Capítulo 41.

Personajes Utilizados en esta historia no me pertenecen, los créditos son para sus respectivos creadores.

Esta ocasión difirió de todas aquellas que antes compartió con él. El corazón le latió desde el primer segundo en que lo encontró, ahora cuando finalmente veía la verdad de sus sentimientos, no podía negar lo que siempre hizo, le quería, quería este instante, quería estar con él.

—Mi hermana me dijo que estarías aquí, ¿quieres estudiar verdad? —Gokú concluyó y se adentró hacia la habitación buscando sus libros, no dijo nada más y Miku tampoco se atrevió a mencionar algo de lo ocurrido, ni mucho menos de lo que ella misma quería decir, solo fingió, solo tenía que fingir un poco más.

Así su propósito se vio cumplido, estaba junto a él, fingiendo que le importaba aquello que veía marcado en libros y apuntes, manteniendo oculta cierta ansia que la carcomía.

—¿Entonces, no vendrás a las clases de nuestro tutor?

—No, al menos no por ahora, sabes que no me llevo bien con Uesugi.—le recordó. —No te preocupes, en realidad no se me dificulta tanto como antes, el nuevo periodo apenas está iniciando, no tengo motivos para presionarme.—explicó y continuó concentrado en su libro.

—Pero, la competencia...

—Tampoco es que sea algo malo, estaré con Yotsuba, mediremos nuestros tiempos y será divertido.—explicó con una sonrisa que no evitó incomodarla, la idea de que compartiera tanto tiempo con su hermana no era muy aceptable.

—Cuando la competencia termine, podríamos estudiar.—ella propuso. —Futarou-kun y tú no se llevan bien y sé que mis notas no son mejores a las tuyas, pero quiero apoyarte.—explicó, pero ante su propuesta no hubo confirmación, Gokú le ignoró.

La noche siguió su curso y en todo el trayecto de regreso ninguno había dicho nada, más este fue un momento de completa tensión. Miku supuso que todo era como Nino lo había dicho, él estaría enojado, entonces rememorando aquella noche donde él la invitó, detuvo su caminar dispuesta a intentar solucionarlo.

—Son kun... —él se volvió ante el débil llamado.

—¿ocurre algo? —preguntó despreocupadamente, con un tono curioso incluso, fue tan raro como desconcertante, si no fuera por las advertencias de Nino, Miku podría creer que no parecía molesto.

—Yo, yo quería disculparme, perdóname por no haber llegado ese día.—la culpa no le permitió levantar la cara, pero sus declaraciones no parecieron tener un verdadero impacto en el joven.

—Eso fue un poco descortés. Si no planeabas ir pudiste haberme dejado un mensaje.—Diferente a ella, no se molestó en darle mucha importancia al asunto, más la chica no se dejó llevar por esa despreocupación.

—Lo sé, es mi culpa, si me permites explicarte... —Insistió, pero una vez más él le interrumpió.

—No te preocupes, ya pasó y eso no importa ahora.—con una sonrisa se propuso avanzar, pero Miku no se lo permitió, le tomó de su ropa y frenó sus pasos.

—No, yo de verdad quiero repararlo.—Dijo con un tono inconforme. —Quiero repararlo... —Apoyando su rostro en la espalda del joven suplicó por esa oportunidad.

—Ya te lo dije, no era algo importante, solo quería invitarte a una exposición especial, pensé que podría ser divertido.—Gokú continuó explicando, pero Miku ya había visto demasiado como para estar segura que nada de lo que decía era verdad y de seguir así él no la escucharía y fingiría, se alejaría y eso no lo quiso, rechazó la idea.

—No solo se trata de eso... —Dijo Miku y  apretó sus puños buscando el coraje necesario para continuar, entonces, sin pensar en las consecuencias continuó. —encontré el libro que tienes en tu habitación.—solo bastó de esa declaración para que los pasos del varón se detuvieran y como una estatua se quedó petrificado.

Todo quedó en un silencio profundo, solo la angustia prevaleció, el temor se vio dibujado en las expresiones del varón que consternado intentaba desentrañar la situación que vivía, pero finalmente, se resignó y enfrentó la realidad. —¿Viste la carta? —es débil pregunta nació imbuida de decepción y melancolía, y la carente respuesta de la Nakano fue más que suficiente para corroborar sus sospechas.

—No solo es por ese día.—Miku continuó, la voz le tembló. —Solo he pensado en mí misma y te he tratado de una forma equivocada, no he sido capaz de ver lo que realmente sentías, ¡pero la verdad es que yo! —Finalmente, el valor le llegó y quiso confesar su verdadero sentir, mas eso no pasaría.

—Para con eso.—

Las voz de Miku fue acallada, porque solo en en esas tres palabras hubo algo más que enojo y descontento; Repudio y rechazo. —Ya deja de fingir que te importa, no quiero tu lástima, déjame en paz.— solo hubo consternación tras esa declaración, los incrédulos ojos temblaron y permaneció muda intentando procesar cada palabra que de la boca de Gokú fue escupida con desprecio. 

—¿De qué hablas? No estoy fingiendo. Yo...—Intentó refutar tales afirmaciones, pero, cuando Gokú la encaró completamente no tuvo voluntad de hablar, porque ahora ese enojo que no podía ver era reflejado en las facciones del joven.

—¿No finges? —Le interrogó. —Actúas preocupada, pero nunca quisiste acercarte a mi, tu única intención siempre ha sido sentirte bien contigo misma después de saber quién era.—le acusó con voz fría. —Si no nos hubiésemos conocido hace cinco años, nada habría cambiado, habrías continuado odiándome!

—No... ¡eso no es cierto! —Con desespero exclamó.

—¿No es cierto? —reafirmó esa cuestión. —¿estudiar? ¿tareas? ¿salir? ¡¿realmente te ha importado?! —le reclamó. —Intenté hacer todo eso contigo, y aún cuando estábamos juntos nunca me notaste. ¡¿Y ahora vienes aquí y finges estar preocupada?! ¡¿Aún te sientes mal contigo misma por dejarme plantado?! ¡¿Quieres que continúe sintiéndome como una basura?! —su voz no se contuvo y acarreó toda aquella disconformidad que lastimaba su corazón y Miku solo retrocedió con cada pregunta que nacía, consternada por cómo esos ojos la miraban ahora, completamente alejado de lo que ella pensaba, finalmente entendiendo el daño que todo este tiempo ha provocado. 

Sintió cómo sus ojos se encharcaban, la voz le abandonó y  perdió la voluntad sobre su cuerpo, solo estuvo allí, condenada a ser señalada por ese desprecio que en esos luceros destellaba, y al final, la firmeza en él también colapsó y lo único que quedó fue decepción.

—No importa cuanto te quiera, a fin de cuentas nunca me notaste, ni siquiera soy el chico que conociste, solo represento una carga de culpa y pensar que podía cambiarlo fue mi error.—Tras haber descargado aquellos sentimientos, su voz se tornó más dócil y melancólica, y preso en su propio lamento descendió la mirada con tristeza. —Ya esperé mucho tiempo por ti y no esperaré más, no quiero esforzarme más, no insistiré más, no quiero ser tu amigo, no quiero nada de esto. Ya no quiero sentirme así. —

Sus pasos finalmente avanzaron por cuenta propia y le condujeron hacia aquello que pensaba era lo mejor para él, el distanciamiento de la chica que creía querer.

Pasó a su lado en completo silencio.

—Adiós Miku.—

"Finalmente puedo dejarte ir..."


Competencia - Capítulo 42.


—Gracias por acompañarme hoy, estaba muy nervioso. —Con una voz insegura Gokú comentó y la Nakano que caminaba a su lado simplemente sonrió.

—Dices eso, pero lograste vencer a un tipo mucho más alto que tú.—resaltó con una pequeña risita y el joven rascó su erizada cabellera con un poco más de vergüenza mientras recordaba el anterior combate que Itsuki presenció.

—Bueno, supongo que es porque tú me estabas mirando, aún no me acostumbro a esto.—se explicó, causando intranquilidad en la fémina que miró al suelo.—Deberíamos ir a comer algo. Cuando gano mi hermana siempre suele darme dinero, en esta ocasión dijo que debería invitarte algo rico.—relató con algo más de emoción que exaltó a la chica.

—¿Tu-tu hermana dijo eso? 

Él afirmó ante su interrogante. —¿Sabes algo? Tú me estás acompañando siempre.—Gokú mencionó un poco nervioso. —Yo quisiera acompañarte en las cosas que te gustan, también quiero conocerte más y más.—Confesó y con ello vino la impresión de Itsuki que se ruborizó.

Últimamente pensaba mucho en las cosas que ocurrían, Gokú se empeñaba en acercarse, pero notaba que no se atrevía a dar ese paso que ella tanto esperaba.

—Tal vez, después del campamento podamos hacer planes juntos, hay muchos lugares que me encantaría visitar.—Sugirió, pero en ese momento una duda más le surgió. —O-oye, Son-kun yotsuba dijo que la competencia será en un par de días ¿irás al campamento? —indagó un poco preocupada.

—Así es, las competencias serán los dos primeros días de la semana, llegaremos a tiempo para viajar.—explicó, pues el viaje se daría apenas un día después de que la competencia terminara.

—Ya veo... —En sus adentros fue conmovida por un gran alivio, aún no se había propuesto invitarlo al baile pero ganas no le faltaban, realmente quería hacerlo y pensó en que este podría ser un buen momento, pero antes de eso, un pequeño obstáculo se interpuso.

—¿Sabes algo? Estoy muy nervioso, mi hermana me prometió que me permitirá inscribirme a un torneo local de artes marciales mixtas si obtengo el primer lugar, pero también estoy emocionado por el campamento, haré muchas cosas que no he hecho, estaré contigo y con las demás, será genial.—expresó con una honesta sonrisa. —He decidido que me empeñaré en hacer buenos recuerdos.— y en ese instante pudo coincidir con el pensamiento de Nino, comprendió que presionarlo no parecía ser lo correcto.

Bailar junto a la fogata era prácticamente una declaración y el significado de esa tradición le ponía intranquila y a su vez le emocionaba, siendo de esa forma no podía negarse que gustaba del joven y si ella se sentía de esa forma, le costaba imaginarse la situación que él vivía, entonces dejó de esperar impaciente y solo quiso aguardar un poco más, había tomado la decisión de que después de aquella competencia le invitaría a bailar.


—Vaya, no pensé que viajaríamos tanto por un campeonato! —Dijo Yotsuba al bajarse del autobús. ahora se encontraban en un pequeño pueblo frente a un hostal, los integrantes de los demás clubes deportivos comenzaron a descender también y se estiraban con ánimo.

—Normalmente no salimos de la ciudad cuando se trata de competencias locales.—Comentó Eba. —En esta ocasión, la invitación a estos campeonatos es algo nuevo, pues la escuela tiene varios talentos con el potencial de ser atletas olímpicos, o bueno, al menos uno.—Explicó y no le fue difícil para Yotsuba saber de quien hablaba, entendió que si estaban ahí era porque Gokú era la principal razón, si lo veía de esa forma, pertenecer al club en estos momentos era bastante beneficioso tomando en cuenta que solo se trataba de una escuela pública.

—Bueno, la competencia de relevos será en la tarde, los quiero a todos listos .—Dijo el entrenador. —Mañana tendremos las carreras de 100 y 400 metros planos, y también la carrera de obstáculos, den el máximo porque aquí tienen la oportunidad de demostrar de lo que están hechos.

Todos los jóvenes asintieron y comenzaron a dispersarse entrando al hostal, pero Yotsuba no entró de inmediato, un poco ansiosa buscaba a la persona que finalmente encontró.

—Bien, supongo que debo ir a prepararme, tú deberías descansar, mañana es un día muy importante — Sugirió Gokú, el momento por el cual se esforzaron tanto estaba muy cerca y no quedaba nada más que avanzar. 

—Sé que lo harás bien en la carrera de relevos, así que no te preocupes.—Dijo ella con ánimo que fue contagioso.

—Oye, ¿Podrías tomarme una fotografía? —dijo él extendiendo su teléfono. —Quiero tener recuerdos y enseñárselos a todos.—explicó y se enderezó para ser retratado, era difícil para ella saber cómo se sentía realmente, porque aunque esté relacionado a estas cosas parecía alguien distinto.

—Te estaré apoyando desde las gradas, sé que lo lograrás.— ella le animó y dulcemente sonrió, Gokú le correspondió y luego avanzó en búsqueda de su habitación, no obstante la voz de Yotsuba le llamó una vez más .—¡Son-kun!—él se volvió un poco intrigado y observó el rostro repleto en determinación de su amiga. —¡Tú también eres una persona increíble, y sé que lo demostrarás a todos hoy!


El silbato anunció la primera carrera, los primeros participantes salieron con una gran velocidad demostrando su excelente nivel, y desde su posición, Gokú observaba con angustia.

—Si gano esto, estaré un paso más cerca de cumplir mi promesa con Nino... —Pensaba intranquilo, y razones no le faltaban, pues poco a poco se pudo ver la diferencia en su equipo que en la tercera posición traían una pequeña desventaja, eso sumado a que era su primera competencia en esta categoría, era como lo había dicho el entrenador, esto era otro nivel.

El penúltimo joven finalmente tomó el objeto y Gokú avanzó por la sección que le permitía correr antes de recibir el testigo, y tras múltiples jornadas de entrenamiento, el momento finalmente llegó, y Son extendió su mano hacia atrás esperando el objeto cilíndrico, pero en esa caminata no hubo un intercambio.

El penúltimo atleta tropezó ante la vista de todos, y aquellos que tenían fe en ese equipo sintieron una feroz y despiada angustia apuñalar sus corazones, una desgracia que significaría la derrota con el descenso de su colega, pero no para Gokú, mantenía presente que debería ganar a toda costa, entonces se detuvo en seco y se quedó ahí.

—¡Rápido! —exclamó, en sus ojos solo había sed de victoria que se propagó hacia su compañero que sin perder tiempo se reincorporó, y no importó la distancia ni la desventaja, cuando el testigo estuvo en sus manos, pareció ser otra persona, entregada a esa pasión que de pronto le llenó.

Todos fueron testigos de la velocidad que aún guardaba, una carrera que dejó perplejos a más  de uno, porque, contra todo pronóstico él adelantó al último después de él, y luego al siguiente y al siguiente, recordaron entonces por qué se dice es un prodigio, por qué estaba en ese lugar y por qué resultaba un contrincante feroz para cualquier escuela rival. 

Su entrenador y compañeros y miraron al joven acarrear todas sus esperanzas, vieron el talento y esfuerzo en su máximo esplendor, habían visto esa simpleza y desinterés con la cual siempre había ganado sus anteriores eventos, pero hoy era diferente, el ímpetu de sus pasos, el vigor reflejado en su rostro solo le hacía visualizar la meta, actitud que cautivo a la mujer que consternada le admiraba desde las gradas.

—¡Gokú tu puedes! —un fuerte grito nació en Yotsuba cuando le miró encabezar junto a los tres líderes que intimidados por su rival no pudieron no evitar ver hacia atrás con temor, la meta estaba cerca y todos dieron lo mejor de sí mismos, sus dientes se apretaron y el movimiento de sus brazos se aceleró, y entonces, lo que ya presentían sucedió.

Gokú cruzo la línea de meta y la multitud que le apoyaba soltó un fuerte grito de celebración, pero de entre todas esas personas, a la única que los ojos del joven buscaron después de detenerse fue a Yotsuba.


Los párpados se abrieron pesados y confusos ante una reconfortante calidez entregada, un contacto acariciaba su cabello.

Con cuidado se giró lo suficiente y desde abajo observó el rostro de la mujer que sentada en una pared cercana le hubo prestado su regazo. 

—Hiciste un buen trabajo.—ella le felicitó con una risita. —Parece que quedaste muy agotado.—recordó entonces lo que pasó, la carrera, la celebración que giró en torno a él, y el momento junto a esta chica justo antes de entregarse a un inesperado sueño.

La tarde se marcaba en el cielo, sus rayos dorados se reflejaban en los alrededores y el viento golpeaba gentilmente con su brisa. —Creo que esta vez sí me esforcé.—respondió, incapaz de abandonar este placentero momento que vivía, intentó preservar todo lo percibía, la suavidad de los muslos de yotsuba, el gesto de su rostro, sus ojos celestes en los cuales él mismo se reflejaba, o mejor dicho, que le miraban.

Ella no parecía estar molesta o incómoda, porque su sonrisa le daba seguridad, fue muy diferente, algo tan nuevo que no supo describir, muy comparable al sentimiento que le embargó cuando estuvo junto a Ichika aquella mañana, tan cercano a lo que vivía cuando notaba la mirada de Itsuki y a las tardes donde la presencia de Nino le cautivaban, ¿Qué era esto? ¿por qué se sentía de esta forma con ella?

—Aún nos queda la verdadera prueba.—ella le recordó y él afirmó.

—Mañana daremos nuestro mejor esfuerzo, juntos.



El segundo día del campeonato llegó, pero con él, una situación poco favorable.

—No puede ser... —Gokú fue el primero en murmurar al ver a través de la ventana, pues la lluvia se cernía fuerte y espesa, tanto que no se podía ver mucho al otro lado de esa cortina gris.

—Bueno, por favor, acérquense.—Llamó Eba. —El pronóstico dice que continuará lloviendo, y de ser así las carreras restantes se aplazarán para el día de mañana.

—Pero, no podremos llegar a tiempo para el viaje.—Uno de los integrantes se quejó expresando ese temor que se presentó en todos, incluyendo a Gokú y Yotsuba.

—Lo lamento, pero no podemos hacer nada, el clima es algo que está fuera de nuestro control.—informó la Capitana y los demás murmuraron, se quejaron y lamentaron tal escenario.

Yotsuba sintió decepción por el cambio repentino, pero si había alguien más preocupado, ese era su amigo. —¿Son-kun? —preguntó.

—Esto es culpa mía, yotsuba-san si quieres irte aún puedes llamar a alguien para que venga por ti.—Gokú le sugirió de inmediato y sumergido en una angustia que no supo describir.

—¿De-de qué hablas?

—El campamento escolar es un evento muy importante para todos los estudiantes y por mi culpa puedes perdértelo, si quieres puedo llamar a mi hermana, ella vendrá por ti.—le propuso y aunque por un instante la Nakano consideró esa idea, se negó completamente.

—Claro que no, esto es más importante. Yo-yo te prometí que haría esto, y además quiero hacerlo.—aseguró apretando sus puños con firmeza. —Yo no tenía planes para el campamento, así que supongo que no me perderé de nada.—dijo nerviosa en tanto rascaba su cabellera naranja, y esa determinación se transmitió a su amigo.

—Yo también tenía muchas ganas de ir al campamento... —dijo él. —Tienes razón, no serviría de nada si renuncio ahora, tengo que cumplirle a muchas personas, voy a ganar, vamos a ganar juntos.

¡Sí!


Fin del Capítulo 42.

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