Capítulo 3
Berlín, Alemania.
14:00 pm
En una hermosa mansión ubicada en las afueras de Berlín, un joven de hebras oscuras y orbes dorados caminaba con una cara de fastidio por los pasillos, al fondo, los gritos de dos chicas que le pedían que volvieran lo irritaban ¿Que su padre no podía entender que él no quería que le buscaran futura esposa? Odiaba la sola idea de ser amarrado a una chica a la que seguramente nunca amara y que solo buscaba prestigió por su apellido. Un suspiro pesado exhalo mientras se recargaba en uno de los pilares del lugar, como se sentía tan desdichado.
Sus orbes viajaron a la ventana mas cercana para ver el cielo azulado el cual empezaba a ser opacado por las nubes grises que empezaban a acumularse en el cielo. . . Eso significaba que una enorme tormenta iba a caer pronto, chasqueo la lengua ante los gritos insistentes de las chicas a las cuales ya había mandado al demonio. . . ¿Porque no se largaban? Oh si es verdad, por culpa de su padre. Pudo notar como algunos sirvientes iban a la entrada y entonces vio un auto negro aparcar ¿Mas visitas? Fastidiado soltó una maldición y una mueca de disgusto se poso en su rostro solo para parpadear y abrir los ojos de par en par y salir corriendo hacía la entrada.
Los ojos de curiosos dentro de la mansión y sobre todo de aquellas señoritas que habían ido a intentar robar el corazón del heredero Goldstein solo pudieron lograr su rotundo rechazo y ahora observaban anodadas a aquel joven correr al encuentro de dos jóvenes. Un peliplateado con cara de pocos amigos bajo (aunque claro esta, para las chicas era alguien sumamente atractivo.) y a una joven de cabellos y orbes oscuros... ¡El cual había sido recibida por el mismo Hahn Goldstein! ¿¡Pero quien demonios era esa maldita que acaparaba la atención de su "futuro esposo"!?
— Kyle. . . Cuanto tiempo. —Musito el azabache el cual miraba al peliplateado.— No estaba enterado de que. . .
— Lo siento Hahn, no pude avisarte ya que venimos de forma rápida. . . Permitame presentarte a Grecia Synclair, mi prima.
— Ha pasado mucho tiempo Goldstein, no se si aun me recuerde. . . —Y una inclinación le dedico al joven frente a él.
— Señorita Synclair, estoy bastante honrado de verla nuevamente. . . —Se inclino ante ella mientras admiraba ese vestido que portaba la joven, sencillo y de color blanco con negro que in duda, le quedaba maravilloso.
— . . . Ejem. —Carraspeo Kyle para poder llamar la atención de su amigo y que no se pusiera a sonreír como un idiota.— ¿Crees que podamos hablar con tu padre ahora? Le avise que veníamos para tratar unas cosas. . .
— ¿Con el viejo? —La mirada que le dedico al chico era de ligera preocupación siendo camuflada bajo una expresión de molestia para suspirar finalmente de forma pesada.— Vengan los guiare. . . Lleven las maletas de nuestros invitados a sus habitaciones. . . Señorita Synclair, Kyle, siganme, los guiare donde mi padre. . .
Ambos chicos asintieron y caminaron al interior de la mansión en donde fueron recibidos por mas sirvientes, mientras en una de las habitaciones, un hombre de cabellos canosos miraba la escena frente a él, gracias a la llamada de Raphael mas o menos sabían que era lo que la joven Synclair iba a pedirles por lo que una idea cruzo por su mente y una sonrisa afloro en sus labios. A paso lento y con ayuda de su bastón, el hombre salió caminando de sus aposentos hacía la sala en donde su hijo y sus invitados se encontraban, pudo ver entonces a las señoritas de antes espiarlos desde las escaleras donde se pusieron a murmurar cosas, una suave risa escapo de sus labios captando la atención de todos, provocando que las chicas callaran y que Kyle y Grecia se levantaran para inclinarse frente a él.
— Señor Goldstein, agradezco que nos haya recibido tan rápido. —Hablo primero Kyle mientras su prima hacía una reverencia al hombre mayor.
— Kyle Blake, hace mucho no sabia de ti, me alegra verte bien muchacho. —Sonriente se encontraba el hombre provocando que tanto Kyle como Hahn se pusieran nerviosos. — Señorita Synclair, me siento honrado con su visita.
— Ha pasado mucho tiempo señor Goldstein, me alegra verle bien. —musito sonriente la joven de orbes negros la cual le dedico una sonrisa al mayor.
— Bastante diría yo. . . Después de ese día. —Dijo hablando del funeral y ver como la menor bajaba la mirada. — Mis disculpas querida. . .
— No se preocupe. . . De hecho, quería hablarle sobre ello. . . A ambos —Refiriéndose a su hijo Hahn el cual estaba por irse.
— Te escuchamos. . . ¿Ha pasado algo?
La joven tomo aire y comenzó a narrar todo lo que encontró junto a su hermano en estos últimos dos años, sobre ese grupo de personas que empezaron a hacer investigaciones sobre un antiguo experimento sobre la inmortalidad y como empezaron a silenciar a la gente, entre ellos a sus padres. El hombre mayor solo cerro sus ojos ante tal atroz crimen mientras su hijo chasqueaba la lengua de forma molesta, cerrando sus puños con fuerza ante eso. La joven de cabellos oscuros termino el relato con el pedido de su hermano el cual es la ayuda de gente poderosa para poder dar con ellos y detenerlos de una vez por todas y evitar un derramamiento de sangre innecesaria por el mundo. El hombre mayor suspiro de forma pesada ante las atrocidades que la joven les narro y estaba de acuerdo con el pedido del actual cabecilla de los Synclair, logrando que los primos sonrieran pero escucharon que tenía una condición la cual dejo a los chicos mudos y a la joven sorprendida.
— . . . ¿Podría repetirlo de nuevo señor Goldstein? —Pidió el peliplateado de forma nerviosa.
— Que ayudaremos en todo lo que se necesite y me comprometo a hablar con todos mis contactos. . . Pero me gustaría que aceptara la familia Synclair una alianza entre nosotros a través de un matrimonio entre la joven heredera Grecia Synclair y mi hijo primogénito Hahn Goldstein.
— ¡Oe viejo! —Le reclamo el azabache mientras se levantaba de su lugar molesto.— ¡Deja de andar pidiendo esas cosas en esta situación! ¿¡No vez lo que pasa!?
— . . . Esta bien.
— . . . ¿Que? —Musito Kyle sorprendido ante lo que acababa de escuchar.
— Señor Goldstein, acepto el ser candidata para poder casarme con su primogénito, Hahn Goldstein. —Respondió la joven de forma decidida.
— ¿¡QUE!?
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