explicó la capitana y luego miró detenidamente a la Nakano. —¿Ocurrió algo con Son-kun? —

—¡¿Son-kun?! ¿Po-por qué supones eso? —tartamudeó desviando la vista y fingiendo inútilmente no saber nada al respecto.

—Has faltado mucho a clases, y él ya no vendrá a las prácticas, dejará el club.—

—¡¿Qué?!

—En realidad no es tan sorprendente, su única razón de unirse al club era la carrera de relevos, aunque pienso que la razón de irse es otra ¿Ocurrió algo entre ustedes? —El nerviosismo en la Nakano delató la verdad, en especial porque estaba en su naturaleza no ser capaz de mentir y fue más transparente de lo esperado, pues se le notó triste, Eba entendió que había tocado una fibra sensible.

—no-no era mi intención reclamarte nada.— inmediatamente buscó solucionarlo. —las discusiones en pareja son normales, seguramente podrán solucionarlo.—Tal comentario alteró a Yotsuba, pero no en una forma que Eba esperaría.

—¿Pa-pareja? —Volteó a verla y tal fue el desconcierto que logró contagiar a su capitana.

—Por supuesto, están saliendo ¿no? —Eba preguntó confusa.

—¡¿Cla-claro que no?! ¡por qué piensas eso! —con la cara roja exclamó y eba sudó frío por la inesperada reacción de la Nakano.

—¡¿No?! pero siempre están juntos, cualquiera pensaría que están en una relación.

—¿De verdad damos esa impresión?.—Nerviosa y melancólica observó al suelo, porque a fin de cuentas Eba no se equivocaba, Gokú aún era la principal preocupación de Yotsuba.

—Si quieres hablar, puedes confiar en mi...


Tomaron asiento junto a la pista, hubo un poco de silencio, pues Eba no le apresuró, esperó paciente a que ella tuviese el valor de expresarse, así fue.

—Son-kun se me confesó en la fogata...

Los ojos de la morena se abrieron, pero inmediatamente le dedicó una cálida sonrisa.

—Supongo que era de esperarse.—Yotsuba se sorprendió por ese comentario, pues no supo por qué Eba llegaba a esa conclusión. —se ve muy feliz contigo, nunca lo había visto así desde la primaria, pero creo entender mejor la situación. Lo rechazaste y por eso es que ahora se sienten incómodos.

—¡No, no es así!,—dijo ella con desespero, y luego volvió a encogerse con decepción. —Yo me asuste y salí corriendo, desde entonces no hemos hablado.

—¿Huiste? ¿pero por qué?

—No lo sé... —Musitó. —¿porqué él habría de querer a alguien como yo? Siempre ha sido amable conmigo y se preocupa por mi, yo no le he dado motivos para quererme.

—A veces no hay razón, creo yo que simplemente basta con sentirse bien con esa persona ¿No te sientes igual? —Yotsuba se encogió ante la incapacidad de poder contestar a esa pregunta, pero muy claro fue que no precisamente iba a negarlo, era tan transparente que no hacía falta indagar mucho. —Si te obligas a no aclarar tus sentimientos, puede que arruines más las cosas, huir no es una respuesta y seguramente él necesite una.

—Pero, ni siquiera me gusta, o al menos no estoy segura.—se excusó, pero Eba no le iba permitirse ocultarse.

—¡Mira es Gokú! —exclamó y señaló con su dedo a las espaldas de su compañera, Yotsuba se puso inmediatamente de pie, la cara se le enrojeció como un tomate y el cuerpo le tembló, sin embargo, allá donde Eba apuntaba no había nadie.

—¿Ves? estás enamorada.—Afirmó levantando sus hombros y Yotsuba se desplomó con alivio total.

—No-no juegues así.—suplicó con un tono cómico, pero, solo entonces se percató de lo agitado que su corazón estaba, del calor que recorría sus mejillas y de la forma en que Gokú le alteraba.

—Así es como te sientes y huyes porque no quieres aceptarlo.—Dijo Eba. —¿Mientras tanto qué hay de Gokú? Debe pensar que lo odias.

—¡Yo no lo odio, no podría odiarlo!.— exclamó con seguridad.

—Pero no es a mi a quien debes decírselo.

No, no lo odiaba, pero decir que le quería más allá de lo que se aprecia a un amigo, era simplemente difícil, porque en su corazón aún estaba esa persona que desde hace ya tiempo ha estado presente, pero, por razones similares, su cobardía le había impedido acercarse, sin embargo, cuando pensaba que lo mismo ocurriría con Gokú, el corazón se le encogía, el cuerpo perdía su voluntad y la tristeza se instalaba en ella.

Era normal pensar en eso si significaba perder una buena amistad como la que habían construido, no obstante, debía saber que el cariño que ha sembrado por ese joven había trascendido hace ya mucho tiempo, y aquel apego que tanto le reservaba a aquella persona había viniendo desapareciendo ¿Desde cuando había pasado? ¿Por qué no podía pensar en ser vista por otros ojos que no fueran los de Gokú?

"Yo quiero que me veas a mi" alguna vez lo pensó, la persona que la idolatraba, la elogiaba, pero sobre todo, afirmaba haber cambiado su perspectiva del mundo gracias a ella, le había convertido ese pequeño deseo en una realidad.

¿Por qué había huido entonces? ¿Por qué cuando escuchó su confesión corrió lejos de él? En realidad era muy fácil, caminar, entrenos, pláticas, quería hacer todo eso con él, quería seguirlo y quería que él la notase, le había bastado con eso y continuó engañándose aún cuando múltiples personas gritaban su nombre aquel día y sus ojos solo le buscaban a él, se mantuvo en esa mentira cuando sintió el tacto de Gokú sobre ella y deseó que nunca terminase, y cuando recibió su confesión, finalmente le alcanzó ese sentimiento que tanto ignoró. Huyó entonces porque creyó no merecer su amor.


Gokú había corrido una distancia considerablemente larga, aunque más que una sesión de ejercicio, parecía un intento más para escapar del mundo que no quería enfrentar.

Los arreboles ya pintaban el cielo, se detuvo a descansar en una banca cercana, sostenía en sus manos una botella de agua que no dejaba de ver, dejando llevarse por aquellos pensamientos que no le dejaban tranquilo.

Pero aún así no importaba a donde fuera, los recuerdos de la confesión de Nino, la promesa de Miku y su desastre con Yotsuba continuaban sumergiéndole en ese profundo peso de ideas que le traían desconcierto ¿Seguía amando a Miku? ¿El esfuerzo que hizo todo este tiempo por Nino tenía más significado que solo una promesa? ¿Yotsuba le odiaba?

Frustrado se encorvó, casi con la cabeza entre las piernas, incapaz de conseguir una respuesta.

Estaba feliz, estaba feliz sin ninguna duda, pero así mismo la miseria le arrastraba incompasiva, temió al futuro, temió porque hoy más que nunca, estaba perdido.

Así se mantuvo, mucho más tiempo de lo esperado hasta que las luces de los autos comenzaron a iluminarle, pues la noche ya había caído.

Se preparó para continuar, no sabía a dónde iría, si se alejaría aún más o regresaría a casa, sin embargo, en ese instante escuchó unos pasos apresurados y una respiración agitada aproximarse a él y esa voz, contra todo pronóstico apareció.

—¡Son-kun! —en la lejanía la vio venir, con un trote tan débil que parecía colapsaría, sus brazos se mecían casi sin fuerza, y la primera impresión fue de completa sorpresa ¿Qué hacía ella aquí? —¡Son-kun!—Volvió a llamarle y extendió su mano casi como si aún estando lejos quisiera alcanzarle y de pronto terminó tropezando y cayendo en el suelo.

—¡Yotsuba! —sin perder tiempo corrió hacia ella. —¿Te sientes bien Yotsuba? — inmediatamente buscó ayudarla, le tendió la mano e intentó ponerla de pie, pero ella soltó un quejido de dolor.

—Creo que me torcí el tobillo... 

Le llevó a la banca de antes, le descubrió su pie con cuidado notando la hinchazón. Extrajo de su bolsillo un pequeño rollo de venda que utilizó para cubrir la lesión.

—No deberías correr es un trayecto bastante largo, no es una maratón—dijo él. —No sabemos cuando serán las siguientes competencias, no es necesario sobre esforzarse, tómalo con calma.—dijo él.

Yotsuba le miraba con un rostro un poco avergonzado, a pesar de cómo ella se había distanciado y evitándole, el seguía siendo el mismo.

—Creo que ya me siento mejor.—Dijo con el afán de no continuar preocupándole, pero en tanto intentó pararse tuvo que regresar a su anterior posición ante el fuerte dolor.

—No te esfuerces, no vas a poder caminar así.— señaló y le miró un poco molesto por su imprudencia. —yo te ayudaré, te cargaré hasta la parada de auto bus y te acompañaré hasta tu casa.

—Pe-pero es un poco vergonzoso...

—Ya lo hice una vez ¿recuerdas?.—Dijo con una sonrisa. —No te preocupes, no es como que vaya a cargarte todo el camino.

con delicadeza le ayudó a subir a su espalda y a un paso lento avanzó, mientras a chica no evitaba sentirse nerviosa por este gesto, pero, tampoco iba a negar que la conmovía, le recordaba aquella época donde apenas comenzaron a relacionarse, aún siendo tan distantes y hoy ni siquiera estaba segura de lo que mantenían.

¿Siempre han sido tan cercanos? ¿Siempre se ha sentido así con él?

Tímida, pero conmovida, rodeó tiernamente sus brazos en el torso del varón, comprendió entonces las palabras de Eba, a veces no hay razones para sentirse bien con alguien.

—¿Yo-yotsuba?—se detuvo un poco desconcertado, no solo por lo repentino y cercano que se volvió el contacto, bien sabía que ella no tenía algún motivo para actuar así.

—Es tu culpa... —Dijo ella. —No soy más que una carga para ti, y aún así continúas soportándome.—Afligida acusó su propia torpeza, pero Gokú solo le respondió con una risita burlona.

—Pero su yo siempre he dependido de ti.—dijo él desconcertándola. —¿Sabes? Yo prometí que me esforzaría al máximo para no defraudar a las personas que confiaban en mi, pero no fue hasta que llegaste tú que supe que no podría con todo yo solo, además ya te lo dije, las cosas que antes eran aburridas, de pronto se vuelven entretenidas.

¿De verdad ella podía llegar ser tan especial para una persona? ¿Alguien podría cambiar su percepción del mundo solo por ella? Aún cuando tenía las respuestas para todas sus preguntas, continuaba resistiéndose a la verdad, pero tal terquedad poco le iba a durar.

Abrieron la puerta del departamento, ayudándola a caminar pudieron llegar a uno de los muebles cercanos.

—Muchas gracias.—Musitó Yotsuba y Gokú solo asintió con su cabeza.

—Creo que debería irme, pero procura medir bien tus distancias la próxima vez.—volvió a señalar y se dio media vuelta con dirección hacia la puerta, pero esta vez Yotsuba volvió a sentir la presión de esa angustia que la ha atormentado durante estos últimos días, e instintivamente le sostuvo de su ropa evitando que se fuera.

—¿Sucede algo? —Inmediatamente ella saltó, y siendo consciente de su acción, se retiró avergonzada.

—E-es que hoy no tenemos tutoría, Ichika-san está en casa y las demás debieron salir. —Explicó nerviosa, y completamente ruborizada evitó ver directamente a Gokú. —¿Pu-puedes quedarte un poco más?

Gokú no estaba exento de la inquietud, y tuvo dudas, más no se negó y junto a ella tomó asiento sin decir nada, sumido en un silencio incómodo.

—¿Sabes? Yo quería hablar contigo, es por eso que corrí de esa forma—Confesó ella en tono suave y cabizbajo, la sorpresa de Gokú no tardó en aparecer.—Perdóname por haberme ido así esa noche.

—No, discúlpame por haber sido tan imprudente.—él inmediatamente negó.

—Estaba nerviosa, era la primera vez que un chico se me declara y bueno, no supe como sentirme.—Apretó sus puños porque era difícil expresarse, pero no quería continuar reservándose la verdad.

—¿Entonces no estás enojada? ¿No me odias?

—¡Cla-claro que no! —dijo ella negando desesperadamente con su cabeza.—E-es que todo resultó muy repentino, no esperé que dijeras todas esas cosas...

—Pu-pues no es que haya sido fácil para mí.—Titubeó el. —Era la primera vez que me le declaraba a una chica, y fui rechazado.

—¡Pero yo no te rechacé!—exclamó alterada negando con sus manos. —Es cierto que me fui, pero eso no significa que no me gustes.—Los ojos de Gokú de pronto parecieron cobrar vida y la miraron directamente y Yotsuba inmediatamente fue consciente de sus declaraciones. —¡Qui-quise decir que no me gustas, me refiero a que no es que no me gustes, Qui-quiero decir... !

—No-no debes responderme.—Dijo Gokú interrumpiéndole. —Fue mi error, no te conozco fuera de nuestra rutina y solo me dejé llevar por un impulso. Cuando solo fuimos nosotros dos, sentí la necesidad de decirlo, lamento si arruiné todo.—Finalizó cabizbajo y la decepción se vio reflejado en ese rostro, habría dañado una bonita amistad y todo por no ser capaz de aclarar su corazón, sin embargo, todo dio un pequeño cambio cuando sintió el contacto de unos dedos sobre los suyos.

—Yo no quiero alejarte otra vez...—Cuanto con aquella débil frase, Yotsuba expresó parte de los sentimientos que verdaderamente le dirigía. —No quiero que te alejes.

Aquel rostro avergonzado le miró con un poco de dificultad, pero se mantuvo, unas mejillas enrojecidas, unos recuerdos que les alteraban, pero que no pensaban en desechar.

Yotsuba fortaleció aquel débil contacto, sujetó su mano con un poco más de fuerza mientras se perdió en la mirada que por hoy, solo le pertenecía a ella, la misma que esa noche le apreciaba con tanta minuciosidad, él se acercó un poco y ella se exaltó mínimamente, pero esta vez no retrocedió, no le demostró miedo, solo aquel nerviosismo que ya había venido siendo normal, por ello, solo cerró sus ojos cuando la distancia se redujo más y más, y entonces sucedió de nuevo.

Gokú aclaró sus dudas entonces, no miraba en Yotsuba a Miku, ni tampoco a nadie, solo era ella, era la misma mujer que le cautivó esa noche, y la quería de la misma forma.

Y aunque él no le pidió contestar a sus sentimientos, ella se hizo una promesa, a partir de este momento mejoraría. Sería la clase de persona que pudiese darle una respuesta.



—¡Ya estoy en casa! —muy animado anunció su llegada, subió las escaleras con dirección de la sala.

—Menos mal llegaste, la cena pronto estará lista.—Dijo su hermana y Gokú con ánimo fue a buscarle a la cocina, no obstante, se quedó perplejo por el escenario que le recibió.

—Buenas tardes.—La Nakano le saludó con una sonrisa y junto a su hermana cortaba lo que parecían ser vegetales.

—¡¿Mi-Miku?! —agitó su cabeza sorprendido por lo que acababa de ver.

—Como tardabas en llegar de tu entrenamiento, decidimos adelantar la cena.—Informó la Mayor que con algo de dificultad agitaba una sartén, y Gokú no tuvo nada para decir, ni tampoco entendió cómo debía sentirse.

La cena continuó su transcurso, no hubo alguna conversación que tuviera relevancia alguna, entre los tres aún había cierta incomodidad que simplemente no iba a desaparecer, lo verdaderamente importante vino después, cuando en las cuatro paredes de su habitación estuvo a solas con Miku.

Sentados en el borde de la cama miraban fijamente la nada, recordando a veces lo que sucedió hace algunos días, manteniendo presente lo que entonces sintieron.

—Debiste decirme que vendrías.—Dijo él. 

—Quería preguntarle a Mitzuha-san sobre las cosas que te gustan.—Respondió ella.

—¿Las cosas que me gustan?

Miku asintió

—Tú planeaste muchas cosas por mi, yo también quiero hacer algo similar, dijo que lo que más te gusta es comer y me propuso ayudarla con la cena.

—Mi hermana... —Masculló con un poco de molestia. 

—Yo prometí que me esforzaría, pero no supe cómo hacerlo.

—No te preocupes por eso, pero debes prestar más atención, seguramente mi hermana solo te utilizó a su conveniencia para que le ayudes en la cocina.—explicó un poco avergonzado. —Pero todo estuvo rico...

Miku no evitó conmoverse por su comentario, dibujó una sonrisa tierna que no ocultó.

—¿Crees que podamos hacer un plan juntos? —Sorpresivamente dijo aquella propuesta. —Arruiné nuestra primera cita, pero quiero que salga bien esta vez.—propuso con bastante más animo de lo habitual.

A Gokú le resultaba un poco difícil aceptar que verdaderamente Miku comenzaba a preocuparse por cosas que antes seguramente pasaba por alto ¿Debía tomarlo como señal de que su confesión era cierta? Claro que aún desconfiaba, pero la forma en que se esforzaba resultaba conmovedora, no evitaba querer corresponderla, aunque eso no significaba que tenía la confianza absoluta de hacerlo.

—Yo creo que no es buena idea continuar viéndonos.—Dijo él, en voz baja y melancólica. —Ya no creo estar seguro de quererte.


Fin del Capítulo 44.



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