CAPITULO 22

CHERRY

Drama, es lo siguiente que sucede.

Y del bueno por ambos.

Por la exclamación de César tipo grito y lo sigo yo, pero con algo de acuerdo tanto suya como de mi parte por conveniencia sin que lo acordáramos y salir de este berenjenal.

Sí.

Créanme que ese título le va muy bien.

Vergüenza.

Porque resulta que eso cálido y blandito que que me dio ganas de abrazar y hasta retener dormida a mi tacto...

Cual y a juego con mis exclamaciones dramáticas como a coro con César, saqué rápidamente de seguir presionándolo.

Era lo que ya piensan.

Sí, por segunda vez.

Eso mismo.

Seguido y haciendo su parte mi jefe de levantarse con sus respectivas imprecaciones de turno y con gestos acelerados de querer la frazada.

Segundo o milésimas.

No lo sé.

Pero fue una guerra campal por retener la misma.

Pastor con esa paz que proviene de su religión supongo, para taparse y seguir durmiendo, totalmente ajeno a toda esta situación rara o mejor dicho, por demás extraña.

Yo y por más vestida, ser la única mujer entre dos hombres que me encuentro durmiendo en la misma cama.

Y César...

Sin entender al principio mi vista lo recorre estando de pie, desde sus pelos revueltos, cara dormida pero linda, camiseta que le hace honor a talla de su cuerpo y cual, por su respiración agitada por la sorpresa deja ver un bonito vientre estilizado, llego al meollo de la cuestión recorriendo más mi vista hacia su sur.

Envolviendo como puede la frazada al rededor de su cintura y en especial abajo de esta mientras huye a la habitación de su hermano.

Y docenas de imágenes mi mente pervertida y a modo burla, hace pasar ante mí y con un cartel imaginario diciéndome que soy la causante de ello.

O mejor dicho, mi mano.

CESAR

Después de estar en el baño poco mas de media hora, esperando que el agua fría de la ducha hiciera su magia, tiempo después bajé a la cafetería ya abierta, bajo la mirada de no entender nada por Raquel, del porqué, con Cherry no nos miráramos a la cara.

Nos evitáramos para ser sinceros con aire avergonzado cuando se despidió para volver a su horario laboral, pero agradeciéndome por darle techo para dormir.

Obviamente, evitando mirarme a los ojos.

Su culpa, abrazar durmiendo y retener mi pene.

Y la mía, siendo el doble.

Aparecer durmiendo en su cama, para luego esa maldita erección, cortesía de la mano de Cherry Love y saber que se dio cuenta de ello, cuando hui cobardemente.

10 minutos después de su escape y hasta diría corriendo, la carcajada de Raquel se siente en toda la cafetería siendo foco de miradas de la clientela y hasta contagiando a algunos por lo graciosa.

Tanto, que tuvo que retener con su manos su estómago y que yo, le alcance un vaso de agua para no ahogarse y respirar.

- ¿Agarró tu pene? - En voz baja, pero sin dejar de reír y tras beber, me dice y la miro feo, porque ya lo sabe.

Es la tercer vez que me lo pregunta para seguir riendo.

- Basta. - Intento parecer enojado, pero ríe más mientras acomodo las tazas que están al lado de la cafetera.

Cualquier cosa, menos mirarla, porque no sé, si llorar o reír también con ella.

- ¿No le dijiste que eres sonámbulo? - Intentando calmarse y suspiro dejando la última taza con su plato negando con la cabeza.

- Hacía mucho que no me pasaba. - Aclaro, tomando el pedido de un cliente nuevo. - Pensé que la medicación estaba haciendo efecto y las dejé por un tiempo.

- ¿Desde cuándo? - Me pregunta y me encojo de hombros, ya que no llevo la cuenta, aunque no fue hace mucho. - No sé...

- Un aproximado. - Me insiste y analizo preparando el café mientras Raquel pone por mí, la masa dulce que elije la persona del pedido.

- Días, no muchos. - Respondo entregando el pedido y recibiendo el pago.

Entregando el vuelto y agradeciendo, miro a Raquel por su acotación, sin embargo no omite nada, más que una sonrisa palmeando mi hombro con cariño, seguido a ir a una mesa donde solicitan su presencia.

Dejándome con mis inconcluso con eso y un mar de pensamientos y entre ellos.

Me apoyo en el mostrador pensativo.

Con lo que palpo en uno de mis bolsillos.

La fotografía de mi hermano y esa duda que plantó en mí, Pastor.

No solo de buscar ese lugar que siempre sueño, esa tipo pradera.

También, si Cherry puede ser esa niña.

Y sonrío, negando.

Es imposible.

CHERRY

Siendo fin de semana y al abrir la puerta de entrada de casa, me recibe papá sentado desayunando y leyendo el periódico.

Tanto su postura como la mirada al elevarla por sentirme entrar, me dice que no hay humor, cual puedo ser culpable por no haber pasado la noche en casa, como también por la discusión con mamá anoche y mi motivo de desaparecer.

- No dormiste en casa. - No hay buenos días de su parte.

Niego, colgando mi bolso en la percha junto a la puerta.

- ¿Y mamá? - Respondo con otra pregunta y su actitud en la silla como rostro, cambia a más dura.

- Trabajando y... - Gruñe.

- ... le avisé a ella. - Lo interrumpo antes de su discurso por más que soy muy adulta.

Se pone de pie sacudiendo el periódico con enojo.

- ¡Ya no hay respeto! - Eleva su voz. -¡Tu hermano...

- ¿Mi hermano, qué? - Otra vez me permito interrumpirlo, agotada.

Cansada de que y en cualquier discusión, lo traiga a colación sin ser nada culpable, más que solo atreverse lo que yo jamás, me animé.

Irme.

- Juan Cruz el único pecado parece y a tu criterio tuvo, fue tener la decisión propia de elegir su vocación y no la carrera que le elegiste y por varios años procuró darte ese gusto hasta que se dio cuenta que no era feliz, papá... - Ya no me importa nada. - ... acaso no te dabas cuenta que no era feliz con tu trato? - Limpio una lágrima que amenaza con salir. - ¿Y mamá con tus siempre quejas? - Me señalo. - ¿Y yo, papá? ¿Acatar todos tu orden patriarcal? 

- ¡No fue su único pecado! - Exclama y niego rendida, limpiando mi mejilla por otra lágrima, para luego otra y otra.

No escucha.

No quiere entender.

Solo y como siempre, arremete contra mi hermano.

Y desde mi lugar donde quedé.

A tres pasos de la puerta, giro sobre mis talones para nuevamente y como anoche irme de casa y volver a decirme para mis adentros, cuanta razón como valentía tuvo Juan Cruz en huir.

Busco en mi celular su contacto sin dejar de caminar apurada y apretando mi bolso contra mí, por más que siento en voz alta como mi padre me llama con furia desde la puerta.

Irse y no regresar, más.

CESAR

La taza que le alcanzo a Pastor en el mostrador con un té de hiervas, apenas y por la resaca, su cuerpo como manos pueden retenerlo, pero sobre un esfuerzo y hasta palmeando con dureza ambas mejillas con su manos para reaccionar, consigue beber un buen sorbo.

Raquel como siempre lo ignora haciendo que sonría, pero lo hago más, cuando de forma desapercibida o desinteresada deja a mi lado para que le de a mi amigo, un plato con un sándwich por su estómago vacío y en esas condiciones.

Pastor sin darse cuenta de eso, me agradece a mí por ello, dándole una gran mordida y hasta gimiendo de puro placer, causando que le vuelva un poco de color a su rostro.

- Me quieres. - Me dice, dando otra mordida.

- ¿Y eso? - Pregunto tomando algo de agua y señala el sándwich en su mano.

- Porque está muy bueno y eso significa que lo hiciste con mucho amor. - Feliz, sonriente y masticando me lo dice.

Su respuesta me hace escupir algo de agua, pero afirmo si dudar mientras me limpio, que lo hace sonreír contento, para luego fijar mi vista hacia Raquel que al escuchar eso, rápidamente finge no haber escuchado como ir hacia un cliente.

Niego, sonriendo.

CHERRY

Estoy asombrada por la respuesta de mi hermano con su mensaje de texto, movilizando más mis pasos hacia la parada de autobús próxima mientras miro el recorrido de cada urbano.

Ya que Juan Cruz en vez de citarme para vernos en algún comercio, me da la dirección donde vive.

Nunca lo había hecho y me emociono tanto, que llegando el colectivo que me lleva, no me alcanza las manos de felicidad para hacer que se detenga.

Chequeo la hora y sonrío más, porque tengo un buen tiempo antes de mi ingreso a la cafetería y tomo asiento al subir entre los primeros asientos por estar casi vacío.

Minutos después y con pocas calles caminando, me detengo frente a la fachada de una casa con una pequeña cochera en su fondo que y desde mi distancia, se aprecia maderas acumuladas, algunos muebles y el infaltable aroma a madera cortada.

Juan Cruz asoma de la misma al sentir el perro del vecino lindero ladrar por mi presencia y me recibe sonriendo y yo hago lo mismo, importándome nada y por más que intenta limpiarse, que dejos de aserrín y polvo me ensucien en el abrazo que nos damos.

Me enseña su taller y los pedidos como muebles que hace y estoy maravillada, porque mi hermano hace arte en cada detalle que miro como acaricio de sus construcciones, él solo me ira alegre, callado y siguiéndome con la mirada como exclamo y hasta aplaudo sus obras.

Ambos estamos felices y creo que mucho tiene que ver, que por fin estoy en su casa después de tantas pausas que puso para que yo lo haga.

- No te ves muy bien. - Me dice muy sincero y le regalo mi mejor cara de mierda, tomando asiento en una silla muy bonita que él mismo hizo.

Suspiro abrazando más contra mí, mi bolso.

- Ayer papá y mamá volvieron a discutir. - No entro en detalle. - Y pasé la noche en la cafetería. - Tampoco especifico dónde y con quiénes. 

- ¿No dormiste cómoda?

Si supiera...

- Algo así... - Murmuro sin explayarme. - ... pero al regresar a casa, papá... - No puedo seguir por el enojo con cierta tristeza del pleito y no querer que mi hermano sepa que se lo involucra.

Pero tampoco hace falta se haya dado cuenta o no, ya que se acerca y me abraza, comprendiendo.

- ¿Entonces no has comido? - Su voz por sobre mi cabeza escucho y niego en silencio. - ¿Ni siquiera una ducha? - Vuelve a preguntar y yo otra vez, niego con mi cabeza.

Siendo suficiente para que asienta y con un gesto de que aguarde al soltarnos de muestro abrazo, va a esta la entrada de su taller para cerrar, seguido al cartelito del vidrio darlo vuelta con la leyenda de cerrado, me guía hasta su casa.

Es pequeña pero bonita y como en el taller, exclamo por cada mueble que la compone porque también las hizo él.

El aroma a café inunda enseguida el ambiente por encender la cafetera, para luego preparar en un plato algo de queso, galletas y una mermelada, mientras yo sigo con la inspección de su hogar siendo todo nuevo para mí, dejando en la silla mi bolso para ver inclinada en un mueble las únicas dos  fotografías que tiene.

Son viejas, pero me roba una sonrisa ya que en una estoy con él siendo muy chicos, sentados bajo un gran árbol.

Sinceramente no recuerdo el lugar, pero sí, el vestido que llevo puesto porque lo amaba, al igual que la capelina que en realidad era de mi madre y por lo grande, muchas veces tapaba gran parte de mi rostro.

Supongo algún lugar de paseo con nuestros padres y uno de ellos nos sacó la fotografía en ese paraje, porque parece algún tipo campo o lugar aislado y muy verde por la gramilla que se percibe.

Y de golpe exclamo sin soltar el portaretratos, provocando que mi hermano dejando las tazas como plato con el queso en la mesa, me mire.

Y mi dedo le indica la imagen de nosotros.

- ¡Estas flores! ¡Ayer, justo me obsequió un ramillete una vecina! - Prestando más atención, porque noto que tengo varias entre mis manos.

Mi hermano deja todo en la mesa y se asoma por sobre mi hombro y se sonríe, regresando para tomar asiento y me invita a que también lo haga.

Dejo la foto en su lugar y me siento tomando mi taza para beber un poco y mientras lo hago, lo miro.

Sigue sonriendo, pero volviendo nuevamente a esa sonrisa triste, porque y desde que se fue, nunca esa alegría llega a sus ojos.

Me prepara una galleta con queso y se lo acepto, porque tengo mucha hambre.

- Amabas esas flores, Cherry... - Suelta de la nada, mordiendo su galleta. - ... de chicos, muchas tardes íbamos por ellas antes que terminara su temporada para que juntaras y formaras un ramillete... - Me cuenta y yo intento hacer memoria, pero solo a mi mente viene lo que mencioné antes, el vestido como la capelina.

- Eras muy chica. - Me recalca, percibiendo que me esfuerzo y no consigo nada.

- ¿Mamá tendrá una copia? - Pregunto, porque quiero una también, pero Juan Cruz niega dejando ya su taza vacía.

- Mamá no la sacó.

¿Eh?

- Un compañero del colegio. - No me mira, está focalizado en su taza, cual sus dedos juegan con sus bordes. 

Y abro más mis ojos.

Claro, su amigo y compañero, cuando vivíamos acá hace muchos años.

¡Eso recuerdo!

Y volteo para mirar la siguiente foto aparte de las nuestras, que también está mi hermano ya más adulto.

En plena universidad calculo y ya la época que se fue de casa.

Desde mi lugar procuro afinar mi vista y solo logro ver a Juan Cruz abrazado con otro chico en lo que parece un espacio verde, también.

El sol los ilumina sobre ese cielo despejado resaltando mucho, no solo ese abrigo estilo leñador a cuadros rojo y negro que lleva su amigo.

También y lo que más llama mi atención por mas distancia.

Que mi hermano sonríe realmente feliz.

Mucho.

No hay dejo de tristeza o que se le parezca.

Nada.

En ninguno de los dos, más que solo pura felicidad entre ellos.

Y voy acotar algo, pero mi mirada deslizándose hacia un lado hace que llame toda mi atención y me levanto, olvidando lo anterior para caminar a ese objeto en madera que decora otro mueble.

Un tallado en madera, solo es eso.

Lo tomo entre mis manos.

Pero tan delicado como lindo en su diseño abstracto pareciendo hojas por momentos y si lo das vuelta a su vez también flores, que me entusiasmo y a la vez analizo cada detalle en su delicadez por encontrarlo familiar sin saber el motivo.

- Es hermoso... - Solo sale de mí.

Juan Cruz se acerca y lo mira tanto como yo.

- Es un corte...

- ¿Corte? - No entiendo y me explica.

- Cuando sobra de un trabajo por las medidas exactas.

- No lo desechas. - Murmuro y afirma.

Y tiene razón, porque es hermoso.

- ¿Lo quieres?

- ¿Puedo? - Fascinada.

Despeina mi pelo a modo afirmativo y chillo de alegría.


Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top