Mudanza.

Capítulo 16.

Mudanza.

Con un sentimiento extraño e incluso un mal sabor de boca, Lucian miró las cajas de cartón en la parte trasera de la camioneta de Samuel, esas cajas que contenían las pertenencias de su hermano menor; porque, sí, Leonel estaba mudándose al apartamento de Sam.

Era domingo y la administración de "Hot Tattoo" había decidido tomarse el día libre, al igual que Lucas había logrado solicitar su descanso a pesar de que era nuevo en su trabajo y que la noticia había sido "repentina": apenas el jueves por la noche, durante la cena en casa de los hermanos, Leonel había soltado "la bomba", la cual no era para nada una petitoria, sino de carácter informativo.

—¿Te vas a quedar allí?— Lucas le rodeó para ir directo a la camioneta y tomar otra caja de cartón; —si no vas a ayudar, entonces ve por algo de comer, pronto tendremos hambre.

Aunado a la mudanza, Samuel había comprado unas cosas más y el camión de entrega no tardaría en llegar con algunos muebles nuevos para el comedor y la sala. ¡Ah! Y además estaban los "pequeños cambios" que a Sam se le habían ocurrido hacer justo esa mañana; así que tendrían bastante trabajo para las próximas horas.

Lucian resopló y siguió a su hermano, tomó una caja pesada que seguramente contenía libros, para después adentrarse al edificio.

—Creo que ya está listo—, Leonel sacudió las manos para quitarse el polvo, o lo que fuera, y luego las posó en su cadera, mirando orgulloso la pared de la sala de estar que recién terminó de pintar.

—¡Excelente!— le felicitó Lucas al entrar con la caja de cartón, luego agregó con algo de burla: —hay que pintar también el garaje y la fachada de la casa, no hagas planes para el próximo domingo, tendremos mucho trabajo.

—¿Tendremos?— Leonel giró para encararle y decir, pues antes, mientras admiraba su obra, se encontraba dándole la espalda a la entrada del apartamento; —sería algo digno de ver porque, coincidentemente, cuando ha habido labores y reparaciones qué hacer en el hogar tú desapareces, es Lucian quien siempre se encarga de ello.

El nombrado entró justo cuando fue mencionado, miró a Leo y luego a Lucas, exhaló y solo exclamó: —ya, no peleen— antes de pasar de ellos e ir por el corto pasillo hasta la recámara, donde dejó la caja a la entrada de esta. La puerta estaba abierta, así que miró al interior de la habitación recordando brevemente que cuando había salido a beber con Sam en el pasado, una que otra vez, se había quedado a dormir allí; sin embargo, en ese momento y por un instante el panorama, incluso el departamento en sí se le hizo desconocido y molesto.

—¿Estás bien?

La pregunta de Samuel le sobresaltó, estuvo a casi nada de dar un respingo.

—Sí— Lucian se esforzó por sonreír, —¿por qué no lo estaría?

Sam entrecerró los ojos levemente, —te he notado demasiado callado— se cruzó de brazos y apoyó el hombro en la pared del pasillo que llevaba hacia la recámara, —¿ha sucedido algo con Noah?

—¿Con Noah? ¿Por qué habría de suceder algo con él?— de repente Lucian se dio cuenta de que estaba a la defensiva, así que trató de disimularlo.

—Desde que ustedes salen juntos has estado algo...—pareció dudar de su siguiente palabra, pero aun así Sam continuó, —diferente, y no precisamente en el buen sentido.

"Ustedes salen juntos", tres palabras que aún se le antojaban extrañas y un poco incómodas.

—¿Qué quieres decir?— tal vez si se hacía el loco se zafaría del interrogatorio.

Pero Sam parecía que no daría su brazo a torcer: —te conozco y sé que algo te disgusta.

Lucian desvió la mirada de los ojos de su amigo por unos instantes.

—Y no soy el único que lo ha notado— agregó Samuel, —Leo también se preocupa.

—No debería, ninguno debería hacerlo— se encogió de hombros dispuesto a soltar algo de información que pudiera satisfacer al otro, —es solo que han sido demasiados cambios en tan poco tiempo y yo...— carraspeó, —descuida, no es algo con lo que no haya lidiado antes.

Samuel no había estado presente en la vida de los hermanos cuando sus padres murieron, pero él sabía muy bien y de primera mano cuánto Lucian había enfrentado y hasta cierto punto sacrificado; se dio cuenta de que cuando le propuso a Leo vivir juntos para después urdir los planes de mudanza, nunca consideró los sentimientos de Lucian; era cierto que Leo ya no era un niño, pero Lucian era no solo su hermano, sino lo más cercano a una figura paterna que Leonel tenía, incluso él mismo lo había dicho antes: "A veces quisiera poder hablar más con Lucian mi hermano y no con Lucian mi padre".

Samuel deshizo su pose dispuesto a disculparse si era necesario, —oye, si es sobre la mudanza, nunca fue mi intención...

La palma derecha de Lucian frente a él le hizo callar.

—Descuida, no es sobre eso— los labios del alfa se curvaron en una sonrisa, tal vez un poco forzada, —Leonel ya es mayor de edad, confío en que ha tomado la mejor decisión.

—¿Por qué no mejor te vas a molestar a otra parte?— escucharon la voz de Leonel, no era un grito como tal, solo una exclamación algo exasperada.

—No lo dices en serio, ¿verdad?— contestó Lucas, —vas a extrañarme, hermanito; podría apostar mi motocicleta nueva a que no aguantas una semana alejado de mi magnifico humor.

Lucian negó con la cabeza soltando un leve suspiro y pasó junto a Sam para ir directo a donde sus dos hermanos seguramente estaban a punto de enfrascarse en una discusión.

No fue difícil separar a aquél par, realmente fue sencillo arrastrar a Lucas de nuevo consigo para continuar descargando las cajas de la camioneta; entonces, cuando estuvieron fuera del edificio, vieron un camión aparcado en la acera de enfrente, en el costado tenía rotulado el nombre de la tienda departamental que traería los muebles nuevos.

El conductor bajó con una tabla sujetapapeles en la mano, leyó en silencio sus anotaciones y luego caminó hacia el par de hermanos. Amablemente el hombre les saludó y preguntó por la dirección y por Samuel para confirmar que el pedido había llegado; después le hizo una señal al otro sujeto que iba como copilo en la cabina del camión y entonces este bajó de un salto de su lugar, para rodear el vehículo y subir la cortina de la enorme caja de carga.

Cual no fue la sorpresa de Lucian al ver a Noah allí dentro.

—¡Ey, espero haber llegado a tiempo!— exclamó Noah muy sonriente desde su lugar a más de un metro de altura.

—Si por a tiempo te refieres a antes de la comida, entonces sí— fue Lucas el que contestó en seguida y, trotando, cruzó la calle para acercarse y mirar al interior.

—Perfecto, porque en realidad estoy hambriento— respondió Noah a Lucas, incluso palpando su estómago, y luego miró a Lucian esperando que este se acercase también para saludarle; pero el entusiasmo del alfa no fue evidente al aproximarse, de hecho, no abrió la boca.

Sino que fue Lucas quien rompió el silencio con un largo silbido de sorpresa ante lo que veía, —vaya, ¿todo eso ha ordenado Sam?— exclamó señalando los muebles, —pensé que solo sería una mesa y un sofá.

Noah se encogió de hombros y miró los artículos, —no me pareció mala idea obsequiarles una cama, un frigorífico y una estufa también, no todos los días uno comienza una nueva etapa de su vida.

Lucas parpadeó tupidamente y luego soltó una fuerte risa, entre nerviosa, sardónica y divertida, —¡Caramba, haberlo sabido!— exclamó, —yo también me habría mudado.

—Si será así, solo avísame— Noah le sonrió y guiñó el ojo cómplice, —conozco algunos condominios y edificios con espaciosos garajes, además son muy seguros.

—Por supuesto, de hecho, estaba pensado que...

—¡Lucas!— Lucian exclamó con un gruñido, —será mejor que vayas por Sam y Leo, avísales que el camión ya llegó.

Lucas miró a su hermano, pero no hizo comentario alguno sobre su interrupción, solo asintió con una leve sonrisa y cruzó de nuevo la calle para llegar al edificio donde los dos hombres de la tienda departamental esperaban sus instrucciones.

Lucian miró la espalda de su hermano hasta que este desapareció por el umbral del edificio, luego giró en redondo y miró hacia arriba para encontrarse con la mirada esmeralda e interrogante de Noah.

—¿Estás bien?— su voz sonaba preocupada y a Lucian le fastidió que todo mundo le preguntara eso últimamente.

—¿Por qué estás aquí?— prefirió evadir el tema con otra pregunta.

Las cejas de Noah se elevaron por la sorpresa, —¿te molesta que haya venido?

¿Le molestaba? Buena pregunta.

—No, es sólo que no esperaba que tú decidieras...— frotó su nuca sin saber qué decir.

—Samuel es también mi amigo, no creo que sea incorrecto visitarle— dijo Noah y se acuclilló para poder verle mejor, porque aún estaba en el camión, —pero, si te incomoda mi presencia, puedo irm...

—No, está bien, no me incomoda, creo que ha sido algo repentino y me has tomado por sorpresa, eso es todo.

—¿Seguro?

—Seguro— afirmó el alfa.

Noah le sonrió ampliamente y Lucian no pudo más que contagiarse, dándose cuenta de lo mucho que le agradaba mirar a Noah sonreír; los labios curvados y ese simpático lunar que los adornaba tenían un efecto en él: era como si todas sus preocupaciones y malestares se esfumaran por unos instantes.

La sonrisa sincera de Noah se tornó en una pícara al mismo tiempo que sus ojos verdes brillaron con astucia y exclamó travieso: —Lucian, atrápame—, estiró los brazos y se dejó caer desde su altura en la plataforma del camión.

Lucian casi hizo malabares para poder asirlo, dio un paso hacia atrás estando a punto de aterrizar sobre su trasero, pero al final logró equilibrarse con Noah entre sus brazos.

—¿Qué te sucede?— exclamó Lucian con los ojos muy abiertos y el rostro muy cerca del otro debido a la inusual e improvisada maniobra para no caer.

Pero Noah comenzó a reír divertido por su hazaña.

—¡¿En qué estabas pensando?!— Lucian casi gritó, cortando la carcajada del otro e importándole nada si llamaba la atención los dos sujetos al otro lado de la calle.

Noah carraspeó y le soltó, pues se había aferrado a su cuello; notó entonces lo enfadado que el alfa estaba.

—Yy-yo...—colocó los pies con firmeza sobre el asfalto planeando su próxima disculpa, claro, ahora que lo pensaba mejor había hecho algo inmaduro y tonto.

—¡Pudiste haberte herido!— sentenció Lucian; frase que descolocó por un momento a Noah.

¿Lucian no estaba molesto con él? Bueno, sí, lo estaba, pero aparentemente no por la razón que él dedujo.

El beta solo regresó a la realidad cuando sintió que las manos de Lucian se cerraban suavemente en sus hombros, para descender por sus bíceps e instalarse allí, le tenía sujeto con firmeza y delicadeza a la vez, mirándole de frente entre molesto, asustado y preocupado.

—¿Noah?— le llamó.

—¿Eh?

—¿Me estás escuchando?— ahora su voz estaba calmada.

No.

—Sí.

—No vuelvas a hacerlo— pidió Lucian, —es peligroso.

Noah sintió que se le calentaba el corazón, sonrió y dijo, —sabía que me atraparías.

Lucian frunció un poco las cejas y ladeó el rostro para declarar con firmeza y naturalidad, como si fuera algo obvio, —claro, no iba a dejarte caer; pero ese no es el punto.

Por supuesto que lo era, para Noah lo era; decidió que lo mejor era dejar de hablar de ello, así que cortó el tema, —sí, entiendo, no lo vuelvo a hacer.

Lucian le observó por un par de segundo más, tal vez evaluando la veracidad en sus palabras y cuando estuvo satisfecho asintió y le soltó los brazos con suavidad, justo cuando Sam y Leonel salían del edificio de enfrente.

Tanto Leo como Samuel en un principio se mostraron escépticos y sorprendidos por los regalos, pero antes de que pudieran rechazarlos, Noah insistió e incluso recurrió al chantaje: amenazó con descontarlo del pago de Samuel si se reusaban a aceptarlos.

Y así, el resto del día pasó demasiado rápido, los cinco estuvieron bastante ocupados, tanto que, para la comida no pudieron sentarse a disfrutarla como habrían querido, pues pidieron a domicilio pizza y dos órdenes extra grandes de alitas picantes. La instalación de los nuevos muebles había tomado casi todas sus fuerzas y energías, así que para cuando finalizaron y la tarde llegó, Lucas se declaró completamente exhausto, se despidió de todos no sin antes dejarle muy claro a Lucian que no le esperara despierto, pues iría a visitar a Jacky; después montó en su vehículo y se marchó.

Desde la acera, los cuatro restantes miraron hasta que la motocicleta de Lucas desapareció calle arriba.

—Creo que es hora de que también me marche, aún tengo que pasar a la oficina antes de ir a casa— exclamó Noah, había llegado junto con el camión de carga, pero andar en taxi nunca le molestó, sabía cómo hacerlo, lo había hecho un par de veces; —gracias a todos, fue muy divertido.

—¿En verdad lo fue?— preguntó sarcástico Samuel, pues él había tenido un par de contratiempos y problemas al realizar la nueva instalación de gas para la nueva estufa.

—Por supuesto que sí, verte en problemas fue divertido.

—Serás tonto— masculló Sam, a lo que Leo soltó una risilla y se pegó a su lado, recargando su peso en él.

—Hace unas horas el tonto parecías tú— se defendió Noah.

Lucian negó con la cabeza ante la pequeña e infantil riña, para después ofrecerle el casco extra a Noah; el beta lo miró un poco extrañado, pero Lucian insistió.

—Vamos, te llevo.

Noah sonrió aceptando el objeto y Lucian se veía sereno, incluso con una ligera sonrisa también.

Esta última interacción entre ambos había sido tan natural que sorprendió a Samuel y estuvo a punto de hacer un comentario sobre eso, pero calló solo porque Leo le dio un leve golpe en las costillas. <<Mi hermano es reservado y tímido, no hay que darle razones para que se sienta avergonzado>>, había dicho el más joven días antes; y Samuel lo entendía a la perfección, por eso mejor se despidió y junto a su pareja vio partir a los otros dos en la motocicleta.

Minutos después, el vehículo de dos ruedas aparcó en el estacionamiento exclusivo del gran edificio de varios pisos; el lugar estaba casi vacío, por el día y la hora la situación era más que normal.

Noah descendió del vehículo, aún no era un experto, pero ya estaba tomando práctica en ello y también le había encontrado el gusto a viajar prendado de Lucian, por ello decidió hacer lo posible por alargar ese encuentro, además de que durante todo el día lo había notado más callado de lo normal, más distante y menos participativo en las charlas que Lucas siempre se esmeraba por hacer amenas. Noah sospechaba de qué iba el asunto y pensaba que sería bueno poder hablar de ello.

—¿Te gustaría conocer las oficinas?— exclamó Noah al quitarse el casco, antes había ofrecido a Lucian un recorrido, pero hasta entonces las situaciones no habían sido propicias. Un par de días antes había hablado con Duncan por teléfono, y al ver que no había fecha próxima para reunirse en persona, le dio la noticia: había encontrado a su pareja. Duncan se alegró por él, y teniendo en cuenta que en el pasado Duncan había logrado sortear el carácter huraño de Jared, la charla terminó con el recordatorio de que Noah debía tener paciencia.

Lucian miró el imponente edificio, pensando que en realidad no tenía prisa por volver a casa, ¿para qué? Lucas no estaría sino hasta el día siguiente y Leonel... bueno, él oficialmente ya no vivía allí.

Asintió y se dejó guiar hasta el vestíbulo y luego al elevador, escuchando y no a la vez la cháchara de Noah.

Ni la música del ascensor pudo opacar el parloteo del chico, habló sobre las primeras veces que Samuel había estado allí y cómo se extravió por los laberínticos pasillos del piso tres, de cómo la disposición de algunos muebles del piso cinco había cambiado debido a la redecoración y otras cosas más que Lucian comenzó a obviar.

Era cierto que estar con Noah era agradable, bastante, Lucian lo había admitido para sí, y no solo como compañía, sino que también el beta era muy atractivo. Y debería estar disfrutando de su presencia, pero desde la mañana sentía esa incomodidad, esa que...

—¿Lucian, estás bien?

Nuevamente esa pregunta.

En vez de mirarle, Lucian prestó atención a su alrededor y notó una de las avenidas principales a varios metros debajo de sus pies, habían llegado a un balcón, o más bien a una terraza bastante acogedora y elegante, desde donde el atardecer se apreciaba en todo su esplendor, cuando finalizó su recorrido visual, se topó con los ojos esmeraldas de Noah, interrogantes y preocupados.

—Yy-yo...—Lucian se relamió los labios, para hacer algo de tiempo observó de nuevo y, encontrando algo parecido a un diván cerca de la baranda de metal, caminó hasta el mueble y se sentó en él, dándole la espalda al atardecer.

—¿Qué es? ¿Qué te sucede?— Noah le siguió y en vez de tomar asiento a su lado, apoyó la espalda baja en la baranda; pero al notar el mutismo del otro agregó, —bueno, si no quieres hablar, lo entiendo— se encogió de hombros, —tal vez te sientas más cómodo con alguien de tu confianza.

Entonces Lucian le prestó atención, le mantuvo la mirada seria por unos segundos, después exhaló y dijo, —no es que no confíe en ti, es solo que yo... yo no puedo siquiera explicar lo que pasa; Samuel me hizo la misma pregunta esta mañana, así que es obvio que algo me sucede, no estoy bien, pero tampoco sé qué es lo que está mal— se llevó la mano al rostro y lo frotó, llevándose el cabello hacia atrás.

Con un movimiento de cabeza, Noah le pidió permiso para ocupar un lugar en el mueble y Lucian se hizo a un lado para dejarle algo de espacio.

El beta tomó asiento y con una sonrisa amigable y empática dijo: —¿sabes?, cuando Liam decidió mudarse no podía creerlo, al principio pensé que era una broma, luego creí que solo quería llamar la atención de nuestros padres, fingiendo y llevando las cosas al extremo cuando comenzó empacar— echó la espalda hacia atrás, recargándose en el barandal para mirar el cielo naranja, —pensé que él odiaba a la familia y me molesté conmigo mismo por no haber sido un buen hermano, nacimos juntos y se suponía que estaríamos juntos, que así iba a ser siempre, pero él se estaba marchando.

—Eres un buen hermano— exclamó Lucian observándole serio, había escuchado la historia de Liam y de la vida de ambos gracias a Noah, y estaba seguro de que este era el mejor hermano.

—Lo sé, ahora me doy cuenta; Liam se mudó por decisión propia, para tener su espacio y hacer su vida— suspiró y miró a Lucian a los ojos para sentenciar con seguridad, —justo como Leonel lo hace ahora, él desea estar con su pareja, es su decisión y no tiene nada que ver contigo, eso no interfiere con sus sentimientos hacia ti.

Lucian parpadeó algo confuso y luego desvió la mirada.

—¿Qq-qué quieres decir?

Noah se acercó un poco, colocó la mano sobre el antebrazo del alfa y dijo, —Leo te quiere y te admira; que a partir de ahora viva bajo otro techo, a unos cuantos kilómetros de distancia, no cambiará lo que siente por ti.

El beta sintió como los músculos bajo sus dedos se relajaban antes de que Lucian bajara la cabeza y suspirara.

—¿Soy un egoísta al desear que no se vaya?

Fue casi un susurro, pero Noah lo escuchó perfectamente, a lo que respondió: —por supuesto que no, eso solo demuestra lo mucho que le quieres y lo importante que es en tu vida.

Tras unos instantes, Lucian se enderezó y le miró, sonriendo y sintiéndose mucho menos tenso, como si de repente pudiera respirar mejor, —gracias— exclamó.

Los ojos un poco más amplios de Noah denotaron su desconcierto, —¿por qué?

—Por estar aquí; por comprenderme, aun cuando ni siquiera pueda entenderlo ni expresarlo yo mismo.

—Oh, vamos, no me des tanto crédito— le empujó con suavidad el hombro, devolviéndole el gesto facial, —he pasado por algo similar, es solo eso.

Lucian no dijo más, solo observó a Noah pensando en que era algo maravilloso que le entendiera tan bien, ¿sería algún tipo de conexión especial entre ellos por ser pareja destinada? Su atención descendió, del par de ojos esmeraldas a su bonita nariz, y luego a sus labios. Lucian tragó fuerte cuando su visión se detuvo unos instantes en esos agradables labios. ¿Agradables? ¿Esa era la palabra correcta para describirlos? El mentón de Noah era perfecto y su cuello también; Lucian no pudo evitar extender la mano y acariciar el costado de este, sintiendo el pulso bajo su tacto; su atención visual ascendió centrándose de nuevo en sus labios: rosáceos y esponjosos; ¿a qué sabrían?

Escuchó el carraspeo de Noah y desvió la mirada hacia arriba, encontrándose con las mejillas sonrojadas del beta. Entonces, casi de un salto, Lucian le liberó poniéndose de pie.

—Debo irme, es tarde ya— explicó con torpeza y luego abandonó el balcón, casi corriendo hacia los ascensores; dejando a Noah sumamente desconcertado y un poco decepcionado.

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ESPACIO PARA CHARLAR: Uff, eso estuvo cerca (jijiji).

Lamento los errores de dedo, redundancia y demás, la verdad no tengo mucho tiempo para revisarlo (ni para escribir); además de que a veces watt me borra palabras, espacios e incluso párrafos. Por cierto, el siguiente capítulo se llama "Dosis de realidad", así que espérenlo. 

NOTA: La imagen del inicio de este capítulo hace referencia a cómo es el Lucian en mi mente.

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